Erik Kessels: el arte de fallar
El artista, diseñador y comisario holandés que ha hecho del error, la ironía y la imperfección un manifiesto creativo. Desde Ámsterdam, Kessels sigue demostrando que mirar diferente sigue siendo un acto de resistencia.


Nacido en 1966, vive y trabaja en Ámsterdam. Erik Kessels es artista, diseñador y comisario. Desde 1996 es Creative Partner de la agencia de comunicación KesselsKramer, una de las más influyentes de Europa, responsable de campañas icónicas para Nike, Diesel, Oxfam, Vitra, CitizenM, Ben o el mítico Hans Brinker Budget Hotel —considerado «el peor hotel del mundo», en una de las estrategias publicitarias más brillantes de la historia reciente.
Pero Kessels no es solo un publicista irreverente. Es, sobre todo, un artista visual con mirada antropológica, un explorador de lo cotidiano, de lo absurdo y de lo imperfecto. A lo largo de más de tres décadas, ha construido una obra que oscila entre el arte conceptual, la fotografía y el diseño, y que ha cuestionado los límites de la cultura visual contemporánea.
Ha publicado más de 70 fotolibros, entre ellos «Missing Links» (1999), «The Instant Men» (2000), «in almost every picture» (2001–2019) o «Shit» (2018); ha editado la revista «Useful Photography»; y es autor del bestseller internacional «Failed It!»—un manifiesto brillante sobre el valor del error y el fracaso creativo.
Su obra ha sido exhibida en instituciones como el MOMA, el Foam, el C/O Berlin, el PhotoEspaña, el Fotomuseum Winterthur o el Museo Re Rebaudengo de Turín. Ha recibido el Amsterdam Prize of the Arts y ha sido nominado al Deutsche Börse Photography Prize. Time Magazine lo describió como «un hechicero visual», y Vogue Italia lo llamó «antropólogo moderno».
Desde CC/magazine, lo consideramos una de las mentes más lúcidas y libres del arte contemporáneo, alguien que ha sabido convertir el error en lenguaje, el humor en filosofía y la imagen en espejo de nuestra propia contradicción.
El fracaso como arte, la ironía como método
Para Erik Kessels, la perfección es aburrida. Su mirada se alimenta de lo torcido, lo imprevisto, lo ridículo y lo banal. Donde otros ven error, él ve belleza. Su trabajo explora los restos de la cultura visual —álbumes familiares, fotografías anónimas, gestos repetidos— y los convierte en comentarios sobre la vida, la memoria y la saturación de imágenes que nos rodea.
Sus proyectos «24HRS in Photos», donde imprimió literalmente un día entero de imágenes subidas a Internet, o «Album Beauty», una oda a los álbumes fotográficos analógicos, son ensayos visuales sobre el exceso, el fracaso del control y la nostalgia de lo imperfecto.
En esta conversación exclusiva con CC/magazine, Kessels reflexiona sobre el poder del error, la banalidad, la inteligencia visual y el humor como acto político.
Después de tantos años explorando el fracaso, lo absurdo y la belleza en lugares inesperados… ¿Cuál es tu visión de la vida hoy en día? ¿Tu mirada artística ha cambiado tu forma de vivir lo cotidiano?
La vida cotidiana es lo suficientemente absurda como para prestarle atención. Yo simplemente observo los sucesos, imágenes y conversaciones que tienen lugar frente a mí, y cuando algo me llama la atención, lo detengo y trato de hacer algo con ello.
Vivimos una especie de renacimiento de la imagen, en el que todos estamos produciendo y compartiendo imágenes de manera constante. Para mí, eso es como ser un niño en una tienda de caramelos: hay tanto por probar, tanto en lo que perderse.
“En creatividad, la perfección es el peor punto de partida.”
Has explorado el fracaso no como un error, sino como motor creativo. ¿Qué te sigue fascinando de la imperfección en un mundo obsesionado con la perfección?
En creatividad, la perfección es el peor punto de partida; no te lleva a ningún lugar nuevo o emocionante.
Los errores y los fracasos son mucho más interesantes para jugar con ellos. Abren espacio a lo inesperado, a lo imprevisible. El pensamiento equivocado es esencial para la innovación y la originalidad.
Espero que, con el tiempo, el fracaso deje de ser un tabú y se convierta en una parte celebrada del proceso.
Tu obra abarca instalaciones, exposiciones comisariadas, fotolibros y ensayos visuales. ¿Qué es lo que conecta todos esos formatos?
El hilo conductor entre los distintos medios que utilizo siempre es la idea. Pero cada medio tiene su propio lenguaje, sus fortalezas. Hacer un libro es completamente diferente a crear una exposición. Ambos ofrecen oportunidades y desafíos únicos.
Para mí, lo más emocionante del proceso es ver si puedo explorar nuevos territorios cada vez que cambio de formato. Tal vez el hilo conductor también sea mi dosis constante de ironía y escepticismo.
Sueles trabajar con fotografía encontrada o vernacular, imágenes que otros descartarían. ¿Qué te atrae de lo banal o lo olvidado?
Las imágenes de la vida cotidiana suelen ser las más absurdas y extremas. Encuentro belleza real en lo cotidiano.
Recientemente publiqué un libro llamado «Incomplete Encyclopedia of Touch», sobre cómo las personas, cuando son fotografiadas, casi siempre tocan algo que está junto a ellas.
Al recopilar y categorizar esos gestos de álbumes familiares, lo banal se vuelve especial y cómico a la vez.
Te han definido como artista, diseñador, comisario e incluso antropólogo visual. ¿Con cuál de estas etiquetas te identificas más?
Que me hayan etiquetado de tantas maneras me parece un lujo. Trabajar de forma interdisciplinar es liberador; te da una sensación de libertad.
Una vez oí a un músico decir que en una tienda de discos, la música más interesante suele estar entre las paredes que separan los géneros. Y así es como me siento yo: intento moverme entre diferentes disciplinas y trabajar desde esos espacios intermedios.
“El cerebro humano sigue siendo la fuente real de creatividad auténtica, aunque la IA pueda provocarla o inspirarla.”
La inteligencia artificial está transformando la creatividad. ¿La ves como una amenaza o una herramienta?
La IA, usada con responsabilidad, es una herramienta útil, pero nunca debe confundirse con una creadora de originalidad. En el fondo, no es más que una forma de alucinación estadística.
El cerebro humano sigue siendo la fuente real de creatividad auténtica, aunque la IA pueda provocarla o inspirarla. Las máquinas deben ser desafiadas y cuestionadas por los humanos, no al revés.
Vivimos un momento de polarización y sobreestimulación. ¿Qué papel debería tener actualmente la cultura visual y el humor?
El humor y la ironía son absolutamente cruciales en este momento. La mayoría de la gente se toma demasiado en serio a sí misma y no puede pensar más allá del conflicto o el compromiso.
Los creativos debemos actuar a veces como payasos profesionales, sosteniendo un espejo ante la sociedad y mostrando que las cosas pueden verse de otra manera. El humor abre espacio para la empatía, la reflexión y, a veces, la resistencia.
A menudo desafías las narrativas dominantes. ¿Qué tipo de conformismo visual te parece más peligroso o aburrido?
Lo mainstream y lo promedio siempre han sido enemigos de la creatividad, pero hoy dominan más que nunca. Los datos están reemplazando a la imaginación, y pensar de forma ilógica se ha vuelto casi un tabú.
Los artistas y diseñadores deben defender su libertad y su derecho a ser irracionales, impredecibles y lúdicos. Porque ahí es donde habita la verdadera originalidad.
“El humor abre espacio para la empatía, la reflexión y, a veces, la resistencia.”
Gran parte de tu obra celebra la imperfección analógica. ¿Qué hemos perdido o ganado con el dominio digital?
No elijo la imperfección analógica sobre la digital, ya que ambas pueden inspirarme. Pero las herramientas digitales han hecho que sea demasiado fácil borrar los errores. La imperfección es más difícil de encontrar ahora.
En la era analógica, las fotos «equivocadas» permanecían junto a las perfectas en el álbum familiar.
Sin embargo, hoy todo aspira a la perfección, lo cual en sí mismo puede resultar absurdo. Como cuando un cartel digital parpadea «fuera de servicio» mientras claramente está funcionando, o una señal de obras en la carretera anuncia con orgullo que los trabajos llevan realizándose desde hace «cero días».
“Una gran idea sobrevive a cualquier tendencia o tecnología.”
Tus años en KesselsKramer marcaron una nueva voz en la publicidad. ¿Cómo ves hoy la industria creativa comercial?
La industria publicitaria está en un estado de confusión: confusión sobre los medios, los datos, la IA y hasta sobre su propia identidad.
En medio de todo eso, solo hay una cosa que sigue importando realmente: una gran idea. Una gran idea sobrevive a cualquier tendencia o tecnología.
Lamentablemente, la industria a menudo carece de la paciencia y el coraje necesarios para alcanzarlas. Hay demasiados compromisos, miedos y egos en el camino.
Has publicado decenas de libros. En tiempos de pantallas infinitas, ¿qué hace que algo merezca imprimirse?
El papel está regresando. Los lectores de e-books han desaparecido y la gente vuelve a leer libros impresos. Para mí, la fisicidad del libro es esencial: un objeto, no solo un contenedor de contenido.
Mi último libro, «MAN», explora la idea de que los hombres siempre quieren ser el centro de atención. Juega con el hecho de que un libro grueso es difícil de abrir del todo, por lo que el centro de la imagen desaparece en el pliegue. En «MAN», todos los hombres literalmente se desvanecen en el lomo.
Impartes conferencias y talleres en todo el mundo. ¿Qué suelen preguntarte los estudiantes? ¿Y qué deberían preguntar?
Los estudiantes suelen preguntar «cómo»: cómo hacer algo, cómo encontrar ideas. Pero deberían preguntar «por qué». El «cómo» es fácil hoy en día; ya que las herramientas están accesibles para todos.
Muchos estudiantes son capaces de crear un «jardín delantero» perfecto, pero lo que realmente importa es lo que ocurre en el «jardín trasero»: ese espacio donde habitan las frustraciones, las obsesiones y las pasiones. De ahí es de donde nace la autenticidad.
Además, aprender a decir NO es fundamental para quienes empiezan en la industria. No tienes que aceptar todo lo que se te ofrece. Decir NO te fortalece y define mucho mejor quién eres y hacia dónde quieres ir.
Has explorado muchísimas disciplinas y formatos. ¿Qué te sigue sorprendiendo? ¿Cómo mantienes la curiosidad viva?
Mi curiosidad nunca se detiene. Me inspiro cada día con todo lo nuevo que encuentro.
Para un creativo, es importante tener héroes, personas que admiras y de las que aprendes. Pero esos héroes deben evolucionar. Sería extraño tener los mismos héroes que hace 20 años.
Asimismo, mantener la curiosidad es mantenerse despierto, cuestionar lo que ves y no sentirte demasiado cómodo nunca.
Un visionario del absurdo contemporáneo
Hablar con Erik Kessels es entender que la ironía puede ser una forma de lucidez. Su trabajo nos enseña que el error es fértil, la imperfección humana es belleza, y el humor puede ser un acto político.
De ahí que en una era saturada de imágenes perfectas, Kessels nos devuelve la posibilidad de mirar con ternura lo defectuoso.
Como él mismo diría, fallar no es el final: es el comienzo de algo que aún no conocemos.
“Mantener la curiosidad es mantenerse despierto.”
(*) Imágenes proporcionadas por Erik Kessels.











