El Molino vuelve a latir: nuevo escenario para el jazz y la cultura

Tras una década de silencio, El Molino vuelve a girar sus icónicas aspas rojas. Y lo hace con fuerza, con alma, con una nueva vida que respira música, arte y un espíritu renovado. Desde su reapertura el 27 de octubre de 2024, esta histórica sala del Paral·lel ha dejado claro que su regreso no es anecdótico: ha vuelto para convertirse en uno de los referentes culturales más potentes de la ciudad.

De la Barcelona canalla al epicentro cultural contemporáneo

Bajo la gestión de Barcelona Events Musicals (BEM), la misma organización detrás del Festival Cruïlla, El Molino ha sido reinventado como un espacio para el jazz, el soul, el flamenco, el folk y la canción de autor. Un teatro del siglo XXI que honra su legado pero mira sin miedo al futuro, apostando por una programación que combina grandes nombres internacionales con talento local.

Una historia que late desde 1898

El Molino no es un teatro más. Es un símbolo. Inaugurado en 1898 bajo el nombre de La Pajarera Catalana, se convirtió en el Petit Moulin Rouge en 1910, inspirándose en su homólogo parisino. Pronto se transformó en uno de los lugares más emblemáticos de la Barcelona bohemia y transgresora, donde el cabaret, el cuplé y la sátira política se mezclaban con una vida nocturna efervescente.

Durante el siglo XX, El Molino fue refugio de artistas, pensadores, humoristas y personajes marginales, un lugar donde se rompían convenciones y se celebraba la diferencia. En sus tablas actuaron figuras históricas como La Bella Dorita o Lita Claver «La Maña», y su fachada —esas aspas rojas girando sobre el telón de fondo urbano— se convirtió en un icono de la ciudad.

Pero la historia también incluyó capítulos amargos: cierres, decadencia, intentos fallidos de resurrección. Hasta ahora. Porque en 2024, El Molino no solo reabre: renace. Y lo hace con una energía nueva, transversal y profundamente contemporánea.

Un proyecto con identidad propia

La nueva etapa de El Molino no es una simple restauración nostálgica. Es una apuesta estratégica y artística clara. Con capacidad para 250 personas, el espacio se ha rediseñado como un club íntimo, con una atmósfera envolvente y acogedora. Aquí, cada espectáculo es una experiencia total: música en directo, luz tenue, gastronomía cuidada y coctelería de autor.

“La idea es clara: convertir El Molino en una referencia internacional de las músicas con alma.”

La idea es clara: convertir El Molino en una referencia internacional de las músicas con alma.

El jazz ocupa un lugar central, pero también hay espacio para otras sonoridades como el soul, el folk global, flamenco contemporáneo y la canción de autor. Una programación que respira diversidad y calidad, y que recupera ese espíritu de mezcla tan característico de la sala.

Una programación que seduce

Desde su reapertura, El Molino ha recibido a artistas de primer nivel. Han pasado por su escenario nombres como Donald Harrison, Eliane Elias, Kahil El’Zabar Quartet, Bill Frisell, Uri Caine, Ayo, Fatoumata Diawara, Eliades Ochoa o la joven promesa catalana Julia Blum. Y esto es solo el principio.

La dirección artística ha diseñado una programación que no solo pone el foco en la excelencia musical, sino también en la diversidad y la inclusión de distintas generaciones, culturas y géneros. Se trata de construir comunidad, de conectar con públicos distintos, de ofrecer propuestas que emocionen.

Además de los conciertos, El Molino también ha abierto sus puertas a la comedia con el ciclo Hilària Club de Comèdia, que cada semana llena la sala de risas con monólogos frescos y actuales. Y los fines de semana, la sala se transforma en club con sesiones de DJ que combinan vinilos clásicos con música electrónica y grooves contemporáneos.

Gastronomía, diseño y experiencia

La experiencia El Molino va más allá del escenario. El público puede disfrutar de una carta de tapas de autor y una selección de vinos naturales, cócteles de autor y bebidas artesanales. La propuesta gastronómica se cuida con el mismo mimo que la programación artística, y el objetivo es claro: que cada visita sea una experiencia sensorial completa.

“La experiencia El Molino va más allá del escenario.”

El interiorismo también ha jugado un papel esencial en esta nueva etapa. Firmado por el estudio External Reference, el diseño mezcla elementos del cabaret clásico con materiales contemporáneos, creando una atmósfera teatral, sofisticada y cálida. Todo ha sido pensado para honrar la historia del espacio, pero con un lenguaje actual.

Un nuevo impulso para el Paral·lel

El renacer de El Molino no es un hecho aislado. Forma parte de un plan más amplio de reactivación cultural del Paral·lel, una avenida que durante décadas fue el corazón de la vida nocturna barcelonesa y que ahora busca recuperar ese pulso con nuevos proyectos.

Junto a espacios como Apolo, Barts o Paral·lel 62, El Molino quiere volver a situar esta arteria histórica en el mapa cultural de la ciudad. Y lo está logrando. La respuesta del público ha sido entusiasta, y el nuevo perfil de visitantes —amantes del jazz, creativos, viajeros curiosos, público local de todas las edades— demuestra que había una necesidad latente de un lugar así.

Además, la sala se ha propuesto trabajar con escuelas de música, instituciones culturales y colectivos sociales, convirtiéndose también en un espacio educativo, inclusivo y de proximidad.

Las entradas pueden adquirirse online, y muchas de las sesiones combinan espectáculo con cena o consumición. Se recomienda reservar con antelación, ya que el aforo es limitado y los espectáculos suelen agotarse rápidamente.

“El interiorismo ha jugado un papel esencial y lo ha firmado External Reference.”

El Molino hoy: entre memoria y vanguardia

Hablar del nuevo El Molino es hablar de un lugar donde conviven la memoria y la vanguardia. Donde el eco del cabaret resuena entre notas de jazz. Donde la irreverencia del pasado se mezcla con la sofisticación del presente. Donde cada noche es un homenaje a la creatividad.

En un contexto donde muchas ciudades pierden sus espacios singulares en favor de propuestas masificadas o impersonales, El Molino representa una excepción luminosa. Un ejemplo de cómo un espacio histórico puede renovarse sin traicionar su alma. De cómo se puede hacer cultura con ambición, sin elitismos, y con una vocación de abrir puertas más que de cerrarlas.

Porque El Molino ha vuelto, sí. Pero no como un lugar para mirar al pasado con nostalgia, sino como un lugar para vivir el presente con intensidad. Y, sobre todo, para imaginar futuros posibles desde la música, el arte y la emoción.

(*) Fotos proporcionadas por El Molino. Autores: Víctor Parreño y Xavi Torrent.

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