Vida y arte en la Bauhaus

Este año se cumplen 101 años del nacimiento de la Bauhaus (nombre derivado de la unión de las palabras en alemán «Bau»: construcción y «Haus»: casa). Este referente internacional de la arquitectura, el arte y el diseño, inició su andadura el 1 de abril de 1919 cuando se constituyó como la Escuela de artesanía, diseño, arte y arquitectura surgida de la unión de la Escuela de Bellas Artes con la escuela de Artes y Oficios, gracias al talentoso arquitecto Walter Gropius en Weimar (Alemania), epicentro del nuevo país en construcción.

Su principal objetivo era alcanzar una nueva síntesis estética mediante la integración de todos los géneros del arte, todas las ramas de la artesanía y la arquitectura en una sola expresión creativa, para lograr, según Gropius, una transformación de la sociedad burguesa, así como eliminar las diferencias entre artistas y artesanos e intentar vender sus propios productos – que abarcarían todos los ámbitos de la vida cotidiana – para dejar de depender del Estado.

«Los artistas tienen que volver al trabajo manual.»

Uno de los principios establecidos desde su fundación fue «la forma sigue a la función». De ahí que empleasen formas geométricas según la función para la que fueron concebidos para la creación de los diferentes espacios que diseñaban.

Asimismo, durante seis meses, los alumnos tenían la oportunidad de trabajar en los distintos talleres gracias a la metodología de «aprender trabajando». Y tras aprender las pautas básicas de diferentes oficios y llevar a cabo el curso obligatorio «vorkurs» o también conocido como «Método Bauhaus», creado por el arquitecto Johannes Itten, decidían a qué disciplina querían dedicarse para luego formarse en profundidad. De esta forma, cuando salían de la escuela, contaban con una formación completa: dibujo, modelado, fotografía, diseño de muebles, escenificación, danza, tipografía… Además, en la escuela se vivía un ambiente increíble, ya que todo el mundo estaba creando entusiasmado, sin límites ni prejuicios. Todos aprendían de todos… La verdad es que nosotros hubiésemos pagado por ir a esa escuela… y si además nos garantizan que íbamos a tener de compañeros de pupitre a los pintores Paul Klee y Kandinsky pues… directamente nos daba un ataque…

Ellos estuvieron en esta primera etapa, considerada la fase idealista, expresionista y de experimentación de formas, en la que utilizaban las formas geométricas básicas (el círculo, el cuadrado y el triángulo) junto con los tres colores primarios como base aunque los colores principales fueron negro, blanco y rojo*. Etapa en la que también celebraron la primera exposición de la Bauhaus y los alumnos presentaron todo tipo de maquetas de viviendas y objetos de diseño.

* En este libro de cabecera: » El ABC de la Bauhaus y la teoría del diseño» encontraréis mucha más información al respecto y os lo recomendamos muchísimo.

A partir de 1923, el profesor László Moholy-Nagy se convirtió en el nuevo director de la Bauhaus e introdujo ideas del Constructivismo Ruso y el Neoplasticismo (movimiento artístico iniciado en Holanda con el ideal de llegar a la esencia del arte eliminando lo superfluo). Y en esta época y siguiendo su máxima «eliminar lo superfluo y dejar lo esencial», Herbert Bayer diseñó el estilo tipográfico que más les identificó, en el que eliminó las mayúsculas y las serifas, creando una fuente cuya versión digital recibe el nombre Architype Bayer. También surgieron todo tipo de productos, desde diseños para barrios enteros a juegos de té, lámparas, sillas, mesas, escritorios, juguetes, señalización, murales, vidrieras, alfombras, joyas…

Otra pieza clave en este tiempo fue la figura de Theo van Doesburg, quien había fundado el movimiento artístico De Stijl, que acabó dando nombre al neoplasticismo holandés. Según cuentan, Walter Gropius vio a van Doesburg dando una conferencia sobre De Stijl y quedó bastante impresionado y le invitó a dar unas charlas en Weimar. Pero el holandés fue más allá y se mudó a la ciudad alemana porque su deseo era ser profesor de la escuela. Sin embargo, Gropius tuvo dudas y éste decidió instalarse a pocas calles de la Bauhaus para dar clases particulares. Así que su influencia en la escuela, a pesar de no formar parte de ella, fue enorme debido a su particular estilo: líneas rectas, simplicidad y eficacia.

«¡La meta de toda actividad plástica es la construcción!»

En esta época también se llevaron a cabo fiestas legendarias que ellos consideraban obras de arte (generalmente temáticas: fiesta blanca, fiesta del metal, fiesta de los cometas…) y que casi siempre eran de disfraces, y donde el alcohol y otras sustancias campaban a sus anchas.

En 1925, debido a las continuas presiones del gobierno, Moholy-Nagy abandonó la escuela y dos años después hizo lo propio Walter Gropius, quien dejó la dirección en manos del suizo Hannes Meyer. Cinco años después, fue Ludwing Miës Van Der Rohe, quien se convirtió en su director y quien optó por trasladar la escuela a Dessau.

«A modern, harmonic and lively architecture is the visible sign of an authentic democracy.»

Pero con la llegada de los nazis a Dessau en 1932, además de perder la ayuda financiera por parte del gobierno, tuvieron que trasladarse a Berlín y al año siguiente las autoridades alemanas nazis capitaneadas por Adolf Hitler, antiguo artista fracasado, que odiaba tanto el modernismo, como a los intelectuales y, por supuesto, a los judíos, decidieron clausurarla.

Desgraciadamente, tanto Miës van der Rohe como los profesores y alumnos fueron perseguidos por el régimen, pero pudieron huir del país e instalarse en Estados Unidos, donde pudieron seguir con sus ideales y László Moholy-Nagy pudo crear la Nueva Bauhaus: el Instituto de Diseño de Chicago.

Sin más, si como a nosotros os fascina la Bauhaus, os recomendamos también que veáis estas dos películas: «Lotte am Bauhaus» sobre las mujeres en la Bauhaus y la maravillosa «The New Bauhaus», que recuerda la herencia de este movimiento visionario del arte y diseño de principios del siglo XX.

(*) Foto de László Moholy-Nagy, Self-Portrait, 1925 ©Moholy-Nagy Foundation. Photographer: László Moholy-Nagy · Foto portada: Ely Sánchez.


 BACK


 BACK TO TOP


Deja un comentario