CopenPay: la iniciativa que está redefiniendo el turismo sostenible
Hablar de sostenibilidad turística suele implicar conceptos complejos, regulaciones o estrategias a largo plazo. CopenPay plantea una aproximación diferente. El programa impulsado por Wonderful Copenhagen parte de una idea sencilla: convertir las acciones positivas de los visitantes en una parte esencial de la experiencia de viajar.


La iniciativa, que comenzó como un proyecto piloto en 2024 y que desde este año funciona como una plataforma permanente disponible durante todo el año, propone recompensar a quienes deciden relacionarse con Copenhague de una manera más consciente. Llegar en tren, desplazarse en bicicleta, participar en actividades comunitarias, reutilizar una botella de agua o colaborar en acciones vinculadas al cuidado del entorno puede traducirse en acceso a experiencias culturales, gastronómicas o de ocio.
Sin embargo, el verdadero interés de CopenPay no reside ni en las recompensas ni tampoco en su dimensión promocional. Lo que convierte al programa en una de las iniciativas turísticas más relevantes surgidas en Europa en los últimos años es la forma en que replantea la relación entre una ciudad y quienes la visitan.
Pocas ciudades están explorando nuevas formas de relacionarse con sus visitantes como Copenhague. La capital danesa parte de una pregunta tan sencilla como pertinente: ¿qué ocurriría si los turistas dejaran de ser únicamente espectadores para convertirse en participantes activos de la ciudad que recorren?

Una ciudad construida a través del diseño
Resulta difícil entender CopenPay sin comprender primero el contexto en el que surge. Durante décadas, Copenhague ha construido una reputación internacional vinculada al diseño, la arquitectura, la movilidad sostenible y la calidad de vida. La ciudad aparece de forma recurrente en rankings sobre habitabilidad, bienestar urbano o innovación pública, pero detrás de esos reconocimientos existe algo más profundo: una cultura que entiende el diseño como una herramienta capaz de transformar comportamientos.
Esa visión puede observarse en la red ciclista que atraviesa la ciudad, en sus espacios públicos, en la relación con el agua o incluso en la forma en que se conciben los servicios urbanos. En Copenhague, el diseño rara vez se limita a una cuestión estética, sino que funciona como una manera de facilitar determinadas conductas y hacer que ciertas decisiones resulten más naturales, accesibles y atractivas.

CopenPay surge precisamente de esa misma lógica. Mientras muchas estrategias de turismo sostenible han centrado sus esfuerzos en informar, regular o concienciar, la iniciativa danesa parte de una observación diferente. Según explica Rikke Holm-Petersen, Directora de Estrategia de Comportamiento en Wonderful Copenhagen, numerosos viajeros desean contribuir positivamente a los lugares que visitan, pero con frecuencia no encuentran formas claras ni accesibles de hacerlo: “Muchos viajeros desean generar un impacto positivo en los destinos que visitan, pero con frecuencia no encuentran la manera de hacerlo.”
La respuesta consistió en diseñar un sistema capaz de conectar acciones positivas con experiencias reales dentro de la ciudad. No como una obligación, sino como una invitación.
Esa invitación se traduce en una red cada vez más amplia de experiencias repartidas por toda la ciudad. A través de CopenPay, los visitantes pueden obtener acceso a cafés, alquileres de bicicletas, visitas guiadas, entradas a museos, conciertos, experiencias gastronómicas, recorridos en kayak, sesiones de sauna, talleres de reciclaje creativo, clases de ciclismo urbano o actividades vinculadas a huertos comunitarios.

Algunas propuestas premian acciones tan sencillas como llegar a Copenhague en tren, desplazarse en bicicleta, utilizar una botella reutilizable, recoger residuos en espacios públicos o participar en iniciativas de jardinería urbana. Otras invitan a descubrir instituciones culturales, espacios de diseño, proyectos ambientales y comunidades locales desde una perspectiva más participativa.
Más que una colección de recompensas, el programa configura un mapa alternativo de la ciudad que permite explorar Copenhague a través de los valores que definen su identidad contemporánea.
Más allá de los incentivos
Existe una tendencia a interpretar proyectos como CopenPay desde la lógica de la recompensa: una persona realiza una acción determinada y recibe algo a cambio. Sin embargo, los datos recopilados por Wonderful Copenhagen apuntan en otra dirección. Solo una minoría de participantes afirma sentirse motivada principalmente por el incentivo.
Para casi la mitad, el atractivo reside en vivir una experiencia diferente, significativa y educativa. La verdadera motivación no parece estar en la recompensa, sino en la experiencia.

Durante años, muchas políticas vinculadas a la sostenibilidad han confiado en que la información bastaría para modificar hábitos. CopenPay plantea un enfoque distinto: los cambios de comportamiento surgen con más facilidad cuando las personas participan en experiencias capaces de generar una conexión emocional con el lugar que visitan.

“La información no basta para cambiar comportamientos; las experiencias significativas sí”, señala Rikke Holm-Petersen, Directora de Estrategia de Comportamiento en Wonderful Copenhagen. Por eso el programa evita los discursos moralizantes y apuesta por experiencias que permiten descubrir la ciudad desde otra perspectiva.
El valor de formar parte
Buena parte del interés de CopenPay reside en cómo responde a una transformación silenciosa del turismo contemporáneo.
Durante décadas, viajar estuvo asociado principalmente al descubrimiento de lugares. Hoy, muchos viajeros buscan además comprender los contextos que visitan, conectar con las comunidades locales y participar de forma más activa en la experiencia.
En este sentido, CopenPay propone una relación diferente con la ciudad. El visitante deja de ser un observador para convertirse en alguien que participa, contribuye y establece una conexión más profunda con el destino.
“No se trata únicamente de recibir algo a cambio, sino de participar y sentirse parte del lugar que se visita.” Los datos parecen respaldar esta idea. Según Wonderful Copenhagen, siete de cada diez participantes afirman haber modificado algunos de sus hábitos después de regresar a casa. Lo que significa que esta propuesta aspira a generar cambios duraderos en la forma de entender el viaje.
Muchos viajeros buscan comprender los contextos que visitan y conectar con las comunidades locales.
Cultura como puerta de entrada
La incorporación de instituciones como Designmuseum Danmark o Cisternerne ayuda a comprender otra de las dimensiones más interesantes del proyecto.

En muchos destinos, los espacios culturales funcionan como atracciones que los visitantes consumen de forma relativamente rápida antes de continuar su recorrido. CopenPay les asigna un papel distinto.
Los museos, centros culturales y espacios expositivos se convierten en socios activos dentro de una conversación más amplia sobre sostenibilidad, participación y ciudad.
Rikke Holm-Petersen, Directora de Estrategia de Comportamiento en Wonderful Copenhagen destaca precisamente esta función: “Las instituciones culturales no son simples espacios que se visitan; son socios activos que ayudan a construir una relación más significativa entre las personas y la ciudad.”

Cisternerne ofrece uno de los ejemplos más interesantes de esta conexión entre sostenibilidad, cultura e identidad local.
El singular espacio expositivo subterráneo —un antiguo depósito de agua del siglo XIX transformado en centro de arte contemporáneo— forma parte de CopenPay y permite acceder a una de las exposiciones más destacadas de la temporada cultural europea.

Hasta el 30 de noviembre de 2026 acoge Seven Deaths, la monumental instalación inmersiva de Marina Abramovic inspirada en la figura de Maria Callas.
La artista serbia recrea siete de las muertes más célebres de la historia de la ópera en una experiencia audiovisual concebida específicamente para dialogar con la oscuridad, la humedad y la extraordinaria acústica de Cisternerne, cuyas galerías subterráneas generan una reverberación de hasta diecisiete segundos.
Acompañada por la voz de Callas y la participación del actor Willem Dafoe, la obra transforma el recorrido del visitante en una reflexión sobre el amor, la pérdida, el deseo y la muerte.
En este contexto, acceder a Cisternerne a través de CopenPay no supone únicamente visitar una exposición, sino experimentar una de las propuestas artísticas más ambiciosas del año en un espacio cuya historia está íntimamente ligada a la relación de Copenhague con el agua y la infraestructura urbana.
La verdadera motivación no parece estar en la recompensa, sino en la experiencia.
La misma lógica aparece en otras experiencias distribuidas por la ciudad, desde museos de diseño y arquitectura hasta iniciativas comunitarias, recorridos urbanos y proyectos ambientales que permiten descubrir Copenhague desde una perspectiva más participativa.
Más que acumular recompensas, el programa construye narrativas. Y en una ciudad donde diseño y cultura forman parte de la vida cotidiana, esa dimensión resulta especialmente relevante.

Del visitante al contribuyente
Uno de los conceptos que aparece de forma recurrente en las conversaciones sobre CopenPay es la idea de contribución.
No se trata de una palabra habitual en la industria turística. Tradicionalmente, la relación entre visitantes y destinos ha estado definida por el intercambio económico. Los turistas generan actividad, ocupan hoteles, consumen cultura y utilizan servicios. Las ciudades reciben esos beneficios y desarrollan infraestructuras capaces de sostenerlos.

CopenPay introduce una capa adicional: “Viajar no debería consistir únicamente en consumir un destino, sino también en contribuir positivamente a él.”
A medida que aumenta la presión sobre determinados destinos, surge la necesidad de imaginar modelos donde la presencia de visitantes genere también impactos positivos de carácter social, cultural o ambiental.
Además, Copenhague no plantea esta cuestión desde la confrontación ni desde la restricción. Todo lo contrario. La iniciativa se apoya en una narrativa optimista que parte de una premisa sencilla: muchas personas quieren hacer las cosas mejor cuando viajan. Lo único que necesitan son mecanismos claros, accesibles e inspiradores para hacerlo.
Una idea sencilla con implicaciones profundas
El interés generado por CopenPay ha llevado a Wonderful Copenhagen a compartir el modelo con otros destinos a través de DestinationPay. La iniciativa ha despertado la atención de cientos de ciudades y organismos turísticos que buscan nuevas formas de integrar sostenibilidad y experiencia de visitante.

Las mejores ideas suelen parecer evidentes una vez que alguien las pone en práctica. CopenPay pertenece a esa categoría de iniciativas cuya simplicidad esconde una reflexión mucho más compleja sobre comportamiento humano, diseño urbano y responsabilidad compartida.
CopenPay no pretende resolver todos los desafíos asociados al turismo contemporáneo ni ofrecer respuestas definitivas a cuestiones tan complejas como la sostenibilidad o la gestión de los flujos de visitantes. Su aportación es otra: imaginar un modelo en el que viajar deja de entenderse exclusivamente como una experiencia de consumo para convertirse en una oportunidad de participación.
La propuesta encaja de forma natural en una ciudad que lleva décadas utilizando el diseño para mejorar la movilidad, el espacio público o la calidad de vida. Más que una campaña aislada, CopenPay parece la evolución lógica de una manera de pensar la ciudad y la relación con quienes la visitan.
“Nuestro objetivo es impulsar una forma de viajar en la que las personas se perciban como parte de la solución y no únicamente como visitantes.”
Pocas iniciativas expresan con tanta claridad uno de los grandes desafíos del turismo contemporáneo: cómo generar experiencias valiosas para quienes visitan una ciudad sin dejar de aportar valor a quienes la habitan.
Viajar no debería consistir únicamente en consumir un destino, sino en contribuir positivamente a él.
(*) Fotos proporcionadas por Wonderful Copenhagen. Fotos de Cisternerne: Vista de la instalación, Marina Abramovic, Seven Deaths, Cisternerne, Copenhague (14 de marzo – 30 de noviembre de 2026): David Stjernholm/@david_stjernholm. Retrato de Marina Abramovi: Marco Anelli. Foto vertical 1: Daniel Rasmussen. Foto slider 9 y foto 11 vertical: Giuseppe Liverino.








