Solo se necesitan 21 días para cambiar de vida

Aunque ya hemos superado los 21 días de confinamiento, es un buen momento para plantearse nuevos hábitos, que probablemente ya hayamos incorporado o que estemos en vías de querer incorporar.

El creador de esta teoría podrían ser dos personas: William James, el padre de la psicología científica, quien en 1887 escribió un artículo titulado «El hábito», en el que hablaba sobre la plasticidad del cerebro y cómo en 21 días podríamos crear un nuevo hábito, ya que el cerebro es un órgano que se puede moldear a través de los nuevos aprendizajes: ya sea un idioma, una experiencia o una habilidad manual. Todo eso hace que se reconfigure nuestro mapa cerebral; y Maxwell Maltz, cirujano plástico de la Universidad de Columbia en la década de 1950, quién analizo ciertos patrones de sus pacientes cuando les modificaba algún rasgo de la cara. Y resultó que en 21 días se acostumbraban a su nuevo aspecto… Escribió sobre ello en su libro «Psycho-Cybernetics» (Psico Cibernética: el secreto para mejorar y transformar su vida). Food for thought.

«Se requiere de un mínimo de 21 días para que una imagen mental establecida desaparezca y cuaje una nueva» Maxwell Maltz

Y es que resulta que las células madre tardan 21 días en diferenciarse en nuevas neuronas en el cerebro, y ese es el mismo tiempo que dura nuestro biorritmo emocional, según los investigadores Michael Smolensky, experto en cronobiología de la Universidad de Texas (EE. UU.), y Zerrin Hodgkins, de Londres.

De todos modos, no es tan fácil como parece y el éxito de conseguirlo depende de nuestra motivación, que es la que nos moverá a repetir ese nuevo hábito que queremos instaurar en nuestras vidas. Si le vemos claramente los beneficios (y no porque no los digan los demás) eso actuará de móvil para que, aunque nos cueste, no desistamos en nuestro intento. Por ello, lo que queremos convertir en un hábito, debe estar conectado con aquellos objetivos y valores con los que nos sintamos alineados. Si no… lo acabaremos abandonando porque no le encontraremos el sentido.

La coherencia y la constancia, haciendo referencia claramente a la repetición, también son claves para conseguirlo. Nuestra vida está llena de automatismos, de los que apenas somos conscientes. Vamos con el piloto automático puesto cuando preparamos un café, conducimos, etc… No pensamos conscientemente ni en cuales son los pasos que debemos hacer para llevar a cabo cada una de esas cosas, sino que nos salen de manera automática. Y eso sucede debido que esas acciones las hemos repetido suficientes veces para que ahora las hagamos sin apenas pensarlas.

Asimismo, y como os comentábamos al inicio, tenemos que ser conscientes que en este proceso hay dificultad aunque haya voluntad. Sin embargo,  también es cierto que a medida que vayamos repitiendo esa acción que hayas decidido más y más veces, cada vez nos costará un poco menos, ya que «esta novedad en forma de nueva actitud» se irá implantando de forma más permanente en nuestro cerebro hasta que al final se convierta en un acto automático. ¿Interesante, verdad?

Sin más, después de hablar con diferentes psicólogos al respecto, éstos nos han confirmado que la teoría de los 21 días es justamente eso: una teoría, y que tal vez necesitemos más tiempo para poder incorporar un nuevo hábito en nuestra vida, no significando eso que tengamos un problema o nada parecido. Cada persona es un mundo y sus circunstancias e idiosincrasia determinarán los días que necesitará para lograrlo. De todos modos, lo que sí es seguro es que está al alcance de todos hacerlo. Solo necesitamos tener clarividencia en lo que queremos hacer, la motivación necesaria para repetirlo y repetirlo, disciplina, compromiso, mucha paciencia y self love hasta que un día… voilà! nuestro cerebro lo absorberá como una nueva rutina.

Crear un hábito es como utilizar un músculo que hace tiempo que no utilizas.

PD: Estos días os hemos recomendado meditar, ya que es fundamental para calmar la mente, ser menos reactivos y focalizarnos en lo único que tenemos: el presente. Y resulta que para incorporar un nuevo hábito, la meditación es nuestra mayor aliada. Según la ciencia y después de miles de años de práctica en Oriente, se ha confirmado que la práctica meditativa provoca cambios significativos estructurales y funcionales en el cerebro en áreas asociadas con el bienestar y la felicidad, y además, puede mejorar directamente el funcionamiento de nuestro organismo, nos permite ganar conciencia y control sobre lo que hace el sistema nervioso cuando no se presta atención.

(*) Foto portada de cottonbro en Pexels.


 BACK


 BACK TO TOP


Deja un comentario