Can Confia encuentra su lugar entre el campo y la ciudad

En Castellterçol, A Space About y Lagranja transforman una casa de los años treinta en un hogar contemporáneo donde la memoria de la arquitectura original convive con acero inoxidable, hormigón, color y una forma de vida que se mueve deliberadamente entre dos mundos.

¿Qué ocurre cuando dejar la ciudad no significa querer abandonar todo lo que te gusta de ella? Esa fue, en esencia, la pregunta que dio origen a Can Confia, una vivienda de 245 metros cuadrados en Castellterçol, Barcelona, y la primera colaboración entre A Space About y Lagranja design.

Sus propietarios, Júlia y Ferran, son una pareja joven que decidió cambiar Barcelona por una vida más tranquila, próxima al paisaje y con otro ritmo. Pero el movimiento no implicaba abrazar el imaginario tradicional de la casa de campo. Querían espacio y calma sin desprenderse de cierta energía, sensibilidad y contemporaneidad asociadas a su vida urbana.

Para A Space About, fundado en Barcelona en 2020 por Laura Blanch y Noa Massanet, aquella búsqueda resultaba especialmente familiar. Ambas proceden de pueblos y habían vivido durante años en Barcelona. También Gabriele, de Lagranja design, había explorado previamente esa convivencia entre arquitectura rural y maneras contemporáneas de habitar en su propia casa.

“No se trataba de escoger entre una vida rural o urbana, sino de encontrar un equilibrio entre las dos y construir una casa donde ambas pudieran convivir de forma natural”, explican desde A Space About. Ese equilibrio se convertiría en el verdadero hilo conductor de Can Confia.

Una casa construida a través del tiempo

La vivienda de los años treinta que encontraron al comenzar el proyecto distaba mucho de responder a una única época. Era el resultado de sucesivas vidas y transformaciones: dos viviendas que habían ido creciendo y fragmentándose entre plantas, accesos y escaleras. La intervención, desarrollada durante cerca de dos años, comenzó por intentar comprender de nuevo la casa como una unidad.

“No se trataba de escoger entre una vida rural o urbana, sino de encontrar un equilibrio entre las dos.” A Space About

Antes de decidir qué añadir hubo que determinar qué merecía permanecer. Arcos, pavimentos hidráulicos, vigas de madera, la escalera principal y su barandilla se convirtieron en elementos esenciales de esa memoria. En lugar de someterlos a una restauración que eliminara el paso del tiempo, los arquitectos decidieron conservar sus irregularidades.

“No queríamos restaurarlos hasta hacerlos parecer nuevos, sino aceptar sus irregularidades y las huellas del tiempo como parte de la identidad de la casa.”

Es una decisión aparentemente sencilla que define buena parte de la intervención. Lo existente no funciona como decorado sobre el que superponer una nueva estética, sino como una capa activa del proyecto. “Muchas veces, nuestra intervención consistía simplemente en acompañar lo existente”, explican. “Lo nuevo debía encontrar su lugar sin borrar lo que hacía especial a la casa”.

La nueva arquitectura responde a esa misma lógica. Se reorganizaron las circulaciones y la vivienda principal se concentró en dos plantas, mientras que el nivel superior quedó independiente y abierto a otros usos futuros. La intervención incluyó además importantes trabajos estructurales, desde rehacer la cubierta y sustituir las carpinterías hasta crear un aparcamiento subterráneo.

“La intención no fue que lo nuevo imitara lo existente, sino trabajar precisamente desde el contraste.” A Space About

Diseñar sin una imagen cerrada

Trabajar sobre una arquitectura existente implica también aceptar que el proyecto puede cambiar mientras se construye. Y Can Confia lo hizo.

El presupuesto obligaba a establecer prioridades muy claras. Primero debía resolverse la arquitectura y garantizar el buen funcionamiento de la casa; después llegaría la definición de materiales, acabados e interiores.

“En este proyecto empezamos la casa por el tejado, y nunca mejor dicho”, cuentan desde A Space About.

La expresión resulta especialmente literal: rehacer la cubierta fue una de las grandes decisiones de la obra. La otra fue sustituir todas las carpinterías. Ambas absorbieron una parte importante del presupuesto, pero eran indispensables antes de abordar las capas más visibles del proyecto.

Esa circunstancia terminó influyendo positivamente en su desarrollo. En lugar de perseguir desde el primer momento una imagen final perfectamente definida, Can Confia fue evolucionando mientras avanzaban los trabajos.

“Muchas decisiones no estaban dibujadas desde el primer día, sino que surgieron de trabajar directamente con la arquitectura existente y dejar que el propio proceso de obra también formara parte del diseño.”

Acero inoxidable frente a pavimentos hidráulicos

El diálogo entre tiempos se hace especialmente visible en la materialidad.

En la planta baja, donde se concentra la vida compartida, la antigua cocina —ubicada en una construcción independiente junto al patio— desapareció para recuperar ese espacio exterior.

La nueva cocina pasó al interior y se organizó alrededor de una gran isla de acero inoxidable diseñada a medida. Cocina, comedor y salón se suceden ahora de manera más abierta, aunque conservando diferentes atmósferas dentro del espacio doméstico.

Aquí aparecen algunos de los contrastes más rotundos de Can Confia. El brillo casi industrial del acero convive con el hormigón pulido, la madera teñida y las texturas imperfectas de los muros existentes. Arriba, la estrategia cambia: la intervención se vuelve más contenida y mantiene tanto la distribución original como los pavimentos hidráulicos.

A Space About y Lagranja no intentan camuflar esas diferencias. Al contrario, las enfatizan. “La intención no fue que lo nuevo imitara lo existente, sino trabajar precisamente desde el contraste.”

Existe, sin embargo, un código común: la honestidad de los materiales. El acero se muestra como acero; el hormigón, como hormigón; la madera conserva su textura. Esa sinceridad permite que materiales pertenecientes a momentos y lenguajes diferentes compartan espacio sin necesidad de mimetizarse.

Es también una traducción arquitectónica de la vida que Júlia y Ferran imaginaban. La casa no pretende representar una ruralidad idealizada, del mismo modo que sus propietarios no buscaban reproducir Barcelona en Castellterçol. Ambos universos permanecen reconocibles y es precisamente su fricción la que genera una identidad propia.

El mobiliario como arquitectura

En Can Confia, el diseño tampoco termina en los límites de la arquitectura. El mobiliario se plantea como su continuación y combina piezas contemporáneas con numerosos elementos concebidos específicamente para la vivienda.

Es en esta escala donde aparecen algunos de los gestos más personales del proyecto: la cocina diseñada a medida; un pasillo en la planta superior que se transforma en una zona de baño más privada; el intenso baño rojo con una bañera y la vegetación apareciendo al fondo; los despachos con largas mesas que parecen prolongarse indefinidamente; o un baño de cortesía conectado visualmente con el resto de la casa mediante un vidrio.

“Nos dieron mucha libertad para pensar un poco más allá de lo convencional.” A Space About

Soluciones que difícilmente habrían surgido de un programa convencional.

“Júlia y Ferran depositaron mucha confianza en nosotros durante todo el proceso”, recuerdan desde el estudio. “Nos dieron mucha libertad para pensar un poco más allá de lo convencional y eso nos permitió llevar el proyecto hasta una escala muy personal”.

Quizá ahí resida una de las claves de Can Confia. No tanto en una pieza concreta o en un gesto espectacular, sino en la acumulación de decisiones capaces de responder a una manera muy específica de vivir.

Una tercera vía

Can Confia evita dos tentaciones habituales en la rehabilitación: borrar el pasado para construir una vivienda completamente nueva o convertirlo en una imagen nostálgica que impida que la casa continúe evolucionando.

A Space About define su trabajo precisamente desde la observación de aquello que ya existe —un lugar, una historia, un material o incluso un gesto cotidiano— para construir espacios donde arquitectura, mobiliario y objetos formen parte de una misma narrativa. En Can Confia, esa aproximación encuentra un terreno especialmente fértil.

Lo rural frente a lo urbano. Los pavimentos hidráulicos frente al acero inoxidable. Las huellas de los años treinta frente a nuevas aperturas que llevan la mirada hacia el paisaje. Los espacios compartidos frente a los lugares íntimos. En vez de resolver esas aparentes contradicciones, el proyecto decide convivir con ellas.

“Creo que la casa acaba encontrando su identidad precisamente ahí, en hacer convivir esos dos mundos sin que ninguno intente parecerse al otro.”

Después de casi dos años de trabajo, Can Confia no pertenece enteramente al pasado ni pretende desprenderse de él para presentarse como algo nuevo.

Es una casa que acepta las distintas vidas que la precedieron y añade una más. Una transformación profunda que, como resume el propio estudio, no busca borrar lo anterior, sino encontrar una nueva forma de habitarlo.

(*) Fotografías: Richard Gastón.

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