Limburg: un fascinante roadtrip entre minas, arte y arquitectura (Parte 1)
A poco más de una hora de Bruselas, Limburg sigue siendo uno de esos lugares de Bélgica que cuesta situar en el mapa antes de conocerlos. Situada en el noreste de Flandes, junto a la frontera con Países Bajos, esta provincia tiene poco que ver con la imagen más reconocible del país. Aquí encontramos antiguos paisajes mineros cubiertos de vegetación, ciudades pequeñas con una sorprendente escena cultural, arquitectura contemporánea, arte en mitad de la naturaleza y una red ciclista que permite recorrer buena parte del territorio sobre dos ruedas.


Durante una semana hicimos un roadtrip por Limburg para conocer algunos de los proyectos que están transformando la región.
Esta primera parte nos llevó por Maasmechelen, Genk y Hasselt, tres lugares muy diferentes que comparten una historia marcada por la minería y una interesante capacidad para reinterpretar ese pasado desde el presente.

Lo primero que sorprende al recorrer Limburg es precisamente su paisaje. Muchas de las colinas que hoy parecen completamente naturales no lo son. Son terrils, enormes acumulaciones de residuos procedentes de las antiguas minas de carbón que con el paso de los años han sido colonizadas por la vegetación.
Donde antes había pozos, instalaciones industriales y trabajadores entrando y saliendo de las minas, ahora encontramos bosques, lagos, rutas para caminar y pedalear, centros culturales, arquitectura y proyectos artísticos. Y ahí comienza nuestro viaje.
Maasmechelen: pedalear entre antiguas minas
Nuestra primera parada fue Maasmechelen, junto al Parque Nacional Hoge Kempen. Nos alojamos en Terhills Hotel, y no hace falta alejarse demasiado para empezar a entender la historia de esta parte de Limburg.

El hotel ocupa el antiguo edificio principal de la mina de Eisden. Su arquitectura, los jardines simétricos y las enormes estructuras de los antiguos pozos que todavía permanecen en el exterior recuerdan inmediatamente el pasado industrial del lugar.

Terhills se extiende hoy sobre unas 356 hectáreas entre Maasmechelen y Dilsen-Stokkem. La extracción de carbón y posteriormente de grava modificó profundamente esta geografía. Tras el cierre de las minas, la naturaleza comenzó a recuperar el terreno y el paisaje fue adquiriendo una apariencia completamente distinta.
Los antiguos depósitos de residuos mineros se convirtieron en colinas verdes y las excavaciones de grava dejaron grandes extensiones de agua. Y el resultado es uno de los paisajes más singulares de Limburg.

A la mañana siguiente lo recorrimos en bicicleta. La experiencia Cycling Between Terrils permite pedalear entre estas antiguas montañas artificiales y atravesar el agua mediante una pasarela flotante desde la que se obtiene una panorámica de 360 grados.
Es precisamente sobre la bicicleta donde empezamos a comprender una de las características más interesantes de Limburg. Aquí la movilidad forma parte de la experiencia del paisaje.

De hecho, la provincia lleva años desarrollando una infraestructura ciclista que no se limita a conectar lugares, sino que busca crear nuevas maneras de observarlos. A lo largo del viaje encontramos varios ejemplos, algunos realmente sorprendentes.

Después de pedalear entre los terrils, hicimos una parada en Terland, junto al lago. Restaurante, playa y espacio al aire libre, es uno de esos lugares que permiten comprobar hasta qué punto el antiguo paisaje industrial ha cambiado de función. Donde antes se extraían recursos del territorio, hoy la gente viene a caminar, nadar, pedalear o simplemente pasar unas horas junto al agua.
Genk: una ciudad construida alrededor del carbón
Desde Maasmechelen continuamos hasta Genk.
Para entender esta ciudad hay que remontarse a 1901, cuando se descubrió carbón en Limburg. A partir de entonces se desarrollaron siete explotaciones en la cuenca minera de Kempen, tres de ellas en Genk: Winterslag, Waterschei y Zwartberg.

La industria necesitaba trabajadores y durante décadas llegaron personas procedentes de distintos lugares de Europa y posteriormente del Mediterráneo.
Primero Italia, después España, Grecia, Turquía y Marruecos, entre otros países. Aquellas migraciones transformaron Genk y explican buena parte de su identidad actual. Hoy es una ciudad extraordinariamente multicultural, algo que se percibe en sus barrios, en sus restaurantes y en su vida cotidiana.

Nuestra primera parada fue LABIOMISTA, uno de los proyectos culturales más singulares e impresionantes que visitamos durante el viaje. Realmente nos entusiasmó.
Creado por el artista belga Koen Vanmechelen, LABIOMISTA ocupa 24 hectáreas en los terrenos de la antigua mina de Zwartberg y del zoológico que posteriormente funcionó en el mismo lugar. El nombre ya ofrece una pista: vida, mezcla, diversidad.

Aquí, arte, ciencia, naturaleza y sociedad conviven en un proyecto difícil de clasificar. No es exactamente un museo, pero tampoco un parque de esculturas ni un centro de investigación.
Se trata más bien de un espacio en permanente evolución alrededor de algunas de las cuestiones que atraviesan el trabajo de Vanmechelen: identidad, diversidad biocultural, fertilidad y relación entre seres humanos, animales y naturaleza.

La propia historia del terreno hace que esas cuestiones adquieran otra dimensión. La mina de Zwartberg cerró en 1966, y a partir de 1970, la antigua residencia de su director y los terrenos circundantes se convirtieron en un zoológico privado que llegó a albergar animales procedentes, entre otros lugares, de circos y zoológicos que habían cerrado.
El parque desapareció en 1997, y dos décadas después, LABIOMISTA abrió allí un nuevo capítulo.

Durante el recorrido aparecen animales, instalaciones y obras de arte entre la vegetación. También encontramos The Ark, el espectacular edificio de entrada, y la antigua villa del director de la mina, construida en 1925 y hoy integrada en el proyecto.
Todo ello convierte LABIOMISTA en una especie de laboratorio a escala territorial. Un lugar que utiliza el arte para hablar de convivencia y diversidad precisamente en una ciudad cuya identidad contemporánea nació, en buena medida, del encuentro entre personas procedentes de culturas diferentes. Aquí, naturaleza, arquitectura y creación funcionan como distintas capas de un mismo relato sobre cómo imaginar nuevas formas de habitar y relacionarnos con nuestro entorno.
C-mine: cuando una mina se convierte en un lugar para crear
Al día siguiente continuamos explorando el pasado minero de Genk desde otra perspectiva.
C-mine ocupa la antigua mina de Winterslag y probablemente sea uno de los ejemplos más claros de la transformación que ha experimentado Limburg.
Las enormes estructuras industriales siguen allí, y también los edificios de ladrillo, las torres y buena parte de la arquitectura que definía el complejo minero. Sin embargo, su función ha cambiado radicalmente. Hoy C-mine es un gran polo creativo dedicado al arte, el diseño, la cultura y las industrias creativas. En el recinto conviven espacios expositivos, actividades culturales, cine, proyectos educativos y diferentes iniciativas vinculadas a la creatividad.
C-mine es un gran polo creativo dedicado al arte, el diseño, la cultura y las industrias creativas.
Entre las dos grandes torres de extracción encontramos también Labyrint, una impresionante estructura de acero diseñada por el dúo belga de arte y arquitectura Gijs Van Vaerenbergh en 2015, con motivo del décimo aniversario de C-mine.

El laberinto está formado por alrededor de un kilómetro de corredores de acero que crean espacios, aperturas y perspectivas cambiantes sobre la plaza y las antiguas instalaciones mineras. Recorrerlo permite observar las dos torres desde ángulos completamente distintos y experimentar la escala del conjunto de otra manera.
Gijs Van Vaerenbergh, formado por los arquitectos Pieterjan Gijs y Arnout Van Vaerenbergh, volvería a aparecer unos días después en nuestro roadtrip. Son también los autores de Reading Between the Lines, la extraordinaria iglesia transparente situada en mitad del paisaje de Borgloon y una de las obras que más ganas teníamos de conocer durante este viaje.

Desde arriba, la experiencia cambia de nuevo y la perspectiva es alucinante. La C-mine Expedition permite ascender hasta la torre de extracción más alta y contemplar el dibujo completo de Labyrint desde las alturas, además de obtener una panorámica del antiguo complejo minero y de Genk.

Por otro lado, la C-mine Expedition permite adentrarse en esa historia mediante un recorrido que comienza en los antiguos edificios industriales y desciende bajo tierra. Túneles, espacios oscuros y diferentes instalaciones ayudan a imaginar las condiciones en las que trabajaban los mineros y la escala de una industria que transformó completamente la región. Esta experiencia la recomendamos muchísimo.

Después de visitar C-mine comimos en Norma, un restaurante italiano donde preparan unas pastas exquisitas, situado junto al complejo, antes de continuar hacia Hasselt.
Tras haber pasado apenas dos días en Limburg empezó a aparecer una constante: aquí el patrimonio industrial no se conserva únicamente para explicar lo que ocurrió, sino que se utiliza para construir nuevas funciones: LABIOMISTA lo convierte en arte y reflexión, C-mine, en creatividad y cultura, y Terhills, en paisaje y naturaleza. Tres maneras distintas de trabajar con una misma herencia.

Hasselt: una ciudad pequeña con mucha cultura
La siguiente etapa nos llevó hasta Hasselt, capital de la provincia de Limburg.
El cambio de escala se percibe rápidamente. Hasselt es una ciudad compacta y fácil de recorrer a pie, con calles comerciales, cafés, restaurantes y una actividad cultural considerable para su tamaño.
Pero antes de entrar en la ciudad hicimos una de las experiencias más conocidas de la región: Cycling Through Water, en Bokrijk.

La idea es tan sencilla como efectiva: un carril de más de 200 metros atraviesa literalmente uno de los estanques del paisaje de De Wijers. El camino desciende hasta situar la superficie del agua prácticamente a la altura de los ojos. A ambos lados aparecen peces, aves y vegetación mientras ciclistas y caminantes avanzan entre dos masas de agua.
Desde lejos, la imagen resulta todavía más extraña y cautivadora: solo se ven las cabezas desplazándose por la superficie.
Cycling Through Water es un carril de más de 200 metros que desciende hasta situar la superficie del agua prácticamente a la altura de los ojos.

El recorrido se inauguró en 2016 y forma parte de una estrategia mucho más amplia para convertir la bicicleta en una manera diferente de experimentar los paisajes de Limburg. En otros puntos de la provincia es posible pedalear entre las copas de los árboles, atravesar brezales mediante una gran pasarela de madera o, como habíamos hecho en Maasmechelen, circular entre antiguos terrils.
Después recorrimos a pie la zona de Kiewit, que es preciosa, antes de dirigirnos al centro de Hasselt.

Nuestra base durante esos días fue BareFood Giulia, un pequeño hotel de siete habitaciones instalado en una antigua casa señorial en Leopoldplein. Detrás de su decoración ecléctica y especialmente acogedora está Marleen, su propietaria, que ha dado forma a unos interiores donde conviven arte, diseño, objetos encontrados y elementos originales del edificio. Cada habitación es diferente y todo transmite la sensación de haber sido elegido personalmente, lejos de cualquier idea de estandarización.
Ese carácter familiar continúa por la mañana. Su hijo es quien prepara los desayunos, servidos de una manera bastante particular: dentro de pequeñas maletas de cartón decoradas con mapas del mundo. Al abrirlas encontramos un desayuno generoso y muy cuidado, preparado con deliciosos productos locales. Uno de esos detalles que terminan convirtiéndose en parte del recuerdo de un hotel y que hacen de BareFood Giulia una base especialmente recomendable para descubrir Hasselt caminando.

Z33: arte y arquitectura dentro del antiguo beguinaje
Uno de los grandes motivos para visitar Hasselt es el Z33 House for Contemporary Art, Design and Architecture.

Z33 se encuentra en el antiguo beguinaje de Hasselt, un conjunto histórico vinculado a usos culturales desde 1938. El propio nombre del centro procede de su antigua dirección, Zuivelmarkt 33.
Nuestra visita comenzó con la exposición Kunst aan de Maas: een reisverslag, acompañados por su comisario, Tim Roerig, y continuó con un recorrido arquitectónico por Z33 y el beguinaje junto a Liza, arquitecta y nuestra guía durante la visita.

Aquí el edificio es casi tan importante como las exposiciones. La arquitecta italiana Francesca Torzo fue la responsable de diseñar Vleugel 19, la nueva ala de Z33, conectada con el edificio expositivo de 1958 de Gustaaf Daniëls y en diálogo con la arquitectura histórica del beguinaje.
Desde la calle, el edificio resulta enigmático: una gran fachada casi ciega, construida con ladrillos en forma de rombo, apenas deja adivinar lo que ocurre dentro. Torzo plantea una arquitectura articulada alrededor de un patio central, con cambios de escala, materiales y luz que van construyendo el recorrido.

Lo más interesante es precisamente esa relación entre contemporaneidad y patrimonio. La nueva ala establece una continuidad material y espacial que permite que ambas arquitecturas convivan sin perder su identidad.
El propio beguinaje merece detenerse un poco más. Cuando lo visitamos acababa de completarse una importante intervención de Bovenbouw Architectuur y David Kohn Architects que ha transformado el conjunto histórico en un nuevo espacio público y en sede de la Facultad de Arquitectura de Hasselt. El proyecto recupera las antiguas viviendas, reorganiza los jardines y trabaja de una manera especialmente interesante con las ruinas de la iglesia, destruida durante un bombardeo en 1944.
En el espacio que ocupaba la iglesia encontramos ahora un estanque reflectante que dibuja sobre el suelo la huella de la parte desaparecida del edificio. El agua convierte las ruinas en un lugar casi contemplativo, aunque el estanque puede vaciarse para transformar el antiguo interior de la iglesia en un espacio para encuentros y eventos.

A pocos metros se levanta la otra gran intervención contemporánea del conjunto: una nueva torre panorámica de 30 metros de altura construida en ladrillo. Concebida como un mirador sobre Hasselt, su presencia recupera en el perfil de la ciudad la verticalidad que desapareció con la antigua iglesia. Desde arriba se contempla el beguinaje, sus jardines y buena parte de la ciudad, pero también se entiende mucho mejor la relación entre las distintas capas arquitectónicas que conviven en el recinto.
Z33 y el renovado beguinaje resumen muy bien algo que nos encontramos repetidamente en la región: la voluntad de construir sobre lo que ya existe sin borrar las capas anteriores.
Una primera mirada a Limburg
Maasmechelen, Genk y Hasselt fueron nuestra introducción a una provincia que hasta entonces conocíamos muy poco y que resultó bastante más compleja de lo esperado.
Durante estos primeros días pedaleamos por antiguas explotaciones mineras convertidas en naturaleza, caminamos por un proyecto artístico construido sobre una mina y un antiguo zoológico, descendimos bajo tierra para entender la historia industrial de Genk y recorrimos uno de los edificios de arte contemporáneo más interesantes de Bélgica.
El carbón explica el pasado de Limburg, pero a su vez su paisaje, su diversidad cultural, y parte de su arquitectura.
También empezamos a entender que el carbón explica el pasado de Limburg, pero a su vez su paisaje, su diversidad cultural, parte de su arquitectura e incluso algunos de los proyectos contemporáneos que hoy están definiendo una nueva identidad para la región.

Nuestro viaje continuó hacia Borgloon, Haspengouw y Bilzen-Hoeselt. Y allí el paisaje volvió a cambiar por completo: viñedos, campos, pequeños pueblos, castillos y algunas obras de arquitectura y arte contemporáneo escondidas en lugares absolutamente inesperados.
Pero eso será en la segunda parte… ¡La semana que viene compartiremos la próxima entrega!

Dónde dormir
Terhills Hotel (Maasmechelen)
Un hotel de cuatro estrellas instalado en el antiguo edificio principal de la mina de Eisden. Su ubicación permite explorar Terhills y el Parque Nacional Hoge Kempen directamente desde el hotel.

Carbon Hotel (Genk)
Situado frente a la estación de Genk, cuenta con 60 habitaciones y un diseño que hace referencia al pasado minero de la ciudad. En el mismo edificio se encuentra Gusto, uno de los restaurantes destacados de Genk, con una cocina contemporánea de influencias internacionales dirigida por el chef Davide Scarpinato y reconocida por Gault&Millau con 13,5 puntos sobre 20. Nosotros cenamos allí y fue, sin duda, una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje.
BareFood Giulia (Hasselt)
Un pequeño hotel boutique muy especial y único con únicamente siete habitaciones, todas diferentes, situado en una antigua casa señorial de Leopoldplein. Una opción especialmente recomendable para quienes buscan hoteles con personalidad, arte y diseño.

Dónde comer
En Maasmechelen, Bistro Bureau Bouveau, en el Terhills Hotel, fue nuestra primera cena del viaje. Su concepto recupera también la memoria minera del lugar: el nombre contrapone los antiguos bureaux de los ingenieros en superficie con los bouveaux, las galerías de carbón bajo tierra, una dualidad entre luz y oscuridad que se traslada al interiorismo. Terland, junto al lago de Terhills, fue en cambio una buena parada después de recorrer los terrils en bicicleta, con vistas al agua y un ambiente mucho más informal.

En Genk cenamos en Gusto, el restaurante de Carbon Hotel, donde el chef Davide Scarpinato propone una cocina gastronómica contemporánea de influencias internacionales, cuidada en la ejecución y con una clara voluntad de imprimir una identidad propia a cada plato. También comimos en Norma, junto a C-mine, una propuesta italiana mucho más informal que encajó perfectamente como parada durante nuestra visita al antiguo complejo minero.

En Hasselt pasamos por Maison Mathis, Gigi, Bocca Nera y Z33 Café. Este último está integrado en Z33, y combina cocina local y de temporada con un cuidado interior diseñado por Sarah Poot y Dries Otten.

(*) Fotografias. Ely Sánchez (CC/studio · CC/magazine).






