«Vidas pasadas», la sublime ópera prima de Celine Song
La semana pasada vimos «Vidas pasadas» de Celine Song y nos gustó muchísimo. De hecho, resulta sorprendente que sea su ópera prima, ya que es brillante en su totalidad: guión, dirección, casting de actores, fotografía, banda sonora… «Vidas pasadas» (producida y distribuida por la exitosa A24) es pura belleza para los sentidos.


Sinopsis
«Vidas pasadas» narra la historia de Nora (cuyo nombre genuino es Na Young) y Hae Sung, dos niños coreanos de 12 años que se gustan, pero que debido a que la familia de Nora decide emigrar a Canadá pierden el contacto. Pasa el tiempo (12 años concretamente) y un buen día, Nora descubre que Hae Sung la está buscando y decide retomar el contacto.
A partir de ahí se establece una relación epistolar a través de Skype, a pesar de la diferencia horaria. Y aunque no se confiesan sus sentimientos, se nota que todavía existe una fuerte atracción entre ellos. Tras un tiempo en esta situación un tanto complicada, Nora decide cortar la comunicación durante un tiempo y centrarse en su vida, ya que se da cuenta de que tienen propósitos vitales diferentes.
De nuevo, pasan otros 12 años y en ese tiempo cada uno hace su vida hasta que se ven por primera vez, 24 años después, en Nueva York…
Una historia autobiográfica
La debutante Celine Song nos muestra una historia parcialmente autobiográfica, llena de sensibilidad, empatía y delicadeza, en la que el destino, las decisiones tomadas y el primer amor se entremezclan para dar como resultado una serie de encuentros y desencuentros, que hacen que se cuestione su deambular vital, a pesar de ser feliz.
Song emigró con sus padres a Canadá cuando tenía 12 años y luego se formó como dramaturga en la Universidad de Columbia (Nueva York). Está casada con el también guionista y escritor Justin Kuritzkes, y junto a él vivió una escena muy parecida a la que da inicio la película.
En su caso, el bar elegido fue el speakeasy Please Don’t Tell, y quien les acompañaba era un amigo coreano de la infancia de ella.
El primer amor de la infancia y los estragos de la ausencia
Algo que consigue retratar muy bien la cineasta coreano-canadiense es la evolución de ese primer amor cuando sus protagonistas ya son adultos, y como el tiempo y la ausencia entre ambos se transforma en idealización mutua. Y es que al no haber una realidad que lime ese concepto tan abstracto de primer amor inmaculado, resulta imposible que ambos se vean con ojos objetivos. Es como si estuviesen atrapados en un «¿y si..?», que parece que el destino y sus propias acciones imposibiliten.
Lo que pudo haber sido y no fue
Además de los amores platónicos, Song también reflexiona sobre cómo las personas estamos constantemente evolucionando. Dejando patente que, a pesar de todo, quienes fuimos ya no somos, y quienes somos, no seremos. La vida no pasa en balde y las circunstancias y lo vivido configuran nuestro carácter y devenir.
Sin embargo, en «Vidas pasadas» hay muchos momentos en el que parece que esa química tan especial entre ambos, que el paso de los años no ha podido borrar, puede convertirse en esa panacea que resulta ser el detonador de todo… Y probablemente se deba a esa idea romántica que sin querer nos surge, aunque esté más próxima a la fantasía que a la realidad.
