«Fuerza Mayor»: cuando el miedo nos quita la máscara
Ya sabéis cual es nuestro lema: «Somos más de lo bueno que de lo nuevo» y eso significa, entre otras cosas, que además de escribir y recomendaros películas que están en cartelera, también nos gusta hacerlo sobre films que a pesar del tiempo nos entusiasman. «Fuerza Mayor» («Force Majeure» (Turist), 2014), del sueco Ruben Östlund, es una de ellas.
Dura apenas 120 minutos, y no sólo retrata una crisis de pareja con precisión quirúrgica, sino que plantea —sin subrayados ni dramatismos— una pregunta tan antigua como incómoda: ¿qué harías tú si el miedo te sorprendiera por detrás?
Ganadora del Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard en Cannes, nominada al Globo de Oro y merecedora de mucho más recorrido en los Oscar, esta obra fue el trampolín internacional para Östlund, antes de que se convirtiera en el único director sueco con dos Palmas de Oro (por «The Square» y «Triangle of Sadness»).
Pero más allá de los reconocimientos, lo verdaderamente relevante de «Fuerza Mayor» es su capacidad de convertir lo cotidiano —unas vacaciones en familia en los Alpes— en un campo de batalla emocional donde se desmoronan las convenciones, el rol del padre, el concepto de masculinidad y, sobre todo, la comodidad con la que nos contamos a nosotros mismos quiénes somos.
La escena que lo cambia todo
La película pivota sobre un momento: una avalancha controlada se desborda y amenaza con sepultar a los turistas que almuerzan en una terraza. En esos segundos de confusión, Ebba —la madre— protege a los hijos, mientras Tomas —el padre— huye con su móvil y sus guantes. Nadie muere. Todo queda en un susto. Pero lo que muere en esa escena, simbólicamente, es el contrato invisible que sostiene a esa familia: la idea de que el padre protegerá, guiará, se sacrificará.
No hay sangre. No hay gritos. Hay algo peor: el silencio posterior. El silencio que se instala entre Tomas y Ebba. El que retumba durante las cenas, los paseos, las conversaciones que ya no fluyen. Un silencio incómodo que todos conocemos, porque alguna vez lo hemos sentido: cuando alguien no estuvo a la altura, cuando nosotros no lo estuvimos.
La caída del héroe doméstico
Tomas no es un villano. Es un hombre cualquiera. Un padre de clase media alta, bienintencionado, divertido, que trabaja mucho y quiere a su familia. Pero esa huida instintiva lo desnuda. Lo deja sin excusas ni herramientas. De pronto, tiene que enfrentarse a algo que no aparece en los manuales de crianza ni en los álbumes de fotos: el miedo más profundo. El miedo que no se puede justificar con razones.
Lo interesante de «Fuerza Mayor» no es sólo la reacción de Tomas, sino su posterior derrumbe. Su necesidad de ser perdonado, de recuperar su lugar simbólico, su masculinidad herida. Östlund convierte esta lucha interna en una sátira contenida: vemos cómo Tomas se quiebra, cómo intenta —a veces con patetismo— reconstruir su imagen. No tanto ante los demás, sino ante sí mismo.
Una fábula sobre el ego moderno
Vivimos en una cultura que premia el autocontrol, la proyección perfecta de nuestra identidad, la narrativa heroica de nosotros mismos. Publicamos nuestros logros, nuestros viajes, nuestras cenas en Instagram. Pero, ¿qué pasa cuando se cuela el miedo, lo imprevisto, lo incontrolable?
«Fuerza Mayor» habla de la fragilidad de ese relato personal. Tomas se ve obligado a mirar dentro de sí y no le gusta lo que encuentra. No es el padre protector, ni el hombre valiente. Es, como todos, un ser humano contradictorio, impulsivo, lleno de sombras.
En ese sentido, la película no es sólo sobre una pareja. Es sobre todos nosotros. Sobre cómo enfrentamos nuestras propias avalanchas: una pérdida, un diagnóstico, una traición, una llamada que lo cambia todo. ¿Huimos? ¿Nos congelamos? ¿Protegemos a los nuestros o nos protegemos a nosotros mismos?
El peso del género y la mirada femenina
Ebba, la esposa, representa una mirada que no juzga desde la furia, sino desde la decepción. Es una mujer que no entiende qué pasó, que quiere entender, que no puede dejar pasar el hecho.
Su dolor no es sólo por lo ocurrido, sino por lo que significa: que todo aquello en lo que creía tal vez no era real. Que el pilar que sostenía su familia —la imagen de Tomas como protector— era, en parte, una ilusión.
Östlund tiene la inteligencia de no convertir a Ebba en una víctima ni a Tomas en un monstruo. Los muestra como lo que son: personas atrapadas en roles que no eligieron, intentando salvar algo que quizás ya no se puede salvar.
“La película no es sólo sobre una pareja. Es sobre todos nosotros. Sobre cómo enfrentamos nuestras propias avalanchas.”
Más allá del matrimonio: una reflexión sobre la vida
Esta reseña no pretende ser una lectura psicológica de una película, sino una invitación a ir más allá. Porque «Fuerza Mayor» no es una película solo sobre el matrimonio. Es una película sobre la vida moderna, sobre cómo lidiamos con la incertidumbre, sobre las máscaras que usamos para sentirnos seguros.
Vivimos creyendo que somos coherentes, valientes, leales. Pero la vida nos prueba. A veces, como a Tomas, no hay tiempo para pensar. Solo hay instinto. Y el instinto revela.
La pregunta, entonces, no es sólo «¿qué harías tú en una avalancha?», sino «¿qué haces cuando el miedo te arranca la máscara?».
La necesidad de perdonarnos
Otra de las grandes virtudes del film es que no plantea un castigo. No hay redención épica. No hay venganza. Hay pequeños gestos de comprensión, miradas que dicen más que mil palabras, momentos donde los personajes se acercan, dudan, se permiten seguir. Tomas llora, se confiesa, se quiebra. Y aunque no hay perdón inmediato, hay algo aún más profundo: la aceptación de la fragilidad. La posibilidad de construir algo nuevo, quizás más honesto, sobre las ruinas de la ilusión.
Vivimos en una sociedad que exige perfección. Pero tal vez lo que más necesitamos es lo contrario: poder fallar, poder temer, poder ser vulnerables sin perder nuestra dignidad.
Epílogo en una curva peligrosa
La escena final es brillante. La familia viaja en autobús por una carretera de montaña. El conductor conduce mal. Ebba pide que detenga el autobús. Hay miedo. Y esta vez es ella quien se levanta y protege a los suyos. Tomas también, aunque con menos decisión. Los turistas bajan del autobús. Caminan juntos, con sus hijos, por la carretera. Nada ha sido resuelto del todo, pero algo ha cambiado. Nadie es el mismo que al comienzo.
Quizás ese sea el gran mensaje de «Fuerza Mayor»: no somos héroes ni cobardes, somos humanos. Y mientras sigamos caminando juntos, aunque sea por el arcén de una carretera nevada, hay esperanza.
Disponible en Filmin.
(*) Foto: Asif Khan.