Tracey Emin: una vida expuesta en Tate Modern
Acercarse a la obra de Tracey Emin implica asumir una cierta implicación emocional. Su trabajo no se contempla, sino que se enfrenta. Y pocas instituciones podían acoger una revisión de esta magnitud como la Tate Modern, que en 2026 presenta la mayor exposición jamás dedicada a la artista británica.
Bajo el título «A Second Life», la muestra recorre más de cuatro décadas de producción artística en las que Emin ha construido un lenguaje propio, directo y sin concesiones. Un recorrido que no se limita a lo formal, sino que traza una biografía emocional donde el cuerpo, el trauma, el deseo y la supervivencia se convierten en materia artística.


Una obra que cambió el relato del arte contemporáneo
Desde los años 90, Emin ha desafiado los límites de lo que puede considerarse arte. Su aproximación —radicalmente autobiográfica— abrió un espacio para lo íntimo en el discurso contemporáneo, especialmente desde una perspectiva femenina.
“A Second Life incluye más de 90 piezas, que construyen un mapa donde cada etapa vital encuentra su reflejo.”

Lejos de cualquier artificio, su obra se sostiene en la exposición directa de la experiencia: amor, violencia, pérdida, enfermedad. Elementos que tradicionalmente se han mantenido al margen del relato artístico institucional y que, en su trabajo, ocupan el centro.
«A Second Life» no es solo una retrospectiva, sino una revisión crítica de ese recorrido. Más de 90 piezas —entre pintura, vídeo, textil, escultura, neón e instalación— construyen un mapa donde cada etapa vital encuentra su reflejo.

Los inicios: memoria, pérdida y reconstrucción
La exposición arranca con un gesto significativo. Las obras que abrieron su primera muestra individual en White Cube, «My Major Retrospective 1982–93», aparecen aquí como pequeñas fotografías. Son imágenes de pinturas que la propia Emin destruyó durante un periodo personal complejo. Ese vacío —lo que ya no está— introduce una constante en su trabajo: la relación entre creación y pérdida.
A su lado, piezas clave como «Tracey Emin CV» (1995) o el vídeo «Why I Never Became A Dancer» (1995) construyen una narrativa en primera persona donde la artista revisita episodios de su adolescencia en Margate. No hay distancia ni metáfora. Solo relato directo.
Margate: origen y retorno
La ciudad costera de Margate atraviesa toda la obra de Emin como un territorio emocional. Allí creció, allí regresó en distintos momentos de su vida y allí volvió definitivamente tras la muerte de su madre en 2016 y su enfermedad en 2020.
En la exposición, Margate aparece como escenario de memoria, pero también de confrontación. Obras como «Mad Tracey From Margate» (1997) o la escultura «It’s Not the Way I Want to Die» (2005) traducen ese vínculo en imágenes cargadas de tensión. El parque de atracciones Dreamland, por ejemplo, deja de ser un lugar de ocio para convertirse en símbolo de vulnerabilidad.
Trauma, cuerpo y narrativa sin filtros
Uno de los aspectos más incómodos —y necesarios— de la obra de Emin es su tratamiento del trauma. La artista no suaviza ni reinterpreta: expone.
La exposición aborda de forma directa cuestiones como la violencia sexual, el aborto o la culpa. Piezas como el neón «I could have Loved my Innocence» (2007) o el textil «Is This a Joke» (2009) evidencian esa voluntad de visibilizar lo que rara vez se verbaliza.

Especialmente contundente resulta el vídeo «How It Feels» (1996), donde Emin narra su experiencia con un aborto fallido. Más que una confesión, es una toma de posición frente a las estructuras sociales e institucionales que rodean el cuerpo femenino.
Aquí, el arte no actúa como refugio, sino como herramienta de confrontación.
Obras clave: del colapso a la reconstrucción
En el núcleo de la exposición se encuentran dos de las obras más conocidas de Emin: «Exorcism of the Last Painting I Ever Made» (1996) y «My Bed» (1998).
La primera documenta un proceso extremo: tres semanas en las que la artista se encerró en una galería en Estocolmo intentando recuperar su relación con la pintura tras años de bloqueo.
La segunda —probablemente su obra más icónica— presenta su cama tal como quedó tras un episodio depresivo marcado por el alcohol. Sin filtros, sin escenografía.
Ambas piezas marcan un punto de inflexión. No solo en su trayectoria, sino en la forma en que el arte contemporáneo entiende la relación entre vida y obra.
“La ciudad costera de Margate atraviesa toda la obra de Emin como un territorio emocional.”
Enfermedad, cuerpo y segunda vida
El título de la exposición cobra pleno sentido en su tramo final. Tras superar un cáncer y someterse a una cirugía compleja, Emin aborda una nueva etapa donde el cuerpo vuelve a ocupar el centro, pero desde otra perspectiva.
La escultura Ascension (2024) y una serie de fotografías recientes documentan su relación actual con el cuerpo, incluyendo la presencia de una estoma. Lejos de ocultarlo, lo integra en su discurso.
Hay en estas obras una mezcla de fragilidad y determinación. La idea de «segunda vida» no se plantea como renacimiento idealizado, sino como continuidad consciente.

Pintura: una energía más abierta
La exposición culmina con una serie de pinturas de gran formato donde la figura humana aparece fragmentada, casi disuelta. Aquí, el lenguaje se vuelve más abierto, más gestual. El dolor sigue presente, pero ya no ocupa todo el espacio. Hay una cierta dimensión espiritual, una forma de resistencia que se traduce en pintura. En contraste, la escultura «Death Mask» (2002) introduce una nota más oscura, recordando que en la obra de Emin nunca hay una lectura única.
Más allá del museo
El recorrido no se limita al interior de la Tate.
En el exterior, la escultura monumental «I Followed You Until The End» (2023) se instala como extensión del proyecto. Una pieza que dialoga con el espacio público y que mantiene intacta la intensidad emocional de su trabajo.
Una artista que sigue incomodando
La relevancia de Tracey Emin no reside únicamente en su trayectoria, sino en su capacidad para seguir generando fricción. En un contexto donde muchas prácticas contemporáneas tienden a diluirse en lo estético, su obra insiste en lo esencial: la experiencia humana en toda su complejidad.

«A Second Life» no busca cerrar una carrera, sino marcar un punto de inflexión. Un momento desde el que mirar atrás —y hacia adelante— con la misma honestidad.

“La exposición aborda de forma directa cuestiones como la violencia sexual, el aborto o la culpa.”
Hasta el 31 de agosto de 2026.
(*) Portada: Tracey Emin My Bed1998 © Tracey Emin. All rights reserved, DACS 2026. Photo credit: Courtesy The Saatchi Gallery, London / Photograph by Prudence Cuming Associates Ltd; Foto fija horizontal 1: Tracey Emin A Second Life billboard, Spitalfields Commerical St February 2026. Image courtesy Tate and Jack Arts (part of BUILDHOLLYWOOD); Foto fija horizontal 2: Tracey Emin, The End of Love 2024 © Tracey Emin. Tate; Foto slider 1: Tracey Emin, I whisper to My Past Do I have Another Choice 2010. © Tracey Emin; Foto slider 2: Tracey Emin, Exorcism of the last painting I ever made 1996 © Tracey Emin; Foto slider 3: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto slider 4: Tracey Emin, I never Asked to Fall in Love – You made me Feel like This 2018 © Tracey Emin; Foto slider 5: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto slider 6: Tracey Emin A Second Life Tate Modern installation view of Why I Never Became a Dancer (1995). Photo © Tate (Yili Liu); Foto slider 7: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto slider 8: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto slider 9: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto slider 10: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto vertical 1: Portrait of Tracey Emin Tate Modern 2026. Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto vertical 2: Tracey Emin A Second Life billboard, Shoreditch February 2026. Image courtesy Tate and Jack Arts (part of BUILDHOLLYWOOD); Foto vertical 3: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view, The Last of the Gold (2002). Photo © Tate (Sonal Bakrania); Foto vertical 4: Tracey Emin, I am The Last of my Kind 2019 © Tracey Emin; Foto vertical 5: Tracey Emin A Second Life at Tate Modern installation view. Photo © Tate (Sonal Bakrania).









