«Sorda»: maternidad, identidad y pertenencia desde el silencio
Dirigida por Eva Libertad y protagonizada por su hermana, la actriz sorda Miriam Garlo, «Sorda» ofrece una mirada íntima y realista sobre la maternidad desde la perspectiva de una mujer sorda. Una propuesta cinematográfica valiente y necesaria, especialmente en un contexto donde la representación de la discapacidad auditiva sigue siendo escasa y, con frecuencia, estereotipada.
La historia nació de una conversación entre ambas hermanas sobre los miedos y desafíos que plantea la maternidad cuando se es una persona sorda. Aquella charla se transformó primero en un cortometraje nominado a los Premios Goya en 2023 y, más tarde, en un largometraje galardonado con la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga y el Premio del Público en la Berlinale.
«Sorda» evita el sentimentalismo fácil y apuesta por mostrar a su protagonista, Ángela, como una mujer real, con dudas, contradicciones y una sensibilidad desbordante. A nivel técnico, la película es también una experiencia sensorial que sumerge al espectador en la vivencia de una persona sorda gracias a un uso brillante del sonido, la imagen y el silencio.
Pero más allá de lo cinematográfico, «Sorda» abre un espacio urgente para reflexionar sobre accesibilidad, empatía y cuidados. Y en el centro de todo está Miriam Garlo, cuya historia personal nos ayuda a entender la profundidad de esta propuesta.
Recientemente entrevistamos a Miriam Garlo y esto fue lo que nos contó. Pasen y lean.

Aprendiste la lengua de signos a los 30 años, lo que describiste como «empezar a ver el mundo en color». ¿Cómo transformó este aprendizaje tu identidad personal y tu carrera artística?
Aprender la LSE (lengua de signos) supuso un cambio radical en todas las dimensiones de mí misma. Hasta entonces había normalizado sentirme insegura, sola, dubitativa e incluso inferior, porque no disfrutaba del derecho a la accesibilidad. Solo a base de esfuerzo podía comprender la información, tanto a niveles intelectuales y cognitivos como en ámbitos relacionales. Hice la carrera, un máster y un doctorado sin apoyo; me sentía agotada, frustrada, vivía en modo supervivencia.
Una vez que la LSE entró en mi vida, descubrí el idioma natural que se adaptaba a mi forma de percepción y pensamiento. Eso me hizo ahorrar energéticamente y disfrutar de aprender, trabajar o relacionarme. Y además, descubrí el inmenso legado que existe dentro de la comunidad sorda, lo que me dio paz y un sentido de pertenencia.
Ahora me llaman precisamente por ser una actriz sorda y se tiene en cuenta que requiero del apoyo de unx intérprete. Esto me hace sentir mucho más cómoda e incluida. Desde ahí, puedo participar en películas, obras de teatro o proyectos artísticos que tratan de mejorar nuestra sociedad, para todxs.
“Aprender lengua de signos supuso un cambio radical en todas las dimensiones de mí misma.”
En «Sorda» interpretas a Ángela, una mujer sorda que enfrenta la maternidad en una sociedad predominantemente oyente. ¿Qué aspectos de tu propia experiencia aportaste al personaje y cuáles fueron completamente nuevos para ti?
Como actriz sorda, conozco en mi piel los problemas de accesibilidad diarios, los prejuicios y los sentimientos ambivalentes que atraviesa Ángela. Esa es la parte de verdad con la que trabajé. Pero tanto Eva como yo tuvimos claro desde el principio que queríamos construir un personaje muy distinto a mí.
Su carácter, sus reacciones, sus decisiones y su momento vital no tienen nada que ver conmigo. Todo es ficción. Eso me permitió tomar distancia y jugar, crear desde otro lugar.
La película nos ha encantado por su autenticidad y por evitar clichés. Como actriz sorda, ¿qué desafíos y oportunidades encontraste al representar una historia tan cercana a tu realidad?
Trabajar con mi hermana es un privilegio. Hay confianza, empatía, intimidad y respeto. Pude releer cada versión del guion, construir el personaje junto a ella, discutir su arco emocional. Incluso me tuvo en cuenta para elegir a Álvaro Cervantes como compañero. Y, muy importante: la accesibilidad estuvo cubierta en todo momento.
“Trabajar con mi hermana es un privilegio. Hay confianza, empatía, intimidad y respeto.”
El mayor desafío vino después, en la promoción. Aunque la película ha tenido muy buena acogida, enfrentarse al desconocimiento de la sociedad respecto a la sordera, gestionar preguntas mal planteadas o críticas poco constructivas, puede ser muy duro.
Has dicho que no te consideras un «referente», sino una persona representativa de una comunidad. ¿Cómo entiendes tu papel en la visibilización de las personas sordas en el cine y en la cultura?
Quiero colaborar en el avance de la comunidad sorda, porque eso nos beneficia a todxs. Me esfuerzo por poner el foco en oportunidades que nos visibilicen de forma natural en el cine, el teatro y el arte. Que haya personajes sordxs sin que sea algo exótico. Que podamos estar en guiones, dirección, producción. Que las personas sordas que vienen detrás lo tengan un poco más fácil.
Y al mismo tiempo, creo que tanto el mundo sordo como el oyente debemos ser más tolerantes y benevolentes entre nosotrxs. Eso también es inclusión.
“Ojalá la película ayude a tomar conciencia sobre los cuidados, el respeto a los procesos psíquicos y la importancia de una comunicación empática.”
¿Qué mensaje esperas que el público, tanto oyente como sordo, se lleve después de ver Sorda?
Intentamos hablar de la complejidad de las relaciones humanas desde el amor, la amistad, la familia, el trabajo… Pero desde la perspectiva de una madre sorda enfrentándose a un sistema que no la sostiene ni institucional ni emocionalmente.
El mensaje es: todxs somos humanxs. Ojalá la película ayude a tomar conciencia sobre los cuidados, el respeto a los procesos psíquicos y la importancia de una comunicación empática. Me gustaría que este mensaje llegase por igual al público oyente y al sordo.
Una película imprescindible
Además de su valor artístico, «Sorda» es una herramienta de concienciación y transformación social. Gracias a una narrativa honesta y una representación comprometida, invita al espectador a cuestionar sus propias percepciones sobre la discapacidad, el lenguaje y la maternidad.
Una obra cinematográfica que se siente, que no solo cuenta una historia, sino que construye un puente entre mundos que a menudo viven separados.
Muy recomendable.
Disfrútala a bordo en los vuelos de Air Europa a partir de este mes de julio.
(*) Foto Miriam Garlo: Nino.