La vida contemplativa de Byung-Chul Han

«Vida contemplativa» de Byung-Chul Han, el filósofo contemporáneo más conocido de la actualidad y uno de los más leídos en el mundo, es un elogio en toda regla a la inactividad y un libro muy necesario en un mundo como el actual.

A pesar de ser una lectura breve, ya que tan solo tiene 120 páginas, lo recomendable es leerlo con calma e incluso releerlo para poder interiorizar y fijar muchas de las lecciones que muestra. Todas ellas son reveladoras.

Por ello, este libro actúa como un poderoso llamamiento para que de una vez por todas abramos los ojos y abandonemos la hiperactividad para recuperar el sentido de nuestras vidas, el equilibrio y la riqueza interior. Todo un reto.

“Nuestra existencia está completamente absorbida por la actividad.”

Here & Now

Asimismo, y dado que solo percibimos la vida en términos de rendimiento, tendemos a entender la inactividad como un déficit, una negación o una mera ausencia de actividad cuando se trata, muy al contrario, de una interesante capacidad independiente.

Byung-Chul Han indaga en los beneficios, el esplendor y la magia de la ociosidad y diseña una nueva forma de vida, que incluye momentos contemplativos, con la que afrontar la crisis actual de nuestra sociedad y frenar nuestra propia explotación y la destrucción de la naturaleza. Principalmente, porque él considera que la contemplación es esencial para recuperar una conexión más profunda con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.

“Romper con la tiranía de la hiperactividad, implica encontrar un espacio para la reflexión y la introspección.”

Estas son algunas de las reflexiones más destacadas de este libro:

Consideraciones sobre la inactividad

El libro empieza reflexionando sobre la relevancia de la inactividad, que es lo que forma lo humano. Es decir, Han considera que sin un momento de vacilación o de interrupción, la acción se rebaja a ciega acción y reacción.

“La vida solo recibe su resplandor de la inactividad.”

Porque mientras nos movemos siguiendo el esquema de estímulo y reacción, necesidad y satisfacción, problema y solución, propósito y acción, estamos abocados únicamente a sobrevivir. Porque como él apunta, la verdadera vida comienza en el momento en el que termina la preocupación por la supervivencia.

“El capital es la actividad en estado puro.”

Sin embargo, al vivir en un mundo capitalista, hasta la propia fiesta se ha convertido en mercancía y carece de reposo contemplativo. Todo nuestro tiempo y nuestras actividades las marca el consumismo.

“La verdadera felicidad se debe (…) a los gestos bellos que no sirven para nada.”

Por cierto, ¿recordáis la última vez que hicisteis algo sin un propósito? Es decir, por ejemplo, meditar por el mero hecho de meditar y estar presentes, o escribir por placer y no porque vayamos a compartirlo con nadie. Sin darnos cuenta, siempre hacemos una acción con un fin, y Han considera que debemos hacer para-nada, ya que esta libertad con respecto a la finalidad y la utilidad es la fórmula fundamental de la felicidad.

“La inactividad es un ayuno espiritual. De ahí que de ella provenga un efecto curativo.”

También hace hincapié en el tedio – la cima del relajamiento espiritual – y en el dormir – la cima del relajamiento físico-. Ambas actividades son imperdibles para ese «no hacer nada» tan necesario, a pesar de que nuestra sociedad huye del aburrimiento, ya que lo cataloga como algo negativo e improductivo, y para evitarlo constantemente proponga «parches» para que nos refugiemos en la acción y huyamos de sus fauces.

“El tedio es el umbral de grandes hechos.”

A colación de todo esto, Han también reflexiona sobre escuchar. Considera que todo el mundo se produce a sí mismo y quiere hablar, pero que lamentablemente nadie escucha. Y esto comporta impaciencia, porque queremos las cosas ahora, rápido y sin tener que esperar lo más mínimo.

“No tenemos paciencia. Lo único que cuenta es el efecto a corto plazo, el éxito veloz.”

Por último, concluye este primer pasaje relacionando la política de la inactividad con la reconciliación entre el ser humano y la naturaleza como propósito final.

De la acción al ser

Este capítulo es muy interesante y empieza con un texto de Walter Benjamin sobre un cuadro de Klee. En este caso, entre los conceptos que aborda está el de la renuncia, que a pesar del significado que podamos darle nosotros, desde su punto de vista hace referencia a cualquier cosa menos a darse por vencido o dejarse llevar.

“La renuncia es una pasión por lo indisponible.”

Para Han la renuncia no quita sino que da y se transforma en un agradecimiento.

Para explicar esta reflexiones menciona mucho a Heidegger y su «ética del recato», donde remarca que lo no ejecutado es a veces más poderoso y duradero que lo dicho y efectuado. Y que el no-hacer es más poderoso que todo lo hecho y producido. Food for thought.

La absoluta falta del ser

Han considera que en la era digital en la que todos vivimos estamos desprovistos de corazón. Y es que almacenamos muchísimo datos e informaciones, pero que luego no recordamos. También señala que cada vez más nos apartamos de cualquier forma de «para siempre». De ahí que abjuremos de las prácticas que toman mucho tiempo, como la fidelidad, la responsabilidad, la promesa, la confianza y el compromiso.

“La vida es gobernada por lo provisional, por lo breve y por lo inconstante.”

Esta no presencia y ausencia de atención provoca que las informaciones tengan un margen de actualidad muy estrecho y que estemos enganchados al efecto sorpresa y al frenesí de la actualidad, de lo próximo, de lo nuevo…

Y relacionándolo con el título «la absoluta falta de ser», Han vuelve a poner el foco en este gran mal: «vivimos para sobrevivir». Considera que hemos perdido todo el sentido de la vida intensa, y que la confundimos con más producción, más rendimiento y consumo, a pesar de que solo constituyen formas de supervivencia.

“El régimen neoliberal aumenta la productividad aislando a las personas y entregándolas a una brutal competencia.”

El tema es que estamos todos tan sumidos en esta forma de vida que, como os comentábamos al inicio de este artículo, da miedo salirse del carril y empezar a hacer las cosas de otra manera… De todos modos, y a pesar de que lo ideal es un modelo de vida opuesto al actual, siempre podemos hacer aproximaciones a un lifestyle más conectado con nosotros, donde no seamos autómatas sino protagonistas conscientes de nuestras vidas.

El páthos de la acción

Según Kierkegaard, «solamente se cansa uno de lo nuevo, pero no de las cosas antiguas. Las cosas antiguas son el pan cotidiano que satisface con abundancia y bendición».

En este capítulo, Han habla del páthos. De hecho considera que el páthos de la acción, que ahora se vincula con el énfasis de lo nuevo, introduce mucha intranquilidad en el mundo, y solo puede ser inhibido por otro espíritu denominado por Nietzsche como «el genio de la meditación».

“Todo el mundo se produce. Estamos aturdidos por el ruido de fondo de la comunicación.”

Por si esto fuera poco, no es casual que hoy en día se está hablando de la «sociedad de las singularidades», ya que todo el mundo se considera único y tiene su propia historia que contar. Y hemos pasado de una vita activa a una vita performativa, en la que la sociedad de masas se ha transformado en la sociedad del rendimiento. Esto implica que hoy nos explotemos por propia voluntad y con la creencia de que nos estamos realizando.

Por otro lado, Arendt, a quien cita en numerosas ocasiones, también asegura que el futuro de la humanidad no depende del poder de las personas que actúan, sino de la reactivación de la capacidad contemplativa, es decir, de la capacidad que no actúa. La vida activa degenera en hiperactividad y no solo termina en un burnout de la psique, sino también del planeta entero, si este no acoge en si a la vida contemplativa.

“Nunca se está más activo que cuando no se está haciendo nada; nunca se está menos solo que cuando se está solo con unos mismo en la soledad.”

La sociedad que vendrá

Byung-Chul Han sigue reflexionando sobre la importancia de la escucha para estar conectado con la naturaleza, y cita a Novalis para hacer hincapié en que todo y todos estamos conectados. Es decir, cada cosa fluye y se desliza hacia las otras. Todo está entrecruzado con lo otro.

Sin más, el libro finaliza evocando a esa sociedad venidera de Novalis que se basa en un ethos de la amabilidad que disipa el aislamiento, las divisiones y los distanciamientos. Ojalá que esta idea se haga realidad, y que nos encaminemos a una época de reconciliación y paz en lugar de seguir alimentando terribles guerras, injusticias y penurias.

Muy recomendable.

(*) Foto: Jess Loiterton (Pexels).


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