Halo: El refugio creativo de Esther Merinero que da nueva vida a Usera
En un rincón en transformación de Madrid, el barrio de Usera, emerge Halo, un espacio híbrido que respira luz, creatividad y comunidad. Impulsado por la artista Esther Merinero, este oasis arquitectónico es mucho más que un taller: es un lugar de encuentro, de intercambio y de vida. Con la colaboración del estudio Burr, Halo ha logrado transformar una estructura olvidada en un escenario vibrante para eventos culturales, gastronómicos y artísticos. Charlamos con Esther para descubrir la historia, la filosofía y los sueños que laten detrás de este proyecto único.
Halo es un espacio con una identidad muy especial. ¿Cómo nació la idea de crearlo y qué te inspiró a darle forma?
Halo nace del deseo de contar con un lugar donde realizar actividades y compartir procesos creativos. Mi hermana, que en aquel momento estudiaba cocina, y yo, que necesitaba un taller más grande, unimos necesidades e ilusiones. Queríamos un espacio híbrido que pudiera acoger desde eventos gastronómicos hasta talleres artísticos, alejándonos de las etiquetas tradicionales.
“Halo nace del deseo de contar con un lugar donde realizar actividades y compartir procesos creativos.”

Usera es un barrio en plena transformación. ¿Por qué elegiste este lugar para desarrollar tu proyecto y qué aporta Halo a su entorno?
La elección fue casi orgánica. Burr ya había trabajado en la zona y conocía el espacio. Además, varios amigos tenían allí sus estudios, y para mí también había un componente emocional: mi madre creció en Usera. Sentí que era una señal. Halo contribuye a revitalizar el barrio, ofreciendo un espacio abierto a la cultura y a la colaboración.
El estudio Burr ha realizado una renovación arquitectónica impresionante en Halo. ¿Cómo fue el proceso de colaboración con ellos y qué elementos clave definieron el proyecto?
Fue un proceso muy fluido y enriquecedor. Conocía a Burr tanto a nivel personal como profesional, y tenía muchas ganas de colaborar con ellos. Desde el inicio, tenía claro que quería un patio, un pequeño pulmón que me permitiera salir, respirar, regar las plantas… un gesto sencillo pero vital para el ritmo de trabajo diario.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos arquitectónicos y estructurales del espacio original y cómo los abordó Burr?
El primer reto fue conseguir que la luz natural —que nunca antes había bañado el espacio— entrara y transformara la atmósfera. El segundo, adaptar el lugar para que funcionara como taller y, a la vez, como escenario de actividades diversas, todo con una intervención mínima que respetara su esencia original.

En términos de diseño, Halo tiene una estética muy marcada. ¿Cuáles son los conceptos y materiales que mejor representan su esencia?
La luz natural es la gran protagonista. Me encanta poder trabajar todo el día sin encender una sola lámpara.
Además, era importante conservar elementos originales: las mesas de trabajo actuales, por ejemplo, surgieron de una gran mesa que ya estaba en el espacio. Queríamos que el alma del lugar siguiera viva.
“La luz natural es la protagonista.”
Más allá de la arquitectura, Halo es un lugar con alma. ¿Qué actividades, eventos o experiencias tienen lugar aquí y cómo dialogan con el diseño del espacio?
Halo acoge una gran variedad de actividades: desde eventos gastronómicos hasta rodajes, exposiciones o sesiones de fotos. Trabajamos tanto con grandes marcas e instituciones como con iniciativas independientes.
Buscamos siempre cuidar cada propuesta y hacer que el espacio se adapte a cada proyecto, no al revés.

En los últimos años, Madrid ha vivido un auge de espacios híbridos que combinan arte, cultura y comunidad. ¿Cómo encaja Halo dentro de esta nueva ola de espacios creativos?
Precisamente en esa apertura: no encasillamos las propuestas. No somos únicamente un estudio de fotografía, ni una galería de arte, ni un taller. Somos un espacio que escucha y acoge, un contenedor de ideas que respeta la diversidad creativa.
“Somos un espacio que escucha y acoge, un contenedor de ideas que respeta la diversidad creativa.”

Desde su inauguración, ¿cómo ha sido la acogida de Halo por parte de la comunidad local y del público?
La acogida ha sido increíble. La comunidad local ha demostrado mucho cariño e ilusión por ver rehabilitados espacios del barrio. Aunque el público suele venir por invitación o conocimiento previo de nuestras actividades, nos encantaría generar más propuestas abiertas que atraigan a los paseantes y vecinos.

Por último, ¿cómo imaginas la evolución de Halo en los próximos años y qué te gustaría que representara en el futuro para la ciudad?
Me gustaría que Halo siguiera creciendo de manera natural, presentando proyectos que conecten con la gente. Aunque suene ambicioso, ojalá pueda convertirse en un pequeño referente de espacios independientes que enriquecen la vida cultural de Madrid. Pero ante todo, siempre será mi espacio de trabajo y creación.
Sobre Esther Merinero
Esther Merinero (Madrid, 1994) es artista visual formada en Chelsea College of Arts (BA) y en el Royal College of Art (MA Sculpture) gracias a una beca de la Fundación «la Caixa». Ha expuesto en instituciones como CentroCentro, la Sandretto Foundation, la Sala de Arte Joven o Saatchi Gallery.
Su obra explora la materialización de la memoria, la fragilidad y el encuentro, mediante objetos y escenarios escultóricos que invitan a la experiencia emocional y táctil. Actualmente, prepara exposiciones individuales en Ex Projects (Barcelona) y Des Bains (Londres).
(*) Fotografías by Maru Serrano.