«La Quimera», el nuevo film de Alice Rohrwacher

«La Quimera» es la cuarta película de ficción de la directora Alice Rohrwacher, la cual ha sido rodada en diferentes formatos analógicos (35mm, 16mm y Súper 16) y que se distingue por su estilo visual indiscutible, marcado por hermosos paisajes y por una fotografía evocadora gracias a la talentosa Hélène Louvart, con quien ha creado una atmósfera cruda y terrenal, pero a la vez onírica, bella y mágica.

A través de la misma nos sumerge en una historia surrealista en la que los espectadores somos transportados a un universo donde los límites entre lo real y lo imaginario se desdibujan, y donde las aventuras y desventuras de un grupo de «tombarolis» aka saqueadores de tumbas, capitaneados por un Josh O’Connor, nos hacen reflexionar sobre la pérdida de racionalización cultural y devaluación del misticismo presente en la sociedad moderna, así como sobre el expolio de la Italia profanada y los estragos del capitalismo salvaje.

“Todos tenemos una quimera, algo que deseamos hacer, tener, pero que nunca encontramos.”

La trama

Arthur (interpretado magníficamente por Josh O’Connor) es un joven arqueólogo inglés, que en los años 80 lidera una banda de pícaros, que sobreviven saqueando tumbas etruscas y yacimientos arqueológicos con el objetivo de enriquecerse enormemente subastando de nuevo esas piezas. Sin embargo, a diferencia del resto del grupo, el interés de Arthur por estas reliquias responde a otras cuestiones, ya que además de admirarlas y sentir fascinación por ellas, posee la extraordinaria habilidad de los zahoíres, que son personas a quienes se les atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, aunque en este caso se trate de fortunas ancestrales.

Tras pasar un tiempo en la cárcel, vuelve a un pequeño pueblo en la campiña Toscana, donde residen sus secuaces y la familia de Benjamina, su amada fallecida y a la que no consigue olvidar. Aunque en un principio no quiere saber nada de asuntos pasados relacionados con el expolio, vuelve rápidamente al redil y a su obsesión por descubrir tesoros y objetos de antaño.

Los límites entre los vivos y los muertos

A todos nos han repetido desde niños que está prohibido cruzar el límite que separa a los vivos de los muertos. Por respeto principalmente, pero también por superstición ante el miedo de que el más allá pueda maldecirnos de alguna manera.

Sin embargo, esta especie de «Indiana Jones» a la italiana, que además vive atormentado, hace oídos sordos a estas imprecaciones, y persiste en su afán por reencontrarse con la mujer a la que perdió.

En relación a esto, el cartel muestra con gran acierto a su protagonista representando la carta de «El Colgado», mientras observa el mundo en una especie de limbo. Y justo es esta sensación de no lugar con la que Rohrwacher juega en la película.

La realidad supera la ficción

A pesar de ser una ficción, esta historia está basada en una realidad que la propia directora vivió en su infancia.

De hecho, ha llegado a confesar que estos saqueadores de tumbas vivían en el pueblo, y muchas veces iban al bar y hablaban de los hallazgos que habían encontrado la noche anterior. Ella recuerda que aquello le atemorizaba por el hecho de saber que estaban robando a los muertos, pero a pesar de ese temor, su necesidad de saber el porqué hizo que entablase relación con ellos para comprender porque eran capaces de usurpar algo tan sagrado.

Y como muchas veces la realidad supera a la ficción, debemos recordar que el tráfico ilegal de obras de arte y antigüedades arqueológicas creció tanto a partir de los años ochenta que movió más dinero en el mundo que con la droga…

Feminismo y patriarcado

Otro de los aspectos interesantes del film es que cuestiona el sentido de la propiedad, tanto del patrimonio como del mundo en general. De ahí que a través de una estación de tren abandonada nos haga reflexionar sobre esto, sobre el capitalismo en los museos y sobre el patriarcado. Porque como ella misma atestigua, el patriarcado no es una condición natural del ser humano, sino que se trata de una decisión histórica.

“Damos por sentadas muchas cosas que no son naturales, sino que han sido una decisión histórica. El fascismo es consecuencia del machismo.”

En este caso, este lugar que parece no pertenecerle a nadie es reconvertido en una comuna de mujeres, en la que se ayudan y protegen entre ellas. Y son estas mujeres quienes a través de Italia, la asistente de Isabella Rossellini quien interpreta a una matriarca aristócrata de cinco hijas, evocan esta gran verdad:

“La vida es temporal.”

Curiosidades sobre los etruscos

Más allá de sus creencias en la vida de ultratumba, los etruscos crearon una civilización bastante serena, donde hombres y mujeres vivían en igualdad. Por ello, Melodie, uno de los personajes de la película, rompe la cuarta pared y asegura en un momento de la película que si los etruscos hubieran pervivido, el machismo no existiría.

Por otro lado, y en lo que respecta a sus tumbas, lo cierto es que éstas eran un muestrario de su riqueza y de sus refinados gustos artísticos, tal y como se ha descubierto a través de sepulcros como el de Caere y Tarquinia. Estas tumbas, perfectamente conservadas, contenían amplísimos ajuares funerarios y espléndidos frescos. Tras llevar a cabo diferentes estudios concluyeron que los etruscos amaban el lujo y los objetos bellos y que le daban mucha relevancia al más allá y a los ritos religiosos y funerarios.

Un elenco de actores excepcional

Desde Josh O’Connor a Isabella Rossellini, todos ellos realizan interpretaciones excepcionales. Y a esto hay que añadir la química que hay entre O’Connor (Arthur) y Carol Duarte (Italia).

En definitiva, «La Quimera» es una película única y fascinante, y aunque en ocasiones es irregular, resulta muy inspiradora y brillante. Muy recomendable.

Consultar cartelera.


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