«Bitelchús 2»: Tim Burton regresa al inframundo con su estilo más icónico

Tim Burton ha vuelto a sumergirse en el extravagante universo de «Bitelchús» (1988) con una secuela que, aunque llega más de tres décadas después, mantiene intacta la esencia gótica y el humor macabro que hicieron de la primera película un clásico de culto. «Bitelchús 2» no es solo un regreso a las raíces estéticas de Burton, sino también una revisión de los temas que lo han obsesionado a lo largo de su carrera: la muerte, lo extraño y lo que significa ser diferente.

“Bitelchús 2 es a su vez una revisión de los temas que le obsesionan a Burton: la muerte, lo extraño y lo que significa ser diferente.”

Michael Keaton vuelve a ponerse en la piel del «bioexorcista» Bitelchús, un personaje desvergonzado y caótico cuya energía sigue siendo el alma de la película. Con su estridente traje a rayas, sus frases rápidas y su gusto por el caos, Keaton da vida nuevamente a un Bitelchús enérgico, aunque con el paso del tiempo se percibe cierta nostalgia en su interpretación, como si el personaje también fuera consciente de su propio regreso tardío.

La gran pregunta era cómo encajaría «Bitelchús 2» en un panorama cinematográfico tan diferente al de los años 80. La respuesta de Burton es clara: sin abandonar su estilo característico, mezcla efectos visuales de la vieja escuela —incluidos algunos animatronics y stop-motion— con la tecnología actual, lo que crea una estética que parece sacada directamente de una película de Tim Burton de los 90, pero refinada.

En esta segunda parte, se introducen nuevos personajes que, lejos de opacar a los originales, amplían el peculiar universo que ya conocemos. Uno de los puntos más destacables es la incorporación de Jenna Ortega, quien interpreta a la hija de Lydia (Winona Ryder). Ortega, que ha ganado popularidad por su colaboración con Burton en la serie «Wednesday», encarna a una joven que hereda el espíritu rebelde de su madre, pero con una frescura contemporánea que conecta con el público joven. Su química con Keaton en pantalla es vibrante, creando momentos de humor y ternura, que en algunos casos logran superar la relación que tenía el Bitelchús original con Lydia.

Burton también recupera a Catherine O’Hara, quien regresa como la inolvidable Delia Deetz, ahora convertida en una exitosa artista, lo que agrega un toque hilarante y autoconsciente a la trama. La película, sin embargo, sigue anclada en lo visual. Los escenarios del inframundo son nuevamente una explosión de creatividad, con una atmósfera que mezcla lo grotesco con lo absurdamente bello. Aquí, Burton se siente más cómodo que nunca, y los mundos que crea para sus muertos y fantasmas son una muestra de que, cuando se trata de fantasía macabra, pocos lo igualan.

Pero no todo es tan brillante en «Bitelchús 2». La trama, si bien divertida, se siente algo predecible. La estructura narrativa recae en algunos lugares comunes que ya vimos en la primera parte, y aunque los momentos cómicos funcionan, la película nunca llega a sorprender tanto como su predecesora. Burton parece más cómodo en el homenaje a su propia obra que en innovar, y eso deja la sensación de que la película se apoya demasiado en la nostalgia para sostenerse por sí sola.

Aun así, «Bitelchús 2» es un espectáculo visual y emocionalmente satisfactorio para los seguidores de Burton. Con una dirección artística impresionante y un elenco que equilibra lo nuevo y lo viejo, la película logra capturar la esencia del original y presentarla a una nueva generación. No es un clásico instantáneo, pero sí un regreso digno al excéntrico mundo de Tim Burton, que sigue siendo un lugar único en el cine contemporáneo.

Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús… parece que aún queda vida en el más allá cinematográfico.

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