El primer sueño de Christo se hace realidad

La vida de Christo y Jeanne-Claude bien merece una película. Y es que el amor que se profesaron y todas las maravillas que crearon juntos serían los perfectos protagonistas de un film de Wes Anderson, por ejemplo.

Dicho esto, hace apenas unas semanas, y tras 60 años, el primer sueño de Christo se hizo realidad: envolver el Arco de Triunfo de París.

“Testamento póstumo de su genialidad artística, el Arco del Triunfo empaquetado es un regalo formidable a los parisinos, a los franceses y a todos los aficionados al arte” Roselyne Bachelot

La historia de esta obra temporal

En 1961, tres años después de conocer a Jeanne-Claude en París, Christo hizo un estudio para un proyecto gigantesco, que consistía en envolver uno de los monumentos más emblemáticos de la capital francesa. Sin embargo, y aunque lo intentaron no pudo ser hasta ahora. Para llevarlo a cabo han necesitado 25.000 metros cuadrados de tela de polipropileno reciclable de color plata con reflejos azulados, 3.000 metros de cuerda roja, más de 1.200 personas y ha sido el sobrino de la pareja, Vladímir Javacheff, quien ha logrado tal fantástica enmienda. El coste de la misma ha sido un total de 14 millones de euros, que como sucede con todas sus instalaciones serán sufragados mediante la venta de dibujos y maquetas de la Fundación Christo.

“Mi tío siempre me decía que si tienes que rendir cuentas a alguien, no tienes libertad.” Yavachev

Como todas sus obras «envueltas», siempre hay un gran simbolismo tras ellas. En el caso del Arco del Triunfo, ya os podéis imaginar. Este monumento representa muchas cosas tanto para los parisinos, como para los franceses y para el mundo. Y aunque no es la primera vez que Christo envuelve un icono de París – En 1985, el artista envolvió el Pont Neuf y las 44 farolas del puente -, esta ocasión ha sido memorable y excepcional.

Lo triste aunque totalmente comprensible es que tras esta obra póstuma, ya no habrán más:

“Seguir no sería ético. Este es el último.” Yavachev

(*) Artists Rights Society (ARS), New York/ADAGP, Paris; Elliott Verdier para The New York Times.


 BACK


 BACK TO TOP


Deja un comentario