Controla a tu crítico interno

Todos tenemos a un crítico interno, al que es casi imposible complacer. Creció cuando éramos unos niños y ha decidido ser nuestro «Pepito grillo» pero con un látigo en la mano.

Él es el artífice de que nos comparemos constantemente con los demás para evaluarnos. El mismo que nos convierte en unos frustrados, ya que consiga que sintamos que nada ni nadie es suficiente y que nunca hacemos las cosas como deberían hacerse. Es un juez muy duro, que busca extraer lo mejor de nosotros, pero a toda costa… Y ahí es donde radica el problema. Sobre todo, porque activa nuestro mood «chronic insatisfaction» y nos convierte en seres infelices.

Por si esto fuera poco, sus armas son letales, ya que se sirve del miedo, la vergüenza y la culpa para que hagamos lo que él quiere. ¿Os suena de algo? Hablándolo con amigos, todos ellos coincidían en sufrir en mayor o menor grado los efectos de esta voz tan dura y exigente, que incluso en nuestros momentos más vulnerables, prefiere poner el dedo en la llaga, juzgarnos, generarnos remordimientos, culpabilidad y esa sensación de que nunca llegamos al nivel esperado.

Pero… el quid de la cuestión es la siguiente: si ese crítico interno somos nosotros mismos ¿por qué no acabamos con él? Pues tal y como nos cuentan psicólogos a los que hemos consultado: No es tan fácil. Nos conoce muy bien y sabe cómo activar nuestro lado más conservador. Ese que muchas veces nos impide ser nosotros mismos por temor a no ser aceptados. Porque nuestro autojuicio es muy poderoso y nuestro principal enemigo. Además, nos resta fuerza, autenticidad y nos reduce a una versión más descafeinada de nosotros mismos.

Sin embargo, y como nos aseguran los expertos, aunque es una tarea ardua, ¡sí se puede!. La clave es conocer sus orígenes y conocer cuál es el grado de influencia en nosotros. Asimismo, entenderle, en lugar de usar sus propias tretas, también nos ayudará a reducirle y a lograr que su voz tenga menos protagonismo. Para ello, es necesario saber que uno de sus principales alimentos es la búsqueda de la perfección. Una adicción que sufrimos muchos y que, controlada, puede ser un estímulo para mejorar, pero que muchas veces hace que perdamos el control y estemos subyugados a ella.

Por todas estas razones, controlar esta voz del inconsciente tan negativa y poderosa debe ser una prioridad. Sobre todo si sientes que eres víctima de él. Porque vincularnos demasiado con su forma de pensar nos hace ser extremadamente críticos. Y no solo con nosotros mismos sino también con los demás, provocando que ni nosotros ni ellos sean capaces de satisfacernos.

Volviendo a sus orígenes, y como os indicamos al inicio de esta diserción, el crítico interno se creó y desarrolló durante nuestra infancia. Y surgió cuando nuestros padres, con las mejores intenciones del mundo, nos inculcaron sus normas, valores y sus reglas básicas para enfrentarnos al mundo. Así que esa voz que nos hacía ser y actuar de una determinada manera, es la que ahora, de adultos, surge en nuestro inconsciente y se le denomina: nuestro crítico interno. Nuestro lado más duro, con tendencia «castrati», cuyo móvil es protegernos, pero que lo que realmente consigue es coartarnos, controlarnos y no dejarnos despegar ni ser nosotros mismos, sea cual sea nuestro destino.

Y es que es inevitable que no esté dentro de nosotros. Principalmente porque para un niño la aprobación de sus padres o de los adultos es vital. De ahí que muchos hayamos optado por obedecer, adaptarnos a sus valores y cumplir sus deseos para no ser amonestados y hacer «lo correcto». Sin embargo, el problema surge cuando llegamos a la edad adulta, que es cuando esa voz de autoridad ya ha sido interiorizada sin ser conscientes de ello. Así que sin darnos cuenta la seguimos obedeciendo a pesar de sus estragos, o por contra, hay quienes se rebelan contra ella. Esa voz sigue siendo la del crítico interno, a quién le encantan los «deberías», «así no», etc… Y claro, lo que provoca en nosotros es lo que comentábamos en un principio: conflicto, desesperanza, represión, pérdida de control… En definitiva: sufrimiento.

Por eso es importante recordarnos que ya no necesitamos a nadie que nos esté aleccionando y evaluando constantemente, a pesar de que muchos creen que lo necesitan todavía. Sienten algo así como que gracias a ese crítico interno han llegado así de lejos, y que gracias a sus reglas y códigos morales les han permitido construirse. Pero aunque el crítico interno pueda parecer que tiene un lado bueno, la realidad es que no es así.

«Psicológicamente, es el protector de nuestro ego, pero niega todo lo demás, no conoce nuestra alma, no confía en que nuestro corazón sabe cómo nos sentimos ni en que sea empatizo y compasivo en las relaciones, no tiene fe en que nuestra intuición pueda guiarnos en situaciones que enfrentamos por primera vez. Lo único que quiere es que sigamos sus consejos. No confía en nuestra capacidad para razonar y evaluar como una forma de lidiar con los dilemas de la vida.» Frank Ostaseski

Teniendo todo esto en cuenta ¿cuál es la alternativa a este «Pepito grillo» cenizo? El discernimiento. A diferencia de los juicios y prejuicios que el crítico interno lleva a cabo constantemente.

«El discernimiento es más flexible, menos limitado, más amable, nos ayuda a ver otras perspectivas, y permite que emerja nuestra intuición. Sin duda, un rasgo más inteligente.»

Por todo ello, y reconociendo que somos víctimas de sus fauces, os decimos que ya es hora de que cambiemos este viejo modelo de conducta, desfasado, estricto y tan dañino para todos. Los expertos nos aconsejan varias cosas. Por un lado, meditar para acallar a ese crítico interno y darle la bienvenida a nuestra sabiduría interna. Ella es quién nos abre a la experiencia, en lugar de sobre protegernos. Y, a su vez, es quien nos ayuda a confiar en nosotros mismos y a tomar nuestras propias decisiones, sin tantos condicionamientos impuestos por nuestros progenitores u otros adultos cuando tan solo éramos unos niños. Y por otro lado, aceptarnos, con todo, y sobre todo con nuestras imperfecciones. Ser nuestros mejores amigos en lugar de nuestros verdugos ayudará a que poco a poco oigamos a nuestra verdadera voz, y la relación con nosotros y con el mundo mejore considerablemente.

«Hace falta valor para crecer y convertirte en quien realmente eres.» e.e.Cummings

(*) Foto portada: fotograma de la serie Mr. Robot.


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