«Los astronautas», la fascinante novela de Laura Ferrero

Laura Ferrero se ha consolidado como una de las voces más originales y emotivas de la narrativa contemporánea en español. Tras el éxito de sus relatos cortos y sus incursiones en el periodismo literario, su nueva novela, «Los astronautas», explora con una sensibilidad única las complejidades de las relaciones familiares y los vínculos humanos. Con un estilo íntimo y reflexivo, Ferrero nos invita a un viaje hacia lo más profundo del universo interior de sus personajes, siempre en busca de respuestas sobre el amor, la pérdida y la soledad.

Un viaje introspectivo a las profundidades de las relaciones humanas

A través de «Los astronautas», Laura Ferrero nos invita a un viaje de exploración emocional tan vasto y misterioso como el espacio exterior. Con su característico estilo introspectivo y sensible, Ferrero aborda temas universales como el amor, la soledad y la búsqueda de conexión en un mundo que parece cada vez más distante. La autora, que ha sido elogiada por su capacidad de capturar con precisión las sutilezas de las emociones humanas, nos ofrece en esta obra una mirada profunda y honesta a las relaciones modernas.

El tiempo como eje narrativo

Otro aspecto fascinante de «Los astronautas» es la manera en que el tiempo juega un papel central. Los personajes de Ferrero están atrapados no solo en sus propias soledades, sino también en un presente continuo que a menudo los desconcierta. La nostalgia por lo que fue, las decisiones pasadas y las oportunidades perdidas son temas recurrentes que añaden capas de profundidad a la narrativa. El tiempo, en este libro, es tanto una fuente de melancolía como de esperanza: una línea de fuga que invita a los personajes a reflexionar sobre sus trayectorias, sus errores y sus deseos no realizados.

La prosa de Ferrero: intimidad y sutileza

Lo que distingue a «Los astronautas» es la voz narrativa de Laura Ferrero. Su prosa, delicada y precisa, se desliza con suavidad por las emociones más complejas, sin necesidad de grandes gestos ni dramatismos. Ferrero tiene una habilidad singular para hacer de lo cotidiano algo trascendental. Las conversaciones que parecen triviales revelan, en realidad, profundas tensiones internas; los gestos mínimos esconden deseos y miedos soterrados.

Esta sutileza narrativa se refleja en la estructura del libro, con capítulos cortos que se sienten como pequeñas cápsulas de emociones condensadas. Cada escena está impregnada de una sensación de espera, de una pausa en la que algo está a punto de suceder, aunque ese «algo» sea tan pequeño como una palabra no dicha o una mirada evitada.

Un libro que invita a la reflexión

«Los astronautas» no es solo un libro sobre relaciones personales, sino también una reflexión sobre lo que significa estar vivo en un mundo donde la conexión parece cada vez más esquiva. Ferrero nos invita a mirar más de cerca nuestras propias vidas, nuestras relaciones y la manera en que navegamos por el universo emocional en el que estamos inmersos. A través de sus personajes, nos muestra que, aunque a veces nos sintamos como astronautas flotando en el vacío, siempre hay una posibilidad de volver a encontrar la conexión, por efímera que sea.

Con esta novela, Laura Ferrero consolida su lugar en el panorama literario español como una autora capaz de capturar con una precisión casi quirúrgica las emociones más íntimas y profundas. «Los astronautas» es una obra que resonará con cualquiera que haya experimentado el amor, la pérdida o la búsqueda de sí mismo en la inmensidad de la vida moderna.

Recientemente, conversamos con la autora sobre los temas recurrentes en su obra, el proceso creativo detrás de esta fascinante novela y su mirada sobre el papel de la literatura en tiempos inciertos. Pasen y lean.

Este es tu libro más personal. ¿Qué ha cambiado en ti tras la publicación de “Los astronautas”?

En realidad, no siento que haya cambiado nada. Sobre todo, lo que creo es que todo ese pasado que quizás yo no comprendía, al escribirlo, de alguna manera lo pones en otro lugar.

De todas formas, este libro a pesar de ser el más personal, no es autobiográfico. Me gusta aclararlo para que no lleve a engaño al lector. Esta no es mi historia, aunque me hubiera gustado que lo fuera. De hecho, antes de que se hubiese llamado «Los astronautas», se hubiese llamado «Mis padres», porque la idea de escribir este libro surgió a partir de la foto que encontré de mi familia. De ahí que el punto de partida de la novela sea cierto.

Pero también es verdad, por otro lado, que a mí mis padres no me dieron las respuestas que aparecen en el libro. Por eso, esta novela es una reconstrucción, porque a través de la imaginación y de la ficción también nos hacemos las preguntas adecuadas.

¿Cuánto tiempo te llevó escribirlo?

Lo he ido escribiendo en diferentes fases. Porque al principio, y como te comentaba, esto surge de la necesidad de querer encontrar una respuesta. Y como no logré nada, decidí pararlo y escribir un libro de relatos. Más adelante, volví a retomarlo y cuando estaba a punto de terminarlo se puso enferma mi madre.

Así que se trata de un libro que lo he ido escribiendo en diferentes momentos. Creo que han sido casi cinco años en total.

Este libro es un ejercicio de honestidad brutal, y se nota que lo has escrito desde el amor y no desde la venganza. ¿Siempre fue así o tuviste que reconducirlo?

Sí. Por eso hay que plantearse el tipo de escritor que es cada uno, y ver si eres capaz de sostener un tipo de narración como esta sustentada en la venganza. En mi caso, yo no podría sostener eso por como soy yo en mi vida personal. A mí una narración que me lleve a estar enfadada con mi madre y con mi padre, no me sirve, para eso no escribo un libro. Esta historia solo me sirve si está escrita desde el amor, desde la necesidad de no hacer daño al otro y desde conservar los vínculos.

Sí que es cierto que al empezar a escribir la novela tuve que dejar de hacerlo porque yo quería escribir pensando en que sabría lo que no sabía… y ahí es verdad que lo dejé porque obviamente estaba enfadada. Sobre todo porque cuando intentas averiguar, pero no te dan ninguna pista y además estás de nuevo sola frente a tu historia… pues me pareció una pena. Por eso lo dejé, porque también pensé que si seguía por ahí no iba a conseguir gran cosa e iba a ser peor.

¿En qué momento estabas cuando decidiste escribirlo?

Lo que activó la idea del libro fue el hallazgo de la foto de mi familia. Estaba en casa de mi tío cuando la descubrí y me pregunté: «¿por qué yo no conozco la historia de mi propia familia?». Me pareció algo tan raro que decidí tirar del hilo para ver que podía surgir de ahí. No fue algo que me planteé de manera premeditada sino algo casual. Esa foto fue la que lo activó todo.

¿Cuáles fueron los principales desafíos a los que te enfrentaste en comparación con tus trabajos anteriores?

El principal desafío fue el hecho de que la premisa del libro partiese de una historia personal. Aunque no sea una novela autobiográfica, sí que hay una parte que surge de hablar con mi padre, con mi madre, etc. El desafío fue el dilema ético. Es decir, plantearme hasta que punto tengo derecho a contar una historia que los demás no quieren que cuente. Es ahí cuando me planteé que debido al hecho de estar escribiendo sobre gente que está viva y a la que quiero, pues tenía que activar ciertos límites que sentía que no debía traspasar.

Has sido madre recientemente y he recordado unas declaraciones tuyas en la que asegurabas que las responsabilidades de los padres caducan, que la infancia no es inmovilista y a pesar de haber sido dolorosa no es estigmatizante. ¿Qué has aprendido como hija que hayas aplicado al convertirte en madre?

He aprendido que como hija cada uno hace lo que puede en la vida, que es muy fácil cuando eres hijo mirar a tus padres y juzgar. No sabes donde estaba tu madre cuando tú naciste o en qué lugar vital de su biografía se encontraba o qué le pasó. Juzgar es muy gratuito y lo hacemos mucho siendo hijos.

Por ello, básicamente, lo único que intento ahora que soy madre es hacerlo lo mejor que sé. Porque está claro que ella va a tener sus carencias de la misma manera que yo tuve las mías. Pero por eso mismo, lo único que yo creo que puedo hacer es quererla. No sé si es la respuesta, pero se trata de criar desde el amor y desde la certeza de que no lo vas a hacer bien del todo.

“Juzgar es muy gratuito y lo hacemos mucho siendo hijos.”

También es verdad que si miras a tu infancia y ves lo que te faltó a ti pues lo tienes en cuenta para no cometer el mismo error. Y aunque seguro que te equivocarás en otras cosas, al menos no repetirás patrones.

Lo que está claro es que somos imperfectos, pero que si partes desde el amor, aunque también te puedes equivocar, creo que no te equivocas tanto.

Por cierto, ¿tu familia y tus padres han leído el libro? ¿cuál fue su reacción?

No, ni mi padre ni mi familia lo han leído. Solo lo han leído mi madre y mi hermano. Mi madre me pidió leerlo antes de publicarlo. Y cuando lo leyó me dijo estaba todo bien. La verdad es que era algo que me daba miedo, pero me quedé tranquila. Sobre todo, porque ella me pidió no ser reconocible en la novela, y así ha sido. Y para mí eso es perfecto porque yo no necesito la literalidad.

De todos los feedbacks que has recibido por parte de tus lectores, ¿cuál es el que más te ha impactado o sorprendido?

Por un lado, me ha sorprendido muchísimo el buen recibimiento que ha tenido la novela, y por otro, las historias que me han ido contando la gente. Desde una abogada que me dijo que en su bufete estaban recomendando «Los astronautas» en casos de mal divorcio. Algo así como recetar un libro, que es algo que me parece súper interesante.

Otro día, en Valencia, en un evento para la promoción de la lectura, se me acercó un señor, que debería tener casi 80 años, y me dio una notita que me dijo que la leyese luego. Así que cuando llegué a casa la leí y en ella me contaba que había leído «Los astronautas» y que le había servido para comprender lo que le estaba ocurriendo a su nieta de 8 años, que acaba de sufrir el divorcio de sus padres. Eso me pareció bonito, porque de alguna manera los libros son un espejo para nosotros. Este tipo de cosas me emocionan mucho. Y la verdad es que hay muchas.

Una mujer también me dijo que tenía una enfermedad autoinmune que le impide llorar, pero me aseguró que con el libro había llorado.

Hay una frase en el libro que dice: «La memoria nos salva de la muerte. Es así. Nuestra capacidad de recordar es lo que nos salva o condena. Por eso los seres humanos que han sufrido un trauma eliminan esa zona del neocórtex». ¿Crees que son necesarias las historias ficticias que nos contamos de niños y no tan niños para sobrevivir?

Sí, porque al final nuestra memoria es como una memoria fotográfica. Nosotros tenemos recuerdos que se asemejan a un álbum de fotos, pero esas fotos hay que ligarlas, y para ello están los conectores con los que el cerebro crea un relato coherente para nosotros, con el fin de protegernos y en parte para que los demás nos quieran. Creo que la memoria es un artefacto al que le damos mucha credibilidad, pero si lo piensas, nuestros recuerdos al final no son la verdad.

“La memoria es un artefacto al que le damos mucha credibilidad, pero nuestros recuerdos al final no son la verdad.”

Narrativamente hablando es interesantísimo construir a partir de nuestras ficciones, pero en la vida real es un poco más perverso porque nos contamos ficciones que tomamos como realidad. Por ello, es muy curioso hasta que punto pensamos que nuestros relatos son completamente ficcionados y nos sirven para justificarnos.

¿Consideras que tus padres hicieron uso de la mentira para protegerte?

No, yo creo que en este caso ellos optaron por creerse una versión, y esa fue la que contaron sin tener intención de mentir a nadie. Simplemente se habían mentido a ellos mismos. Por ello, en su caso, la ficción ya había erosionado cualquier verdad que hubiera en esa historia.

“Mis padres hicieron lo que pudieron teniendo en cuenta la época que les tocó vivir y las herramientas que disponían.”

Mis padres hicieron lo que pudieron teniendo en cuenta la época que les tocó vivir y las herramientas que disponían. No había ninguna mala intención en sus actos.

Tras haber transitado esta etapa y después de la publicación de este libro, ¿te sientes en paz con tu familia?

Ha sido como un revulsivo que ha colocado las cosas. Yo siempre digo que nunca tuve un álbum de fotos familiar, y que «Los astronautas» es lo más parecido que tengo a un álbum, porque ahí está mi historia. Ahí está la historia de la niña que era yo, y que con la ficción se ha construido una historia que puede habitar.

Tras escribir este libro las cosas están en otro lugar. Pero que quede claro que yo no creo para nada en la idea de que la escritura es terapéutica y todo eso. Lo que sí que es verdad es que te permite atravesar las cosas desde la distancia. Por eso siempre digo que escribir es vivir dos veces. Por un lado, vives en directo y no tienes tiempo para pararte, y por otro, cuando escribes tienes ese momento para pararte y mediar entre el tiempo y la distancia. Por ello, cuando escribes las cosas, implica que las ves, que las asumes y eso hace que acabes poniéndolas en otro lugar.

¿Fue la enfermedad de tu madre un detonador para entenderla tanto a ella como vuestra relación?

La enfermedad para lo que te sirve es para ver las cosas desde otra perspectiva. Es decir, te muestra partes de una persona que hasta ese momento desconocías.

“La enfermedad para lo que te sirve es para ver las cosas desde otra perspectiva.”

La enfermedad por la que pasó mi madre me sirvió para descubrir que la forma de enfrentarse a la misma era igual a su manera de estar en la vida, y probablemente de enfrentarse a su pasado. Me di cuenta que empleaba el mismo patrón de comportamiento.

Nos ha encantado el recurso de los astronautas, porque además de aportar detalles e historias interesantísimas, este constructo literario es acertadísimo aplicado a las relaciones familiares. ¿Cómo diste con él? ¿Es cierta la historia de la niña que dibujó a su padre como un astronauta?

La idea de la niña que presenta a su padre como un astronauta es ficción. Me gustaba esa idea de mostrar al padre escondido en una escafandra para explicar que no es que no tenía un padre, sino que éste vivía en el espacio.

Con este recurso, de alguna manera es como si te adueñases de tu relato y dejases de ser esa pobre niña que está sola en clase para convertirte en alguien popular. Ahí es cuando empiezas a adecuar los mimbres de tu historia en tu propio «beneficio».

También tengo que reconocer que siempre me han interesado las historias de los astronautas. Recuerdo haber visto el primer alunizaje, conocer la historia de Christa McAuliffe… Siempre pienso en el momento en el que llegan a la luna y lo primero que hacen es pegar patadas a las rocas lunares para media hora después acabar poniendo foco en la tierra, que es de donde partieron. Por eso, en la vida, muchas veces tenemos que hacer un viaje larguísimo y muy lejano para poder ver con claridad aquello que tenemos cerca. Y algo parecido es lo que he hecho yo para conocer la historia de mis padres.

“En la vida, muchas veces tenemos que hacer un viaje larguísimo y muy lejano para poder ver con claridad aquello que tenemos cerca.”

¿Cuál es tu historia de astronautas favorita?

La de Serguéi Krikaliov, que fue el el último ciudadano soviético. Su historia es muy fuerte y surrealista, ya que fue abandonado en el espacio tras el colapso de la Unión Soviética.

¿Qué queda en ti de esa niña que fuiste?

Yo siempre digo que la infancia no termina nunca. Nunca dejamos de ser niños. Es decir, somos como esas matrioshkas rusas que contienen a todas esas personas que hemos sido y que seremos. Por eso, para mí, la niña de la novela es esa que echa mano de la imaginación para contar algo que ella no puede entender. Utiliza las palabras y la lejanía que le ofrece la literatura y el arte para comprender aquello que no puede explicarse de otra forma.

¿Qué concepto tienes de la familia?

Hay un momento en «Los astronautas» que digo algo así como que mi idea pasa por renunciar a la idea de familia.

Vivimos en un país con una idea de familia muy arraigada al concepto religioso, donde lo «válido» es la familia nuclear formada por un padre, una madre y unos hijos, con unos roles muy determinados. Y de niña, aunque yo no lo quisiera, en el fondo me encaminaba hacia eso porque al final es lo que te enseñan y también lo que no había tenido.

Creo, sin embargo, que sería muy interesante que pudiésemos romper el molde de esa familia tan estereotípica para que cada uno pudiese buscar la familia que crea conveniente y que se adecue a la persona que somos.

Tengo entendido que la ilustración de la portada no es real, a pesar de que la sonrisa de la niña es la tuya. ¿Qué puedes contarnos al respecto?

Se trata de una ilustración hiperrealista que nos inventamos. A mí me hubiese gustado utilizar una foto real. Esta ilustración está basada en 3 personajes: la niña está basada en mí a partir de una foto de cuando yo era pequeña, el padre se parece a Neil Armstrong y la madre a la actriz Sally Field, porque mi madre cuando era joven se parecía muchísimo a ella. Este ejercicio ha sido para mí como una manera de poder inventarme una familia.

¿Cuándo escribiste este libro te planteaste algún propósito con respecto a los lectores?

Nunca he escrito pensando en lo que quiero que los lectores extraigan de mis novelas, porque prefiero que sean ellos quienes libremente saquen sus propias conclusiones, lecciones o lo que consideren. No sabría escribir para crear un efecto determinado. Cuando escribes, al final cada lector lee un libro diferente, porque su interpretación del mismo es única. Lo bonito es esto, que el libro se abra a diferentes interpretaciones.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?

Estoy empezando un nuevo libro, pero se encuentra en una fase muy inicial, de documentación, de pensar… No puedo contar demasiado porque ni siquiera he decidido el formato que tendrá.

Por otro lado, también estamos reeditando un libro que salió hace unos años y que se llama «El amor después del amor» y que está descatalogado. Es un libro precioso que a mí me gusta mucho, en el que recopilamos historias reales acerca de lo que han hecho diferentes artistas de distintas disciplinas como resultado de una ruptura amorosa. Estamos en el proceso de reedición y buscando nuevas historias. Después de esto me pondré de lleno con el nuevo libro.

¿Te has planteado o te han planteado llevar al cine tus novelas? Nosotros las vemos muy cinematográficas.

Sí, justo están pensándolo ahora. ¡Ojalá suceda!

(*) Imágenes proporcionadas por Alfaguara (Penguin Random House). La foto de Laura Ferrero es de Luis Gaspar.

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