Sunday-S Gallery: el arte de mirar despacio
La galería creada por Peter Ibsen entre Copenhague, París y Rørvig propone otra manera de acercarse al arte contemporáneo: con tiempo, intimidad y lejos de la asepsia del cubo blanco.


Hay lugares en los que el arte parece pedir silencio y cierta solemnidad. Espacios blancos, impecables, cuidadosamente iluminados, donde cada obra queda aislada del mundo cotidiano como si necesitara una distancia específica para ser contemplada.
Sunday-S Gallery, el proyecto creado por el coleccionista y galerista danés Peter Ibsen, parte de una premisa distinta: devolver el arte a la vida.

En sus espacios de Copenhague y París, concebidos como apartamentos, y en su proyecto estival en Rørvig, una antigua caballeriza situada en un entorno completamente diferente, la experiencia artística abandona buena parte de los códigos habituales de la galería. Hay muebles, libros, luz natural y rastros de vida. Las obras comparten espacio con aquello que normalmente permanece fuera de una sala de exposiciones.
No se trata únicamente de una cuestión estética. Detrás de Sunday-S existe una reflexión sobre cómo miramos el arte contemporáneo, cuánto tiempo le concedemos y qué sucede cuando dejamos de considerarlo algo excepcional que visitamos para incorporarlo a nuestra vida diaria.
En una época construida alrededor de imágenes que compiten por capturar nuestra atención durante unos segundos, Ibsen parece reivindicar justamente lo contrario: obras capaces de resistirse a la mirada rápida.
Peter Ibsen y el arte que permanece
Peter Ibsen lleva más de 25 años coleccionando arte contemporáneo. Durante ese tiempo, su mirada ha cambiado, pero no ha desaparecido uno de los elementos esenciales de su relación con una obra: la reacción física que puede provocar el primer encuentro.
“Sigo valorando esa reacción física inmediata: una obra tiene que permanecer conmigo, incluso inquietarme un poco, después de haber abandonado la habitación”, explica.

La intuición continúa siendo importante, aunque los años le han enseñado a desconfiar de una seducción demasiado instantánea. Frente a las obras que se ofrecen de inmediato, Ibsen se siente cada vez más atraído por aquellas que esconden algo.
Ese matiz resulta especialmente relevante en un ecosistema cultural dominado por la velocidad. Una obra puede ser espectacular, fotogénica o comprensible de inmediato y, sin embargo, agotarse rápidamente. Para Ibsen, atracción y permanencia no son necesariamente lo mismo.
“Con el tiempo he aprendido a no confundir la atracción instantánea con el interés duradero. Las obras a las que regreso suelen ser aquellas que se reservan algo. No lo revelan todo inmediatamente, sino que continúan abriéndose mientras las miras, convives con ellas y descubres nuevas capas”.

Su colección y su actividad como galerista se han construido alrededor de esa curiosidad. Le interesan tanto artistas jóvenes todavía desconocidos como creadores de generaciones anteriores cuyo trabajo pudo quedar relegado o ser olvidado.
En ambos casos existe el placer del descubrimiento: detectar algo que todavía no ha recibido suficiente atención o volver a mirar aquello que creíamos conocer.
Para Ibsen, la cuestión no es el estatus del artista, sino la necesidad interna de la obra: “Lo que me interesa no es si un artista está ya consagrado, sino si su trabajo posee una necesidad propia, profundidad y capacidad para mantenerse vivo con el paso del tiempo”.

Una galería que se parece a una casa
La filosofía de Sunday-S encuentra su expresión más evidente en el espacio.
Su sede de Copenhague ocupa un antiguo apartamento. Algunas habitaciones funcionan como espacios expositivos mientras otras incorporan obras procedentes de la colección privada de Ibsen. No existe la separación radical entre arte y vida que caracteriza a tantas galerías contemporáneas.
“Quiero que los visitantes se sientan lo bastante cómodos como para mirar despacio y volver más de una vez a una misma obra.” P. Ibsen
La luz natural desempeña además un papel fundamental. Frente a la iluminación controlada del cubo blanco, aquí las obras cambian conforme cambia el día. La arquitectura, los muebles y los objetos que las rodean modifican inevitablemente nuestra percepción.
Para Ibsen, lejos de ser un problema, esa contaminación constituye precisamente parte de la experiencia: “El contexto lo cambia todo. En una casa, una obra pasa a formar parte de un ritmo vivido: se contempla con la luz de la mañana, junto a libros, muebles, conversaciones y vida cotidiana”.
Sunday-S nació, en buena medida, de su voluntad de escapar de la frialdad que puede generar una galería tradicional.
El formato doméstico reduce también una barrera psicológica que a menudo pasa inadvertida dentro del mundo del arte: mucha gente sigue sintiendo que debe conocer determinados códigos antes de entrar en una galería.
Aquí sucede lo contrario. Los visitantes suelen quedarse durante más tiempo y las conversaciones adquieren otra profundidad.
“Esto no hace que el arte sea menos serio; al contrario, permite establecer una relación más íntima y probablemente más honesta. En Sunday-S quiero que los visitantes se sientan lo bastante cómodos como para mirar despacio y volver más de una vez a una misma obra”.

La hospitalidad deja así de ser un detalle periférico para convertirse en parte del proyecto curatorial.
Mirar despacio como acto de resistencia
Sunday-S puede interpretarse también como una defensa del slow looking, una forma de contemplación que resulta casi contracultural dentro del presente.
Cada día observamos cientos de imágenes. Las consumimos, clasificamos y olvidamos con enorme rapidez. Redes sociales, publicidad, medios y plataformas digitales han convertido el impacto inmediato en una de las monedas de cambio de nuestra cultura visual.

Ibsen propone otra relación con la imagen: “Mirar despacio significa permitirte no entender inmediatamente. Significa conceder a una obra tiempo suficiente para hacerse más compleja, incluso más difícil”.
No entender puede resultar incómodo. Sobre todo, porque estamos acostumbrados a buscar explicaciones rápidas, referencias y contextos capaces de resolver aquello que tenemos delante. El arte, sin embargo, conserva una capacidad excepcional para dejar ciertas preguntas abiertas.
“Estamos rodeados de imágenes que exigen una reacción instantánea, pero el arte puede ofrecer justo lo contrario: una pausa, una resistencia y un espacio para nuestros propios pensamientos”.

Quizá una de las mejores maneras de medir la intensidad de una obra sea precisamente comprobar qué sucede cuando dejamos de tenerla delante.
“Las obras más poderosas no terminan cuando has acabado de mirarlas; deberían continuar trabajando dentro de ti después”, sostiene Ibsen.
Es una idea que explica buena parte de Sunday-S. El objetivo no consiste únicamente en mostrar artistas, sino en crear las condiciones necesarias para que pueda producirse ese tipo de encuentro.
“El arte se convierte en un compañero en lugar de un objeto. Cuando convives con una obra, cambia con tu estado de ánimo, las estaciones y la luz.” P. Ibsen
Cuando el arte deja de ser una visita
La transformación resulta aún más profunda cuando una obra pasa a formar parte de un espacio doméstico.
En una institución cultural o una galería acudimos deliberadamente a mirar arte. Existe un principio y un final bastante definidos para esa experiencia. Entramos, observamos, recorremos el espacio y salimos.
Vivir con una obra modifica completamente esa temporalidad: “El arte se convierte en un compañero en lugar de un objeto. Cuando convives con una obra, cambia con tu estado de ánimo, las estaciones y la luz; a veces desaparece en el fondo y, de repente, vuelve a estar completamente presente”.
Esa alternancia entre presencia y ausencia es probablemente una de las formas más profundas de intimidad con el arte. Una pintura, una fotografía o una escultura dejan de exigir atención permanente. Forman parte de un paisaje cotidiano hasta que un día, por alguna razón, volvemos a mirarlas. La obra no ha cambiado necesariamente, pero osotros sí.
Para Ibsen, esa convivencia también afecta a la manera en que percibimos aquello que queda fuera de la casa: “Cambia nuestra manera de ver el mundo, nuestra ciudad y nuestra vida en general, y acaba influyendo también en nuestras elecciones y nuestras acciones”.
Entendido así, coleccionar no consiste únicamente en poseer objetos valiosos o significativos, sino que puede convertirse en una forma de construir sensibilidad. Coleccionar implica aprender a mirar, afinar el criterio y descubrir qué objetos, imágenes o historias despiertan algo en nosotros. Con el tiempo, aquello que elegimos conservar acaba trazando también una especie de retrato de quiénes somos, de lo que nos interesa y de la manera en que queremos relacionarnos con nuestro entorno.

Copenhague, París y Rørvig: tres maneras de ser Sundays
El universo de Sunday-S se extiende actualmente entre escenarios muy diferentes.
En Copenhague, el proyecto conserva la intimidad de un apartamento. París prolonga esa idea dentro de otro contexto urbano y cultural.
“Nuestros tres espacios tienen su propio carácter, pero todos invitan a mantener un encuentro cercano con el arte.” P. Ibsen.
Durante el verano, Rørvig Contemporary traslada la conversación hasta un antiguo establo próximo a la costa de Zealand, donde el paisaje y la arquitectura transforman nuevamente nuestra percepción de las obras.
La diversidad de localizaciones resulta deliberada: “Cada lugar posee su propio carácter —un apartamento en Copenhague, una casa parisina, un antiguo establo en Rørvig—, pero todos invitan a mantener un encuentro cercano con el arte”, explica Ibsen.
No existe, por tanto, una estética corporativa que deba repetirse de una ciudad a otra. Lo importante es conservar una determinada condición emocional.

“Sunday-S no consiste en crear espacios idénticos, sino en generar las condiciones en las que una obra, un artista y un visitante puedan encontrarse sin demasiada distancia ni formalidad”.
La idea podría parecer sencilla, pero cuestiona buena parte de las convenciones sobre las que se ha construido la experiencia contemporánea de visitar una galería. Por ello, en Sunday-S, el espacio no pretende desaparecer para que solo veamos la obra. La arquitectura, el mobiliario, la luz e incluso la conversación forman parte inevitable del encuentro.
Arte, diseño y objetos que sobreviven al tiempo
Ese interés por aquello que incorporamos a nuestra vida conecta Sunday-S con otro de los proyectos de Peter Ibsen: A. Petersen, que él mismo define como un proyecto muy personal.
Mientras Sunday-S se concentra en el arte contemporáneo y en la respuesta emocional que puede provocar una obra, A. Petersen le permite explorar el territorio del diseño, la artesanía y los objetos desde una perspectiva más material y colaborativa.

Su punto de partida se encuentra en el respeto hacia la tradición del diseño danés, aunque funciona también como plataforma para nuevas ideas, creadores y conversaciones internacionales.
Las fronteras entre ambos proyectos son claras, pero comparten una misma manera de entender nuestra relación con las cosas.
“Ambos se encuentran en mi convicción de que los objetos —ya sea una pintura, una silla, una pieza de cerámica o una escultura— deben tener presencia, integridad y capacidad para adquirir significado con el paso del tiempo”.
En un mundo saturado de objetos destinados a ser sustituidos, esta defensa de la permanencia adquiere un significado que trasciende el coleccionismo.
No se trata de acumular más, sino de seleccionar mejor. Tampoco de convertir cada objeto cotidiano en una obra de arte, sino de reconocer que aquello con lo que decidimos convivir termina influyendo en nuestra percepción.

El lujo de prestar atención
Sunday-S pertenece a una generación de espacios que están reconsiderando las fronteras entre galería, colección privada, casa y lugar de encuentro. Sin embargo, su interés no reside únicamente en el formato de apartamento.
Lo verdaderamente contemporáneo de la propuesta de Peter Ibsen podría encontrarse precisamente en aquello que parece menos espectacular: crear las condiciones necesarias para prestar atención.

La posibilidad de convivir con imágenes y objetos que no se agotan en el primer vistazo, que conservan zonas de incertidumbre y que pueden acompañarnos durante años sin convertirse completamente en algo conocido.
Tal vez ahí resida también el criterio esencial que Peter Ibsen ha desarrollado después de más de 25 años coleccionando: buscar obras que no necesitan explicarlo todo para seguir hablando, y espacios capaces de recordarnos que mirar de verdad sigue siendo una de las formas más profundas de atención.
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(*) Fotografías proporcionadas por Peter Ibsen. Portada, fotos verticales 2, 3, 5, 6 y 10 y foto horizontal fija 2 by Nolwenn Pernin; foto slider 1, foto horizontal fija 1, fotos verticales 5, 8 y 11 by Frank Moll; foto slider 2 by Jean Philippe Lagouarde; retrato de Peter Ibsen by Kate Devine.

