Entrevista al ilustrador Jordi Labanda

La trayectoria profesional del gran ilustrador Jordi Labanda es vasta y ha traspasado fronteras: de Barcelona a Nueva York y de lo artístico a lo comercial y viceversa. El punto de inflexión en su carrera vino a través de la revista Wallpaper a finales de los noventa, una colaboración que le proporcionó una visibilidad mundial en un momento en el que no había Internet, y que a su vez le sirvió para posicionarse como un artista que supo catalizar el gusto de una época.

Recientemente ha vuelto a ser noticia por ilustrar el cartel de Rifkin’s Festival, la última película de Woody Allen, que se presenta en el Festival de San Sebastián esta semana. Un proyecto que le ha hecho especialmente feliz, debido a su admiración por la filmografía del director neoyorquino. De esto, de su trabajo, de Formentera, del confinamiento y de mucho más nos habla en esta entrevista. Pasen y lean.

Autodefinición

Me considero una persona sensible y emocional. Soy bastante empático y me gusta escuchar todo lo que me dicen, aunque luego no le hago caso a nadie y hago siempre lo que me apetece. Creo que esto es como una especie de resistencia silenciosa a lo impuesto, a la norma. Siempre he hecho lo que me ha dado la gana.

¿Qué querías ser de pequeño?

No lo sabía muy bien. Realmente no lo tenía muy claro, pero siempre supe que haría algo relacionado con la creatividad.

«Como ilustrador no he ido a ninguna escuela. Soy autodidacta.»

¿Te imaginaste que ibas a dedicarte toda tu vida al arte?

Sí. De hecho, pensar en cualquier otra cosa… no lo veo. No podría dedicarme a otra profesión.

Naciste en Mercedes, Uruguay, pero vives en Barcelona desde los tres años. ¿Sigues manteniendo contacto con tu país natal?

A través de mis padres sí. Ellos mantiene muy vivo el contacto. Yo no suelo ir. Para mí es una gran asignatura pendiente que tarde o temprano acabaré solucionando.

Tus influencias son clásicas, principalmente el glamour y la estética de los cincuenta y sesenta. ¿Qué fue lo que cautivó?

Estas influencias las absorbí de pequeño. Siempre he sido un niño con una sensibilidad estética muy elevada, y al volver a España me chocó mucho llegar a un lugar en blanco y negro, cuando yo venía de una ciudad muy colorista, pop…

La vida de allí era muy en tecnicolor, y lo cierto es que allí había un auge económico. Por ello, me refugié en las revistas que nos trajimos: sobre todo Vogues antiguas. Me quedé atrapado con aquello que viví en mis tres primeros años de vida y a partir de ahí decidí seguir buscando más referencias, tanto en mi infancia como en mi adolescencia.

«Tardé muy poquito en encontrar mi voz. Y eso es básico y lo que te define.»

De hecho ¿podrías decir que hay un reflejo de tu vida personal en tus obras?

No. Mis personajes viven una dolce vita constante jajajaja Pero mi vida no es así y nunca ha sido así, aunque no me importaría que lo fuera jajajaja Siempre he sido muy defensor del hedonismo y del vive y deja vivir. Pero del hedonismo de disfrutar de los placeres de la vida y siempre he defendido que eso no siempre está ligado a la economía. Se trata de ser consciente de los pequeños placeres. Estar presente.

También ten en cuenta que yo eclosioné profesionalmente a finales de los noventa, y eso como contexto es importante tenerlo en cuenta. Sobre todo porque estamos hablando de unos años en los que la estética era súper importante, así como un cierto tipo de vida. Aquello me hizo ser muy aspiracional, aunque en el fondo como ligaba mucho con la movida que yo ya traía de serie de la publicidad, las películas y la moda de los 50 y 60 pues lo cierto es que esos años fueron el vehículo adecuado para que yo me desarrollase como profesional.

Llevas 20 años de carrera como ilustrador, y tu primer trabajo fue en España para la revista Woman. ¿Cómo recuerdas aquella etapa?

¡Muy emocionante! Siempre estuve muy seguro de que acabaría haciendo algo interesante, porque era como un feeling pero sin esa cosa de libro de autoayuda jajaja Yo solamente lo sentía. No se lo decía a nadie, pero estaba  seguro de que algo iba a pasar y eso me hacía estar tranquilo. De todos modos, hay que ponerlo en contexto, ya que en aquella época no habían tantos ilustradores como ahora. Era más fácil hacerse un huequito.

De hecho, te cuento un detalle: cuando yo decía que quería ser ser ilustrador la gente no sabía lo que era. No entendían la palabra. Sabían lo que era un dibujante, pero un ilustrador no. No era una palabra común en el lenguaje en castellano.

Y lo curioso es que tu segundo encargo en territorio español fue la viñeta semanal que empezaste a hacer en 1999 en El Magazine de La Vanguardia, y que hoy en día sigues llevándola a cabo cada domingo. ¿No te parece increíble?

«Mi relación con La Vanguardia es la relación más larga que he tenido en mi vida.»

Estoy feliz de seguir. Lo disfruto mucho. Lo fantástico de esta sección que hago cada semana está viva y late al ritmo de la actualidad. Además me ha permitido crecer y reflexionar sobre los tiempos. Y yo creo que esto de estar al día por mi parte tiene una recompensa para el lector.

Asimismo, el trabajo por que fuiste reconocido internacionalmente fue el que realizaste en la revista Wallpaper. ¿Cómo recuerdas ese momento? ¿te gusta ser el foco de atención o te sientes abrumado por la fama?

Los años de Wallpaper fueron muy intensos y emocionantes. Wallpaper más que una revista fue un rompe hielos donde nadie se había adentrado todavía. Yo te puedo asegurar por ejemplo, que en el año 99 en España, concretamente en Barcelona, decías Mies van der Rohe o Le Corbusier y muy poca gente los conocía. Wallpaper democratizó el arte, el diseño, la arquitectura y la cultura. Lo que hizo tiene un valor incalculable. Ya en los dos miles la gente se puso al día, pero haba unas carencias tremendas y esta revista las llenó. Así todo lo que pasaba en aquel momento era muy emocionante. Además, como yo era el ilustrador estrella de la revista me hacían hacer un tipo de proyectos que en la vida nadie pensó que se le podrían dar a un ilustrador. Así que todo aquello me hizo crecer muchísimo, me abrió de mi mente e hizo lo propio con la del mercado.

Estuve colaborando con ellos durante los años que Tyler Brûlé estuvo al frente. Del 97 al 2002, que fue cuando le despidieron y él montó Monocle, otra historia de éxito.

«La fama no me emociona. Siempre me he sentido bastante incómodo. Lo bueno de mi profesión es que es solitaria y lo que habla de ti es tu trabajo.»

Aún así, en mi caso, he vivido situaciones un poco locas de fama… pero al mismo tiempo piensas: que bueno para la profesión que a un ilustrador le reconozcan, cuando históricamente ha sido un personaje anónimo.

Has trabajado para muchísimas revistas. ¿Hay alguna que se te haya resistido?

Más que resistido, alguna hay con la que no ha surgido todavía la colaboración, pero no lo voy a decir… jajaja Tengo esperanza todavía jajaja

Nos cuesta creer que tus preciosistas e impolutas ilustraciones de colores brillantes estén exclusivamente dibujadas a mano, con pinceles sobre papel. ¿Solo trabajas de forma analógica? ¿Tienes un equipo que se encarga de la parte tecnológica?

Sí. En mi estudio somos tres. Laura es quien lleva la agenda del estudio y coordina proyectos y luego está David es quien digitaliza lo que hago. Yo hago la ilustración mano y la escaneamos. Lo que pasa es que el escáner vuelve loco mi trabajo y cambia los colores, las texturas… Por ello, otra parte de mi trabajo consiste en ponerme al lado de esa persona para conseguir que esa ilustración vuelva a parecerse a lo que yo he pintado a mano.

Trabajo con gouache, que se caracteriza por una carta de color muy empolvada y sofisticada. Y esas tonalidades son muy difíciles de conseguir con un ordenador. Por eso, es importante este trabajo de postproducción.

Esta es mi forma de trabajar, pero también quiero dejar claro que me declaro defensor de cualquier tipo de técnica. Hay gente que trabaja digitalmente y hace cosas maravillosas. Yo soy defensor de que al final lo que importa es el producto final. Yo trabajo así porque lo disfruto y también porque me gusta la limitación que me da la técnica.

¿Sigues algún proceso creativo concreto?

Suele ser siempre el mismo. Trabajo con bocetos a partir de un briefing del cliente. Suelo ser bastante rápido generando ideas, aunque a veces me equivoco. Pero ese chispazo de creatividad me viene hablando con el cliente.

Quizás gran parte del éxito de mi trabajo se debe a que conecto muy bien con las necesidades del público. Llámalo saber escuchar el latido de la época. Es como una intuición.

¿De qué trabajo estás más orgulloso?

Todo el trabajo que hice con Wallpaper o mi página en el magazine de La Vanguardia. Y no es que le tenga cariño a este proyecto, sino que va más allá. Ambas cosas me han hecho muy feliz.

En tu época de boom «Jordi Labanda» estaba en mil soportes. ¿Te afectó negativamente?

Quizás a nivel editorial sí, pero se me abrieron nuevas oportunidades muy importantes. Es cierto que fueron años de una sobreexposición muy grande pero es que la demanda era muy intensa. Y ya sabes que siempre pasa lo mismo, que los primeros que te han descubierto son los primeros que luego cuando tienes éxito reniegan de ti. Pero lo acepto, el espíritu humano es así. Siempre fui consciente de que esta curva pasaría.

«Siempre que hay éxito comercial, el artístico se resiente.»

¿Qué opinas de las redes sociales? ¿son un mal necesario o las disfrutas?

Es un gran tema.

«Las redes sociales me parecen bien para descubrir cosas y conectar, pero por otro lado me parecen un artefacto del diablo.»

Lo digo con el corazón en la mano, Facebook e Instagram son una máquina de generar envidia, que es el sentieminto más feo que puede tener el ser humano. Porque la envidia desencadena una serie de procesos que llevan a lo peor al ser humano.

Considero que utilizar Instagram sin que te provoque Fomo es muy complicado. A todos en un momento u otro nos afecta su uso. Las redes tienen una naturaleza perversa.

De un tiempo a esta parte ha habido un boom de ilustradores. ¿Qué opinas al respecto? Y ¿cuáles son tus ilustradores o artistas que te inspiran de todos los tiempos?

Me encanta el trabajo de David Hockney. Me nutre muchísimo tanto su arte como su visión de la vida. También me gustan mucho René Bouché, porque sus ilustraciones etéreas y mundanas de trazo ligero y elegante me transportan a un pasado en el que la moda reinaba y era entendida de una manera más intelectual que ahora. Sus mujeres son un prodigio de estilo; Mary Petty, porque en sus ilustraciones veo ironía y modernidad. Sus personajes femeninos son mujeres que tratan de encontrar su lugar en la jungla moderna utilizando el sentido del humor como machete.

«René Gruau ha sido sin duda mi mayor influencia. Su visión solar de la vida, su sentido del color y la composición y su hedonismo han moldeado mi personalidad.»

El perfil negro con el que remata sus personajes me parece el epítome de toda una época. Cuando veo una ilustración de moda hecha por Gruau no veo el retrato de un vestido, veo el retrato de una mujer.

Estuviste un tiempo viviendo en Nueva York, ¿cómo te trató la ciudad?

Estuve en Nueva York 4 años. La amo y la considero mi segunda casa, pero al mismo tiempo me gusta estar alejada de ella. Cuando estás allí entras en unas dinámicas sociales y personales que no son normales. Tu consumismo se dispara sin que te des cuenta, tienes muchas necesidades, hablas mucho de dinero, te comparas y te comparan y te obligan a competir… y te vuelves más envidioso. Y a mí eso me da mucha pereza. Es como estar sometido a un examen constante, en plan: ¿qué estás haciendo ahora?. Así que estar alejado de esa órbita insana me gusta y me parece muy saludable. Allí no se vive, se sobrevive.

«Nueva York me trató muy bien, pero me alegro mucho de haberme ido.»

Y ahora la pregunta cumbre: ¿Qué sentiste el pasado mes de mayo, en pleno confinamiento, cuando te dijeron que te habían seleccionado para diseñar el cartel de la nueva película de Woody Allen?

¡Fue increíble! Yo lo considero uno de los pináculos de mi carrera. Así que imagínate, fue muy bonito. Es como cuando recibes un mail y lo lees en diagonal y tardas unos segundos en darte cuenta de la magnitud… La verdad es que contesté enseguida. Hablé con la gente de Mediapro y me dijeron que ya estaba todo el pescado vendido.

«Woody Allen ya conocía mi trabajo y fue quien decidió que yo ilustrase el cartel. Así que solo tenía que decir sí o no. No me lo podía creer.»

Para mí Woody Allen es Dios, pero como vivimos en un mundo esquizofrénico, en el que por tu supervivencia tienes que medir tus pasos, sobre todo por todo lo que ha pasado con él. Así que sí que me lo pensé. De hecho, lo consulté con una muy buena amiga de Nueva York que es como un oráculo para mí. Y aunque ella me recomendó no hacerlo, yo, que como te decía no hago caso a nadie, decidí hacerlo. Yo soy del equipo Woody Allen. Yo creo en él. Ya estaba informado, pero ahora lo estoy mucho más.

¿Has trabajado directamente con él las propuestas? ¿qué tal ha sido esta experiencia?

Él lo decide todo y Mediapro es solo un intermediario. Pero no hablé directamente con él sino con Helen Robin, su productora ejecutiva (su sobrina), que es el brazo derecho de Woody y que además vive en el mismo edificio que él.

Le presenté un boceto con dos fondos y me dio el ok al cabo de 2 horas.

Nos consta que tu primera incursión en el cine fue en 2000, cuando elaboraste el póster para España de la película británica Gente con clase, protagonizada por Julie Andrews. La cinta recaudó más aquí que en cualquier otro país y el cartel sirvió de ejemplo para que Allen, que ya conocía tus colaboraciones en publicaciones como The New York Times, Vogue USA o Harper’s Bazaar, se decidiera por ti. Más tarde, en 2013, llevaste la dirección de arte del corto American Autumn, de Albert Moya. ¿Te gustaría hacer más incursiones en el mundo del celuloide?

La verdad es que no me lo he planteado, tendiendo en cuenta como está el mercado en este sentido.

Estamos viviendo unos tiempos convulsos y llenos de incertidumbre. ¿Cómo lo estás viviendo tú? ¿algún consejo?

Cuando empezó el confinamiento en marzo, el primer fin de semana me dieron noticias malas a nivel profesional y la gente se volvió muy loca. Y decidí que no me iba a afectar y de alguna manera me autohipnoticé y siendo consciente de lo que me pasaba me esforcé en tener una vibración buena. Y a día de hoy realmente sigo con la misma filosofía de «conducir con las luces cortas», porque el futuro es impredecible. Soy bastante optimista por naturaleza.

Para mí, la parte buena del confinamiento aunque han habido muchas malas es que nos ha obligado a ponernos frente al espejo. Estábamos viviendo una aceleración del tiempo tan demencial que no nos habíamos planteado parar… Y lo que ha pasado, al menos a mí, es que me ha hecho no pensar en el futuro ni en las largas distancias.

«He optado por vivir el día a día lo más plenamente y mirarlo todo de reojo. Y sobre todo no caer en la vibración del miedo, que es lo peor que nos puede pasar.»

Sabemos que otra de tus aficiones artísticas es escribir. ¿Qué papel ocupa en tu vida? ¿tienes previsto escribir un libro?

Ahora ocupa una parte pequeña, aunque me gusta muchísimo escribir. Escribo relatos cortos. Es algo que me enriquece muchísimo y me lo paso muy bien. Pero me he dado cuenta que es una actividad a tiempo completo. Porque ser «escritor dominguero» es un poco rollo jajaja Lo que llevo haciendo desde hace unos años es estar matriculado en una escuela de escritura creativa de Barcelona, donde voy empalmando cursos y la verdad es que me va muy bien porque me obliga a escribir.

Por el momento, no tengo previsto publicar ningún libro. Pero lo que tengo claro es que no sería ilustrado. Para mí son dos cosas diferentes. Además, también le tengo mucho respeto a escribir.

Formentera es tu paraíso cuando buscas paz y relax, y de hecho ahora mismo estás allí. ¿Qué significa para ti esta isla?

Llevo yendo 22 años. Allí disfruto de los placeres básicos y puedo aburrirme, un valor que defiendo muchísimo.

«Ir a Formentera me sirve para vaciarme y volverme a llenar.»

Te hemos escuchado muchas veces abogar por viajar como fórmula perfecta para aprender, nutrirse y obtener inspiración. ¿Algún destino que nos recomiendes especialmente?

En realidad cualquier sitio es inspirador, pero soy muy defensor de México, que tiene tantos matices y una carga histórica y estética tan fuerte. Cuando estás allí sientes unas sensaciones muy especiales. Italia también sería otro destino, sobre todo Florencia que es impresionante. No hay que dejar de ir a Italia jajajaja

Un libro, una película/serie y una canción que le gusten especialmente.

Un libro: «Nueve Cuentos» de J.D. Salinger.

Una película: «Giulietta de los espíritus» de Fellini.

Una canción: «Despertar en Primavera» de Franco Battiato.

Proyectos de futuro

Cuando vuelva, seguiré trabajando en un proyecto pequeño de magnitud que es muy bonito. Es un libro pop-up para una editorial española, Lupita Books, sobre la historia de la alta costura.

Un sueño

Seguir trabajando.

(*) Ilustraciones by Jordi Labanda.


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Comentarios

Horacio Rosas
21.09.2020

Desde Hey Day mi admiración por el trabajo de este maravilloso ilustrador; leerlo en redes sociales, en sus aportaciones semanales, en sus entrevistas en las que permite confirmar su enorme sensibilidad y cuidado por los detalles; es muy gratificante ver que es reconocido con proyectos como este. Enhorabuena!

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Lidia Blánquez
22.09.2020

Muchísimas felicidades al gran maestro de la ilustración pasada, presente y futura. Nos hizo soñar a unas generaciones proyectadas a grandes ilusiones. Identificarse y trasladarse dentro del marco de su obra maestra es un gran regalo para nuestro mundo, cuyas mentes necesitan mantenerse vivas y proyectadas a la posibilidad. Siempre nos hizo sentir la belleza, la sensibilidad y el arte de la vida en movimiento. Precursor de la provocación de la elegancia en un sinfín de oportunidades en nuestro día a día disparando una fuerza femenina poderosa e invocando lo más sagrado en una exquisita y fina línea de un mundo aparentemente superficial. Para mi fuente de feminidad y con ella fuerza sin fin.
De nuevo tu majestuosidad atrapada en los detalles refinados hacen que perpetues lo sutil eternamente.
Muchísimas felicidades por el reconocimiento a nivel mundial que te mereces. Se te sigue necesitando pues nos recuerdas cada día en momento actual quienes somos y hay que tenerlo presente para poder continuar nuestra evolución. Agradecida profundamente. Muchísimas gracias por ser ahora y siempre. Forever Jordi Labanda.

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