Future Days 2026: construir el futuro desde el presente

Este año, CC/magazine fue media partner de la edición de Future Days en Copenhague, un encuentro que reunió a diseñadores, arquitectos, investigadores, estrategas, artistas y pensadores de todo el mundo para abordar una pregunta que atraviesa nuestro tiempo: ¿cómo construimos futuros más deseables en un presente marcado por la incertidumbre? Estas son las grandes ideas que dejó un festival que, más que hablar del futuro, invitó a empezar a hacerlo realidad.

Durante años, hablar del futuro se convirtió en una disciplina en sí misma. Escenarios posibles, tendencias, predicciones, metodologías y ejercicios de especulación ocuparon un lugar central en las conversaciones sobre diseño, innovación y estrategia. Pero algo está cambiando.

La tercera edición de Future Days, celebrada por primera vez en el emblemático Royal Danish Playhouse de Copenhague coincidiendo con 3daysofdesign y bajo el lema Currents of Tomorrow, reunió a algunas de las voces más influyentes del panorama internacional en los ámbitos de la creatividad, el diseño de sistemas y la prospectiva.

El encuentro, ya consolidado como una de las citas de referencia para explorar los grandes desafíos del mañana, dejó claro que la conversación sobre el futuro está evolucionando. Este ya no se entiende como un territorio lejano que conviene anticipar, sino como un proceso que comienza con las decisiones que tomamos hoy. Frente a la fascinación por imaginar escenarios cada vez más sofisticados, emerge una actitud mucho más práctica: experimentar, construir, intervenir y asumir que el cambio no pertenece al mañana, sino que empieza en el presente.

Como media partner del festival, en CC/magazine tuvimos la oportunidad de seguir de cerca tres jornadas de conversaciones que reunieron voces procedentes del diseño, la arquitectura, la investigación, la filosofía, la tecnología y las ciencias sociales. Más que ofrecer respuestas definitivas, Future Days propuso nuevas preguntas. Y quizá ese sea su mayor valor.

Porque si hubo una conclusión compartida entre ponentes y asistentes fue esta: el futuro no necesita más predicciones. Necesita más personas dispuestas a construirlo.

Del Future Thinking al Future Making

Durante mucho tiempo, disciplinas como el Service Design, el Design Research, el UX o el Design Strategy encontraron en el Design Thinking un lenguaje común. Más tarde llegaron el Strategic Foresight, el Systems Thinking o el Futures Thinking, ampliando la manera de comprender sistemas cada vez más complejos.

Sin embargo, en Future Days dio la impresión de que esas fronteras empiezan a diluirse. Sobre todo, porque ya no se trata tanto de decidir bajo qué etiqueta trabaja cada profesional como de asumir que todas esas disciplinas forman parte de una práctica híbrida que todavía está evolucionando.

Los organizadores del festival, Uri Casademont y Meri Sahade lo resumían así:

“Trabajar con la incertidumbre ya no consiste en encontrar respuestas definitivas, sino en formular preguntas más pertinentes. La incertidumbre ha dejado de verse como un problema que resolver para convertirse en el síntoma natural de una disciplina que todavía se está construyendo.”

Lejos de interpretarse como una debilidad, esa falta de definiciones cerradas fue entendida como una señal de madurez. La comunidad reunida en Copenhague parecía compartir algo mucho más importante que un vocabulario común: una manera similar de observar el mundo.

En lugar de perseguir certezas, la conversación giró alrededor de la capacidad de navegar la complejidad, conectar disciplinas aparentemente alejadas y aceptar que muchos de los desafíos contemporáneos no admiten soluciones simples.

Quizá el cambio más significativo sea precisamente ese: el diseño deja de buscar respuestas universales para empezar a formular mejores preguntas.

El futuro se entiende como un proceso que comienza en las decisiones que tomamos hoy.

Pensar ya no basta: llega el momento de construir

Si existe una idea que atravesó prácticamente todas las conversaciones del festival fue el paso del pensamiento a la acción.

Durante años, imaginar futuros posibles ocupó un lugar central dentro del diseño estratégico. Hoy, sin embargo, el contexto ha cambiado. La emergencia climática, la transformación tecnológica, la polarización social o la incertidumbre geopolítica exigen actuar sobre problemas que ya forman parte del presente.

Por eso, en Future Days 2026 aparecieron con fuerza nuevos verbos: hacer, prototipar, construir, experimentar.

No es casualidad que muchos estudios de diseño estén ampliando su campo de actuación hacia el venture building, la creación de proyectos propios o la experimentación material. El diseño deja de limitarse a analizar problemas para convertirse en una herramienta capaz de poner a prueba soluciones reales.

Uno de los ejemplos más inspiradores fue The Pluriversity, desarrollado por Studio Saol, una propuesta que imagina una nueva forma de educación profundamente vinculada al territorio y a la regeneración ecológica. Más que un ejercicio especulativo, el proyecto funciona como un prototipo abierto que explora cómo esas ideas pueden materializarse.

También los artefactos desarrollados por Bas van de Poel (Modem) apuntaban en esa dirección: objetos concebidos no como productos acabados, sino como herramientas para pensar, debatir y experimentar colectivamente.

La diferencia puede parecer sutil, pero cambia por completo la manera de entender el diseño.

El diseño deja de limitarse a analizar problemas para convertirse en una herramienta capaz de poner a prueba soluciones reales.

Durante décadas, el prototipo servía para explicar una idea, pero ahora empieza a convertirse en el lugar donde esa idea se pone realmente a prueba.

Como explicaban los organizadores de Future Days, el presente reclama algo más que escenarios imaginados desde la distancia:

“Ya no basta con imaginar futuros posibles. Necesitamos intervenir en la realidad, experimentar y construir desde el ahora.”

Más que abandonar el pensamiento estratégico, el festival propuso completarlo. Imaginar sigue siendo imprescindible, pero imaginar sin construir empieza a resultar insuficiente. De ahí que esta esté considerada como una de las transformaciones más profundas que está viviendo hoy el diseño contemporáneo.

El cambio suele comenzar en las relaciones que somos capaces de construir con quienes tenemos más cerca.

¿De verdad necesitamos otra silla?

Hubo una frase que resumió el espíritu de Future Days 2026 mucho mejor que cualquier keynote.

Durante una conversación informal en uno de los eventos de 3 Days of Design, una diseñadora de mobiliario se acercó a uno de los asistentes y, casi sin preámbulos, le dijo:

“No necesitamos más malditas sillas. Voy a desmontar mi propia empresa.”

Más allá de la provocación, aquella reflexión condensaba una inquietud que apareció una y otra vez a lo largo del festival. Cada vez son más los diseñadores que no solo cuestionan cómo trabajan, sino también por qué lo hacen.

Durante décadas, el éxito del diseño se ha medido, en gran parte, por su capacidad para crear nuevos productos, abrir mercados o responder a las demandas de la industria. Sin embargo, en un contexto marcado por la crisis climática, la escasez de recursos y una creciente conciencia social, esa lógica empieza a quedarse pequeña.

La pregunta ya no es únicamente qué somos capaces de diseñar, sino si realmente necesitamos diseñarlo.

Los organizadores de Future Days definen este cambio como diseño intencional. No se trata de una nueva metodología ni de una corriente estética, sino de una manera distinta de entender la profesión. Una práctica que no separa el diseño de los valores de quien lo ejerce y que obliga a hacerse preguntas incómodas: ¿para quién diseñamos?, ¿desde dónde lo hacemos? y, sobre todo, ¿qué impacto real tendrá nuestro trabajo?

Una de las intervenciones que mejor ilustró esta idea fue la de Imandeep Kaur, fundadora de Civic Square, en Birmingham. Lejos de proponer grandes soluciones globales, defendió la necesidad de recuperar la capacidad de actuar desde lo cotidiano. Frente a problemas que a menudo parecen inabarcables, recordó que el cambio suele comenzar en los barrios, en las comunidades y en las relaciones que somos capaces de construir con quienes tenemos más cerca.

Su intervención fue, probablemente, una de las que más conectó con el público porque devolvía el diseño a un terreno mucho más tangible: el de las personas.

El futuro también se construye con las manos

En un momento en el que la inteligencia artificial ocupa casi cualquier conversación sobre creatividad, Future Days puso el foco en algo aparentemente mucho más sencillo: el valor de trabajar con las manos.

No fue un rechazo a la IA, ni mucho menos. La sensación era otra. La inteligencia artificial empieza a ocupar el lugar que probablemente le corresponde: el de una herramienta extraordinariamente poderosa, pero no el de la protagonista absoluta del proceso creativo.

Al mismo tiempo que automatizamos cada vez más tareas, aumenta el interés por aquello que solo puede surgir del contacto directo con los materiales, los oficios y las personas.

En este contexto, el craft deja de entenderse como un gesto de nostalgia para convertirse en una forma de investigación. Trabajar con las manos no significa mirar hacia atrás, sino recuperar una manera distinta de observar, experimentar y aprender. Una práctica que obliga a ralentizar los procesos, aceptar el error y descubrir conocimientos que difícilmente aparecen frente a una pantalla.

Uno de los momentos que mejor ejemplificó esta idea fue el laboratorio de Noun, donde los participantes crearon Darumas, los tradicionales amuletos japoneses asociados a la perseverancia. Cada uno escribió en ellos un compromiso personal, transformando una reflexión colectiva en un acto concreto.

Fue un gesto pequeño, casi íntimo, pero encerró una idea de enorme calado: los cambios profundos rara vez comienzan con grandes declaraciones, sino que suelen empezar con acciones modestas que somos capaces de sostener en el tiempo.

El optimismo de proximidad

Durante años hemos asociado el futuro a grandes transformaciones tecnológicas, escenarios globales y soluciones capaces de cambiar el mundo entero. Pero Future Days 2026 dibujó un horizonte muy diferente.

Las propuestas que más resonaron durante el festival tenían algo en común: todas nacieron de un contexto concreto. Del río Shannon, en Irlanda, en el caso de The Pluriversity; de los barrios de Birmingham en el trabajo de Imandeep Kaur; de la tradición artesanal japonesa en el laboratorio de Noun; o de la experiencia danesa en las reflexiones de Christian Bason. Ninguna pretendió ofrecer una receta universal, ya que todas partieron de un lugar, una comunidad y un problema real.

Trabajar con las manos no significa mirar hacia atrás, sino recuperar una manera distinta de observar, experimentar y aprender.

Esa mirada también quedó reflejada en el propio concepto de Currents of Tomorrow, el hilo conductor de esta edición. Igual que las corrientes marinas, los grandes desafíos de nuestro tiempo no avanzan de forma aislada: economía, tecnología, cultura, naturaleza y sociedad se influyen mutuamente. Comprender esas conexiones resulta mucho más útil que buscar soluciones únicas o sistemas perfectos.

Como explicaban los organizadores del festival:

“Los sistemas perfectos no existen. Vivimos en una realidad cambiante y ningún sistema puede considerarse terminado. El reto consiste en construir sistemas capaces de aprender y evolucionar con el cambio.”

Lejos de generar una sensación de incertidumbre paralizante, esa idea transmitió una forma de optimismo mucho más realista. Un optimismo que no nace de las promesas grandilocuentes ni de la expectativa de que alguien resolverá los grandes problemas del planeta, sino de la convicción de que el cambio empieza siempre en una escala humana.

Ese fue, probablemente, el aprendizaje más valioso que dejó Future Days 2026. El futuro no se construye únicamente desde grandes visiones estratégicas o tecnologías disruptivas. También toma forma en el territorio que habitamos, en las comunidades de las que formamos parte y en las decisiones que somos capaces de sostener día tras día. Porque construir el futuro nunca ha consistido en adivinar qué ocurrirá mañana. Consiste, sobre todo, en decidir qué empezamos a hacer hoy.

Imaginar sigue siendo imprescindible, pero imaginar sin construir empieza a resultar insuficiente.

Actualmente, el festival cuenta con el apoyo de H&M (Innovation & Exploration), PwC Japan (Future Design Lab) y el Copenhagen Institute for Futures Studies. Además, a lo largo de su trayectoria ha colaborado con más de 30 organizaciones, entre ellas el United Nations Futures Laboratory y el European Commission Policy Lab.

(*) Fotos by Dani Bains proporcionadas por el equipo de Future Days.

BACK
BACK TO TOP