Antoni Arola: La arquitectura invisible de la luz
Hablar de Antoni Arola es adentrarse en una de las investigaciones más coherentes y profundas sobre la luz en el panorama contemporáneo del diseño y el arte. Diseñador, artista, investigador y docente, Arola ha construido durante más de tres décadas una obra que trasciende el objeto para situarse en un territorio mucho más sutil: el de la percepción, la atmósfera y la experiencia íntima.


Desde su estudio en Barcelona —un espacio casi ritual, poblado de esculturas, dibujos, referencias ancestrales y maquetas lumínicas— Antoni Arola ha consolidado una trayectoria que dialoga con la industria y con el arte en igual medida. Ha colaborado con firmas como Santa & Cole, desarrollado proyectos urbanos y expositivos en distintas ciudades del mundo y participado en festivales como Llum BCN, donde recientemente presentó una intervención que amplió su lenguaje hacia nuevas capas audiovisuales.
Pero antes de todo eso hubo un joven nacido en Tarragona en 1960 que decidió trasladarse a Barcelona para formarse en la escuela Eina. Allí comenzó a trazar una línea que, con el tiempo, se convertiría en una investigación radicalmente personal sobre la luz como materia inmaterial.
Su recorrido profesional lo llevó a colaborar con estudios como el de Alberto Lievore y Jorge Pensi y más tarde con Associate Designers, una auténtica factoría de diseño donde trabajó en proyectos tan diversos como ciclomotores, trenes o grandes stands tecnológicos. Aquella etapa le dio rigor técnico y capacidad de adaptación. Sin embargo, el giro definitivo llegó en 1994, cuando decidió fundar su propio estudio en uno de los momentos más complejos para emprender en el ámbito del diseño.

Fue entonces cuando comenzó a emerger con mayor claridad su universo más íntimo: una fascinación por las culturas ancestrales —africanas, japonesas— por la arquitectura de tierra, por el simbolismo primigenio. De esa mirada nacerían proyectos tan personales como su colección de alfombras para Nani Marquina o, más adelante, la icónica lámpara Nimba, un aro de luz que se convertiría en una pieza clave dentro del catálogo de Santa & Cole.
Sin embargo, reducir a Antoni Arola a un diseñador de luminarias sería un error. Su trabajo no se centra en la lámpara como objeto, sino en la luz como fenómeno. Su investigación artística gravita alrededor de un elemento esencial e inmaterial: la luz en su ausencia y en su presencia, natural o artificial. A través del diálogo entre luz y espacio, busca activar la percepción del espectador, invitarlo a sumergirse en un mundo intangible, poético y abierto a múltiples interpretaciones.
Su método es el juego. Su máxima, la reducción. Más allá de la luz y el espacio, el color es otra de sus constantes. Su búsqueda de la belleza es intuitiva, permeable al azar e inspirada en culturas ancestrales, códigos digitales y encuentros fortuitos. Todo ello conforma una práctica que oscila entre lo técnico y lo espiritual, entre la precisión industrial y la contemplación casi mística.
Con motivo de su reciente participación en Llum BCN —festival que ya celebró su última edición y donde Arola exploró nuevas capas narrativas incorporando imágenes de vídeo a gran escala— conversamos con él sobre su relación con la luz, el silencio, la docencia y el futuro de su trabajo.
¿Cómo nació tu relación con la luz? ¿Qué te atrajo de ella como lenguaje y como materia creativa?
La luz, desde mi punto de vista, es la «materia» más sublime, sutil, etérea, intangible, mágica, espiritual y un largo etcétera… La luz es el espíritu de la materia. La luz es la vida.
Creo que fue un reconocimiento mutuo, sin quererlo, sin previo aviso, fui encontrando en ella una aliada perfecta para expresarme: una aliada infinita y mágica.
“Sin quererlo, sin previo aviso, fui encontrando en la luz una aliada perfecta para expresarme: una aliada infinita y mágica.”

A lo largo de tu trayectoria, has trabajado desde lo industrial hasta lo más experimental y sensorial. ¿Cómo definirías hoy tu forma de crear?
Es una pregunta tan interesante como difícil de contestar. Mi forma de crear, diría que tiene que ver con la intuición, con las asociaciones de ideas y con una especie de contraste de cotejo con lo íntimo, que tiene que ver con lo universal, me gusta llamarlo «arquetipos». Lo que hago tiene que conectar con estos arquetipos.
Diría que mi forma de crear no ha cambiado mucho en esencia, si ha cambiado en forma, con los años he ido adquiriendo una conexión más rápida con mis intuiciones, llego antes a la síntesis, quizás es una ventaja de la edad, jejeje…
¿Qué importancia tienen el silencio, el tiempo y la observación en tu proceso creativo?
Mucha, toda, quizás lo ordenaría distinto: seguramente el origen es la observación, es el germen. Después el tiempo, los gérmenes tienen que desarrollarse, madurar. Para esta maduración, el silencio es fundamental, la maduración con ruido se distorsiona y se olvida del germen. ¡Parece que estamos hablando de vino!
En tu obra, la luz parece no solo iluminar, sino también invocar: atmósferas, emociones, memorias. ¿Qué buscas provocar en quien experimenta tus piezas?
¡Cada vez me gustan más las preguntas…!
Busco distintas cosas: por un lado, más que provoquen que nos acompañen; por el otro, que los observadores se puedan identificar en ella (como quien lee un buen libro) y, finalmente, que haga sentir cómodas a sus almas: si un alma está cómoda, sencillamente está feliz, está más cerca de su conciencia.
“Mi forma de crear, diría que tiene que ver con la intuición, con las asociaciones de ideas y con una especie de contraste de cotejo con lo íntimo.”
Participaste este año en una nueva edición del Festival Llum BCN. ¿Qué representó para ti ese contexto y qué aportó tu intervención?
Disfruto mucho con la escala urbana, es muy muy distinta a los interiores. Quizás no haya tanto control de la luz – hay muchos más factores – y es otra forma de trabajar, tiene más que ver con el circular, que con el estar.
En este caso del Llum BCN de este año he introducido un nuevo juego, no es sólo la luz, en sí, lo que trabajo, aquí aparecen unas imágenes de video (gigantes) que interpelan al espectador, es otra capa de creación. Muy interesante. Espero que abra una forma de hacer distinta que hacía tiempo que estaba queriendo aparecer.

¿Cómo encuentras el equilibrio entre lo técnico y lo poético, entre la funcionalidad del diseño y su dimensión artística?
Todo es «artístico», todo tiene que ser poético… simplemente, en el diseño tiene una capa más: tiene que ser mínimamente funcional; aunque en mi caso la mayoría de mis diseños son más atmosféricos y espirituales que «funcionales».

Has desarrollado una labor docente constante en instituciones como la UPC, la UOC o la ESDAPC. ¿Qué lugar ocupa la enseñanza en tu vida profesional? ¿Qué aprendes del contacto con las nuevas generaciones?
Es difícil dar clases y muy intenso. Estoy reduciendo esta labor tal como la entendemos. Mi verdadera escuela es mi estudio, aquí las personas se forman, ¡es un trabajo de años!
Ahora estoy planteando una nueva manera de poder compartir mis experiencias, voy a intentar hacerlo en el estudio. De hecho, ya hay un máster que se desarrolla en el estudio.
¿Cuáles son hoy tus principales fuentes de inspiración? ¿Hay temas, disciplinas o lugares que estén especialmente presentes en tu imaginario actual?
Mi imaginario no tiene edad ni tiempo, es redondo. Sí, claro que hay disciplinas más cercanas, pero en general, todo lo que tenga que ver con la creatividad y su forma de expresarse me interesa.
Aquí además de las artes «tradicionales» podríamos incluir otras disciplinas como las científicas, las filosóficas o las psicológicas, entre muchos más intereses. También los viajes.

“Mi imaginario no tiene edad ni tiempo, es redondo.”
A lo largo de los años has sido reconocido con premios como el Premio Nacional de Diseño, el T Design Award o el Iplus, entre otros. ¿Qué papel tienen para ti estos reconocimientos?
Los premios son importantes cuando eres joven, te ayudan a confiar más en ti. Creo que premiar a veteranos, además de obvio, es un poco absurdo… a los veteranos hay que, en todo caso, escucharlos, acompañarlos, tenerlos presentes.
¿Qué estás explorando o cuestionando actualmente en tu trabajo? ¿En qué proyectos estás inmerso ahora mismo?
Siempre hay cosas nuevas que revolotean, pero hay un capítulo nuevo que se pone muy interesante: jugar con la luz natural, ¡la luz del sol!

¿Hay alguna colaboración o proyecto futuro que te ilusione especialmente y que puedas compartir?
Estamos empezando una colaboración con el restaurante Disfrutar… ¡queremos iluminar la «mejor» mesa del mundo!!!
“Hay un capítulo nuevo que se pone muy interesante: jugar con la luz natural, ¡la luz del sol!”
Por último, si tuvieras que condensar el sentido de tu trabajo en una sola frase o idea, ¿cuál sería?
¡Desvelar la luz!
Más allá de la lámpara: una ética de la luz
La conversación con Antoni Arola revela algo más profundo que un método creativo. Revela una ética. Una forma de entender el diseño como ejercicio de conciencia. Para él, la luz no es un recurso escenográfico ni un simple instrumento técnico: es un vehículo para conectar con lo esencial.
Su interés por las culturas ancestrales no es anecdótico. En ellas encuentra una síntesis simbólica que hoy parece perdida: la capacidad de reducir el mundo a signos primarios —el círculo, el aro, la sombra— que contienen significados universales. La lámpara Nimba, por ejemplo, no es solo un desarrollo tecnológico complejo basado en el sistema Agabekov; es también un gesto arquetípico: un aro suspendido, un halo que remite tanto a candelabros medievales como a símbolos sagrados.
En un contexto donde la iluminación tiende a la espectacularización o al exceso de estímulos, la obra de Arola propone otra vía: la de la atmósfera. Sus piezas no imponen; acompañan. No saturan; sugieren. Generan un estado.
Su reciente intervención en Llum BCN confirmó esta evolución. Al incorporar vídeo a gran escala, abrió una nueva capa narrativa en su trabajo, ampliando el diálogo entre luz e imagen sin renunciar a su esencia. Fue un paso significativo en una trayectoria que sigue en constante transformación.
“La mayoría de mis diseños son más atmosféricos y espirituales que funcionales.”

Hoy, Antoni Arola explora la luz natural, la luz del sol, como nuevo capítulo de su investigación. Un giro que no supone ruptura, sino continuidad lógica: volver al origen, a la fuente primaria, a esa materia intangible que define su práctica desde el principio.
En un tiempo donde el diseño parece debatirse entre la hiperproducción y la obsolescencia programada, Arola nos recuerda que lo verdaderamente contemporáneo es lo esencial. Que la innovación no siempre consiste en añadir capas, sino en quitar. Que la luz —cuando se comprende— no solo ilumina espacios, sino conciencias.
Desvelar la luz es, en última instancia, desvelar la mirada. Y en ese gesto, Antoni Arola sigue siendo una de las voces más lúcidas y necesarias del diseño y el arte contemporáneo.
Os recomendamos que sigáis sus proyectos a través de su cuenta de instagram.
(*) Foto portada by Eva Carasol; foto horizontal fija 1 y foto slider 1: Jara Varela; foto horizontal fija 2: Josep Vila Capdevila; foto slider 2: Héctor Milla; foto slider 3: Leo García Mendez; foto slider 4: Iris Humm; foto slider 5: Pol Aregall; foto vertical 3: Masaaki Inoue; foto vertical 4 y 5: Antoni Arola Studio; foto vertical 2: Carlos Pericás; foto vertical 1 y foto vertical 7: Enric Badrinas; foto vertical 6: G Perret.




