The French Dispatch: la nueva joya by Wes Anderson

Ayer fuimos a ver la nueva joya cinematográfica del gran director estadounidense Wes Anderson. Y es que The French Dispatch (The French Dispatch of the Liberty Kansas Evening Sun) es una delicia para los sentidos, donde como no podría ser de otra manera su admirada y reconocible estética retro, caracterizada por sus colores, su simetría impoluta y sus mil y un detalles, así como sus historias y personajes, vuelven a enamorarnos.

Wes Anderson at his best

El despliegue creativo y narrativo de The French Dispatch es soberbio. Una eclosión de creatividad exultaste, que ya os adelantamos que volveremos a disfrutar, ya que esta peli es para saborearla varias veces para poder disfrutar de todos sus matices.

En The French Dispatch se multiplican los recursos artísticos, y junto a la música de Alexandre Desplat, la fotografía de Robert D. Yeoman, y la presencia de un reparto espectacular, lo convierten en un film exquisito.

Cuatro historias protagonizadas por un elenco de actores impresionante

The French Dispatch es un compendio de relatos que implican a una revista estadounidense de amplia difusión cuya sede se encuentra en la ciudad francesa de Ennui-sur-Blasé, a sus periodistas y a los protagonistas de estas curiosas historias tragicómicas llenas de reflexiones interesantísimas.

Cuatro divertidas historias repletas de aventuras, romances, crímenes y moralejas, con el sello inconfundible del ingenioso Wes Anderson.

Tras el fallecimiento del editor nacido en Kansas, Arthur Howitzer, Jr., el personal de The French Dispatch se reúne para escribir su obituario. Los recuerdos de Howitzer fluyen en cuatro historias, a cual más rocambolesca y cautivadora: desde «El tour de Sazerac por Ennui-sur-Blasé», un diario de viajes por las zonas más sórdidas de la ciudad misma del Cycling Reporter; «La Obra Maestra de Cemento» de Berenson, que descubre el marchante Julian Cadazio; «Revisiones de un Manifiesto» de Krementz, un relato de primera mano de los agravios y las pasiones, políticas y sexuales, que impulsan a los jóvenes de Ennui a ir a la guerra; y «El comedor privado del comisario de policía» de Roebuck-Wright.

Algunos de ellas están interpretadas por el fantástico Benicio del Toro, que da vida a un pintor criminal y loco Moses Rosenthaler, que se encuentra en prisión, y quien es descubierto por el marchante Julian Cadazio (Adrien Brody) quien especula con sus obras hasta sus últimas consecuencias. Junto a ellos está la musa de Moses, una de las guardianas del lugar, que da vida la imbatible Léa Seydoux; otra de las historias está protagonizada por Timothée Chalamet? aka el soñador Zeffirelli, quien se convierte en uno de los héroes de Krementz, acompañado de la carismática Frances McDormand, que vuelve a estar deliciosa como es habitual; y la última de estas 4 historias narra las aventuras y desventuras del legendario chef Nescaffier, que está al servicio del commissaire de Ennui-sur-Blasé (Mathieu Amalric), cuyo hijo (Winsen Ait Hellal) es secuestrado por un grupo de matones liderado por Edward Norton, y quien amenaza con matarlo a menos que los sindicatos locales del crimen arresten al contable (Willem Dafoe) que acaba de salir de prisión…

Además, también figuran otros grandiosos actores, amigos del director y cuya presencia es ya habitual en todas sus películas como Jeffrey Wright, Tilda Swinton, Owen Wilson, Bill MurraySaoirse Ronan, Willem Dafoe, Elisabeth Moss, Christoph Waltz y Jason Schwartzman, entre otros.

Una perla cinematográfica repleta de homenajes y referencias

Cuando os enfrentéis a The French Dispatch casi no podréis ni parpadear. Hay tantos detalles y tanta pirotecnia audiovisual que incluso podrá abrumaros. Se nota que Wes está pletórico, porque ha logrado una filigrana cinematográfica donde todo, absolutamente todo cuenta y embelesa: desde las referencias culturales como la más evidente: la revista The New Yorker, que además colecciona; el propio montaje; la banda sonora original, la cual ha sido compuesta por el oscarizado compositor francés Alexandre Desplat, y también cuenta con otras canciones interpretadas o creadas por Grace Jones, Jarvis Cocker, Charles Aznavour o Ennio Morricone, entre otros; los diálogos repletos de frases brillantes para el recuerdo; sus planos simétricos repletos de belleza, significado y, de nuevo, múltiples peculiaridades; el ritmo frenético de la misma, donde se suceden múltiples situaciones y todo se transforma en cuestión de décimas de segundo; hasta las escenas de animación, un elemento rupturista y novedoso en su filmografía que aporta ritmo y derrocha excelencia.

The French Dispatch es una carta de amor a los periodistas y un regalo de Wes al mundo.

Ya en cines.


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