Resiliencia: el arte de aprender a joderse…

Resiliencia es un término que procede de la física y que hace referencia a la capacidad de resistencia a la presión, a la tensión y al impacto que presentan algunos materiales y muy especialmente a la capacidad de recuperación de su estructura original siempre que se fuerce a ello. Sin embargo, la psicología ha adoptado este mismo vocablo para denominar, tal y como indica la RAE, «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». En pocas palabras: la capacidad de joderse sin morir en el intento.

José Antonio Marina, filósofo, ensayista, pedagogo y, entre otras cosas, Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, fue quien puso este concepto de moda, y añade que:

“Esta capacidad de reponerse con rapidez de los traumas y de soportar situaciones duras sin derrumbarse tiene un componente genético importante.”

A pesar de que es el resultado de un proceso interactivo entre la persona, su familia y su entorno.

Sea como sea, vivimos en la sociedad en la que se confunde la capacidad de superación con el autoengaño. No paramos de recibir mensajes engañosos y sin sentido (ej: «si lo deseas mucho, pasará…» ¿perdona?), en los que nos imponen que «seamos felices» porque sí. No se nos permite estar jodidos. Y no hablamos de recrearse en la mierda, sino de algo tan normal como pasar por un mal momento de la vida sin que por ello tengamos que ser desterrados.

Porque no se trata ni de compadecerse y no querer salir del abismo ni tampoco de meter la cabeza bajo el ala, anestesiarse y seguir adelante como si tal cosa. Se trata de superar las vicisitudes y eso requiere de un proceso y de una actitud… no solo basta con querer ser feliz sin más, como si se tratase de pedir un deseo a los Reyes Magos. Ser feliz requiere de esfuerzo y según Marina las personas resilientes, aquellas que tienen inteligencia emocional para superar bien los conflictos, cuentan con una personalidad que reúne tres características para conseguirlo:

1. Compromiso: capacidad de implicarse en la resolución de los problemas.

2. Control: capacidad de esforzarse para conseguir influir en los acontecimientos.

3. Reto: capacidad para aceptar que la vida tiene cosas jodidas y no pasa nada.

Pero… ¿qué cosas podemos hacer para convertirnos en «seres resilientes»? Hemos estado documentándonos y hablando con psicólogos sobre el tema, y estos son los consejos que nos han proporcionado:

Establecer relaciones: Es importante establecer buenos y estrechos vínculos con familiares cercanos, amigos y otras personas importantes en nuestra vida. Aunque ahora, debido a estas circunstancias, tenga que ser por teléfono o video conferencia.

Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables: Está claro que no tenemos la capacidad de impedir que ocurran ciertos problemas y crisis tan terribles como la que estamos sufriendo todos ahora, pero lo que sí que podemos hacer es cambiar nuestra manera de reaccionar. Por ello, lo que proponen los expertos es que mientras nos enfrentamos a todas estas situaciones difíciles, pensemos en aquellas cosas que aunque sea de manera sutil puedan hacer que nos sintamos mejor. Hacer foco en el presente.

Aceptar que el cambio forma parte de la vida: Esto nos jode principalmente porque nos han educado en «la foto fija» y por ello reaccionamos fatal cuando nos tenemos que enfrentar a una nueva situación, que además se sale de la idea que teníamos en la cabeza… De ahí, que aunque cueste bastante, no nos quede otra que aceptar las circunstancias que no podemos cambiar y debamos pensar en lo que está en nuestra mano para sentirnos mejor.

Hacer cosas en pro de nuestras metas: No se trata de ser ilusos sino de todo lo contrario. Pensemos en objetivos realistas y hagamos cosas regularmente que nos permitan aproximarnos a ellos. En lugar de focalizar nuestros esfuerzos en lo que no vamos a lograr, centrémonos en lo que podemos conseguir hoy y en lo que pueda ayudarnos a caminar en la dirección que queremos.

Solo hay esperanza en la acción: Cuando nos enfrentamos a situaciones adversas, lo mejor que podemos hacer es actuar. Está claro que de primeras probablemente nos quedemos bloqueados y sin saber que hacer, pero una vez superado ese estado, en lugar de ignorar los problemas y desear que desaparezcan por arte de magia… lo que nos recomiendan es que tomemos acciones decisivas para salir del embrollo y evitar la madeja de la autocompasión. Y sí, es posible tomar cartas en el asunto, aunque no podamos salir de casa.

Descubrirnos a nosotros mismos: Ya estáis viendo que el quid de la cuestión está en ser positivos aunque estemos realmente jodidos. Y no en plan iluso, sino en plan «voy a hacer todo lo que esté en mi mano para tratar de estar bien, aunque tenga momentos malos». La actitud es lo más importante, sin juzgarnos por estar más mal de lo que pensábamos. Pero recordando que este tiempo también debe servirnos para reflexionar sobre nuestra vida y cuestionarnos el camino recorrido, nuestras prioridades, etc… y no solamente rellenarlo de miles de tareas. Pararse y pensar, en lugar de refugiarse en el movimiento, es vital.

Pensar en nosotros de manera positiva: Para las personas exigentes y perfeccionistas esto es todo un reto… Pero no es imposible. Lo que aconsejan los expertos es desarollar la confianza relacionada con nuestra capacidad para resolver problemas y confiar en nuestros instintos.

Ver las cosas con perspectiva: Aunque cuando estamos ofuscados resulta imposible, hay que tratar de contextualizar el problema para evitar agravarlo más. Es evidente que escribirlo es muy fácil y llevarlo a la práctica es jodido de verdad, sobre todo cuando hay tanta incertidumbre, pero… no nos queda otra si lo que queremos es sentirnos mejor.

Ser optimistas: Es decir, si pensamos en positivo eso implicará que pensemos que van a ocurrir cosas buenas en nuestra vida, aunque justo en el momento en el que nos encontremos sea desastroso. Tenemos que tratar de visualizar lo que queremos conseguir o lo bueno que ya tenemos, en lugar de preocuparnos por lo que no tenemos o lo que nos genera temor o angustia.

Cuidarnos: Puede parecer una obviedad, pero no lo es sobre todo cuando estamos mal, ya que es justo en esos períodos cuando cometemos el error de abandonarnos y contribuir a sentirnos peor si cabe. Por ello, tenemos que prestar atención a nuestros intereses, necesidades y deseos. Siendo realistas, claro. Hay mil cosas que podemos hacer (y ahora las redes están saturadas de miles de planes), aunque lo que mejor funciona es hacer deporte y meditación, ya que cuando la mente no es capaz de resolver lo que nos preocupa… el cuerpo se convierte en un gran aliado. Así que liberar endorfinas se convierte en la panacea.

Sin más, es evidente que las teorías están muy bien, pero que en la práctica muchas veces nos perdemos… Por este motivo creemos que nunca está de más que nos las recuerden, para que poquito a poco vayamos interiorizándolas.

(*) Foto de Kaboompics .com en Pexels.


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