Casa Macedonia: una vivienda teatral en Madrid diseñada por Bardo
Recorrer Casa Macedonia es una experiencia llena de pequeños descubrimientos. Una pared curva color berenjena aparece donde menos se espera, un volumen de metacrilato neón transforma una limitación estructural en una pieza escultórica y cada estancia construye una atmósfera propia sin romper la continuidad del conjunto. Diseñada por Bardo en el barrio de Puerta del Ángel (Madrid), la vivienda convierte la sorpresa en el hilo conductor de toda la experiencia doméstica.
Más que una vivienda concebida como una suma de espacios funcionales, el proyecto se plantea como una experiencia narrativa en la que cada estancia revela una atmósfera distinta y cada recorrido introduce un nuevo descubrimiento.
La intervención parte de una petición poco habitual por parte de los propietarios. Frente a la tendencia dominante de los espacios abiertos y las distribuciones diáfanas que han marcado buena parte de la arquitectura residencial de las últimas décadas, el cliente buscaba precisamente lo contrario: una vivienda fragmentada, capaz de ofrecer intimidad a cada una de sus zonas y de construir una relación más compleja entre los espacios.
A partir de esta premisa, Emiliano Domingo, fundador de Bardo, encontró en la propia configuración de la vivienda la oportunidad para desarrollar una propuesta alejada de los esquemas convencionales. La presencia de un patio privado permitía establecer una circulación perimetral continua, convirtiendo el recorrido en un elemento protagonista del proyecto. Así nació una casa concebida como una secuencia de escenas concatenadas donde la sorpresa deja de ser un recurso puntual para convertirse en el verdadero hilo conductor de toda la intervención.

La arquitectura como relato
Uno de los aspectos más interesantes de Casa Macedonia es que no intenta organizar la vivienda alrededor de un único gesto formal o una estética uniforme. Por el contrario, el proyecto abraza deliberadamente cierta condición teatral y ecléctica que permite que cada estancia posea una identidad propia sin perder la coherencia general.
La referencia al teatro no es casual. En esta vivienda los espacios funcionan casi como escenarios en los que la arquitectura construye diferentes estados de ánimo. La experiencia doméstica se transforma así en una sucesión de situaciones, atmósferas y perspectivas cambiantes que invitan a recorrer la casa de forma pausada.
Lejos de buscar una neutralidad que homogeneice todos los ambientes, Bardo apuesta por potenciar sus diferencias. Los cambios de color, materialidad y geometría funcionan como herramientas narrativas capaces de marcar el paso entre unas escenas y otras, generando una vivienda que se descubre progresivamente.
“En esta vivienda la arquitectura construye diferentes estados de ánimo.”

Esta forma de entender la arquitectura conecta con una corriente cada vez más presente en el diseño contemporáneo, donde el interés ya no reside únicamente en crear espacios bellos o eficientes, sino también en construir experiencias capaces de provocar emociones y generar recuerdos.
Cuando una limitación se convierte en protagonista
La capacidad del proyecto para transformar condicionantes técnicos en oportunidades creativas se aprecia especialmente en uno de sus elementos más llamativos.
Un pilar y una viga estructurales, imposibles de eliminar, ocupaban una posición central dentro de la vivienda. En lugar de intentar ocultarlos o integrarlos discretamente, el estudio decidió convertirlos en protagonistas mediante un revestimiento de metacrilato en tonos neón que transforma por completo su presencia.

Lo que inicialmente podría haber sido percibido como un obstáculo termina convirtiéndose en una pieza escultórica que organiza el espacio y establece una relación visual entre la zona de estar y el dormitorio.
Más allá de su impacto cromático, el metacrilato desempeña un papel arquitectónico fundamental. Su capacidad para filtrar la luz, generar reflejos y crear transparencias convierte los desplazamientos entre estancias en pequeñas transiciones escenográficas. La percepción del espacio cambia constantemente en función del punto de vista y de las condiciones lumínicas, introduciendo una dimensión dinámica que evoluciona a lo largo del día.
El espacio gana así profundidad, ambigüedad y una cierta capacidad para sorprender incluso después de haber sido recorrido varias veces.

El color como herramienta espacial
Si existe un elemento que define la personalidad de Casa Macedonia es su relación con el color.
Lejos de utilizarlo como un simple recurso decorativo, Bardo lo emplea como un instrumento capaz de construir atmósferas y reforzar la identidad de cada espacio. Los colores aparecen de forma estratégica, generando contrastes inesperados y estableciendo una narrativa visual que acompaña todo el recorrido.
Uno de los ejemplos más representativos se encuentra en el comedor, donde una gran pared curva revestida en DM lacado color berenjena actúa como telón de fondo. La intervención introduce una presencia contundente que transforma por completo la percepción del espacio y refuerza el carácter escenográfico de la vivienda.

La elección resulta especialmente interesante porque evita los códigos cromáticos más habituales del interiorismo contemporáneo. En lugar de recurrir a paletas neutras o soluciones previsibles, el proyecto apuesta por tonalidades intensas que aportan profundidad, personalidad y cierto componente emocional.
El color no aparece aquí como un elemento accesorio, sino como una herramienta arquitectónica capaz de modificar la experiencia espacial.
Una cocina entre tradición y experimentación
La cocina representa otro de los momentos clave dentro del proyecto y resume perfectamente la filosofía que atraviesa toda la intervención.

Por un lado, el espacio mantiene ciertas referencias reconocibles de la cocina doméstica tradicional, visibles especialmente en el uso del alicatado blanco y en una organización funcional claramente definida. Sin embargo, estos elementos conviven con una serie de decisiones que alteran por completo la lectura convencional del espacio.
El mobiliario azul profundo introduce una presencia cromática rotunda que contrasta con la geometría ordenada de los revestimientos, mientras que la encimera de piedra ondulada se convierte en uno de los gestos más singulares de la vivienda.

“El color aparece como una herramienta arquitectónica capaz de modificar la experiencia espacial.”
Su perfil sinuoso aporta una dimensión casi paisajística al plano de trabajo. Más que una superficie funcional, la encimera se percibe como una topografía construida, un elemento que introduce movimiento y complejidad visual dentro de un espacio tradicionalmente asociado a la racionalidad y el orden.
La cocina se transforma así en un lugar donde diseño y funcionalidad dejan de ser conceptos opuestos para formar parte de una misma experiencia.
Baños que funcionan como mundos propios
Dentro de la secuencia de espacios que articula Casa Macedonia, los baños adquieren una importancia especial.
Lejos de entenderse como estancias secundarias, ambos espacios desarrollan lenguajes propios que enriquecen la narrativa general de la vivienda.

El baño de invitados apuesta por una atmósfera inmersiva construida a partir de geometrías curvas, microazulejos y una utilización expresiva del color. El resultado genera una sensación casi onírica que rompe con las expectativas habituales asociadas a este tipo de espacios.
La experiencia es envolvente, casi cinematográfica, reforzando esa idea de que cada estancia funciona como una escena independiente dentro del recorrido general de la casa.
En contraste, el baño principal adopta una actitud mucho más serena. Los tonos terrosos, las superficies continuas y una materialidad más contenida construyen un espacio pensado para el descanso y la introspección.
Esta dualidad permite que ambos baños dialoguen entre sí sin necesidad de parecerse, demostrando nuevamente la capacidad del proyecto para trabajar con registros muy diferentes sin perder cohesión.
El patio como espacio de transición
La presencia del patio resulta fundamental para comprender la lógica de la vivienda. Más que un espacio exterior aislado, funciona como una estancia adicional integrada dentro del recorrido doméstico. Su papel consiste en introducir una pausa dentro de la intensidad visual que caracteriza buena parte del interior.

“El patio funciona como una estancia adicional integrada dentro del recorrido doméstico.”
Aquí los colores se suavizan, los materiales adquieren una presencia más natural y la vegetación introduce una dimensión sensorial distinta. La atmósfera se vuelve más tranquila, generando un contrapunto necesario frente al carácter más teatral de otras zonas de la casa.

Esta estrategia también aparece en el pasillo y en el baño principal, espacios concebidos como transiciones que permiten modular el ritmo del recorrido y equilibrar la experiencia general.
El proyecto demuestra así una comprensión sofisticada de la secuencia espacial, donde los momentos de intensidad conviven con otros de calma para construir una narrativa más rica y matizada.
Una nueva forma de habitar
Con sus 120 metros cuadrados interiores y 30 metros cuadrados de terraza, Casa Macedonia plantea una reflexión interesante sobre cómo entendemos hoy la vivienda contemporánea.

En una época dominada por los espacios abiertos y la búsqueda constante de flexibilidad, el proyecto reivindica el valor de la fragmentación, la intimidad y la sorpresa. No como una vuelta nostálgica al pasado, sino como una alternativa capaz de responder a nuevas formas de habitar.
La propuesta de Bardo demuestra que una vivienda puede ser funcional sin renunciar a la emoción, y que la arquitectura doméstica todavía tiene capacidad para sorprendernos cuando se atreve a cuestionar ciertos lugares comunes.
El resultado final no es simplemente una casa reformada, sino una experiencia espacial cuidadosamente construida. Un lugar donde cada estancia funciona como un capítulo, donde cada transición introduce una nueva perspectiva y donde la arquitectura se convierte en un relato que se descubre a medida que se recorre.

En Casa Macedonia la sorpresa no aparece como un gesto aislado ni como un recurso estético puntual. Es, desde el primer momento, la esencia misma del proyecto.
(*) Fotos de Carlos Pamplinas proporcionadas por Bardo.