Olivier Lei: capturar el misterio en cada esquina
En CC/magazine llevamos años compartiendo, a través de nuestras triadas fotográficas en Instagram, el trabajo de fotógrafos y artistas que admiramos profundamente. No se trata solo de estética: buscamos creadores capaces de contar historias, de detener el tiempo y de provocar emoción con una sola imagen. Uno de ellos es, sin duda, Olivier Lei.


Fotógrafo inquieto, observador silencioso y viajero incansable, Lei ha convertido la calle en su escenario y la cámara en su brújula. Desde callejones solitarios hasta grandes avenidas bulliciosas, su trabajo está atravesado por una constante: la búsqueda de lo enigmático, de lo que se oculta entre sombras y luces. Como bien lo define Leica Camera, no es solo fotografía: es una exploración de lo desconocido.

Galardonado con premios como el Paris International Street Photo Awards (medalla de oro en 2024), Life Framer, LensCulture y The Independent Photographer, Olivier Lei se ha consolidado como una voz única dentro de la fotografía urbana contemporánea.
En esta entrevista, nos acercamos a su proceso creativo, a su mirada personal y a ese universo visual que nos fascina y nos invita, una y otra vez, a mirar el mundo con nuevos ojos. Pasen y lean.

Tu relación con Leica parece ir más allá del aspecto técnico. ¿Qué representa esta cámara para ti en términos de filosofía visual y de la forma en que observas el mundo?
Para mí, fotografiar con una Leica rima con simplicidad: se trata de estar presente, concentrado y completamente inmerso en la calle. Siempre me ha gustado la filosofía de la marca, que resuena mucho conmigo. Leica siempre ha puesto la fotografía en primer lugar. No persiguen modas, se preocupan por la imagen, no por tu fama.
¿Qué es lo que realmente te impulsa a fotografiar con tu cámara? ¿Es la búsqueda de una historia, una emoción fugaz, una atmósfera… o algo más instintivo?
Es difícil decirlo. A veces es la luz, una emoción pasajera o la belleza silenciosa de un momento ordinario. No estoy realmente buscando una historia o una escena concreta.
Camino, observo y dejo que el mundo venga a mí. Casi nunca está planeado. Es más bien como dejarse llevar, guiado por el instinto, por una sensación.

Pero, más allá de eso, la fotografía es una forma de escape. Una especie de terapia, tal vez.
Siempre me he sentido un poco fuera de lugar, un poco distante; no me comunico fácilmente, no soy bueno con las palabras ni con las conversaciones triviales. Pero con una cámara en las manos, encuentro una forma de decir algo sin hablar.
Cada foto se convierte en una confesión silenciosa, en una parte de cómo veo y cómo siento.
En una era donde la fotografía se consume a velocidad vertiginosa y, a menudo, de manera superficial, ¿cómo percibes este fenómeno?
Hoy en día, la fotografía se consume como si fueran caramelos: rápido, superficial y, muchas veces, se olvida igual de rápido.
Plataformas como Instagram han convertido las imágenes en un scroll infinito, donde el significado se pierde entre el ruido. Es frustrante, porque la fotografía merece más que un segundo de atención.
Sin embargo, no creo que la esencia de la fotografía esté muriendo, creo que está siendo enterrada bajo la velocidad. Por eso creo que cosas como las exposiciones, los libros o las charlas de autor son tan importantes. Nos permiten hacer una pausa, respirar y conectar de verdad con el trabajo. En un mundo que se mueve demasiado rápido, la fotografía aún puede enseñarnos a frenar, si se lo permitimos.
“Camino, observo y dejo que el mundo venga a mí. Casi nunca está planeado.”

¿Qué papel juegan las redes sociales en tu carrera? ¿Te sientes cómodo con la exposición constante o marcas límites claros entre lo que compartes y lo que mantienes en privado?
Las redes sociales juegan un papel importante para mí. Sin ellas, probablemente no estaría teniendo esta conversación contigo, ni conectando con tantos artistas inspiradores alrededor del mundo. Son una herramienta poderosa, pero que hay que usar con cuidado.
Hay presión, por supuesto. Publicar con regularidad, compartir solo buen trabajo… es agotador, especialmente ahora con la promoción constante del formato de vídeo corto.
Y, de forma inevitable, empiezas a compararte, aunque no quieras. Haces scroll entre el trabajo de fotógrafos increíbles y una duda silenciosa se va colando… puede llegar a ser bastante deprimente.
Por eso marco límites muy claros: solo comparto mi trabajo fotográfico, nunca nada personal. Para mí, el trabajo debe hablar primero, no la persona detrás. Algunas cosas merecen quedarse en la sombra, fuera de pantalla.
“Las RR.SS son una herramienta poderosa, pero que hay que usar con cuidado.”
¿En qué proyectos personales o profesionales estás trabajando actualmente y qué te está enseñando este momento creativo?
En este momento no estoy trabajando en ningún proyecto específico. Tengo ideas, fragmentos de algo, pero necesitan tiempo, espacio, una mente clara… y, siendo honesto, un poco de dinero para hacerse realidad. La creatividad no siempre responde a órdenes. A veces, hay que sentarse con el silencio y esperar. Este momento me está enseñando paciencia. Que no crear también forma parte del proceso.

Has retratado culturas y ciudades muy diversas, pero ¿hay algún lugar en el mundo —o alguna historia concreta— que sueñes con fotografiar y aún no hayas explorado?
Hay muchos lugares y muchas historias que aún sueño con capturar. Países como Líbano, China, India o Rusia me fascinan por su profundidad, su complejidad y sus contrastes. Cada uno tiene un ritmo distinto, una luz diferente.
También me atraen ciertas historias: me gustaría fotografiar el detrás de escena de un restaurante, el backstage de una película, la energía cruda detrás de un festival de música o un evento deportivo.
Y si tuviera que mencionar un proyecto soñado, sería documentar el Orient Express. Hay algo atemporal y cinematográfico en ese tren: encierra misterio, nostalgia y elegancia al mismo tiempo. Es una historia en movimiento que espera ser contada.

La estética es claramente importante en tu trabajo, pero siempre hay algo más allá de lo visual. ¿Cómo logras transmitir emoción sin caer en lo obvio?
La estética siempre ha sido importante en mi trabajo. Me atrae la luz, la composición, la armonía visual. Pero tengo que pedir disculpas porque no sé realmente cómo responder esta pregunta. A menudo acabo recurriendo al cliché, al encuadre clásico, porque funciona. Y la belleza, incluso cuando es previsible, todavía puede conmovernos.
“La estética siempre ha sido importante en mi trabajo.”
¿Qué importancia tiene para ti la narrativa en la fotografía? ¿Te interesa más que una imagen sea bella, significativa… o idealmente ambas cosas?
Busco la belleza y la estética primero, es hacia donde se dirige naturalmente mi ojo. No todas las fotos tienen una historia clara detrás, a veces eso es demasiado pedir. Pero, en el fondo, mi sueño es capturar ambas cosas: crear imágenes que contengan un significado silencioso bajo su belleza, algo que perdure suavemente en el silencio.

Cuando lideras talleres o compartes tus conocimientos con otros fotógrafos, ¿qué es lo que más disfrutas transmitir? ¿Hay algo que sientas que no se enseña lo suficiente en la fotografía hoy en día?
Cuando imparto talleres, me gusta compartir no solo mis lugares favoritos, sino mi forma de ver: cómo encuentro momentos, la luz, las sombras. Lo que creo que falta en la enseñanza de la fotografía es una comprensión real del fracaso. Casi todas mis fotos, quizá el 99 %, no funcionan. Pero esos fracasos son donde ocurre el verdadero aprendizaje. Aceptar esa lucha en silencio también forma parte del camino.
“Un proyecto soñado, sería documentar el Orient Express.”
Si tuvieras que definir tu trabajo con una sola palabra —justo ahora, en este momento de tu carrera—, ¿cuál sería y por qué?
Si tuviera que definir mi trabajo con una sola palabra ahora mismo, sería «melancólico». Mis imágenes son reflejo de mi mundo interior, una mezcla de silencio y soledad. Reflejan más cómo me siento que cómo veo. Cada foto es como una nota silenciosa de un momento que no supe explicar con palabras.
(*) Fotografías by Olivier Lei.

