Nomadland: la vida sobre ruedas y las crisis by Chloé Zhao

Este fin de semana por fin hemos visto por fin Nomadland, escrita y dirigida por Chloé Zhao, que está protagonizada por una de nuestras actrices favoritas, la gran Frances Mc Dormand. Y ya os podemos adelantar, aunque es una opinión unánime por público y crítica, que es una excelente película y que huele a Oscar… – está nominada a seis candidaturas, entre las que se encuentran las de ‘Mejor película’ o ‘Mejor actriz’ -.

Os contamos:

El film está inspirado en el libro «País nómada: supervivientes del siglo XXI» (Capitán Swing) de la periodista Jessica Bruder, que pasó tres años acompañando a una comunidad nómada buscando trabajo por todo EEUU. Y aunque no se trata de una adaptación literal, sí que se basa en personajes reales, que a su vez se interpretan a sí mismos en la película. Un gran detalle que le aporta más verosimilitud si cabe, y que además cuenta con la presencia y actuación de Bob Wells, un gurú que guía a esta solidaria comunidad de nómadas, que apuesta por una vida alternativa ante «la tiranía del dólar» y el abandono social del neocapitalismo, como asegura en uno de sus motivadores discursos.

La historia que narra Nomadland es real, conmovedora y muy reflexiva, y en ella los protagonistas son las personas que, en muchos casos, se vieron obligadas a ser nómadas como consecuencia de la Gran Recesión de 2008. Y decimos «en muchos casos», porque otro de los melones que abre Zhao es el de aquellos que decidieron y deciden, por elección propia, querer vivir fuera del sistema… De ahí que Nomadland también sea un canto a estas personas, que optan por un estilo de vida y por un hogar no tradicional, liberándose de bienes materiales innecesarios y de otras necesidades superfluas, para vivir otra vida no convencional.

 Frances McDormand es Fern, una mujer de 60 años, que decide vivir en su furgoneta, después de quedarse viuda y de perderlo casi todo – vivió junto a su marido en Empire, un pueblo en medio del desierto de Nevada (EEUU), comprado en 1948 por la empresa United States Gypsum, y que llegó a ser el hogar de 800 personas que vivían de la extracción minera del yeso, hasta que en 2011 la corporación se fue a la quiebra y todos sus empleados se fueron a la ruina. Hasta su código postal quedó suspendido, y se convirtió en un pueblo fantasma -, y viajar en carretera en busca de trabajos de temporada como es el caso de Amazon, un camping, un parque de atracciones o la recolecta de la patata… Ella encarna a una mujer dura en apariencia, pero tierna en el trato con los demás, poco dada a las palabras, solitaria, independiente y firme en sus convicciones. Durante su periplo se encuentra con nómadas de verdad, como os indicábamos al inicio, quienes le darán grandes lecciones de vida y le mostrarán la cara A y la cara B de vivir sobre ruedas, demostrándole a su vez la autenticidad de esa gente, cargadas de mochilas vitales complicadas, pero con una actitud y un corazón enormes.

Toda la historia está aderezada por una banda sonora imbatible a cargo de Ludovico Eiunadi y una dirección de fotografía magnífica, donde los amaneceres y los atardeceres se convierten en el nexo de unión a lo largo de todo este viaje existencial.

Asimismo, aunque en un primer juicio podamos sentir pena por ese tipo de vida, Fern nos libera de esa preocupación demostrando que, aunque no tenga mucho dinero, no viva en una casa al uso y tenga que ir a la búsqueda y captura de trabajos temporales precarios – aunque cuando habla de Amazon, lo que destaca es que «pagan muy bien» -, ser nómada tiene muchas otras ventajas como son la libertad, el verdadero valor de las relaciones humanas y la conexión más próxima con la naturaleza, o el tiempo con uno mismo.

“No soy una vagabunda, solo es que no tengo casa.”

Obviamente, esta nueva vida no está repleta de comodidades, pero sí está llena de otros ingredientes que, como os indicábamos, nos hacen reflexionar sobre nuestra vida, y sobre el sistema bajo el que vivimos y sobre todo lo que nos demanda para seguir en él…

Otro aspecto a destacar es que todos los secundarios están sublimes, y aunque haya quien eche de menos más crítica política, consideramos que la película ha querido poner el foco en un discurso más existencialista y trascendental, que funciona como catarsis en muchos momentos, y que retrata muy bien la mentira del llamado «sueño americano».

Sin más, solo podemos recomendaros que vayáis a verla en cuanto podáis, si es que no lo habéis hecho ya. Nomadland es una gran película, que os dejará con un poso reflexivo muy interesante, que probablemente derivará en un cineforum con quien la hayáis visto.

*Consultar cartelera.


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