No esperes…

No recuerdo las veces que me han repetido esta frase ni las veces que me la he repetido a mí misma. Y es que aunque sepamos que las expectativas son una de las principales fuentes de nuestra infelicidad es complicado mantenerlas a raya.

Dicho esto, y hablando al respecto con Laura de Sensiblemente Pas, coach especializada en personas altamente sensibles, me comentaba que dejar esperar te hace libre, ya que al final en la espera permanecemos subyugados a lo que el exterior/»la vida» nos debe o tiene que dar. Mientras que al no esperar, dejamos de aferrarnos a esa posibilidad y nos liberamos de esos grilletes en forma de anhelos que condicionan nuestro devenir.

Además, aseguraba que esperar implica vivir en el futuro, ya que estamos depositando una serie de esperanzas en el condicional, en lo que será, en lo que podría pasar, olvidándonos de lo único que tenemos, que es el presente. Y la consecuencia directa es que no veamos lo que tenemos y por ende no lo apreciemos, ya que nuestra mirada está puesta en ese futuro mejor que imaginamos y deseamos con fuerza.

Todo cambia. Todo se transforma.

Otro aspecto para seguir en pro de no esperar es ser consciente de la temporalidad de todo. Se nos olvida que todo se acaba, que todo cambia, que nada permanece. Y esto es justo lo que nos pone en el aquí y en el ahora. Ser conscientes de que cada momento nace y muere, y que esperar a lo próximo solo produce desgaste y desesperanza, ya que no tenemos control de la mayoría de los acontecimientos, por más que nos empeñemos en ello. Otro de sus efectos es que también nos hace perder tiempo, ya que en lugar de estar centrados en lo que tenemos, lo malgastamos poniendo la mirada en la expectativa de lo que potencialmente debería estar pasando o podría pasar.

Esperanzas vs expectativas.

Y es que una cosa es tener esperanzas, un ingrediente necesario para motivarnos cada mañana, y otra cosa bien distinta son las expectativas, que aparentemente pueden camuflarse como esperanzas, pero que no son lo mismo aunque nos autoengañemos.

«Las expectativas se mantienen fijas en un resultado específico y se anclan en el deseo de cierta consecuencia futura. Es decir, se centran en el objeto y nos sacan de nosotros mismos.»

Y cuando no obtenemos el resultado esperado… zas! nuestras esperanzas se ven truncadas y nos frustramos, nos decepcionamos y sufrimos. Porque basar nuestra felicidad en un resultado específico es la causa de ese sufrimiento. Nos aferramos tanto a él, que cuando no sucede lo que habíamos deseado, esperado, ansiado… nos sentimos mal. Cuando en realidad deberíamos estar más abiertos a todos los resultados posibles, ya que como indicaba antes: no tenemos control de la mayoría de nuestras circunstancias. Porque esta apertura al devenir es lo que nos liberará de la cárcel de las exceptivas. Y de esta manera, aprenderemos a responder a lo que nos tengamos que enfrentar con una actitud madura, olvidándonos de la idea de que las cosas debería ser así.

«La esperanza radica en el potencial de nuestra respuesta, no en que las cosas salgan de una determinada manera.»

Hola oportunidades.

Porque aunque sintamos que hemos perdido control, la idea es llegar a ser conscientes de que por más que queramos no podemos ni podremos controlar la vida. No tenemos ese super poder. Sin embargo, lo que sí que podemos hacer es dejar espacio a la sorpresa y a las oportunidades. Quizás no suceda lo que esperábamos con tanta fuerza, pero probablemente puedan surgir otras oportunidades que no imaginamos nunca y que y que incluso pueden gustarnos más. Porque con una actitud inmovilista y cerrada seremos incapaces de verlo, pero con una actitud receptiva a lo inesperado, estaremos más conectados con nuestro presente y con la realidad. Lo otro son quimeras.

«Cuando dejamos de apegarnos a lo que fue y de ansiar lo que, según nosotros, debería ser, podemos aceptar la verdad de este momento.»

Acepta las cosas tal cual son.

La esperanza acepta la verdad, que no es otra que: hagamos lo que hagamos, las cosas cambiarán, ya que el cambio es constante e inevitable. Por eso, en lugar de dejarnos someter por el miedo y nuestros juicios y vivir bajo el rodillo de las expectativas, anhelando continuamente un futuro potencialmente mejor, lo más sano es desprendernos de estos lastres, confiar más en nosotros y en la vida, en la acción correcta y en la perseverancia, sin impaciencia.

No se trata de dejar de esperar lo mejor. Se trata de aceptar las cosas – nuestra vida, los demás… – tal cual son, sin catalogarlas como buenas o como malas, pero sí manejables.

«No esperes es una exhortación a sumergirte completamente en la vida. No te pierdas este momento por querer que llegue el siguiente. No esperes a actuar cuando algo de verdad importa. No te aferres a la esperanza de un pasado o un futuro mejor; vive el presente.» Frank Ostaseski

(*) Foto portada de Paula Schmidt en Pexels · Foto mujer de Carlo Muttoni.


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