MATRIA, el refugio inflable de Studio Penique en Melbourne

Hay espacios que se observan, otros que se habitan, y algunos, muy pocos, que se sienten con el cuerpo entero. Eso ocurre con MATRIA, la última instalación del colectivo barcelonés Studio Penique, que ha intervenido el histórico Royal Exhibition Building de Melbourne con una pieza inflable monumental que redefine la percepción del espacio y la relación del espectador con la arquitectura.

La obra forma parte de la programación de Now or Never, el festival multidisciplinar que ha convertido a Melbourne en un laboratorio de arte inmersivo, música, tecnología y arquitectura.

En este contexto, MATRIA se presenta como una experiencia total: un volumen inflable que reviste por completo el interior de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad australiana, transformando su solemnidad decimonónica en un refugio blando, cálido y radicalmente contemporáneo.

El sello de Studio Penique es inconfundible. Desde sus inicios, el colectivo ha trabajado con grandes instalaciones inflables monocromáticas, que ocupan y redefinen espacios arquitectónicos existentes. Su método consiste en introducir una membrana plástica a gran escala, que se adapta al entorno hasta envolverlo por completo, generando una nueva lectura del volumen, la escala y la luz.

En el caso de MATRIA, la propuesta alcanza una dimensión simbólica aún más potente: el color rosa suave, la textura plástica y la forma envolvente generan una atmósfera casi uterina, donde el espectador no solo observa, sino que literalmente se ve contenido.

El título no es casual. MATRIA remite a una idea de pertenencia y origen que se aleja del paradigma patriarcal de la «patria». Aquí, la arquitectura se convierte en madre, en continente emocional, en espacio seguro. Es un giro sensible y político a la vez, que sitúa la obra en el cruce entre el arte instalativo, la reflexión urbana y la experiencia sensorial. Penique no crea solo escenarios, sino lugares de tránsito emocional.

La elección del Royal Exhibition Building como escenario refuerza el contraste entre lo histórico y lo efímero. Este edificio, Patrimonio de la Humanidad, fue construido en 1880 y representa la grandilocuencia arquitectónica de la era industrial.

Cubrirlo por completo con una piel inflable rosa supone un gesto casi subversivo: el espacio, tradicionalmente cargado de poder y jerarquía visual, se vuelve accesible, íntimo, incluso tierno. Lo monumental se convierte en humano.

Dentro, todo cambia. La luz natural tamizada por la membrana plástica genera un tono cálido, casi onírico. Las columnas, los techos altísimos y las molduras quedan transformadas en formas suaves, casi líquidas. El eco habitual del edificio se apaga, sustituido por una atmósfera sonora diseñada especialmente para la instalación.

El compositor David Paterson ha creado una banda sonora envolvente, diseñada para resonar con el ritmo interno del espacio y amplificar la experiencia sensorial de quienes lo atraviesan. Sonidos tenues, casi respirados, se entrelazan con la arquitectura inflable, como si el propio espacio emitiera un pulso vital. Por su parte, la iluminación, a cargo del artista lumínico Paul Lim, actúa como una capa emocional adicional: baña la membrana rosada con transiciones suaves y sutiles contrastes que guían al visitante sin imponer un camino. Juntos, sonido y luz construyen una coreografía perceptiva que transforma cada paso en una experiencia íntima y meditativa.

Pero MATRIA no es solo una escultura habitable. A lo largo de su estancia en Melbourne, el espacio ha sido activado por sesiones de meditación, performances y conciertos, generando un entorno vivo, en constante mutación. Studio Penique concibe sus obras como plataformas para la colectividad, como espacios donde la arquitectura se convierte en cuerpo común. En esta edición, artistas como rROXYMORE, Shapednoise o Amber McCartney han ofrecido actuaciones que dialogan con el volumen, el sonido y la piel rosada que lo envuelve todo.

“Uno de los grandes aciertos de la obra es su capacidad para cuestionar nuestra relación con los materiales.”

Uno de los grandes aciertos de la obra es su capacidad para cuestionar nuestra relación con los materiales. El inflable está realizado con plástico 100% reciclado, una decisión que no solo responde a criterios de sostenibilidad, sino que también introduce una nueva poética del residuo. Lo desechable se convierte en arte. Lo frágil, en estructura. En un mundo saturado de discursos vacíos sobre sostenibilidad, Studio Penique construye una práctica tangible que transforma literalmente los materiales del desecho en experiencia estética.

A pesar de su monumentalidad, MATRIA no impone; envuelve. Su presencia es suave pero contundente, como una respiración lenta. El visitante se mueve con cautela, sus pasos se amortiguan en el suelo acolchado, y el tiempo parece dilatarse. Lo que normalmente es una visita arquitectónica se convierte aquí en un acto de presencia total, de pausa, de entrega. Como si el espacio pidiera ser habitado con otra velocidad.

La trayectoria de Studio Penique está marcada por esa misma filosofía. Desde sus inicios en Barcelona, el colectivo ha intervenido bibliotecas, auditorios, capillas o naves industriales, siempre desde una mirada lúdica y crítica a la vez. Obras como Niu (L’Auditori, Barcelona) o Buit (Centro de Arte Tecla Sala, L’Hospitalet) ya apuntaban hacia esa forma singular de hacer arquitectura con aire, color y tiempo. Pero MATRIA representa, sin duda, su proyecto más ambicioso hasta la fecha, no solo por la escala, sino por la densidad simbólica que contiene.

A medida que se avanza dentro de MATRIA, se vuelve evidente que esta instalación no está pensada para ser comprendida desde el lenguaje tradicional del arte o la arquitectura. No hay una única lectura, ni un recorrido prefijado. Todo invita a la deriva, a la exploración desde el cuerpo y los sentidos. Esa libertad forma parte del discurso: aquí, la arquitectura deja de ser estructura para convertirse en estado emocional. El visitante no mira, se deja afectar.

“MATRIA no impone un relato, sino que habilita un espacio para que cada visitante construya el suyo.”

En ese sentido, MATRIA se inscribe en una corriente creciente del arte contemporáneo que cuestiona la relación jerárquica entre la obra y el espectador. Frente a lo expositivo, lo inmersivo. Frente a lo contemplativo, lo participativo. En lugar de pedir atención, MATRIA ofrece cuidado. No impone un relato, sino que habilita un espacio para que cada visitante construya el suyo. La obra se convierte así en una experiencia abierta, donde la subjetividad no solo tiene cabida, sino que es el verdadero motor del significado. En ese encuentro entre cuerpo, espacio y emoción, el arte deja de ser un objeto para convertirse en un acontecimiento.

Este tipo de propuestas —entre la instalación, la arquitectura efímera y la performance— no solo están ganando espacio en festivales y bienales, sino que están renovando la manera en la que entendemos lo público. Lo inflable ya no es solo un recurso técnico o formal: es una herramienta de apertura, una posibilidad de hackear el espacio desde la suavidad. Studio Penique ha entendido este potencial y lo ha llevado a una escala monumental sin perder su dimensión poética.

La elección del término MATRIA refuerza esta línea de pensamiento. En un momento en que muchas ciudades viven procesos de gentrificación, control de los cuerpos y pérdida del espacio común, la noción de «matria» aparece como contrapeso simbólico de lo patriarcal, de lo frío, de lo normativo. MATRIA no defiende una identidad cerrada, sino un lugar abierto para la diferencia, la escucha y la comunidad. Es, también, una crítica al modelo expositivo tradicional, muchas veces elitista o inaccesible, que aquí se disuelve en algo completamente sensorial.

En conversación con CC/magazine, desde Melbourne, los integrantes de Studio Penique resumen así su filosofía:

«Trabajamos con el aire como estructura, pero también como metáfora. Lo inflable nos permite redefinir los límites de la arquitectura, hacerla más porosa, más humana. Queremos que nuestras instalaciones no solo ocupen un lugar, sino que lo transformen emocionalmente».

Ese gesto —ligero, pero profundamente político— conecta con otras prácticas contemporáneas que usan la arquitectura no como forma de control, sino como acto de cuidado. MATRIA es un refugio, pero también una pregunta abierta: ¿qué tipo de espacios queremos habitar?, ¿cómo puede el arte suavizar lo duro?, ¿cómo volver a tocar la arquitectura desde lo sensorial?

La respuesta, quizá, no esté en la razón, sino en la experiencia. Basta con caminar por MATRIA, con sentir cómo la luz se filtra a través del rosa, cómo el sonido resuena con el propio ritmo del cuerpo, cómo el aire respira con nosotros. En ese instante, lo histórico se vuelve presente, y lo monumental, íntimo.

La propuesta estuvo disponible durante 4 días, del 21 al 24 de agosto, y dejó su impronta en quienes la visitaron. No solo por su escala o su belleza, sino por esa capacidad rara de ofrecer pausa en medio del ruido, de devolver al espacio arquitectónico su dimensión más esencial: ser un lugar donde quedarse. En tiempos de aceleración constante, MATRIA ha actuado como un paréntesis, una invitación a habitar el presente con otra calidad de atención. Su atmósfera suave y contenida no solo ha transformado la relación con el entorno, sino que también ha despertado algo más profundo: el deseo de reconectar con lo sensible, con lo íntimo, con lo común.

(*) Fotografías proporcionadas por Articulate Advisory.

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