Entrevista al estudio de arte Anton + Aiguabella

Bea Aiguabella y Paul Anton son los artifices del estudio de arte Anton + Aiguabella.

Como podréis comprobar, los dos artistas tienen un sentido de la estética muy particular, donde los protagonistas son las formas sencillas, casi primitivas y muy próximas a la arquitectura, los tonos neutros, el equilibrio imperfecto y un exquisito cuidado por los detalles.

Hace unos días estuvimos en su evocador estudio en Tetuán, donde tuvimos la oportunidad de charlar con ellos sobre sus inicios, su evolución, su arte y su cautivadora forma de conceptualizarlo, entre otros muchos temas. Pasen y lean.

Formáis un dúo profesional y también en lo personal. ¿Cuáles son los principales retos y las principales virtudes de compartir vida y trabajo?

Bea Aiguabella: Casi todo son ventajas, a pesar de que a algunas personas les pueda sorprender que compartir vida y trabajo sea complicado. Para nosotros no lo es. A nivel logístico es genial porque te organizas fenomenal. Además, como estudiamos la carrera juntos, estamos muy acostumbrados a trabajar en equipo y entre nosotros. Y bueno, la verdad es que nos entendemos muy bien, y resulta muy fácil.

“Remamos en una misma dirección y no hay ningún tipo de competitividad entre nosotros. Somos un equipo.”

Paul Anton: Nos gusta decir que somos el estudio Anton + Aiguabella, a pesar de que eso es más propio de un estudio de diseño o de arquitectura. En nuestro estudio no hay egos, y de alguna manera somos uno. Compartimos la misma propuesta estética, aunque cada uno crea cosas diferentes.

“Un periodista nos definió como un artista de dos cabezas. Y nos gustó mucho.”

Os conocisteis cuando ambos estudiabais tercero de arquitectura, y fue allí donde descubristeis que además os fascinaba el arte. ¿Cómo fue ese proceso para pasar de la arquitectura al arte, y cuáles fueron los principales escollos o prejuicios, si es que surgieron?

Bea Aiguabella: Digamos que el arte primero lo descubrió Paul, mientras estudiábamos arquitectura. En aquella época yo le ayudaba. Era como un hobby que él tenía y yo le validaba.

Paul Anton: Cuando empecé en el mundo del arte, pintaba. Ahora sigo haciéndolo, pero no vendo esas piezas, es algo que me reservo para mí. Mi estilo podríamos decir que se aproxima al de TwomblyRothko, con diferentes texturas, papeles…

Recuerdo que mi primer encargo fue en 2012, en la Universidad, para un Colegio Mayor. Consistió en un mural (5m x 1,5 m) que a día de hoy sigue ahí. Aquello nos motivó a pintar más, pero acabamos un poco cansados por el tema del encargo, donde el cliente pedía cosas específicas que no siempre nos gustaban. Así que cuando nos fuimos a vivir a Londres, continuamos con la pintura, mientras manteníamos nuestros respectivos trabajos. Era algo que hacíamos durante el fin de semana y cuando podíamos.

Bea Aiguabella: Una vez en Londres conocimos al fotógrafo Paco Marín y le pedimos que nos hiciese unas fotos de las obras que habíamos hecho. Y como ya no nos cabían en casa decidimos venderlas entre nuestros amigos y gente de nuestros trabajos. Las vendimos todas y a precios bajísimos, porque en aquel momento no éramos conscientes de que hacíamos como ahora.

Después de aquello mostramos las fotos, a pesar de que las obras retratadas ya estaban vendidas, y nos empezaron a pedir encargos, pero más dirigidos a ese lenguaje que estábamos mostrando.

Al funcionar tan bien, al año siguiente repetimos el sistema, y nos fuimos a un bosque y fotografiamos todas las nuevas obras. En aquella época, además, conocimos a un matrimonio que a día de hoy siguen siendo muy amigos nuestros, que son Bárbara y Juan. Ellos son coleccionistas de arte, y mostraron mucho interés en ver esas obras que acabábamos de fotografiar en el bosque. Así que le pidieron a Paul que las acercáramos a su casa para verlas. Lo que pasó es que al mostrárselas ¡decidieron quedárselas todas! Fue increíble.

“A raíz de cuidar desde un inicio todos los detalles, las fotos de nuestras obras y la comunicación, fueron surgiendo cada vez más pedidos.”

Paul Anton: El proceso hasta dedicarnos exclusivamente al arte fue muy gradual y pensado. Cuando dejé mi trabajo de Londres en Foster la gente me decía que era muy valiente, pero para nosotros no era así. Ambos dejamos nuestros trabajos cuando vimos que podíamos vivir del arte. Fue algo progresivo.

“Cuando llegó el momento en que vendíamos más que lo que ganábamos en nuestros trabajos, fue cuando dimos el salto.”

Bea Aiguabella: Los dos somos muy prudentes. No nos caracteriza nada el tirarnos a la piscina. Siempre hemos sido de no dar un paso en falso, nunca hemos hecho grandes inversiones… Ha sido todo muy poco a poco.

En cuanto a los principales escollos diría que han sido los proveedores. Esto ha sido lo más difícil. A día de hoy seguimos actualizando y cambiando nuestra red de proveedores para optimizarla.

Vuestra marca/proyecto es la suma de vuestros apellidos y de vuestros distintos y complementarios ADN creativos. ¿Podríamos decir que en las obras que crea cada uno por separado en realidad siempre hay reminiscencias del trabajo y de la visión del otro y que son obras que conversan armónicamente?

Paul Anton: Lo que más nos une es que la intención siempre fue la misma en origen. Esta fue como anclar el estilo o el arte de mediados del Siglo XX, como el expresionismo abstracto o el constructivismo, donde era el hombre de la esperanza y de la expresión estética como decía Oteiza. Eso es algo que siempre hemos perseguido juntos.

Bea: Tenemos un background común por haber estudiado arquitectura en la Universidad de Navarra. Eso nos ha aportado que ambos tenemos los mismos principios y valores. En todas nuestras obras hay un discurso detrás y todo responde a un por qué. Además, tenemos pilares comunes, aunque luego cada uno los lleva por un camino diferente. Eso hace que nos entendamos muy bien.

“Nos influenciamos mutuamente. Somos muy exigentes y nos gusta compartir nuestras visiones, pero sin ser condescendientes.”

Bea Aiguabella: ¿Cómo surgió la idea de crear tus patrones de secuencias pictóricas casi meditativas? ¿Puedes aportarnos más detalles sobre tu proceso creativo?

Bea Aiguabella: Siempre me han gustado los conceptos de «abundancia» y «repetición». Y es algo que veo en el comportamiento de mis hijos cuando juegan. Es decir, cuando hay mucho de una sola cosa, por ejemplo, piedras, son mucho más creativos.

Empecé con unas obras a tinta, y a raíz de eso empecé a reflexionar sobre el individuo, el colectivo… Pero pensándolo bien, la influencia viene de las primeras obras que hicimos. Había una que creamos a partir de papeles arrugados. Mi jefa de aquel entonces, que era una japonesa muy interesante, la compró y me dijo que le encantaba, porque cada uno de esos papeles arrugados era diferente y le gustaba contemplarlos. Aquello me hizo mucha ilusión y empecé a reflexionar sobre eso.

“Aunque formamos parte de una sociedad, cada individuo es diferente, único.”

Luego, durante la pandemia empecé a reflexionar sobre el paso del tiempo y sobre la rutina. Porque, aunque todos los días hagamos lo mismo, siempre lo hacemos de manera distinta. De ahí también surgió la idea de vincularlo con el Chronos y el Kairós de los griegos.

“Chronos es el tiempo lineal, que se mide con el reloj. Kairós es el momento justo, el tiempo cualitativo, la experiencia del momento oportuno.”

Paul Anton: ¿Cómo surgió la idea de crear tus poéticas esculturas que transmiten paz y equilibrio?

Paul Anton: De niño leía y dibujaba cómics. Era algo que me encantaba. Cuando llegué a la carrera de arquitectura, había una asignatura que se llamaba “Análisis de formas”, y lo cierto es que se me da muy bien. Cuando estaba en tercero, me propusieron ser ayudante de esa signatura para los de primero, a los que tuve que enseñarles a dibujar.

Un día, mi hermano, que además de serlo es nuestro mentor, me dijo, tras haber hecho el análisis de una casa de Robert Venturi, con grafito: “esto que has hecho es muy bueno. Yo no sería capaz de hacerlo”.

A partir de ahí, decidí hacer más hincapié si cabe en este tipo de proyectos hasta que nos pidieron hacer un acuario, que representé a partir de recortes de papeles, como si fuesen secciones, plantas y perfiles.

Mi hermano me había regalado el libro “Paper Laborategia” de Oteiza y me inspiró muchísimo. Tras este trabajo, y cuando llegué al Master de Bellas Artes me dijeron que esos dibujos en realidad eran esculturas. Y bueno, así fue como empecé a hacer esculturas un poco cúbicas, que son como representaciones de esos dibujos.

Con el tiempo, todas estas experiencias me han llevado a trabajar el papel como si fuesen esculturas, que es lo que sobre todo hago ahora, mezclándolo también con la pintura.

“Me interesa crear algo que está en la pared, pero que no es pintura ni escultura.”

Desde hace casi dos años disponéis de un nuevo espacio en Tetuán. ¿Cómo surgió?

Bea Aiguabella: Nos cambiamos de espacio por culpa de una máquina que compró Paul (risas). No nos cabía y tuvimos que mudarnos. La verdad es que aquí se está de maravilla.

Paul Anton: Este espacio estaba ya muy bien acondicionado, y nosotros tuvimos que adecuarlo muy poco. De hecho, lo cogimos porque estaba muy bien. Estamos muy contentos.

 ¿Cuáles son vuestras principales influencias? ¿y referentes artísticos?

Bea Aiguabella: Tratamos de hacer un viaje inspirador al año, que nos aporte una visión más allá de lo turístico y que nos saque de nuestra inspiración habitual. Para nosotros son como retiros creativos, y de hecho nos preparamos a conciencia para ello.

“Lo que más nos inspira son los viajes.”

Otra fuente de inspiración son las redes sociales. Te abren una ventana al mundo donde puedes descubrir, a gente que de otra manera no sería posible.

En lo que respecta a referentes artísticos, a mí me inspiran mucho los artistas japoneses como Liu Fan o Rei Naito, también la arquitectura y el trabajo curatorial que hace Rosalía Park, cofundadora de la revista Cereal. Tienen su propia galería de arte y me encanta.

Por supuesto, también me inspira el cine, la música y nuestros propios hijos (Manuela, Inés y Mateo). De hecho, mi anterior proyecto está basado en unos cuentos que les leemos, que curiosamente son muy abstractos y oscuros, pero que a ellos les encantan.

Paul Anton: Todo lo que dice Oteiza de las combinaciones binarias y ternarias, y que el valor lo tiene la obra en sí misma, o la composición constructivista…

“Mi gran musa es Oteiza y sus teorías sobre el ser estético.”

La música me inspira muchísimo. Y ya en el Master me ponía unos cascos enormes con los que escuchaba a Mikel Laboa, mientras creaba las esculturas. Así que ahora, siempre que hago composiciones de escultura sólida, lo escucho. Por otro lado, también me gusta mucho el ritmo como el techno, el house… Los ritmos son composiciones no gráficas y tienen una armonía muy parecida al arte plástico.

 ¿Vuestras obras son concebidas para ocupar espacios espacios domésticos?

Bea Aiguabella: No, a pesar de que es algo implícito en nuestras obras, pero no es algo buscado. Sí que es verdad que para nosotros es importante que las obras sean estéticamente agradables.

Nos da un poco de pena que el arte contemporáneo sea más importante el concepto que la forma, porque para nosotros el arte también es belleza.

Paul Anton: Lo que no hacemos es hacer encargos a partir de colores que combinan con otros elementos de una casa. Ante situaciones de este tipo, tenemos que hacer una labor pedagógica con aquellos clientes que nos proponen ideas de este tipo.

 ¿Trabajáis con galerías?

Bea Aiguabella: Sí y no. Hemos estado en galerías, pero en la medida que podemos preferimos hacerlo nosotros. Nos gusta el trato con la gente, y nos gusta acercar el arte a las personas. Y creemos que se nos da bien.

Paul Anton: Pero no descartamos que el día de mañana venga una galería que nos encante, más cercana a la arquitectura o el diseño, y empecemos a colaborar.

 ¿Habéis colaborado con otros artistas?

Paul Anton: Todavía no, pero no nos importaría. Hay un artista que yo admiro mucho y que se llama Lucas Simoes, que inauguró recientemente una exposición en la Marlborough con Anish Kapoor, y con el que nos encantaría colaborar.

 ¿Qué opináis de la IA?

Bea Aiguabella: Creo que es una herramienta más, y que la creatividad será de las últimas cosas que sustituya. Creo que hay una semilla que pone el humano y que es muy difícil de sustituir.

“Usar la IA como medio nos interesa, pero como cerebro no.”

¿Proyectos en curso y/o futuros?

Bea Aiguabella: Lo último es la exposición que tenemos en el estudio, en el que hemos trabajado durante todos estos meses. Y que es un homenaje al color, al color marrón, que está un poco estigmatizado.

Paul Anton: Nuestro próximo proyecto sin materializar es recogernos más, acabar nuestra nueva casa, hacer un viaje y seguir creando arte a un ritmo más pausado.

(*) Fotos: Paco Marín.


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