Allaround Lab: habitar el vacío, proyectar con sentido

Desde su fundación, Allaround Lab ha demostrado que otra forma de hacer arquitectura es posible: más reflexiva, más crítica, más consciente del lugar y del tiempo. En esta conversación con Noelia de la Red, una de las mentes detrás del estudio, exploramos cómo conceptos como «mínimos medios para habitar un lugar», «vacío como oportunidad» o «proyectar sin imponer» se traducen en espacios habitables, cálidos y radicalmente contemporáneos.

A través de proyectos como Joan Blanques, Fernando Poo o Ávila, descubrimos cómo el estudio desafía los límites entre lo público y lo privado, lo permanente y lo flexible, lo funcional y lo poético. Además, nos adelanta un nuevo capítulo en su trayectoria profesional tras una década de colaboración.

Allaround Lab nace con una filosofía clara: «soluciones simples a problemas complejos» y una estrategia sensible al patrimonio y la memoria del lugar. ¿Cómo aplica el estudio esta visión al encarar proyectos tan distintos como una rehabilitación de vivienda (Joan Blanques) y la transformación de un almacén (Ávila)? 

Para nosotros cada proyecto es una oportunidad para repensar la manera en la que vivimos y nos relacionamos, tanto a nivel individual como sociedad. A través del pensamiento crítico, intentamos dar repsueta a las necesidades de nuestros clientes, no solo a las actuales, sino también a las posibles futuras. Por eso, a pesar de que cada proyecto es diferente al resto -tanto en si inicio como en su materialización- todos ellos comparten unas estrategias comunes.

En vuestro proyecto de Fernando Poo, ubicado en Poble Nou, ¿cómo adaptasteis la idea de «mínimos medios para habitar un lugar» al diseño de interiores? ¿Hay un elemento discursivo o formal que lo caracterice especialmente? 

Nuestra intervención se basó en concentrar el programa fijo —esos medios mínimos para habitar un lugar— a lo largo de los dos laterales, incorporando además un volumen central, exento, que alberga las piezas altas de la cocina y los elementos del baño. Esta pieza organiza el espacio sin necesidad de compartimentarlo, manteniendo su carácter abierto y flexible.

Al trabajar en edificios con historia industrial, ¿qué criterios seguís para decidir qué conservar, transformar o dejar en sombra? ¿Cómo dialoga lo existente con lo nuevo? 

Nuestros criterios no difieren dependiendo del lugar, sino que siempre intentamos que nuestra intervención se lea como una capa temporal más, superpuesta al resto. Intentamos mantener todo aquello que aporta carácter al lugar y lo diferencia de otros.

En Ávila os define la filosofía de «proyectar el vacío». ¿Cómo entendéis el vacío como materia prima en arquitectura? ¿Qué elementos clave debían permanecer «vacíos» para dar sentido al proyecto? 

En nuestras propuestas, pensamos la arquitectura como un marco o soporte cuyo vacío garantiza su adaptabilidad, actuando como un catalizador de nuevas formas de domesticidad que trascienden las dicotomías tradicionales entre vivir-trabajar o público-privado.

A partir de la definición de lo que denominamos los «medios mínimos para habitar un lugar» – almacenaje, espacios húmedos y circulaciones-, se establece una serie de espacios no programados con potencial para albergar diferentes usos.

Por lo tanto, no se busca reducir un espacio a un mínimo sin atributos, sino promover la idea de vacío como lo vacante, una oportunidad. En su condición de vacante, el vacío se convierte en potencialidad de ocupación, aquello que puede emerger potencialmente. Estas sutiles diferencias son las que distinguen lo vacío de lo vacuo.

“Cada proyecto es una oportunidad para repensar la manera en la que vivimos y nos relacionamos.”

Este proyecto ha sido premiado en varias ocasiones, ¿qué aspectos crees que lo hicieron destacar frente a otros proyectos de rehabilitación? 

Aunque suene contradictorio, encontrar la simplicidad es complejo. Aquí el espacio se pone en valor gracias a su sencillez, las diferentes texturas de los materiales y la luz, dejando de lado cualquier exceso u ornamento y centrándose en responder a las necesidades de sus habitantes.

La intervención minimiza particiones, usando mobiliario insertado para definir espacios. ¿Cómo elegís entre construir o simplemente «dibujar» los límites con objetos? 

Creemos que nuestro trabajo como arquitectos es proponer – y no imponer- diferentes maneras de habitar el espacio y dejar que sea el usuario el que se lo apropie. Por eso, siempre que podemos, elegimos organizar y no segregar.

En Joan Blanques trabajáis un gran «marco vacío» con un único volumen vertical contenedor del programa. ¿Cómo lograis que ese vacío genere calidez y funcionalidad doméstica? 

En las fotografías de los proyectos, son espacios que en su mayoría no han sido aún ocupados y falta esa capa. Aquí el protagonista del espacio es el forjado original de la finca. Sin embargo, una vez estos espacios se ponen en uso y los usuarios se los apropian con sus cosas, el espacio muta completamente.

Este proyecto también incluye una «cinta» traslúcida que invita a un invernadero/veranda. ¿Cómo surgió esta idea y qué aporta al equilibrio entre interior y exterior?

Pensamos que, gracias a las carpinterías que se pueden abrir completamente, la antigua galería del piso podía funcionar como una terraza en verano y un espacio que capta y conserva el calor en los meses más fríos.

Vuestra trayectoria combina docencia e investigación con práctica real. ¿Cómo influye esa dimensión teórica en el proceso creativo de obras concretas? 

En el estudio, tenemos perfiles muy diferentes que se complementan. Jordi Ribas es el encargado de asegurar que, una vez en obra, los proyectos se materialicen de acuerdo con la propuesta.

Por mi parte, siempre me ha parecido fundamental combinar las tres cosas. Tanto la investigación como la docencia, ofrecen un terreno fértil para ensayar ideas o conceptos sin las limitaciones que impone la realidad material. Al integrarlas con la práctica profesional, se genera un cruce productivo que permite abordar cada proyecto desde una mirada crítica y reflexiva.

“Aunque suene contradictorio, encontrar la simplicidad es complejo.”

Y por último, ¿en qué estáis trabajando en estos momentos? ¿qué podéis avanzarnos? 

Después de 10 años comprartiendo estudio, hemos decidido separar nuestros caminos y, tanto Jordi como yo, estamos comenzado nuestros propios proyectos por separado: Santa Arquitectura y Lablanca-arq.

(*) Fotografías facilitadas por Allaround Lab. Proyecto Ávila by José Hevia; Proyectos Fernando Poo y Joan Blanques by Germán Saiz y José Hevia.

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