Mercantic: una escapada entre antigüedades, diseño y cultura

Apenas media hora separa el centro de Barcelona de uno de esos lugares capaces de cambiar la forma en que entendemos el diseño y los objetos que nos rodean. En Sant Cugat del Vallès, Mercantic lleva más de tres décadas demostrando que las piezas con historia siguen teniendo mucho que decir. Lo que comenzó como un mercado de antigüedades es hoy un espacio donde conviven decoración, artesanía, libros, gastronomía y una comunidad creativa que ha encontrado en este antiguo recinto industrial el lugar perfecto para desarrollar sus proyectos.

Para descubrirlo, decidimos hacer una pequeña escapada al volante del nuevo Lynk & Co 08. Cómodo, silencioso y con una autonomía que invita a olvidarse del reloj, el trayecto se convirtió en el mejor prólogo para una jornada dedicada a explorar uno de los destinos más inspiradores para amantes del diseño en Cataluña.

Salimos de Barcelona a primera hora, dejando atrás el ritmo de la ciudad mientras ascendíamos por la carretera que serpentea hacia la sierra de Collserola.

Antes de poner rumbo definitivo a Sant Cugat, hicimos una breve parada junto al Tibidabo, cuya silueta sigue dominando el horizonte barcelonés más de un siglo después de su inauguración.

Desde este balcón privilegiado, donde conviven el histórico parque de atracciones, el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón y unas vistas inmejorables sobre la ciudad, el cambio de escenario resulta casi inmediato. En apenas unos kilómetros, el paisaje urbano da paso a un entorno más tranquilo que anticipa el carácter pausado de Mercantic, un lugar donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo.

De fábrica de cerámica a icono del diseño

El origen de Mercantic ayuda a entender buena parte de su personalidad. El recinto ocupa una antigua fábrica de cerámica construida a mediados del siglo XX, un conjunto industrial que durante años formó parte del tejido productivo de Sant Cugat.

A principios de los años noventa, la familia Barnils decidió darle un nuevo futuro. En lugar de convertirlo en una promoción inmobiliaria o en un complejo comercial convencional, apostó por preservar su carácter industrial y reunir allí a anticuarios, restauradores y profesionales del diseño.

Más de tres décadas después, aquella decisión sigue definiendo el espíritu del lugar. Pasear por Mercantic es recorrer naves, patios y rincones con identidad propia, lejos de los recorridos prefijados y de los escaparates uniformes.

El valor de los objetos con historia

El interés por el mobiliario vintage y las antigüedades ha crecido de forma evidente en los últimos años. Arquitectos e interioristas recurren cada vez más a piezas originales para aportar identidad a viviendas, hoteles o restaurantes. Frente a la producción en serie, los objetos con pasado ofrecen algo difícil de replicar: carácter.

Mucho antes de que esta mirada recuperara protagonismo, en Mercantic ya trabajaban comerciantes especializados en muebles, lámparas, cerámicas, arte, libros y objetos decorativos de distintas épocas y estilos. En muchos casos, detrás de cada pieza hay un proceso de búsqueda, restauración y conservación que permite prolongar su vida útil.

En un momento en el que la sostenibilidad también pasa por consumir de forma más consciente, recuperar un objeto existente adquiere un significado distinto.

No se trata solo de decorar, sino de elegir piezas capaces de seguir formando parte de nuevas historias.

Mucho más que un mercado

Definir Mercantic únicamente como un mercado de antigüedades sería quedarse corto.

Con el tiempo, el recinto ha reunido librerías, talleres de artesanía, galerías, tiendas de decoración, espacios gastronómicos y una agenda cultural que lo convierten en un destino para pasar la mañana, o incluso el día entero.

Uno de sus espacios más conocidos es El Siglo, una espectacular librería instalada en una antigua nave industrial que reúne miles de libros de segunda mano.

Además de su fondo editorial, se ha consolidado como uno de los centros culturales más activos de Mercantic gracias a su programación de conciertos, presentaciones y encuentros literarios.

El ritmo también forma parte de la experiencia. Es fácil encontrar a personas hojeando libros durante horas, buscando una lámpara para un proyecto de interiorismo o simplemente tomando un café mientras observan la vida del recinto.

El Siglo es una espectacular librería instalada en una antigua nave industrial que reúne miles de libros de segunda mano.

Un plan para todo el día

Después de recorrer sus librerías, talleres y espacios dedicados al diseño, la gastronomía invita a prolongar la visita.

Casa Ñidro, dirigido por el chef Alejandro Goñi, propone una cocina de temporada elaborada con productos de proximidad, donde las recetas de siempre se reinterpretan con sensibilidad y sin artificios. Es uno de esos lugares en los que merece la pena sentarse sin prisa, especialmente para disfrutar de su excelente pan de masa madre, elaborado y horneado a diario.

Para quienes prefieran una propuesta más informal, Cinc, la cafetería de Mercantic instalada en un contenedor marítimo, ofrece una cuidada selección de cafés de especialidad, brunch, sándwiches, pequeños platos y repostería artesanal.

Su terraza, integrada en el ritmo cotidiano del recinto, es el lugar perfecto para hacer una pausa antes de seguir descubriendo nuevos rincones.

La programación cultural termina de completar la visita. A lo largo del año, Mercantic acoge conciertos, mercados temáticos, talleres, presentaciones de libros y actividades para todos los públicos. Conviene consultar la agenda antes de ir.

Un lugar para inspirarse

Mercantic se ha convertido en una referencia para arquitectos, interioristas, estilistas y amantes del diseño.

Y es que reunir en un mismo espacio mobiliario, arte, iluminación, cerámica, libros y objetos procedentes de épocas tan distintas permite establecer conexiones difíciles de encontrar en una tienda convencional.

Mercantic se ha convertido en una referencia para arquitectos, interioristas, estilistas y amantes del diseño.

Buena parte de su valor está también en las personas que hay detrás de cada espacio. Muchos comerciantes llevan años dedicados a la búsqueda, restauración y selección de piezas, y ese conocimiento se percibe en la forma de presentar los objetos y en las conversaciones que surgen durante la visita.

Quizá por eso Mercantic mantiene intacta su capacidad para sorprender. Las piezas cambian, aparecen nuevos espacios y siempre hay algún detalle que invita a detenerse unos minutos más.

Una nueva generación

Después de más de tres décadas de trayectoria, Mercantic comienza una nueva etapa con la incorporación de Pep Barnils, que ha asumido el relevo generacional del proyecto familiar.

Haber crecido entre anticuarios, restauradores y objetos con historia le ha permitido conocer Mercantic desde dentro, no solo como un espacio comercial, sino como una comunidad construida con el paso del tiempo.

Su reto consiste en preservar esa identidad mientras incorpora nuevas propuestas culturales y creativas capaces de mantener vivo el proyecto y acercarlo a nuevas generaciones. Una evolución natural que entiende Mercantic como un lugar en constante transformación, sin renunciar a aquello que siempre le ha dado sentido.

Después de más de tres décadas, Mercantic comienza una nueva etapa con la incorporación de Pep Barnils.

Una escapada que merece repetirse

La mejor manera de entender Mercantic es volver. No porque sea imposible recorrerlo en una mañana, sino porque cambia constantemente. Muchas de sus piezas encuentran nuevos dueños, algunos espacios se transforman y siempre queda la sensación de haber dejado algo por descubrir.

Además, de vuelta a Barcelona seguíamos comentando algunos de los hallazgos de la mañana: una lámpara de los años sesenta, una cómoda industrial preciosa, una librería de ensueño, una inspiradora colección de vinilos, una tira de fotomatón analógica, un rico almuerzo y la conversación con un restaurador que llevaba décadas dando una segunda vida a muebles y objetos. Todo ello nos confirmó que Mercantic da para mucho más de lo que uno imagina.

(*) Fotos: CC/studio.

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