Palais Brut: encanto rural en un edificio prefabricado en Müncheberg

El desarrollador Patrick Petzold y el arquitecto Hans Sasse se enamoraron de un antiguo edificio prefabricado al este de Berlín, y decidieron transformarlo para convertirlo en alojamiento vacacional. Para ello, tuvieron que modificar rigurosamente la estructura existente, reutilizando todo lo posible. En la actualidad, Palais Brut ofrece una perspectiva sorprendente sobre el patrimonio arquitectónico de la RDA.

En las afueras de Eggersdorf, un pueblo de 400 habitantes que se encuentra en el distrito de Müncheberg, cuatro antiguos edificios prefabricados bordean la carretera. Son relativamente pequeños, ya que constan de dos pisos de altura y fueron diseñados como dúplex. Ambos se encuentran en medio de un amplio jardín de más de 2.100 metros cuadrados.

Los edificios prefabricados que conforman Palais Brut estuvieron en mal estado durante mucho tiempo. Fueron construidos en la primavera de 1990 como casas agrícolas para la cooperativa agrícola local, y se convirtieron en testigos del período de cambio. Tras años de abandono y varios cambios de propiedad y uso, Patrick Petzold y su esposa decidieron adquirirlos, y junto con el arquitecto Hans Sasse, amigo de la pareja, transformaron con gran entusiasmo, esfuerzo y pasión la estructura seriada propia de los edificios prefabricados de la RDA (WBS 70), convirtiéndola en una singular y atractiva casa de vacaciones.

Los edificios prefabricados de la RDA: 50 años de historia

En 2020 se conmemoraron 50 años de una de las soluciones más emblemáticas del gobierno de la República Democrática Alemana (RDA) ante la crisis de vivienda en ciudades como Berlín: la construcción masiva de edificios prefabricados. Este modelo arquitectónico no solo resolvió la escasez habitacional, sino que también marcó la imagen colectiva de la vida en la Alemania del Este.

Para enfrentar la falta de viviendas, la RDA apostó por los «Plattenbau», edificios construidos a partir de paneles prefabricados que permitían reducir costes y acelerar los tiempos de obra. Entre estos modelos destacó el WBS 70, siglas de Wohnungsbauserie 70, que se diseñó en 1969 y se convirtió en el más popular.

“La RDA apostó por los Plattenbau, edificios prefabricados que permitían reducir costes y acelerar los tiempos de obra.”

Con estructuras que variaban entre tres y once plantas idénticas, estos edificios se podían ensamblar en cuestión de horas. Un ejemplo notable fue la construcción de un bloque en Berlín en 1986, que tomó apenas 18 horas. Este método permitió producir casi 650.000 viviendas entre 1972 y 1990, alojando a más de la mitad de la población de la RDA.

Los apartamentos estándar del WBS 70 ofrecían comodidades que antes eran poco comunes, como agua caliente y bañeras, convirtiéndose en una opción atractiva frente a los edificios antiguos. Cada vivienda incluía un salón, cocina, dos habitaciones y baño, con una distribución funcional y eficiente que favorecía la vida familiar. Además de su practicidad, estos apartamentos eran asequibles.

Un alquiler mensual para una unidad de 61 metros cuadrados rondaba los 109 marcos, una cifra accesible si se compara con el salario promedio de 1.140 marcos en 1985.

Asimismo, el modelo de los Plattenbau también fue una herramienta para rediseñar las ciudades de la RDA tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, que solo en Berlín destruyó 600.000 viviendas. Los arquitectos del Este aprovecharon esta oportunidad para planificar sectores urbanos completos, aplicando ideales de racionalidad y funcionalidad en la distribución de espacios habitacionales.

Tras la reunificación alemana en 1990, los Plattenbau perdieron popularidad frente a los edificios antiguos renovados y las construcciones modernas, que ofrecían mayor atractivo estético. Sin embargo, la creciente demanda de vivienda en Berlín en las últimas décadas ha vuelto a poner a los WBS 70 en el radar, especialmente para familias que valoran su distribución práctica.

Hoy en día, los Plattenbau no solo son un recuerdo de la arquitectura soviética en Alemania del Este, sino también un símbolo de resiliencia y creatividad urbana en constante evolución.

Rompiendo moldes, pero preservando su identidad prefabricada

Tras poner en contexto este tipo de edificaciones, cabe destacar que desde el principio del proceso de diseño de Palais Brut, surgió la idea de romper con el diseño tipo «caja de zapatos», y para ello crearon una apertura de varios niveles, lo que proporcionó un área espaciosa cuya altura estándar del techo de unos 2,60 metros no habría permitido.

Por otro lado, en lugar de la división simétrica original en dos mitades iguales, la renovación permitió una reestructuración más adecuada. De hecho, la parte suroeste del edificio ahora alberga una pequeña unidad con áreas de estar y dormitorios para dos personas en la planta baja, y una entrada independiente conduce a la otra mitad, donde la planta baja es un espacio abierto con cocina, sala y comedor, que se extiende hacia arriba a través del nuevo espacio abierto hasta el piso superior, que en este caso dispone de tres dormitorios. Todas las estancias son muy acogedoras y luminosas.

A pesar del cambio drástico del interior, mantuvieron la identidad del edificio como estructura prefabricada. A diferencia de muchos proyectos anteriores—como las villas urbanas revestidas de estuco de Stefan Forster en Leinefelde— en este caso optaron por conservar el patrón típico de juntas de la fachada, al igual que las aberturas que dan a la calle. Las vigas de acero amplían la cuadrícula de la construcción, y una amplia franja del techo se dejó visible en el espacio abierto para mantener la cuadrícula visible y proporcionar soporte estructural.

Solo se agrandaron las aberturas que dan al jardín, y las nuevas terrazas a las que se accede a través de las fachadas laterales. También se añadieron algunos servicios como el aislamiento interior con paneles de silicato de calcio y las ventanas de madera con triple acristalamiento con el propósito de mejorar la protección térmica, así como calentamiento de agua mediante energía solar térmica.

En los suelos se instaló calefacción por suelo radiante, y en el jardín se construyó una pequeña casa con sauna.

“A pesar del cambio drástico del interior, mantuvieron la identidad del edificio como estructura prefabricada.”

Reciclar como principio

Durante todo el proceso de reconstrucción, se reutilizaron materiales de construcción y en todo momento siempre buscaron adaptar los ya existentes. Los recortes de hormigón de techos y paredes se usaron para reforzar las terrazas del jardín. El dosel, las escaleras y las puertas fueron restaurados.

Este compromiso con el reciclaje también se refleja en el mobiliario, donde los protagonistas son un collage de hallazgos restaurados encontrados en sótanos de Berlín junto a lámparas y otros objetos de Rotor Deconstruction, una cooperativa belga que promueve la reutilización de materiales de construcción. En el interior, los elementos de madera, tanto nuevos como antiguos, junto con una paleta de colores sutil pero vibrante en los muebles, crean un impresionante contraste con las superficies frías y austeras de las paredes blancas, las vigas de acero, el hormigón pulido y el recrecido.

El aislamiento del sótano y la base de la sauna del jardín se realizaron con grava de espuma de vidrio, un subproducto de la producción de vidrio que, además de tener excelentes propiedades de aislamiento, también es respetuoso con el medio ambiente. Gracias a Viowall, un desarrollo de la empresa muniquesa Viol Glass, pudieron colocar y apilar la grava de espuma de vidrio directamente sobre las paredes del sótano.

Como podréis comprobar por las imágenes, Palais Brut aspira a ser un ejemplo de renovación respetuosa para un edificio impopular, ofreciendo una experiencia de alojamiento rural diferente, que además alberga el taller de miel Maxbee.

Y no solo lo ha conseguido por su idiosincrasia, por su singular emplazamiento – muy cerca se encuentran varios lagos para bañarse, el resort Kneipp en Buckow, situado en medio del Naturpark Märkische Schweiz, el parque natural más antiguo de Brandeburgo, y a 30 minutos se encuentran las termas Saarow – y por la historia que alberga su edificación sino por la evidente pasión por el diseño de sus actuales propietarios y por el buen gusto que emana esta verdadera joya escondida en Müncheberg.

(*) Fotografías by KKROM Services proporcionadas por Palais Brut.

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