Palais Brut: encanto rural en un edificio prefabricado en Müncheberg
El desarrollador Patrick Petzold y el arquitecto Hans Sasse se enamoraron de un antiguo edificio prefabricado al este de Berlín, y decidieron transformarlo para convertirlo en alojamiento vacacional. Para ello, tuvieron que modificar rigurosamente la estructura existente, reutilizando todo lo posible. En la actualidad, Palais Brut ofrece una perspectiva sorprendente sobre el patrimonio arquitectónico de la RDA.


En las afueras de Eggersdorf, un pueblo de 400 habitantes que se encuentra en el distrito de Müncheberg, cuatro antiguos edificios prefabricados bordean la carretera. Son relativamente pequeños, ya que constan de dos pisos de altura y fueron diseñados como dúplex. Ambos se encuentran en medio de un amplio jardín de más de 2.100 metros cuadrados.

Los edificios prefabricados que conforman Palais Brut estuvieron en mal estado durante mucho tiempo. Fueron construidos en la primavera de 1990 como casas agrícolas para la cooperativa agrícola local, y se convirtieron en testigos del período de cambio. Tras años de abandono y varios cambios de propiedad y uso, Patrick Petzold y su esposa decidieron adquirirlos, y junto con el arquitecto Hans Sasse, amigo de la pareja, transformaron con gran entusiasmo, esfuerzo y pasión la estructura seriada propia de los edificios prefabricados de la RDA (WBS 70), convirtiéndola en una singular y atractiva casa de vacaciones.
Rompiendo moldes, pero preservando su identidad prefabricada
Tras poner en contexto este tipo de edificaciones, cabe destacar que desde el principio del proceso de diseño de Palais Brut, surgió la idea de romper con el diseño tipo «caja de zapatos», y para ello crearon una apertura de varios niveles, lo que proporcionó un área espaciosa cuya altura estándar del techo de unos 2,60 metros no habría permitido.

Por otro lado, en lugar de la división simétrica original en dos mitades iguales, la renovación permitió una reestructuración más adecuada. De hecho, la parte suroeste del edificio ahora alberga una pequeña unidad con áreas de estar y dormitorios para dos personas en la planta baja, y una entrada independiente conduce a la otra mitad, donde la planta baja es un espacio abierto con cocina, sala y comedor, que se extiende hacia arriba a través del nuevo espacio abierto hasta el piso superior, que en este caso dispone de tres dormitorios. Todas las estancias son muy acogedoras y luminosas.

A pesar del cambio drástico del interior, mantuvieron la identidad del edificio como estructura prefabricada. A diferencia de muchos proyectos anteriores—como las villas urbanas revestidas de estuco de Stefan Forster en Leinefelde— en este caso optaron por conservar el patrón típico de juntas de la fachada, al igual que las aberturas que dan a la calle. Las vigas de acero amplían la cuadrícula de la construcción, y una amplia franja del techo se dejó visible en el espacio abierto para mantener la cuadrícula visible y proporcionar soporte estructural.
Solo se agrandaron las aberturas que dan al jardín, y las nuevas terrazas a las que se accede a través de las fachadas laterales. También se añadieron algunos servicios como el aislamiento interior con paneles de silicato de calcio y las ventanas de madera con triple acristalamiento con el propósito de mejorar la protección térmica, así como calentamiento de agua mediante energía solar térmica.

En los suelos se instaló calefacción por suelo radiante, y en el jardín se construyó una pequeña casa con sauna.
“A pesar del cambio drástico del interior, mantuvieron la identidad del edificio como estructura prefabricada.”
Reciclar como principio
Durante todo el proceso de reconstrucción, se reutilizaron materiales de construcción y en todo momento siempre buscaron adaptar los ya existentes. Los recortes de hormigón de techos y paredes se usaron para reforzar las terrazas del jardín. El dosel, las escaleras y las puertas fueron restaurados.

Este compromiso con el reciclaje también se refleja en el mobiliario, donde los protagonistas son un collage de hallazgos restaurados encontrados en sótanos de Berlín junto a lámparas y otros objetos de Rotor Deconstruction, una cooperativa belga que promueve la reutilización de materiales de construcción. En el interior, los elementos de madera, tanto nuevos como antiguos, junto con una paleta de colores sutil pero vibrante en los muebles, crean un impresionante contraste con las superficies frías y austeras de las paredes blancas, las vigas de acero, el hormigón pulido y el recrecido.
El aislamiento del sótano y la base de la sauna del jardín se realizaron con grava de espuma de vidrio, un subproducto de la producción de vidrio que, además de tener excelentes propiedades de aislamiento, también es respetuoso con el medio ambiente. Gracias a Viowall, un desarrollo de la empresa muniquesa Viol Glass, pudieron colocar y apilar la grava de espuma de vidrio directamente sobre las paredes del sótano.

Como podréis comprobar por las imágenes, Palais Brut aspira a ser un ejemplo de renovación respetuosa para un edificio impopular, ofreciendo una experiencia de alojamiento rural diferente, que además alberga el taller de miel Maxbee.
Y no solo lo ha conseguido por su idiosincrasia, por su singular emplazamiento – muy cerca se encuentran varios lagos para bañarse, el resort Kneipp en Buckow, situado en medio del Naturpark Märkische Schweiz, el parque natural más antiguo de Brandeburgo, y a 30 minutos se encuentran las termas Saarow – y por la historia que alberga su edificación sino por la evidente pasión por el diseño de sus actuales propietarios y por el buen gusto que emana esta verdadera joya escondida en Müncheberg.

(*) Fotografías by KKROM Services proporcionadas por Palais Brut.
















