Limburg: un road trip entre arte, historia y viñedos (Parte 2)
Después de varios días recorriendo antiguas minas de carbón, paisajes industriales recuperados, centros de arte y algunas de las intervenciones arquitectónicas más interesantes de Limburg, nuestro viaje cambió de escenario. Dejamos atrás Hasselt y nos dirigimos hacia Haspengouw, una región de colinas suaves, campos, frutales, pequeños pueblos, castillos y viñedos que ocupa el sur de la provincia.
Aquí comienza la segunda parte de nuestro roadtrip por Limburg. La primera la encontraréis aquí.


Durante los siguientes días caminamos entre campos para encontrar obras de arte, descubrimos que Bélgica también es tierra de vinos, dormimos en una casa de 1666 en el centro de Borgloon, recorrimos uno de los conjuntos históricos más importantes de Flandes y volvimos a encontrarnos con Gijs Van Vaerenbergh, el dúo belga que ya había aparecido en la primera parte de nuestro viaje. Primero con una iglesia que prácticamente desaparece en el paisaje, y después con otra intervención, mucho más monumental, que recupera el corazón perdido de una antigua abadía.

Borgloon: cuando el paisaje se convierte en museo
Nuestra primera base fue Borgloon, una pequeña localidad situada en pleno corazón de Haspengouw y rodeada por uno de los paisajes agrícolas más característicos de Limburg.

Nos alojamos en Huis van Loon, un pequeño B&B de apenas tres habitaciones situado frente a la plaza de Borgloon. El edificio, protegido y fechado en 1666, conserva numerosos elementos originales y resulta extraordinariamente acogedor. Sus interiores, con muebles antiguos, lámparas de araña, papeles pintados y pequeños detalles cuidadosamente elegidos, tienen algo de casa salida de una novela de Jane Austen.

Buena parte del encanto de Huis van Loon se debe a Ingrid, su propietaria y anfitriona, cuya hospitalidad hace que la experiencia sea todavía más especial. Y después está el desayuno: abundante, delicioso y preparado con productos de la región, con panes y bollería, quesos, embutidos, fruta fresca, confituras caseras y especialidades locales. Servido en el precioso comedor de la casa, es uno de esos desayunos que invitan a quedarse mucho más tiempo del previsto. Dormir en Huis van Loon fue un auténtico sueño.

Borgloon es un buen punto de partida para recorrer esta parte de Limburg caminando. Y eso fue precisamente lo que hicimos a la mañana siguiente.
La ruta nos llevó por caminos rurales entre campos y frutales para descubrir algunas de las obras que forman parte de PIT, un proyecto de arte público que ha ido incorporando intervenciones contemporáneas al paisaje de Haspengouw.
La más conocida aparece a cierta distancia, sobre una pequeña elevación. Se trata de Reading Between the Lines, que tiene la silueta de una iglesia tradicional, pero basta acercarse unos metros para comprobar que lo que parecía un edificio sólido comienza a desaparecer.
Reading Between the Lines tiene la silueta de una iglesia tradicional, pero basta acercarse para comprobar que lo que parecía un edificio sólido comienza a desaparecer.

La obra fue creada en 2011 por los arquitectos belgas Pieterjan Gijs y Arnout Van Vaerenbergh, conocidos conjuntamente como Gijs Van Vaerenbergh, por encargo de Z33 House for Contemporary Art, Design and Architecture, el centro que habíamos visitado unos días antes en Hasselt.
Tiene diez metros de altura y está construida mediante cien capas horizontales de acero apiladas y separadas entre sí por alrededor de 2.000 pequeñas columnas. Su forma reproduce el arquetipo de una iglesia parroquial de la zona, pero su estructura permite mirar constantemente a través de ella. Y ahí está buena parte de la fuerza de la obra.

Dependiendo del lugar desde el que se observa, la iglesia parece sólida, transparente o casi inexistente. Al caminar alrededor, las líneas de acero se superponen y vuelven a separarse. Aparecen las ventanas, la bóveda y la silueta del tejado para desaparecer unos pasos después.
El paisaje nunca deja de estar presente. Se ve a través de las paredes y atraviesa literalmente la arquitectura. Desde el interior, los campos quedan enmarcados por una estructura que aparentemente debería separarnos del exterior pero que hace exactamente lo contrario.
Caminar entre arte, campos y frutales
Reading Between the Lines no es una pieza aislada. Forma parte de una serie de intervenciones distribuidas por el paisaje de Borgloon y Haspengouw. Algunas son muy visibles; otras aparecen casi accidentalmente mientras se camina.

Una de las más sorprendentes es Helsh(ea)ven, una pequeña capilla que parece flotar entre los árboles. Concebida por el artista Frits Jeuris, su estructura ligera y translúcida reinterpreta la silueta de una capilla tradicional hasta convertirla en una presencia casi fantasmal, suspendida en medio del paisaje. Una de esas obras que se descubren de repente durante el recorrido y que alteran, por unos instantes, nuestra percepción del entorno.

Entre ellas se encuentra también Memento, otra de las obras integradas en este territorio convertido en espacio expositivo al aire libre. El recorrido permite ir encontrando diferentes intervenciones sin abandonar caminos agrícolas, huertos y campos.

Eso cambia bastante la manera de aproximarse al arte, ya que no hay salas ni existe un recorrido establecido por un comisario dentro de un edificio, y tampoco una puerta que marque con claridad cuándo empieza o termina la visita. Aquí hay que caminar. Y durante buena parte del recorrido lo que encontramos es simplemente paisaje.

Borgloon es un buen punto de partida para recorrer esta parte de Limburg caminando.
Esa distancia entre una obra y otra hace que la experiencia tenga poco que ver con visitar un museo o un parque de esculturas convencional. El arte aparece integrado en un territorio que continúa teniendo una función agrícola y que cambia constantemente con las estaciones.
En primavera, Haspengouw es conocido por la floración de sus miles de árboles frutales. Cuando nosotros lo visitamos, a finales de agosto, el paisaje estaba ya mucho más cerca de la cosecha. Manzanos, perales, campos y viñedos acompañaban buena parte de las carreteras.
Después de la caminata hicimos una parada para comer en Château de Looz, un château histórico rodeado de jardines, agua y el característico paisaje de frutales de Haspengouw, antes de descubrir otra faceta bastante inesperada de la región: el vino.

En primavera, Haspengouw es conocido por la floración de sus miles de árboles frutales.
Haspengouw también es tierra de vino
Bélgica probablemente no sea el primer país europeo que asociamos con la viticultura. Sin embargo, el vino se ha convertido en otra manera de entender el paisaje de Haspengouw.
La región cuenta con su propia denominación de origen protegida y unas condiciones especialmente interesantes para el cultivo de la vid. Sus suelos ricos en limo y caliza, el relieve ondulado y la evolución del clima han favorecido el desarrollo de una nueva generación de productores que está situando el vino belga en un lugar cada vez más interesante.
Para conocerla hicimos una Wine Safari con Terroir, una experiencia que recorre el paisaje de Haspengouw en pequeños vehículos eléctricos. La ruta parte de Gors-Opleeuw y atraviesa carreteras secundarias, pueblos, campos y viñedos. Durante el recorrido se realizan diferentes paradas para probar vinos locales y conocer las particularidades del territorio, las variedades cultivadas y el trabajo de algunos de sus productores.

Nosotros llegamos con bastante curiosidad y pocas referencias sobre el vino belga. Y probablemente esa sea una de las razones por las que la experiencia resulta tan interesante.
La viticultura aquí todavía conserva cierta sensación de descubrimiento. Los viñedos son pequeños, muchos proyectos tienen una escala familiar y buena parte de los productores están experimentando con variedades y métodos capaces de adaptarse a unas condiciones climáticas muy distintas de las grandes regiones vinícolas del sur de Europa.

Durante la Wine Safari probamos blancos y espumosos de la región mientras atravesábamos un paisaje que pocas horas antes habíamos recorrido a pie buscando obras de arte.
Era el mismo territorio observado desde otra perspectiva: primero a través del acero de Reading Between the Lines, y después a través de sus cultivos, su suelo y aquello que es capaz de producir.
Esa noche cenamos en De Pastorie, un restaurante especialmente acogedor instalado en una antigua casa parroquial. Sus pizzas artesanas, elaboradas en horno de leña y con una masa ligera y crujiente, se han convertido en una de las especialidades de la casa y merecen por sí solas la visita. Un lugar sencillo, cálido y muy agradable para terminar el día antes de regresar a Borgloon.
Bilzen-Hoeselt: ocho siglos de historia en Alden Biesen
Al día siguiente pusimos rumbo a Bilzen-Hoeselt, situada precisamente en el punto de encuentro entre dos de los paisajes que habíamos ido descubriendo durante nuestro viaje: Kempen, al norte, y las colinas y campos de Haspengouw, al sur. Es una zona especialmente verde, atravesada por caminos, bosques y huertos de frutales, pero también marcada por un importante patrimonio histórico.

Después continuamos hasta Alden Biesen. La historia de este enorme dominio se remonta al siglo XIII y está estrechamente vinculada a la Orden Teutónica. En 1220, el conde Arnold III de Loon y Mechtildis de Are, abadesa de Munsterbilzen, cedieron a la orden una pequeña iglesia y terrenos de cultivo. A partir de aquel núcleo se desarrollaría una de sus comandancias más importantes en esta parte de Europa.
El conjunto fue creciendo durante siglos. Castillo, iglesia, dependencias, patios, jardines y terrenos agrícolas terminaron formando un enorme dominio desde el que se administraban numerosas posesiones de la orden.
La Revolución Francesa puso fin a esa etapa. Las propiedades fueron confiscadas y en 1797 el alcalde de Hasselt, Guillaume Claes, compró el conjunto, evitando su demolición. Mucho más tarde, en 1971, un enorme incendio destruyó prácticamente todo el castillo y dejó en pie únicamente sus muros. La posterior restauración permitió recuperar el dominio que vemos hoy.

Recorrer Alden Biesen ayuda a comprender hasta qué punto este paisaje aparentemente tranquilo ha estado atravesado durante siglos por estructuras de poder, religión, agricultura y comercio.
El recinto conserva una escala sorprendente. Se atraviesan puertas monumentales, patios, jardines formales, huertos y largas perspectivas que organizan el paisaje alrededor de la arquitectura.
Pero antes de llegar, hicimos una pequeña parada que merece la pena buscar: una diminuta capilla junto a un árbol que parece sacada de otra escala y que encontramos durante nuestro recorrido por la zona. ¡Parece de cuento!
Dormir en la antigua casa del administrador
Martin’s Rentmeesterij se encuentra a pocos metros de Alden Biesen y ocupa la antigua Rentmeesterij, la residencia y dependencias vinculadas al administrador del dominio.
El edificio histórico, protegido como monumento, tiene su origen en la segunda mitad del siglo XVII y fue evolucionando hasta convertirse en un complejo cerrado alrededor de un gran patio rectangular.

Hoy la arquitectura histórica convive con una intervención contemporánea que permite utilizar el conjunto como hotel sin perder la lectura de su pasado.
Después de recorrer Alden Biesen, cenamos allí mismo, en Akko, el restaurante gastronómico de Martin’s Rentmeesterij. Al frente de la cocina está el chef Sébastien Oger, que parte de la tradición gastronómica francesa para construir una propuesta contemporánea muy centrada en el producto, la precisión y la temporada.
Elegimos uno de sus menús degustación acompañado de maridaje de vinos y fue, sin duda, una experiencia gastronómica memorable. Una sucesión de platos delicados, técnicamente impecables y llenos de sabor, acompañados por una selección de vinos especialmente acertada que conseguía elevar cada pase. Todo ello en un espacio elegante y sereno, abierto hacia los jardines de Alden Biesen y con la cocina a la vista. Muy recomendable.
A la mañana siguiente nos esperaba una última parada. Y terminaría conectando inesperadamente muchos de los lugares que habíamos visitado durante la semana.
Clausura: reconstruir una ausencia
Regresamos hacia los alrededores de Hasselt para visitar la Abadía de Herkenrode, que durante siglos fue uno de los grandes centros religiosos femeninos de los Países Bajos.

Las monjas cistercienses vivieron aquí durante aproximadamente 600 años y el complejo llegó a convertirse en una de las abadías femeninas más ricas e influyentes de la región.

Pero hoy falta algo fundamental: su corazón. Un incendio en 1826 destruyó prácticamente todo el conjunto central del monasterio. La gran iglesia abacial, los claustros y buena parte de las dependencias de las religiosas desaparecieron, dejando un vacío en mitad del recinto.
Ese vacío es precisamente el punto de partida de Clausura. La nueva intervención de Gijs Van Vaerenbergh reconstruye a escala real los contornos de los edificios desaparecidos mediante una monumental estructura de acero corten. No intenta reconstruir la abadía tal y como era, sino que hace visible su ausencia.

Las líneas metálicas dibujan en el espacio la antigua iglesia, los claustros y las dependencias conventuales. Desde determinados puntos, la estructura permite imaginar el volumen que ocupaban los edificios, y desde otros, prácticamente se disuelve y deja pasar el paisaje. La verdad es que la escala impresiona.
Después de haber visto Reading Between the Lines en Borgloon, la relación resulta inevitable. Allí, una pequeña iglesia de acero permitía mirar el paisaje a través de su estructura. En Herkenrode, ese mismo principio adquiere dimensiones monumentales para recuperar un conjunto arquitectónico desaparecido.
Y para nosotros había todavía otra conexión. Nuestro primer encuentro con Gijs Van Vaerenbergh había sido unos días antes en C-mine, donde recorrimos Labyrint entre las dos grandes torres de la antigua mina de Winterslag. Después llegó Reading Between the Lines,y finalmente Clausura.
Sin haberlo previsto, el trabajo de Gijs Van Vaerenbergh había terminado convirtiéndose en uno de los hilos que conectaban todo nuestro roadtrip por Limburg.
Antes de abandonar definitivamente la provincia, comimos en Brousse Table, nuestro lugar favorito de Hasselt. Ocupa un antiguo edificio bancario brutalista transformado por UAU en un espacio donde conviven gastronomía, arte y cultura. Nos encantó todo: los platos salados, los dulces, su granola, el café… Una cocina sencilla, creativa y tremendamente apetecible que nos habría hecho volver una y otra vez. El broche perfecto antes de poner rumbo a Bruselas.

De Limburg a Bruselas
Nuestro vuelo salía por la noche, así que aprovechamos las últimas horas para hacer dos paradas en Bruselas.
La primera fue Mix Brussels, un enorme proyecto de hospitality y bienestar instalado en el antiguo edificio de La Royale Belge, uno de los grandes ejemplos de arquitectura corporativa belga de la segunda mitad del siglo XX, y del que ya os hablamos hace unos años, cuando visitamos el complejo con motivo de su inauguración.

Antes de continuar, hicimos una breve parada frente al CBR Building, diseñado a finales de los años sesenta por Constantin Brodzki en colaboración con Marcel Lambrichs. Con su inconfundible fachada de módulos prefabricados de hormigón y ventanas ovaladas, el edificio se convirtió en una de las obras más singulares de la arquitectura belga de posguerra y en un magnífico ejemplo de cómo Brodzki exploró las posibilidades expresivas del hormigón más allá de su función puramente estructural.

Después nos dirigimos a Villa Empain, probablemente una de las casas Art Déco más extraordinarias de Bruselas. Diseñada a comienzos de los años treinta por el arquitecto suizo Michel Polak para el barón Louis Empain, sorprende por la riqueza de sus materiales —mármoles, maderas preciosas, granito pulido, bronce y vidrio—, la precisión de sus detalles y su espectacular piscina exterior.

Su historia es casi tan fascinante como su arquitectura. Fue residencia privada, museo, embajada de la URSS y sede de RTL, antes de atravesar décadas de abandono y deterioro. La Boghossian Foundation la adquirió en 2006 y emprendió una minuciosa restauración, reconocida con el premio Europa Nostra. Desde 2010 funciona como centro de arte y espacio de diálogo entre las culturas de Oriente y Occidente.
Recorrer sus interiores y terminar junto a la piscina fue una magnífica última dosis de arquitectura antes de dirigirnos al aeropuerto.

El cambio de escenario fue considerable. Después de una semana de minas, bosques, campos, pequeñas ciudades, viñedos, abadías y carreteras secundarias, terminábamos el viaje frente a una de las arquitecturas más sofisticadas de la capital belga.
Una semana atravesando Limburg
Al mirar el recorrido completo, resulta difícil reducir Limburg a una única imagen. En Maasmechelen y Genkdescubrimos un territorio profundamente transformado por la minería. En Hasselt, arquitectura, diseño y arte contemporáneo. En Borgloon y Haspengouw, campos, frutales, vino y obras que convierten el paisaje en parte inseparable de la experiencia artística. En Alden Biesen y Herkenrode, siglos de historia que siguen incorporando nuevas capas. Pero quizá lo más interesante sea precisamente la manera en que todas ellas conviven.

Durante una semana encontramos constantemente proyectos que parten de aquello que ya existe: una antigua mina se convierte en centro creativo; un paisaje industrial, en espacio natural; una iglesia desaparece entre líneas de acero; y una abadía perdida vuelve a dibujarse sin necesidad de reconstruirla.

Recorrimos Limburg en coche, en bicicleta y a pie y terminamos enamorándonos de esta parte de Bélgica que apenas conocíamos antes de llegar. Por sus paisajes, por la manera en que arte y arquitectura aparecen en los lugares más inesperados, por su gastronomía y, sobre todo, por esa capacidad de utilizar el patrimonio y la cultura para seguir construyendo el territorio sin borrar lo que hubo antes. Ha sido uno de esos viajes que calan poco a poco y que, cuando terminan, sabes que vas a recordar durante mucho tiempo.
Recorrimos Limburg en coche, en bicicleta y a pie y terminamos enamorándonos de esta parte de Bélgica.

Dónde dormir
Huis van Loon (Borgloon)
Un pequeño B&B con solo tres habitaciones situado en un edificio protegido de 1666, en pleno centro histórico de Borgloon. Conserva numerosos elementos originales y su escala doméstica, junto con la atención de su propietaria, hace que sea una opción especialmente agradable para explorar Haspengouw.
Martin’s Rentmeesterij (Bilzen-Hoeselt)
Situado junto a Alden Biesen, ocupa la histórica residencia del administrador de la antigua comandancia. El conjunto combina patrimonio y arquitectura contemporánea y permite alojarse literalmente dentro de uno de los capítulos más importantes de la historia de la zona.
Dónde comer
Château de Looz (Borgloon)
Un château histórico rodeado de jardines y paisaje de Haspengouw. Una buena parada después de caminar por los alrededores de Borgloon y visitar Reading Between the Lines.

De Pastorie (Borgloon)
Nuestra elección para cenar después de la Wine Safari y cerrar un día dedicado casi por completo a descubrir el paisaje de Haspengouw.
Akko (Bilzen-Hoeselt)
El restaurante gastronómico de Martin’s Rentmeesterij, dirigido por el chef Sébastien Oger. Cocina francesa contemporánea, producto de calidad y una ubicación excepcional junto a Alden Biesen.

Brousse Table (Hasselt)
La propuesta de la chef Elien Gielen ocupa un antiguo edificio bancario brutalista transformado en un espacio donde conviven gastronomía, arte y cultura.
(*) Fotografias: Ely Sánchez (CC/studio · CC/magazine).





