«Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades»: la catarsis de Iñárritu hecha película 

Somos muy fans del cine de Iñárritu. Hemos visto y revisado sus films unas cuantas veces y somos fieles a su arte. De ahí que esta semana fuésemos a ver su última creación: «Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades».

Se trata de una experiencia inmersiva basada en su vida y protagonizada por Daniel Giménez Cacho aka Silverio que hace las veces de Alejandro González Iñárritu. A simple vista el primer juicio que se os puede despertar es el de: «menudo ego tiene». Sin embargo, y aunque la película es una especie de epítome de su vida, os recomendamos que le deis una oportunidad y os sumerjáis en su particular catarsis, en la que todos de alguna manera podemos sacarle jugo.

La palabra tibetana bardo significa literalmente estado intermedio o estado de transición.

Un viaje íntimo y conmovedor

«Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades» es un viaje personal a un collage de pasajes sobre la memoria que Iñárritu guarda sobre su vida. Un compendio de momentos duros y no tan duros, que se solapan con una carta de amor a su familia y a su tierra natal, Mexico, con la que también parece que tenía cuentas pendientes.

Un alter ego periodista

El personaje que el propio Iñárritu, productor y guionista junto a Nicolás Giacobone de esta película, ha creado para interpretarle es un reconocido periodista y documentalista mexicano radicado en Los Ángeles, y que tras ganar un prestigioso premio internacional se ve obligado a regresar a su país de origen.

Este personaje lo interpreta excelentemente Daniel Giménez Cacho, quien logra arrastrarnos con él a su delirio repleto de metáforas, ensoñaciones, recuerdos difusos y otros inventados, así como a un encuentro con sus miedos, los momentos de su vida más íntimos como la pérdida de su bebé con menos de un día de vida o la relación con su mujer y sus hijos…

Una reflexión personal que nos invita cuestionarnos nuestra propia vida, entre otras cosas

Uno de los aspectos que más nos han gustado de la película es todo el sustrato reflexivo que hay en ella. Y es que no solo se trata de contemplar la vida del director sino de que su propia purga personal al mostrar abiertamente todas esas cosas que le preocupan, también nos sirva para cuestionarnos aspectos fundamentales de la nuestra.

Hay que dejarse llevar por las imágenes y sentirlas.” Alejandro G. Iñárritu

Cuestiones como el sentido de la vida, el valor del tiempo, de la salud, de los amigos y de la familia, el significado del éxito, las expectativas, las críticas y las autocríticas, la mortalidad o el arraigo a la tierra en la que naciste… se muestran con imágenes y escenas muy poderosas, desgarradoras y apabullantes, que te zarandean, te emocionan y te zambullen en su historia sin que puedas hacer nada para evitarlo.

Un relato doloroso de un expatriado

Entre otras cosas, esta película habla sobre lo duro que es ser un expatriado. Porque a pesar de ser un director de cine mexicano aclamado y multipremiado internacionalmente, él insiste en esa añoranza de sus raíces… De ahí que lleve a cabo reflexiones sociopolíticas, y muestre abiertamente su opinión sobre temas espinosos, sin miedo a los posibles juicios por parte de sus detractores. Lo que no cabe duda es que a Iñárritu le gusta provocar y agitar, y por ello, decide poner el dedo en la llaga y abrirse en canal para mostrar «ese dolor» que le acompaña a diario, a pesar de que reconoce que no querría volver, por la inseguridad del país, entre otras cosas.

Mexico es un estado mental.” Alejandro G. Iñárritu

La fotografía de Darius Khondji es sublime

Todo el film está extramadamente cuidado e Iñárritu hace muestra de su virtuosismo visual y cinematográfico con imponentes coreografías y escenas impactantes y bellísimas.

Como no podría ser de otra manera, la fotografía es extraordinaria y es fruto del excelente trabajo del iraní Darius Khondji.

Exquisitas referencias estéticas y banda sonora

La película es impoluta visualmente y en parte recurre a inspiraciones de otros grandes directores como Sorrentino o Fellini, así como a otros artistas como el grupo Radiohead y su videoclip «Just», de donde se inspira para una de sus escenas más rotundas y emotivas.

Asimismo, la banda sonora de «Bardo» también es destacable gracias a temazos como «Let’s Dance» de David Bowie o «In The Cage» de Genesis, entre otras.

La previsible crítica de la película dentro de la película

En ese viaje catártico, Alejandro G. Iñárritu irrumpe con una escena de metaficción en la que un personaje hace una crítica salvaje del documental por el que le han dado el premio a su personaje, que en realidad es la película que estamos viendo. Un crítica que al escucharla te das cuenta que es exactamente lo que muchos de sus haters podrían pensar al verla… Un guiño lleno de socarronería dirigido justamente a aquellos que le tildarán de ególatra y de pedante por hacer un film de estas características.

Sin más, «Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades» es una película que cala, histriónica, excesiva, surrealista, incómoda, bellísima y genial en muchísimas ocasiones aunque en otras puede resultar un tanto inconexa y pecar de pretenciosa. Dicho esto, y como os adelantábamos en un inicio, consideramos que hay que ver más allá. Y es que como en cualquier crítica de una peli, no hay una verdad absoluta. A nosotros particularmente nos ha parecido una película notable aunque demasiado larga, y también útil, ya que a través de su testimonio nos hace reflexionar sobre nuestra propia vida, sobre el camino recorrido, sobre nuestras relaciones y sobre el sentido de la misma. De hecho, «Bardo» parece la obra de alguien que sabe que se va a morir o a quien han detectado una enfermedad grave, y que por ende quiere saldar cuentas con quienes cree que debe hacerlo así como dejar un testigo para siempre de quien fue y de su legado artístico antes de que eso suceda.

Lo mejor: todo el aspecto visual (fotografía y estética), el excelente elenco de actores, todas las reflexiones que encierra así como la invitación a pararnos a meditar sobre nuestra vida sin tener que esperar a estar enfermos o al borde de la muerte.

Lo peor: demasiado larga.

Consultar cartelera. Y próximamente en Netflix.


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