Marrakech: un destino imperdible lleno de autenticidad e historia

Hay destinos que, por lo que sea y sin haber estado en ellos, te hacen sentir que vas a conectar con ellos. Se trata solamente de un feeling, pero cuando la realidad te devuelve con creces esa buena sensación… es una maravilla.

Exactamente esto fue lo que nos pasó con Marrakech. Una ciudad llena de contrastes, acogedora, cercana, única y en la que nos sentimos increíblemente bien.

En esta ocasión fuimos para hacer un reportaje al nuevo hotel de Christian Schallert: Maison Brummell Majorelle, que os recomendamos muchísimo, así como para visitar la ciudad. Y aunque habíamos oído de todo, ya que es un lugar muy turístico, lo cierto es que nos sorprendió para mejor.

Asimismo, tenemos que reconocer que evitamos ir en verano, porque no soportamos el calor ni la masificación, y de esta manera pudimos disfrutar de Marrakech sin apenas turistas y con un tiempo primaveral envidiable.

Entre las diferentes cosas que se pueden hacer y visitar os sugerimos las siguientes:

¿Qué ver?

Por supuesto, hay que ir a la Medina, que es Patrimonio de la Humanidad y uno de los lugares más interesantes y auténticos de Marrakech. Sí que es verdad que es muy turístico y suele estar repleta de gente, sobre todo en la época estival, pero aún así vale la pena. La Medina vibra y es pura energía. Está repleta de callejuelas estrechas llenas de comercios, y por donde circulan muchísimas motos, carros movidos por burros, locales y turistas. Un caos total que parece que está abocado al desastre, pero que curiosamente está en equilibrio, como los bailes de los estorninos. La verdad es que parece que todos estemos coordinados mágicamente, y no pasa nada, porque todo fluye. 

Como os adelantábamos, nosotros nos alojamos fuera de la Medina, y nos encantó porque pudimos abstraernos de la locura y el bullicio que allí se cuece, y además nos permitió conocer otras zonas de Marrakech como el barrio de Gueliz o Sidighanem.

De todos modos, lo que sí que os recomendamos es que deambuléis por la Medina sin prisa, que callejeéis y disfrutéis de los detalles, de los olores y de los matices de este lugar sin parangón. Nosotros no sufrimos el acoso de los comerciantes y de hecho fueron muy respetuosos. Sí que regateamos, porque forma parte de su cultura, pero aunque nos habían advertido de la insistencia constante por parte de los vendedores, nosotros pudimos disfrutar tanto de la Medina como de otros lugares más apartados con mucha tranquilidad y sin presiones.

Palacio El Badi: Fue construido a finales del siglo XVI por el sultán Ahmed al-Mansour para conmemorar la derrota de los portugueses en Wed al Makhazín (la Batalla de los Tres Reyes). Actualmente está en ruinas pero tuvo fama de ser uno de los edificios más majestuosos construidos en el planeta. Está considerado como el gran símbolo de la arquitectura de la dinastía saadí de Marruecos. Su visita es muy interesante, sobre todo por sus techos con incrustaciones, las columnas rematadas con oro, los mármoles negros y blancos, los suelos alicatados con preciosos mosaicos… Desde su azotea hay unas vistas imbatibles de la ciudad.

Jemaa el-Fna: Situada junto a la mezquita Koutoubia, la Plaza de Jemaa el Fna es el verdadero corazón de la ciudad de Marrakech y el lugar más importante de la Medina. En ella se desarrolla la vida pública de Marrakech, tanto de día como de noche. Y lo cierto es que cualquier hora es buena para pasear por esta plaza, donde hay desde encantadores de serpientes, entre otras excentricidades y mil y un tenderetes de comida.

El zoco: Es un laberinto de decenas de callejuelas llenas de puestos y tenderetes donde los marroquíes y los turistas hacen sus compras: ropa, especias, comida, artesanía y productos típicos de Marrakech. Perderse es fácil, aunque es parte de su encanto. Y el regateo es mandatory.

Le Jardin Secret: Este remanso de paz puede pasar desapercibido, ya que no destaca a simple vista. Quizás en verano sí, por las colas para acceder a él. Está en plena Medina y su interior es precioso. Fue construido en el siglo XV, pero tras casi ochenta años de abandono, el espacio recobró de nuevo la vida. De hecho, fue Tom Stuart-Smith, uno de los paisajistas más talentosos de Gran Bretaña, quien en 2016 se encargó del diseño de los jardines de estilo árabe-andalusí inspirados en cómo pudo haber vivido el sultán durante sus épocas de descanso.

Place des Ferblantiers: Esta plaza, cuyo nombre en francés significa estaño, está al sur de la Medina, en la Mellah, el antiguo barrio judío de la ciudad, justo al lado del Palacio de la Bahía, el Palacio el Badi y la mezquita de la Kasbah. Está llena de puestecitos y su parada es obligatoria.

Palais de la Bahía: Es una de las obras arquitectónicas más importantes de Marrakech. Fue construido a finales del siglo XIX con el objetivo de ser el palacio más impresionante de todos los tiempos. El Patio de Honor es espectacular.

Dar El Bach Museum: Espacio expositivo dedicado al arte del Islam donde se exponen escritorios, tabletas y diversos objetos relacionados con la ciencia y el conocimiento islámico; también incluye la colección universal de Patty Cadby Birch, que representa los cuatro continentes, así como un espacio dedicado a exposiciones temporales. Cuenta con un café-restaurante muy bonito y una tienda de café de especialidad. Os recomendamos que vayáis, porque vale la pena.

Jardin Majorelle: Este jardín botánico fue diseñado por el artista expatriado francés Jacques Majorelle en 1924, durante el periodo colonial en el cual Marruecos estuvo administrado por Francia. En un principio los jardines sirvieron al pintor como fuente de inspiración, pero en 1947 se abrieron al público en general. Y desde 1980 son propiedad de Yves Saint Laurent. Suelen estar repletos de turistas y podríamos decir que es una de las paradas mainstream que hay que hacer. Las horas más recomendables son por la mañana prontito.

Musée Yves Saint Laurent: Es un museo consagrado al diseñador Yves Saint Laurent en Marrakech, así como a Jacques Majorelle y al arte marroquí. Y es que el diseñador francés sintió una profunda atracción por esta ciudad, hasta el punto de residir en ella, buscar inspiración en sus rincones e involucrarse en la protección de su patrimonio. El edificio fue diseñado por el equipo de arquitectos y diseñadores Studio KO, quienes optaron por una sencilla integración de grandes volúmenes cúbicos y curvos elaborados con materiales locales: ladrillo de barro, terracota, terrazo, mármoles y cemento.

Galerie 127: Esta galería abrió sus puertas en 2006 para dedicarse a la fotografía contemporánea en Marruecos. Está en un piso del barrio de Gueliz, muy cerca de Grand Café de la Poste.

Comptoir des Mines Galerie: Este edificio de 1932 que fue el hogar de una corporación minera,  ahora alberga una galería contemporánea, que es el último proyecto del fundador de la Feria de Arte de Marrakech, Hicham Daoudi. Ha sido restaurado pero manteniendo el esplendor de su estética art déco original, y la verdad es que es bellísimo. Su escalera central, sus suelos de terraza, los apliques, sus muebles… Actualmente se organizan exposiciones de arte rotativas en sus tres pisos, que muestran a artistas destacados y emergentes de Marruecos y el resto de África. 

Cinemascopes Colisée: Sala de cine mítica diseñada por el arquitecto Georges Peynet, quien también diseñó cines parisinos como Le Max Linder, Le Vendôme-Opéra y Le Paramount-Elysées, donde se proyectan películas y documentales de todo el mundo.

¿Dónde comer?

La Famille: Está en la Medina y es un auténtico oasis donde disfrutar de comida vegetariana bajo sus limoneros.

Atay Café: Comida muy rica y servicio excelente, así como sus increíbles vistas. Se encuentra en plena Medina.

Rooftop Dardar Restaurant Médina: Restaurante con bonitas vistas a la Medina y al Atlas desde su azotea. Buen servicio y comida marroquí con toques internacionales. Muy recomendable al atardecer.

Nomad: Un clásico de Marrakech. Este restaurante «marroquí moderno» cuenta con una carta donde destacan las recetas que revisitan la cocina tradicional y la internacional, pero con un toque marroquí, y elaboradas con ingredientes locales frescos de temporada. Vistas increíbles de la vibrante y colorida Plaza Des Espices.

Café Des Épices: Es un sitio muy bonito, que se encuentra en el edificio de enfrente del Nomad, con quien comparte vistas a la Plaza Des Espices. No comimos, pero si nos tomamos algo y nos encantó el ambiente y el lugar.

Café Clock: Este café-bar-restaurante nos encantó. Se llama así por el reloj de agua centenario que ocupa la pared frontal de Bou Inania Madrasa. Desde su creación de 2006 se ha convertido en un centro cultural de la ciudad vieja. Sirven comida sencilla pero rica y con muchas opciones vegetarianas. También hacen muchas exposiciones y conciertos y hay un ambiente ecléctico muy interesante.

Thirty5ive Marrakech: Nuestro café favorito junto con Atay Café. Este está en Gueliz y nos encanta tanto su estética como su café y sus dulces.

Le Kilim: Ubicado también en Gueliz, este restaurante ofrece platos de cocina moderna pero sobre todo con un fuerte apego a las raíces Marrakchi. Su magnífica decoración ha sido creada por Anne Emmanuelle Favier, que destaca por su mobiliario en color rojo y por sus imponentes lámparas de cobre y de paja tejida.

Grand Café de la Poste: Este restaurante es toda una institución en Marrakech. Está situado en Gueliz y destaca por su decoración colonial y por su cocina francesa. Fue construido bajo el protectorado en los años veinte, y se convirtió en un café y oficina de correos. En 2005, y tras muchos años cerrado, fue restaurado para devolverle su brillo y glamour original.

Al Fassia: Está dirigido por una cooperativa de mujeres, y está considerado como uno de los mejores restaurantes de Marrakech. Su especialidad es la espalda de cordero. Su decoración es un tanto kitsch y el ambiente es muy acogedor.

Plus61: Restaurante de diseño nórdico ubicado en el barrio de Gueliz, y donde sirven excelente comida marroquí, pero con aires contemporáneos. Muy buen ambiente y servicio.

Sahbi Sahbi: Nuestro restaurante favorito de Marrakech, que homenajea a la amistad y a las mujeres marroquíes – de hecho está capitaneado solo por ellas -. Su nombre significa «almas gemelas» en Darija y su cocina gira alrededor de la cocina tradicional marroquí. Es excepcional y todo está riquísimo. Además, el espacio es una belleza, obra de Studio KO. La cocina está abierta y mientras esperáis podréis ver cómo preparan los platos, sobre todo si pedís cenar en la barra (muy recomendable). Sus tayines y su cus-cús son de ensueño.

El Fenn Hotel, Restaurant and Rooftop Bar: Nosotros no comimos, pero sí que disfrutamos de su bonita terraza con vistas. Vale la pena pasearse por su tienda, ubicada en la planta de acceso, aunque no es para todos los bolsillos.

Le Jardin Marrakech: Al entrar por una puerta sin pretensiones, se llega a un exuberante jardín con mesas y luces. Un lugar ideal para comer, cenar o tomarse algo e incluso ver las películas clásicas que proyectan ocasionalmente al aire libre. El diseño del espacio remite a las décadas de los 60 y 70 en Marrakech, y la verdad es que han sabido combinar muy bien la elegancia marroquí con la europea, algo que se refleja en los platos de su carta. Aquí también se encuentra la tienda pop-up de Norya Ayron.

Tiendas interesantes y otros

Marruecos está lleno de tiendas donde comprar objetos hechos a mano y piezas preciosas. Estas son nuestras favoritas:

Les Nomades de Marrakech: El espacio es increíble y, por supuesto, las alfombras que venden.

Soufiane Zarib: Aquí también venden alfombras marroquíes tejidas a mano por artesanos en las montañas del Atlas de Marruecos con lana natural y coloreadas con tintes naturales.

Some Slowconcept: Tienda especializada en bonitos muebles y objetos hechos a mano por artesanos locales.

Moro Marrakech: Nuestra tienda favorita. Esta concept store tiene diferentes áreas, en las que venden ropa, objetos de diseño, joyas, accesorios, así como perfumes, velas y cremas de su marca The Moroccans. También tiene un coffee-bar y venden productos saludables como miel y aceite de oliva, entre otros.

Marrakshi Life: Crean colecciones de moda a partir de los elementos del estilo propio del guardarropa marroquí tradicional, que son elaboradas por un equipo interno de artesanos marroquíes. Utilizan técnicas antiguas para crear ropa auténtica pero con un toque urbano vanguardista. Está en la zona de Sidighanem, que está bastante alejada de la Medina y del centro neurálgico de Marrakech, pero que vale la pena visitar para hacer compras especiales. 

LRNCE Studio: Esta marca de estilo de vida con sede en Marrakech que se centra en la decoración de interiores y accesorios textiles y de cerámica. Todo está cuidadosamente hecho a mano y ¡nos chifla! La verdad es que somos muy fans de todo lo que hace Laurence Leenaert. Y su estudio es increíble. Está ubicado en una edificio de estética industrial, que te remite inmediatamente a los del barrio de Poblenou en Barcelona.

Si lo que estáis buscando es un hammam donde relajaros y haceros algún tratamiento o masaje, estos son los que os recomendamos: Hammam de la Rose y Les Bains Du Lotus. Y si queréis hacer yoga en un espacio bonito y fuera de la Medina, Bloom House es una gran opción.

Algunos consejos:

– Para pagar los taxis siempre con efectivo (su moneda local) y pactad siempre el precio antes (os tocará regatear). Algunos no os dejarán en el destino exacto que le habéis marcado, sino cerca. Por ello, es bueno que vayáis con el Googlemaps a mano para controlar esto.

– Reservad previamente los sitios a los que queréis ir a comer. Fuera de temporada no es problema, pero Marrakech recibe una gran cantidad de turistas casi todos los meses, y es preferible que os aseguréis vuestra mesa, porque los mejores suelen llenarse.

– Nosotros no comimos en puestos callejeros porque somos de estómago delicado y no queríamos sorpresas, pero si os animáis en la Plaza Jemaa el-Fna hay muchísimos.

– Con respecto a la entrada a museos, palacios o cualquier otro monumento también es preferible que compréis la entrada por internet. Evitaréis colas y os podréis organizar mejor el tiempo.

– Llevar siempre crema solar porque aunque a veces no lo pueda parecer… el sol siempre está haciendo de las suyas.

– Y si como nosotros, sois amantes de los gatos, aquí alucinaréis porque hay muchos… Algunos están despeluchados, pero veréis como muchos comerciantes y locales les dan comida o los cuidan.

Por supuesto, si tenéis más días, vale la pena que visitéis el desierto y otras ciudades bellísimas. Marruecos tiene mucho encanto y es de esos reductos que están muy bien comunicados con España y otras ciudades europeas y que te permiten conectar con un destino con alma, donde todavía se puede ver y sentir la autenticidad y la idiosincrasia del lugar.

(*) Fotos: Ely Sánchez y Cecilia Camacho.

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