Luciano Concheiro conspira contra nuestras vidas aceleradas

El 18 de enero leí en la contraportada de La Vanguardia una entrevista muy interesante al filósofo mexicano de 24 años Luciano Concheiro.

Si no le conocéis, os pongo en antecedentes…

Resulta que Concheiro entró en la universidad a los 16 años, se licenció en Historia a los 19, estudió Sociología en Cambridge a los 20, es profesor de Historia del Pensamiento del Siglo XX desde los 22, y ahora, con 24, acaba de ser finalista del 44º Premio Anagrama de Ensayo con su libro ‘Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante’. ¿Sorprendente, verdad? Para que luego digan que los jóvenes están perdidos…

Yo no soy un iluminado, soy el más acelerado de todos, un sujeto estrenado, ansioso: acabé la carrera a los 20, mi primer libro a los 22 y este a los 24: un grito de búsqueda de solidaridad, de aliados en la lucha contra el tiempo.

Concheiro hace hincapié en qué la lentitud no es suficiente, y que hay que erradicar el tiempo. Tampoco se trata de resistirse a la velocidad sino de escapar a su dinámica. De ahí que se distancie de las corrientes que defienden la calma en el comer, en el hacer, en el vivir. Y de hecho compara nuestras vidas con el comportamiento de los hámsters en sus ruedas, girando a una velocidad frenética pero sin desplazamiento.

Somos roedores que giran a una velocidad frenética pero sin desplazamiento. Es esa sensación diaria de que estamos en un barullo impresionante pero al mismo tiempo no pasa nada.

Asimismo, y a diferencia de otros que parecen tener la panacea y la venden de un modo sensacionalista, este joven filósofo nos advierte que lo único que pretende es apuntar a los resquicios de potencialidad de cambio, ya que es consciente de que las prácticas no son universales. Aun así, sí que cree que es necesaria una transformación existencial, que trastoque nuestros comportamientos en sociedad  y nuestra relaciones con nosotros mismos, con la naturaleza y con nuestras prioridades en la vida.

La vida que vivimos es vacía y miserable, la transformación no sólo tiene que ser política y social, sino de la vida misma.

Y es que vivimos sometidos a dos variables muy potentes: la eficacia y la rapidez. Estos son los hilos que mueven nuestra vida, porque la sociedad actual nos lo exige. Por este motivo, el mundo esté formado por seres estrellados, ansiosos, dispersos, deprimidos  y siempre con prisa…

Vivimos en una inmovilidad frenética.

Concheiro añade que hemos llegado a este escollo debido a un sistema ideológico, político y económico, que lo que busca es generar ganancias eternamente, y la aceleración es el mecanismo para maximizar esas ganancias. Por ello, nuestras vidas están dedicadas a la producción y al consumo.

Cuando le preguntan por si todavía existe un halo de esperanza ante tal embrollo, Luciano dice:

Para que se produzca el cambio debemos repensarlo todo. Se trata de una crisis de la civilización en su conjunto.

Aún así, lo que sí aconseja es que procuraremos instantes en los que el tiempo se suspenda, ya que esos pequeños momentos no son un fin, pero sí un mientras tanto cargado de potencialidad… Un sacar la cabeza agua cuando nos estamos ahogando para volver a sumergirnos. Por ello, nos invita a centrarnos en las pequeñas cosas…

Pasear; una sobremesa con amigos; una carcajada; estar en silencio… experiencias que pertenecen a la más sencilla cotidianidad. Tenemos que construir una filosofía práctica del instante que se enfrente a la aceleración. Se trata de resistir sin resistir, de hacer sin hacer.

Sin más, os recomiendo de todas todas este lúcido ensayo de 50 páginas con reflexiones sobre el devenir de nuestra vida y nuestro futuro inminente.

(*) Foto de Kelly Lacy en Pexels.


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