Entrevista a Dimitris Papaioannou con motivo de «Transverse Orientation», su nueva obra maestra

Con motivo del 39º Festival de Otoño, la compañía del aclamado director de escena griego Dimitris Papaioannou (Atenas, 1964) ha venido a Madrid con su impresionante y codiciado nuevo espectáculo: «Transverse Orientation». Un viaje para los sentidos, repleto de belleza, arte, poesía y reflexiones de gran calado sobre la esencia del ser humano, donde las artes plásticas, el teatro y la danza se fusionan.

Asimismo, recientemente tuvimos el placer de poder charlar con él y esto fue lo que nos contó. Genio y figura.

Dimitris Papaioannou está considerado hoy en día como el genio de la escena griega, y sus producciones, tanto las más intimistas como las más masivas, viajan por todo el mundo y son aclamadas por público y crítica. Y no es para menos. Enfrentarte a una de sus obras implica entregarte a la misma en cuerpo y alma, desprenderte de cualquier idea preconcebida y dejarte llevar…

¿Cómo eras de niño y qué querías ser de mayor?

Mis padres me dijeron que durante mis primeros años no fui muy social. Me gustaba mucho jugar solo, con mis plastilinas y mis rotuladores «Magic Markers», bajo la mesa del comedor. Era introvertido, pero eso no significaba que tuviese problemas para relacionarme con los demás. De hecho, cuando cumplí 11 años o un poco antes, descubrí el barrio y a los otros niños que vivían allí, y a partir de aquel entonces siempre estaba fuera… (risas)

“Cuando era pequeño quería ser pintor porque pintaba muy bien. También quise ser estrella de cine y bailarín de ballet.”

¿Cómo ha sido tu viaje para convertirte en quien eres?

Ya tengo 57, así que mi viaje es largo, pero la verdad es que ha sido fluido y a la vez esperado e inesperado. En cierta manera, podría parecer que todo ha quedado en su sitio, pero lo cierto es que en mi vida ha habido muchas sorpresas. En primer lugar, a los 18 años me tuve que escapar de casa para convertirme en artista y desde aquel momento fui autosuficiente en todos los sentidos: me pagué mis estudios y me autoabastecí financieramente. Asimismo, y aunque logré una buena situación económica cuando era pintor, pasado un tiempo decidí cambiar de profesión y probé con la danza en la escena más underground de Atenas. De hecho, accedimos ilegalmente a un edificio que convertimos en un teatro, y fue allí, junto a un grupo de amigos, donde empecé a dirigir mis primeras obras/coreografías. Fue una época muy anárquica y punk, pero que a su vez fue un enorme éxito burgués representando funciones totalmente underground. (risas)

Después de aquello, fueron surgiendo más y más proyectos, en teatros cada vez más grandes, así como otros más desafiantes como las Ceremonias de Apertura y Clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas. Y, de pronto, hace siete años, cuando tenía 50 años, unos curadores internacionales me descubrieron y a partir de ahí he estado dando vueltas por el mundo con mis creaciones.

“Me siento muy agradecido por ver que hay gente interesada de verdad en lo que hago.”

Empezaste tu carrera como pintor y dibujante de cómics con bastante éxito. ¿Qué sentimientos guardas de esa etapa? ¿Echas de menos dibujar?

Estuve pintando muy intensamente el pasado verano, durante mis vacaciones. Durante casi 30 años me ha acompañado un cuaderno de bocetos. Me encanta pintar y dibujar y es algo que me recuerda a mi juventud. Creo que es una habilidad que hay que seguir practicando siempre.

“Me resulta muy placentero ver como mis manos reproducen lo que ven mis ojos sin pensar en posibles interpretaciones, simplemente dejándome llevar.”

Además, hacer cosas que nadie espera que hagas también es algo que me hace sentir muy bien. Lo que sí que echo de menos son mis inicios siendo dibujante de cómics, porque era inocente y porque me di cuenta de que, si quieres, tu trabajo puede ser muy personal y, a la vez, puede conectar con otras personas.

¿Qué es el arte para ti?

Es una pregunta muy difícil, pero te diré que se ha demostrado en la historia de la humanidad que el arte es necesario como un medio para tratar de entender los misterios de la existencia, así como un medio para que los humanos nos comuniquemos.

“El arte permite que compartamos nuestro universo interno para tratar de comprender, para tratar de dar sentido a las cosas y para tratar de descodificar las emociones y los miedos.”

¿Cómo definirías tu arte?

“A través de la metamorfosis intento coger una materia y transformarla en otra cosa.”

¿Algo así como una terapia?

Tiene sentido. De hecho, el teatro griego, en sus orígenes, era como un centro de psicoterapia para el desarrollo del ser humano, donde se interpretaban causas y situaciones para comprender nuestra existencia.

En la Grecia Antigua, el teatro estaba al lado de un centro terapéutico, parte de un complejo, una especie de psicoterapia para la sociedad. La labor que hacían los griegos en el teatro era desde la perspectiva de los que habían perdido. Era un intento de procesar la derrota y la existencia.

¿Cuál es su proceso creativo y cómo abordas un nuevo proyecto?

Tengo un enfoque caótico y siempre me enfrento al mismo caos. Suelo venir al estudio con algunas ideas que tienen que ver con el uso de posibles materiales, sonidos… o con ideas que plantean, por ejemplo, cómo podemos tener a cinco personas animando a una marioneta con forma de toro. Y a veces tengo sensaciones abstractas con el objetivo de plantear ciertos problemas o asuntos entre la gente con la que vamos «a jugar», para que traten con ellos y los hagan suyos. Y lo mejor es que siempre surge algo interesante de estos retos y de estas situaciones «incómodas».

“Así que recojo esos pequeños fragmentos que surgen y me enfrento a un puzzle del que desconozco su imagen final, pero cuyas piezas están frente a mi. A partir de ahí se trata de componer, descomponer y vuelta a empezar.”

Fuiste alumno del icónico pintor griego Yannis Tsarouchis. ¿Qué destacarías de tu experiencia con él?

Le recuerdo muy bien. Recuerdo que un buen día, con 17 años, toqué la puerta de su casa y le llevé fotos de mis pinturas. Por suerte, él me abrió y me atendió. Era una persona muy famosa y no pensé que me recibiría ni que me dejase entrar en su casa, pero sucedió. Le mostré las fotos de mis pinturas, él no dijo nada, y yo, que era tímido, logré decirle que mi escuela me había organizado una exposición y que quería invitarle a la inauguración. A continuación, me fui y lo mejor es que para mi sorpresa ¡él vino! Al día siguiente me llamó, me dijo que le gustaba mucho lo que hacía y que podía ir a su casa cuando quisiese. Así fue como se convirtió en mi profesor.

“En aquel momento era una mezcla entre una persona muy tímida y una persona muy atrevida. Cuando echo la vista atrás creo que tuve un fuerte instinto y mucha suerte.”

Actualmente soy algo parecido a ese niño: pierdo mi confianza cuando no funciona mi ordenador o cuando soy incapaz de ponerle el candado a una bicicleta, pero al mismo tiempo tengo la capacidad de liderar a un gran grupo de personas, como por ejemplo para la ceremonia de apertura de las Olimpiadas. Así que digamos que soy una combinación entre un niño muy torpe y disléxico con alguien que de repente se convierte en un líder. Quizás podríamos invitar a un psicólogo para que me analizase. (risas)

En 2004 dirigiste las Ceremonias de Apertura y Clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas. ¿Tuviste reconocimiento internacional? ¿Cómo te sentiste al llevar a cabo algo tan increíble y de tal magnitud?

Aunque no lo parezca, realmente no tuve ese reconocimiento. Nadie conoce a los directores de este tipo de actos, y además el mundo del arte es demasiado snob para validar a los artistas que hacen estos proyectos. En mi país era un héroe nacional, pero fuera no me conocía nadie. De hecho, creo que, aunque no mostrasen interés por lo que hacía, lo que sucedía es que tampoco habían visto mi trabajo.

Al cabo de los años, cuando fui descubierto por Claire Verlet de The Théâtre de la Ville, los curadores del Festival d’Avignon y otras instituciones empezaron a mostrar interés en mí, ya que Claire Verlet es una pionera en sus selecciones de artistas y The Théâtre de la Ville es muy prestigioso. Así que se dieron cuenta que había un artista que estaba haciendo arte de una manera particular, y con 50 años mis trabajos empezaron a tener mucho éxito. Después vieron todo lo que yo había estado haciendo, como la ceremonia de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos, y lo valoraron muchísimo. Así que ahora puedo decir que este proyecto tiene una herencia muy positiva, a pesar de que en su momento no tuvo un gran impacto a nivel internacional e incluso fue negativo, ya que se consideraba que «los verdaderos artistas» no aceptan este tipo de encargos.

¿Cuáles son tus principales influencias?

Muchas… Jacques Tati, Buster Keaton, Federico Fellini, Jannis Kounellis, Yannis Tsarouchis, Pina Bausch, Robert Wilson, Samuel Beckett, Yalal ad-Din Muhammad RumiLaurie Anderson, Anne Carson, Magritte, la Bauhaus

“Admiro el trabajo de Pedro Almodóvar desde que era niño. Hace cuatro años le conocí en Madrid, en Matadero, y nunca olvidaré ese día.”

El domingo pasado fuimos a ver tu último espectáculo «Transverse Orientation» en Madrid y fue realmente asombroso, fascinante y cautivador. ¡¡Felicidades!! ¿Cuánto tiempo tardaste en crear esta maravilla?

¡Muchas gracias! En este caso tardamos más de lo habitual debido a la pandemia. Estuvimos trabajando dos meses con el equipo, pero previamente y junto a Christos Strinopoulos, uno de los performers y colaborador mío desde hace muchos años. Juntos estuvimos investigando, analizando y descubriendo cosas muy interesantes. Esto es algo que solemos hacer y de hecho esta vez descubrimos, por ejemplo, las cabezas circulares de los personajes que aparecen al inicio de la función, así como los elementos con los que él representa a una sirena.

Tras estos dos meses, vino el confinamiento y tuvimos que parar. 4 o 5 meses después del estado de emergencia, como no podía parar, creé una función de un dueto que se llama «Ink». Este ha sido un proyecto creado con uno de los bailarines, el joven Suka Horn, con el que he entablado una amistad. Juntos queríamos explorar esta colaboración y decidimos crear esta performance los dos juntos, y la representamos en Italia, donde los teatros estaban abiertos.

Después de esto, volví a retomar «Transverse Orientation» y estuvimos ensayando durante dos meses más. Durante 15 días más estuvimos de ensayos generales en el teatro, pero volvió el confinamiento y tuvimos que parar de nuevo. Así que esperamos a que los teatros abriesen en Francia, y allí estuvimos otros 10 días ensayando, y finalmente pudimos representar la obra con público. En definitiva, hemos tardado cuatro meses y medio para poder desarrollarla debido a esta pandemia.

“Soy de los pocos dinosaurios que quedan que insiste en tener más periodos de ensayos, aunque eso cueste mucho más dinero. Son esenciales para el resultado final.”

¿Qué papel juega la música y el sonido en «Transverse Orientation» y en todas tus obras?

La música es el arte de las artes y define mucho el paisaje emocional de la escena. Por ello trato de no usarla, aunque no puedo no hacerlo porque cuando lo consigo, estoy muy orgulloso pero se convierte en insufrible. En este caso, en «Transverse Orientation» de manera instintiva pensé en Vivaldi, y aunque en un principio no supe porqué, más tarde, cuando buceé en profundidad en su música, descubrí cosas que nunca pensé que fuesen tan maravillosas.

Un ejemplo fue descubrir que Vivaldi fuese un antepasado musical de Mános Hatzidákis, que además es de la misma generación que Yannis Tsarouchis, mi profesor de dibujo. Ellos llegaron a colaborar juntos, y lo cierto es que la música de Mános Hatzidákis define la sensibilidad de muchas generaciones. Así que, en este punto, me di cuenta que había ido a la fuente original, y Vivaldi sobrevivió hasta el show, porque tengo muchas ideas que no llegan a la obra final.

En lo que respecta al sonido, sí que es una parte vital de lo que hacemos. Y en «Transverse Orientation» el sonido, por ejemplo, es un diseño paralelo llevado a cabo por un gran colaborador mío que se llama Coti KHizo todo el diseño de sonido alrededor de la música de Vivaldi y amplificó los sonidos que hicieron los intérpretes, los objetos y los diferentes materiales. Se trata de un diálogo entre todos ellos.

En «Transverse Orientation» la puesta en escena es aparentemente sencilla, pero la sensación que tuvimos es que hay mucha tecnología detrás. ¿Qué nos puedes contar al respecto?

La tecnología que usamos es sencilla. Lo que no es sencillo es la combinación de todos estos elementos, como tampoco lo es la superposición de cada una de las capas que lo conforman hasta lograr un engranaje perfecto.

Cuento con un equipo técnico que me ayuda a reproducir mis ideas técnicamente. Menos el procesamiento del sonido que se hace mediante ordenadores, el resto es analógico. De hecho, para lograr el efecto del neon parpadeando, tuvimos que usar un regulador de voltaje muy antiguo.

Nos cautivaron los detalles y la perfección entre los objetos y las diferentes interpretaciones de los actores. ¿Tienes que estar obsesionado con los detalles para llevar a cabo un espectáculo tan impresionante, exigente y prístino como este?

Sí. Los performers aprenden a ser las marionetas de sí mismos y de los objetos. Lo cierto es que las marionetas son un elemento muy relevante en mi trabajo. Por ello, la forma en la que hacemos que se muevan las cosas y funcionen las cosas es más importante que nuestro propio movimiento. Este es un proceso muy importante en mis creaciones.

En este trabajo diseccionas el origen de la humanidad y su futuro, por tanto, el de la sociedad. ¿Cómo ves la sociedad del futuro: va camino del caos y la autodestrucción o hay esperanza?

Tengo esperanzas, a pesar de que no tengo ninguna justificación lógica para defender esta postura. (risas) Veo constantemente que vence la estupidez humana y luego vence la valentía humana, lo veo en mí y a mi alrededor. Como tengo la capacidad de tomar decisiones y tengo la capacidad de amar, mantengo la esperanza.

“Soy optimista aunque siempre estoy en una lucha permanente entre el orden y el caos, la noche y el día, luces y sombras.

¿Conoces a Giorgos Lanthimos? Existe una cierta conexión en vuestra visión de la estética.

Somos amigos, y me alegra que digas esto. Conozco a Giorgos Lanthimos desde antes que hiciese sus películas. Él es 10 años más joven que yo y me siento muy orgulloso de ser su amigo. Es uno de los artistas al que estoy viendo despegar, y la verdad es que estoy extremadamente orgulloso de él, y me encanta que guste tanto a las nuevas generaciones. Es fantástico. Giorgos mejora con el éxito, tal y como le sucede a Almodóvar. Y eso es algo que no le pasa a todo el mundo.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?

En algunas propuestas para próximos proyectos y también estoy pensando en una posible ampliación de la gira de «Transverse Orientation» en América. Vamos a ir a Japón también y a Hong Kong, pero América es un destino que tenemos pendiente. En Europa estaremos 6 meses más, hasta finales de julio. Así que estamos en plenas negociaciones para ampliar el tour de «Transverse Orientation» o empezar con la gira de «Ink».

¿En qué lugar del mundo te gustaría reproducir alguna de sus obras?

En La Habana. Me encantaría…

¿Qué es para ti la felicidad?

“La felicidad es tener la sensación de que, en todo el Universo, estoy exactamente en el lugar correcto.”

/Sobre «Transverse Orientation»

La puesta en escena de esta absoluta obra maestra no es nada convencional y a su vez es absolutamente bella. De hecho,  las palabras se quedan cortas para poder describir esta maravilla. Durante sus 105 minutos de duración se suceden diferentes situaciones evocadoras protagonizadas por ocho artistas, quienes, mientras suena música de Vivaldi, van zurciendo una sucesión de estampas, que nos llevan a reflexionar sobre el origen de la Humanidad, sobre nuestra existencia y posible fin, sobre nuestra metamorfosis constante, sobre la relación entre hombres y mujeres así como sobre la relación con nuestros antepasados… Y todo ello bajo el influjo del Mito del Minotauro.

“Según la mitología griega, el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro concebido de la unión entre la esposa del rey Minos, Pasifae, y un animal tras un enfrentamiento entre los dioses.”

“Transverse Orientation es nacimiento y muerte. Es dolor y gloria. Un compendio de imágenes que emocionan y que anidan en el córtex por siempre jamás.”

/Ficha artística:

Dirección y creación: Dimitris Papaioannou.
Elenco: Damiano Ottavio Bigi, Šuka Horn, Jan Möllmer, Breanna O’Mara, Tina Papanikolaou, Lukasz Przytarski, Christos Strinopoulos y Michalis Theophanous.
Una producción de ONASSIS STEGI creada para estrenarse en ONASSIS STEGI (2021)
Coproducido por: Festival d’Avignon, Biennale de la Danse de Lyon 2021, Dance Umbrella / Sadler’s Wells Theatre, Fondazione Campania dei Festival – Napoli Teatro Festival ItaliaGrec Festival de Barcelona, Holland Festival – Amsterdam, Luminato (Toronto) / TO Live, New Vision Arts Festival (Hong Kong), Ruhrfestspiele Recklinghausen, Saitama Arts Theatre / ROHM Theatre Kyoto, Stanford Live / Stanford University, Teatro Municipal do Porto, Théâtre de la Ville – Paris / Théatre du Châtelet, UCLA’s Center for the Art of Performance.
Con el apoyo de: Festival Aperto (Reggio Emilia), Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, HELLERAU – European Centre for the Arts, National Arts Centre (Ottawa), New Baltic Dance Festival, ONE DANCE WEEK Festival, P.P. Culture Enterprises Ltd, TANEC PRAHA International Dance Festival, Teatro della Pergola – Firenze, Torinodanza Festival / Teatro Stabile di Torino – Teatro Nazionale.
El trabajo de Dimitris Papaioannou es apoyado por MEGARON – THE ATHENS CONCERT HALL.

¡Bravo maestro!

(*) Fotos: Julian Mommert.


 BACK


 BACK TO TOP


Deja un comentario