Hallways: el París secreto de Romain Laprade
Hay lugares por los que pasamos sin mirar, espacios concebidos para atravesarlos, apenas unos metros entre la calle y la intimidad de una casa, que rara vez reclaman nuestra atención. Romain Laprade lleva años demostrando que precisamente ahí, en aquello que parece secundario, puede esconderse una extraordinaria belleza.
En Hallways, su nuevo libro publicado por RVB Books, el fotógrafo francés dirige su mirada hacia los vestíbulos de edificios residenciales construidos en París entre las décadas de 1950 y 1980. Un territorio aparentemente cotidiano que, bajo su objetivo, se transforma en un fascinante atlas de geometrías, materiales, colores y luz.


Mosaicos, mármoles, espejos, luminarias, tipografías, buzones convertidos casi en esculturas y composiciones geométricas aparecen ante nosotros de una manera completamente diferente. Laprade no fotografía únicamente arquitectura sino una forma de mirar.
La belleza estaba en el portal
Durante años, Romain Laprade ha recorrido París buscando estos espacios discretos y normalmente ajenos a las rutas de la arquitectura monumental. Son lugares de paso. Y justo ahí resida buena parte de la fascinación de Hallways.

El fotógrafo vuelve a interesarse por aquello que sucede cuando aparentemente no sucede nada. Su cámara elimina el ruido y concentra nuestra atención en una pared revestida de piedra, la curva de una escalera, un reflejo sobre un espejo, una lámpara suspendida o la combinación inesperada de dos colores.
Ese interés por lo aparentemente banal conecta directamente con el lenguaje visual que Laprade ha desarrollado a lo largo de su trayectoria. Como ya contábamos en otro articulo al hablar de su particular manera de encontrar belleza en el silencio, su fotografía posee la capacidad de convertir los detalles más discretos en imágenes que permanecen en la memoria. Y es en Hallways, donde esa sensibilidad encuentra un escenario perfecto.
París más allá de París
Pensar visualmente en París suele activar un imaginario reconocible: fachadas haussmannianas, balcones de hierro, cafés, bulevares, tejados de zinc y monumentos reproducidos hasta el infinito. Sin embargo, Laprade se adentra en otro París.

Los vestíbulos fotografiados pertenecen a edificios residenciales levantados entre los años cincuenta y ochenta, décadas marcadas por importantes transformaciones arquitectónicas y por una intensa experimentación con nuevos materiales, formas, colores y soluciones espaciales. A pesar de que aquí, no interesa tanto reconstruir esa historia como experimentar sus consecuencias visuales.
Hallways no pretende convertirse en un catálogo de arquitectura de posguerra ni en un estudio tipológico de los portales parisinos. Su aproximación es mucho más libre, intuitiva y sensorial.
Por ello, Laprade selecciona fragmentos, establece correspondencias y construye relaciones entre imágenes hasta conseguir que cada espacio pueda contemplarse prácticamente como una composición abstracta.
Una arquitectura que se siente
Esa capacidad para aislar un detalle de su contexto es una de las grandes virtudes de la fotografía de Romain Laprade. Ante su cámara, la arquitectura deja de ser únicamente una disciplina funcional para convertirse en experiencia.
Una pared ya no es solo una pared, y de hecho, puede ser una superficie cromática. Un buzón puede adquirir presencia escultórica. Una luminaria se transforma en un pequeño objeto de diseño suspendido en el espacio. El encuentro entre dos materiales puede funcionar como una composición pictórica.
Laprade observa la arquitectura como si construyera imágenes con ella. Por eso Hallways puede interesar tanto a quienes sienten fascinación por la fotografía contemporánea como a amantes de la arquitectura, el interiorismo, el diseño o el arte. No hace falta conocer el edificio, su autor o la fecha exacta de construcción para sentirse atraído por las fotografías. La experiencia funciona primero a través de los sentidos.
Hay algo profundamente magnético en contemplar estos interiores deshabitados. Parecen escenarios esperando una acción que nunca sucede, espacios suspendidos durante unos segundos entre la llegada y la partida.
El arte de mirar lo que otros atraviesan
La fotografía de Laprade tiene una cualidad especialmente valiosa en una época saturada de imágenes: sabe detenerse.
Mientras gran parte de nuestra cultura visual persigue lo espectacular, él parece interesado en la dirección contraria. Reduce, encuadra, espera y observa. En lugar de añadir elementos, los elimina hasta encontrar una composición precisa.

En Hallways, esta manera de trabajar resulta especialmente poderosa porque los protagonistas son espacios cuya propia naturaleza consiste en ser atravesados. Entramos, cerramos la puerta detrás de nosotros y durante unos instantes habitamos ese intervalo.
El texto de Jean-Claude Girard que acompaña las fotografías profundiza precisamente en esa condición de los halls como lugares de experiencia cotidiana y espacios de transición. Una lectura que amplía la dimensión arquitectónica del proyecto sin arrebatar a las imágenes su misterio.
Un paseo construido página a página
La edición del libro refuerza esta idea de recorrido. Hallways reúne sus fotografías mediante asociaciones formales y ecos visuales, de modo que las formas, los patrones, los materiales y la luz parecen conversar de una página a otra.
El libro está concebido como una deriva visual. Una geometría encuentra respuesta varias páginas después; un color parece continuar en otro edificio; la textura de una superficie establece un diálogo inesperado con otra imagen. Así, los distintos vestíbulos dejan progresivamente de percibirse como lugares independientes y comienzan a formar parte de un mismo paisaje imaginario.

Publicado por RVB Books, Hallways cuenta con 368 páginas en color y un formato de 230 × 280 mm. Su extensión permite que esa acumulación de detalles termine construyendo un universo propio: una ciudad dentro de la ciudad que probablemente siempre estuvo delante de nosotros, aunque nunca nos hubiésemos detenido a observarla.
Romain Laprade y la poética de lo esencial
Antes de dedicarse profesionalmente a la fotografía, Laprade trabajó como diseñador gráfico en publicaciones como Vogue Paris y Holiday. Esa formación parece seguir presente en su manera de ordenar el espacio dentro del encuadre: existe una sensibilidad extraordinaria hacia las proporciones, las líneas, los volúmenes y el color.

A lo largo de su carrera ha desarrollado un vocabulario fotográfico reconocible en el que la arquitectura moderna ocupa un lugar fundamental. Sin embargo, sus imágenes rara vez se limitan a documentar edificios. Más bien los interpreta, seleccionando aquellos instantes en los que arquitectura, diseño y luz alcanzan una especie de equilibrio silencioso.
Es precisamente esa mirada la que convierte un conjunto de portales parisinos en algo mucho más sugerente.

Los tesoros ocultos de la arquitectura cotidiana
Existe además cierta emoción en pensar que muchos de estos lugares continúan formando parte de la vida diaria de alguien. Y esa tensión entre lo excepcional y lo cotidiano atraviesa todo el proyecto.

Los espacios de Hallways nunca fueron necesariamente concebidos para ser contemplados como obras de arte, pero la mirada del fotógrafo modifica nuestra percepción. No los monumentaliza; simplemente nos invita a observarlos durante más tiempo. Y es entonces cuando aparecen las correspondencias, las texturas, las decisiones de diseño y ese optimismo formal que caracterizó buena parte de la experimentación arquitectónica de la segunda mitad del siglo XX. Es decir, lo que antes era un portal se convierte en paisaje.
Aprender a mirar de nuevo
La verdadera belleza de Hallways está en descubrir diseño en miles de espacios anónimos que construyen silenciosamente nuestra experiencia cotidiana. Y ese es el regalo que una vez más nos hace Romain Laprade, quien lleva años fotografiando ese territorio situado entre lo evidente y lo invisible. Porque no siempre necesitamos viajar lejos para descubrir algo extraordinario.
(*) Fotografias proporcionadas por Romain Laprade.





