De los lagos de Silkeborg a la creatividad de Aarhus

En el centro de Jutlandia, los bosques y lagos de Silkeborg dan paso, hacia el este, a Aarhus, una ciudad que ha encontrado en el mar un lugar para seguir creciendo. Entre ambas, las distancias son cortas y las posibilidades para detenerse, muchas. Esta parte de Dinamarca reúne algunos de los ingredientes que más nos gustan cuando viajamos: naturaleza, arquitectura, arte y una cultura gastronómica que empieza a disfrutarse desde el desayuno.

Nuestro roadtrip tuvo dos paradas principales, Silkeborg y Aarhus, y una presencia constante: el agua. La encontramos junto al hotel, alrededor de pasarelas de madera, en el puerto y en paisajes donde el bosque llega prácticamente hasta la orilla. A su alrededor aparecen museos, antiguos edificios industriales recuperados y espacios públicos que ayudan a entender cómo se vive aquí.

Silkeborg y los paisajes del Lake District

Comenzamos en Silkeborg, en pleno Søhøjlandet, el Lake District danés. Es una región de lagos, colinas y grandes extensiones de bosque que ofrece una imagen distinta de la Dinamarca más urbana. El río Gudena atraviesa este territorio y conecta buena parte de su paisaje, creando oportunidades para recorrerlo a pie, en bicicleta o en canoa.

La proximidad entre la ciudad y la naturaleza es uno de sus grandes valores. Desde Silkeborg resulta fácil acceder a senderos, zonas de baño y recorridos junto al agua, sin organizar grandes desplazamientos. Eso permite combinar una mañana de museo con un paseo por el bosque, o salir a desayunar y terminar junto a un lago.

Para quienes os gusta caminar, Silkeruten propone un circuito de unos doce kilómetros que enlaza entornos naturales y lugares culturales de la ciudad. También se puede recorrer por tramos, y la verdad es que merece mucho la pena, ya que el paisaje tiene suficiente interés como para dedicarle tiempo por sí mismo.

Dormir en una antigua fábrica de papel

Nuestra base fue el Radisson Blu Hotel Papirfabrikken, instalado en el antiguo complejo papelero de Silkeborg, junto al Gudena. Su ubicación permite acercarse al pasado industrial de una ciudad que creció precisamente alrededor de esta actividad.

La fábrica se construyó en 1844 y comenzó a funcionar oficialmente en 1845. Con el tiempo, el conjunto se amplió y llegó a producir papel para los billetes daneses. Tras su cierre en 2000, sus edificios se rehabilitaron para acoger viviendas, empresas, cultura y nuevos usos, entre ellos el hotel.

Museo Jorn, una parada imprescindible

El Museo Jorn, junto al río, fue una de nuestras paradas culturales. Conserva la mayor colección de obras de Asger Jorn, uno de los artistas daneses más importantes del siglo XX y cofundador del grupo CoBrA.

Su trabajo permite acercarse a una manera de entender el arte ligada a la experimentación, al color y a la libertad del gesto. En sus imágenes, las figuras parecen aparecer y transformarse entre manchas y trazos. Hay algo en esa pintura que invita a observar sin apresurarse a poner nombre a todo.

Pero el museo también permite situar a Jorn dentro de un contexto artístico más amplio. Su colección incluye obra de Per Kirkeby y de numerosos artistas daneses e internacionales, entre ellos Jean Dubuffet, Max Ernst y Sonja Ferlov Mancoba.

La ubicación completa la visita. Al salir, el paisaje del Gudena permite continuar a pie y cambiar de ritmo sin alejarse demasiado.

El Museo Jorn conserva la mayor colección de obras de Asger Jorn, uno de los artistas daneses más importantes del siglo XX.

Østre Søbad y la vida junto al agua

En el lago Almindsø encontramos Østre Søbad, uno de esos proyectos que apetece conocer tanto por su arquitectura como por el lugar donde se encuentra. Sus pasarelas circulares de madera dibujan zonas de baño junto al bosque y crean diferentes puntos desde los que acercarse al agua.

El proyecto de Østre y Vestre Søbad, de Årstiderne Arkitekter, hoy integrado en Sweco, recibió el Premio de Arquitectura del Municipio de Silkeborg en 2021.

La forma de las plataformas responde también al cuidado del entorno: al concentrar los recorridos sobre las pasarelas, se reduce el desgaste de las orillas. Almindsø forma parte de un área protegida y alberga una importante diversidad de plantas acuáticas.

Aquí cobra sentido hablar del winter bathing, los baños de invierno, una tradición muy arraigada en Dinamarca. La relación con el agua continúa cuando bajan las temperaturas, y la región de Aarhus ofrece lugares para practicarla tanto en lagos como en el mar.

Østre Søbad merece la visita aunque no tengáis intención de bañaros. Permite observar cómo una intervención relativamente sencilla facilita el uso de un paisaje sin quitarle protagonismo. Madera, bosque y agua bastan para crear un lugar en el que apetece quedarse.

Brandt y el placer de una buena panadería

Antes de continuar hacia Aarhus, hay una dirección que recomendamos especialmente: Brandt Brød, la panadería de Cathrine Brandt.

Nos encantó por su diseño y porque sus dulces estaban deliciosos. Es de esos sitios en los que el espacio despierta el interés desde fuera y lo que sale del obrador termina de convencerte. Con sus panes de masa madre y su propuesta de repostería, es una parada estupenda para desayunar o tomar un café durante el recorrido por Silkeborg.

Aarhus desde el Latin Quarter

La segunda etapa nos llevó a Aarhus, donde cambiamos los lagos por el mar y los recorridos por el bosque por calles con tiendas independientes, cafés y una actividad cultural muy interesante.

Nos alojamos en SOFS, un pequeño hotel boutique en el Latin Quarter. Sus interiores combinan referencias art déco con colores escandinavos, y detrás de la fachada aparece un patio que ofrece un respiro respecto a la calle. La excelente ubicación nos permitió salir caminando y empezar a descubrir el barrio prácticamente desde la puerta.

El Latin Quarter merece recorrerse sin una ruta demasiado rígida. Entre Graven, Guldsmedgade y las calles cercanas se suceden comercios, restaurantes y pequeñas paradas que alargan el paseo. Es una buena primera aproximación a la escala de Aarhus y a su vida cotidiana.

También recomendamos acercarse a Møllestien, una calle empedrada de pequeñas casas de colores, muchas de los siglos XVIII y XIX.

Su pasado está vinculado a trabajadores y artesanos, y conserva una escala doméstica que contrasta con las construcciones del frente marítimo. El atractivo está en los detalles: las combinaciones de color de las fachadas, las puertas y las ventanas invitan a recorrerla despacio. Sigue siendo una calle habitada, algo que conviene recordar al fotografiarla.

Panaderías y cafés para recorrer la ciudad

En Aarhus merece la pena tomarse el desayuno en serio. Jumbo Bakery y Berta Bageri son dos direcciones que incluiríamos en cualquier recorrido.

Jumbo tiene locales en Sydhavnen y Ankersgade y sus buns de cardamomo son nuestros favoritos; Berta, en Lundingsgade, apuesta por el pan y una bollería deliciosa elaborados a diario. Ambas son buenas excusas para explorar más allá de las calles del centro histórico, aunque en el caso de Berta la propuesta es exclusivamente para llevar.

Por su parte, La Cabra permite conocer de cerca uno de los proyectos de café nacidos en Aarhus con mayor proyección internacional. Su local de Graven abrió en 2012 y albergó también, en el sótano, el tostador y el obrador. En 2013 comenzaron a seleccionar y tostar su propio café, desarrollando una manera de trabajar centrada en expresar el carácter de cada origen.

Con el tiempo, ambas actividades necesitaron espacios propios y el proyecto creció hasta llegar a ciudades como Nueva York y Bangkok. Volver a Graven es acercarse a esa primera etapa, en una cafetería que sigue formando parte de la vida cotidiana del barrio.

Muy cerca está La Cabra Bakery, en Borggade, que merece una visita propia. El espacio conecta visualmente la zona de atención al público con las de producción, haciendo visible el trabajo del obrador. La selección de harinas y cereales y la relación con quienes los producen trasladan a la panadería el mismo cuidado por la materia prima que define sus cafés.

A esta ruta sumamos Coffee Collective, en Guldsmedgade, otra dirección para prestar atención a lo que llega a la taza. Entre unas paradas y otras, el café se convierte también en una forma de recorrer los barrios y detenerse a observar la ciudad.

La selección continúa en Hakko Do, en Mejlgade, donde los bagels de masa madre y el matcha definen una propuesta con influencias asiáticas y escandinavas. Studs Café, en Studsgade, es otra dirección para quienes quieran incorporar una pausa de matcha al paseo.

Para desayunar o comer durante el día recomendamos también Manda Eatery, en Jægergardsgade. Fundado por Amanda Margrethe Christensen, el proyecto trabaja con platos sencillos, proveedores daneses y una carta que evoluciona con las estaciones. En GRØD, en Graven, el protagonismo corresponde al porridge y a preparaciones a base de cereales, con opciones dulces y saladas que amplían la idea habitual de unas gachas.

Hay, además, lugares donde el café comparte espacio con otros intereses. Carter, en Møllegade, combina cafetería y tienda de moda. RAASTED, en Badstuegade, en pleno Barrio Latino, nos encantó: reúne una cuidada selección de marcas independientes de ropa, belleza y objetos para la casa, y cuenta con una cafetería en la primera planta donde sirven café de Prolog, repostería casera y una propuesta de almuerzo que va cambiando. Una dirección para reservarse tiempo y disfrutar tanto de la tienda como de la pausa.

Plukk, por su parte, mezcla plantas, deliciosos smørrebrød y café. Es otra de esas direcciones que invitan a alargar la visita y dejar el siguiente punto del recorrido para un poco más tarde.

Cuatro direcciones para cenar

Hanzo propone platos de inspiración asiática para compartir en un interior colorido que ocupa antiguos espacios bancarios y de cine. Bastián, en Klostergade, mira hacia San Sebastián y el País Vasco, con pintxos y txakoli.

Para una cena informal, Pizza Boys, junto a Godsbanen, prepara pizzas de masa madre y fermentación lenta, con combinaciones como mortadela y pistachos. Clementine, en Sankt Clemens Torv, ofrece un ambiente de bistró con vistas a la catedral, ideal para combinar la cena con una función en el cercano Aarhus Teater.

Aarhus Ø, arquitectura frente al mar

Desde las calles del centro continuamos hacia Aarhus Ø, un barrio que reúne algunos de los ejemplos más destacados de arquitectura contemporánea de la ciudad. Su transformación comenzó en 2007 sobre los antiguos terrenos del puerto norte, donde ha ido creciendo un distrito de viviendas, oficinas, cafés y espacios culturales junto al mar.

El contraste con el centro histórico es inmediato: cambian las alturas, los materiales y las siluetas, y el agua aparece entre los edificios como una presencia constante.

Para quienes disfrutamos de la arquitectura, el atractivo está en recorrer ese conjunto y descubrir cómo cada proyecto responde a su ubicación. Las fachadas, los volúmenes y las cubiertas ofrecen soluciones muy distintas para aprovechar la luz y abrir las viviendas hacia la bahía.

Entre los edificios más singulares está Isbjerget, conocido como The Iceberg. Sus fachadas blancas, cubiertas de alturas variables y balcones en tonos azules y blancos evocan bloques de hielo que emergen del puerto. Esa silueta quebrada también responde a una intención práctica: favorecer las vistas al mar desde las viviendas.

Lighthouse es el edificio más alto de Dinamarca, cuya torre alcanza los 142 metros.

Otra de las construcciones más reconocibles es Lighthouse, de 3XN, el edificio más alto de Dinamarca, cuya torre alcanza los 142 metros. El mirador Aarhus Øje permite contemplar desde arriba la bahía, el puerto y la relación entre la ciudad consolidada y sus nuevas extensiones.

A ras de agua, Havnebadet, diseñado por BIG, ofrece otra manera de entender esa transformación. El complejo de baños portuarios incorpora piscinas de distintas formas y convierte parte del puerto en un espacio para nadar y reunirse. Su paseo puede recorrerse durante todo el año, mientras que el acceso al baño tiene horarios y condiciones estacionales.

Después de Østre Søbad, resulta interesante encontrar aquí otra respuesta arquitectónica a una costumbre compartida: reservar un lugar para el baño dentro de la vida cotidiana.

ARoS y una ciudad vista de otra manera

ARoS, el museo de arte de Aarhus, fue uno de los lugares que más nos entusiasmaron del viaje. Su colección, sus exposiciones temporales y sus grandes instalaciones ofrecen motivos de sobra para dedicarle varias horas. Próximamente le dedicaremos un reportaje en CC/magazine, pero queremos adelantar aquí dos de las experiencias que hacen de su visita una parada imprescindible.

En la cubierta, Your rainbow panorama, de Olafur Eliasson, permite recorrer una pasarela circular acristalada y contemplar la ciudad a través de los colores del espectro. El paisaje urbano cambia de tonalidad con cada paso y convierte el paseo en otra forma de mirar Aarhus.

La instalación de James Turrell es el mayor Skyspace del artista instalado en un museo.

Tras contemplar la ciudad desde la cubierta, el recorrido nos lleva bajo tierra para descubrir As Seen Below – The Dome, a Skyspace by James Turrell. Inaugurada en junio de 2026, esta instalación permanente es el mayor Skyspace del artista instalado en un museo. Un pasaje subterráneo conduce a una cúpula de 16 metros de altura y 40 metros de diámetro, donde la iluminación de Turrell enmarca una abertura al cielo y altera nuestra percepción de sus colores y profundidad. Merece la pena sentarse y dedicar tiempo a observar esos cambios: el cielo parece acercarse y la arquitectura pierde sus límites.

Para seguir mirando Aarhus desde arriba, recomendamos Salling Rooftop, la terraza de acceso gratuito de los grandes almacenes Salling. Sus vistas, su jardín elevado y las intervenciones artísticas crean un espacio donde detenerse entre visitas.

Kunsthal Aarhus y el arte de equivocarse

El recorrido artístico continúa en Kunsthal Aarhus, un centro de arte contemporáneo cuya fachada nos llamó la atención con el letrero The Hall of Failure. El nombre corresponde a una exposición temporal, disponible hasta el 3 de enero de 2027, que da la vuelta al conocido «salón de la fama» para celebrar los errores.

A través de instalaciones, esculturas y vídeo, la muestra propone explorar qué podemos aprender de lo que sale mal y cuestionar nuestra obsesión por hacerlo todo perfecto. Una invitación que nos parece especialmente oportuna. La entrada es gratuita.

The Infinite Bridge y The Wave, dos paradas antes de volver

Merece la pena reservar tiempo para salir del centro de Aarhus y explorar algo más de esta parte de Dinamarca. Nosotros aprovechamos el último día, antes de coger el vuelo de vuelta, para visitar dos lugares donde la arquitectura y el agua vuelven a encontrarse: The Infinite Bridge, en la costa sur de Aarhus, y The Wave, en Vejle.

Junto a las playas de Varna y Ballehage, The Infinite Bridge propone un paseo sin principio ni final.

Esta pasarela circular de madera, creada por Niels Povlsgaard y Johan Gjøde, se extiende entre la playa y el mar. Al recorrerla, la mirada pasa de la costa al horizonte y regresa a los árboles, descubriendo distintas perspectivas de un mismo paisaje. Conviene consultar su calendario antes de ir: se instala durante los meses más cálidos y se desmonta en invierno.

En Vejle, The Wave, del estudio Henning Larsen, lleva esa relación con el entorno a otra escala. Sus cinco volúmenes ondulados se levantan junto al fiordo, evocando tanto el movimiento del agua como las colinas que rodean la ciudad.

Aunque se trata de un conjunto residencial, el paseo marítimo y el muelle público permiten acercarse y contemplar cómo cambia su silueta según el punto de vista. Fue otra de nuestras paradas antes de regresar y una buena razón para extender el viaje más allá de Aarhus.

Entre lagos, cultura y diseño

Entre Silkeborg y Aarhus, el agua fue el hilo que conectó buena parte del recorrido: la antigua fábrica de papel, los baños en el lago, la transformación del puerto y la arquitectura junto al mar. A su alrededor descubrimos museos, panaderías, cafés y pequeños negocios que nos acercaron a la vida cotidiana de ambos lugares.

Lo que más nos gustó fue encontrar tantas oportunidades para disfrutar sin recorrer grandes distancias: pasar del bosque a una exposición, desayunar algo delicioso o alargar un paseo junto al agua. Volvimos con nuevas referencias, muchas fotografías y ganas de regresar, pero también con una idea: cuánto puede aportar a nuestro día a día tener cerca la naturaleza, el arte y espacios donde apetezca quedarse.

(*) Fotos: Ely Sánchez.

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