{"id":105174,"date":"2026-09-05T13:56:07","date_gmt":"2026-09-05T13:56:07","guid":{"rendered":"https:\/\/ccmagazine.es\/?p=105174"},"modified":"2026-09-05T14:56:33","modified_gmt":"2026-09-05T14:56:33","slug":"yayoi-kusama-infinito-arte-vida-legado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ccmagazine.es\/es\/yayoi-kusama-infinito-arte-vida-legado\/","title":{"rendered":"Kusama infinita"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Cecilia Camacho, fundadora de CC\/magazine y consultora estrat\u00e9gica en CC\/studio<\/em><\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">En 1958, <strong>Yayoi Kusama<\/strong> lleg\u00f3 a Nueva York con 29 a\u00f1os y la determinaci\u00f3n de hacerse un lugar en una escena art\u00edstica que estaba a punto de convertirse en el gran centro internacional del arte contempor\u00e1neo. Hab\u00eda nacido en Matsumoto, en la prefectura japonesa de Nagano, y antes de emprender el viaje hab\u00eda hecho algo que permite intuir tanto su ambici\u00f3n como su capacidad para perseguir aquello que parec\u00eda improbable: envi\u00f3 algunos de sus trabajos a <em>Georgia O\u2019Keeffe<\/em>, a quien no conoc\u00eda, y le pidi\u00f3 consejo sobre c\u00f3mo abrirse camino en Estados Unidos. <em>O\u2019Keeffe<\/em> respondi\u00f3 y le advirti\u00f3 de las dificultades que encontrar\u00eda. <em>Kusama<\/em> decidi\u00f3 marcharse igualmente.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Su llegada a Nueva York resulta especialmente interesante contemplada desde el presente, cuando su universo visual se ha vuelto tan reconocible que basta una calabaza cubierta de lunares o una habitaci\u00f3n multiplicada por espejos para identificarla. En aquel momento, en cambio, no exist\u00edan todav\u00eda el fen\u00f3meno internacional, las exposiciones multitudinarias ni esa asociaci\u00f3n inmediata entre determinadas im\u00e1genes y su nombre. <em>Kusama<\/em> era una artista japonesa pr\u00e1cticamente desconocida que llegaba a una ciudad extraordinariamente competitiva, dominada adem\u00e1s por hombres, convencida de que su trabajo merec\u00eda ocupar un lugar dentro de ella.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Hay una tendencia a explicar su trayectoria a partir de las obsesiones y alucinaciones que experiment\u00f3 desde ni\u00f1a, como si su obra hubiera sido la consecuencia inevitable de aquellas experiencias. Esa lectura deja fuera una parte fundamental de su personalidad y de su carrera: <em>Kusama<\/em> pose\u00eda una enorme ambici\u00f3n y una confianza poco habitual en la importancia de lo que estaba haciendo. Quer\u00eda ser artista, quer\u00eda que su trabajo trascendiera las fronteras de Jap\u00f3n y estaba dispuesta a organizar buena parte de su existencia alrededor de ese prop\u00f3sito.<\/p>\n<h2>En Nueva York comenz\u00f3 a mostrar sus Infinity Nets, que repet\u00eda pacientemente hasta formar redes que parec\u00edan no terminar nunca.<\/h2>\n<p class=\"isSelectedEnd\">En Nueva York comenz\u00f3 a mostrar sus <em>Infinity Nets<\/em>, grandes superficies cubiertas por peque\u00f1os arcos que repet\u00eda pacientemente hasta formar redes que parec\u00edan no terminar nunca. En un momento en el que el expresionismo abstracto todav\u00eda ejerc\u00eda una enorme influencia sobre la escena estadounidense, aquellas pinturas propon\u00edan una aproximaci\u00f3n muy diferente. Frente al gesto amplio y reconocible del artista aparec\u00eda una repetici\u00f3n minuciosa que acababa haciendo dif\u00edcil distinguir un elemento del siguiente y que convert\u00eda la superficie del lienzo en algo aparentemente ilimitado.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">La repetici\u00f3n terminar\u00eda siendo una de las claves para entender casi todo lo que <em>Kusama<\/em> hizo despu\u00e9s, porque los puntos, las redes, las formas, las luces y los reflejos fueron extendi\u00e9ndose por su trabajo hasta borrar visualmente las fronteras entre los objetos y el espacio que los rodeaba. Esa investigaci\u00f3n estaba relacionada con experiencias que la hab\u00edan acompa\u00f1ado desde la infancia, cuando comenz\u00f3 a sufrir alucinaciones en las que determinados patrones parec\u00edan multiplicarse y ocupar cuanto encontraba a su alrededor, incluido su propio cuerpo. Al trasladarlos al papel y, posteriormente, al lienzo, la escultura o la instalaci\u00f3n, encontr\u00f3 una manera de convertir una experiencia \u00edntima y perturbadora en un lenguaje art\u00edstico capaz de ser compartido por los dem\u00e1s.<\/p>\n<h2>De peque\u00f1a comenz\u00f3 a sufrir alucinaciones en las que determinados patrones parec\u00edan multiplicarse.<\/h2>\n<p class=\"isSelectedEnd\">De ah\u00ed surgir\u00eda tambi\u00e9n una idea que atravesar\u00eda durante d\u00e9cadas su obra, la <em>self-obliteration<\/em>, o disoluci\u00f3n del yo. <em>Kusama<\/em>imaginaba al individuo como una presencia diminuta dentro de algo infinitamente mayor, y la repetici\u00f3n le permit\u00eda representar esa p\u00e9rdida de l\u00edmites. Un punto pod\u00eda multiplicarse hasta cubrir una superficie; una red pod\u00eda extenderse hasta que resultara imposible determinar d\u00f3nde comenzaba o terminaba; y unos pocos objetos, reflejados mediante espejos, pod\u00edan adquirir la apariencia de continuar indefinidamente.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Durante los a\u00f1os sesenta ampli\u00f3 esa investigaci\u00f3n mucho m\u00e1s all\u00e1 de la pintura. Experiment\u00f3 con esculturas blandas, instalaciones, happenings, cuerpos desnudos, cine y acciones relacionadas con el pacifismo y la oposici\u00f3n a la guerra de Vietnam. En 1965 present\u00f3 <em>Infinity Mirror Room\u2014Phalli\u2019s Field<\/em>, donde utiliz\u00f3 espejos para multiplicar las formas que anteriormente hab\u00eda tenido que reproducir de manera manual. El procedimiento permit\u00eda llevar una de sus obsesiones hasta una escala diferente, ya que la repetici\u00f3n dejaba de depender \u00fanicamente de la cantidad de objetos creados y pod\u00eda prolongarse visualmente mucho m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites f\u00edsicos de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Al a\u00f1o siguiente llev\u00f3 <em>Narcissus Garden<\/em> a la <em>Bienal de Venecia<\/em> sin haber sido invitada oficialmente a participar. La instalaci\u00f3n estaba formada por centenares de esferas reflectantes colocadas sobre el c\u00e9sped, que <em>Kusama<\/em> comenz\u00f3 a ofrecer a los visitantes por dos d\u00f3lares cada una hasta que la organizaci\u00f3n le impidi\u00f3 continuar vendi\u00e9ndolas. La acci\u00f3n introduc\u00eda cuestiones relacionadas con el narcisismo, el valor y la comercializaci\u00f3n del arte mientras la propia artista trataba de conquistar una visibilidad que las estructuras oficiales todav\u00eda no le hab\u00edan concedido.<\/p>\n<h2>La artista que buscaba hacerse visible desarrollaba al mismo tiempo una obra que regresaba una y otra vez a la desaparici\u00f3n del yo.<\/h2>\n<p class=\"isSelectedEnd\">En esa tensi\u00f3n se encuentra una de las contradicciones m\u00e1s interesantes de su trayectoria. Mientras su trabajo investigaba la posibilidad de diluir al individuo dentro de algo mucho mayor, <em>Kusama<\/em> peleaba por afirmar su propia presencia en el mundo del arte. La artista que buscaba hacerse visible desarrollaba al mismo tiempo una obra que regresaba una y otra vez a la desaparici\u00f3n del yo, una relaci\u00f3n entre identidad y disoluci\u00f3n que adquirir\u00eda nuevas dimensiones a medida que aumentara su reconocimiento.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\"><em>Kusama<\/em> regres\u00f3 definitivamente a Jap\u00f3n en 1973 y durante un periodo su presencia dentro de la escena art\u00edstica internacional perdi\u00f3 parte del impulso que hab\u00eda tenido en Nueva York. Continu\u00f3 pintando, realizando obra y escribiendo y, en 1977, decidi\u00f3 ingresar voluntariamente en un hospital psiqui\u00e1trico de Tokio. A partir de entonces organiz\u00f3 su vida alrededor de una rutina que mantendr\u00eda durante d\u00e9cadas, viviendo en el hospital y desplaz\u00e1ndose regularmente hasta su estudio para trabajar.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Mientras ella continuaba creando, la percepci\u00f3n internacional de su obra comenz\u00f3 a cambiar. La recuperaci\u00f3n de su trabajo por parte de instituciones y exposiciones permiti\u00f3 reconsiderar el papel que hab\u00eda desempe\u00f1ado en las vanguardias de los a\u00f1os sesenta y, en 1993, regres\u00f3 a la <em>Bienal de Venecia<\/em> en unas circunstancias radicalmente distintas de las de 1966, ya que esta vez lo hizo como representante oficial de Jap\u00f3n. La artista que hab\u00eda irrumpido d\u00e9cadas antes en aquel escenario sin invitaci\u00f3n volv\u00eda ahora respaldada por su pa\u00eds y con un reconocimiento que seguir\u00eda creciendo durante los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Ese reconocimiento acabar\u00eda adquiriendo unas dimensiones excepcionales. Las calabazas, los lunares y las <em>Infinity Mirror Rooms<\/em> fueron atravesando progresivamente los l\u00edmites habituales del arte contempor\u00e1neo hasta incorporarse a la cultura popular, mientras sus exposiciones atra\u00edan a p\u00fablicos multitudinarios y sus colaboraciones con la moda ampliaban todav\u00eda m\u00e1s el alcance de un lenguaje que ya pod\u00eda reconocerse de manera casi inmediata. Al mismo tiempo, su peluca roja, su ropa cubierta de puntos y una presencia p\u00fablica cuidadosamente construida hicieron que la propia <em>Kusama<\/em> acabara integrada visualmente en el universo que hab\u00eda creado.<\/p>\n<h2>Las Infinity Mirror Rooms constituyen el ejemplo de esa distancia entre la complejidad de su trabajo y la enorme popularidad que termin\u00f3 alcanzando.<\/h2>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Un grado de reconocimiento semejante tiene una consecuencia curiosa: cuanto m\u00e1s familiar se vuelve una obra, m\u00e1s f\u00e1cil resulta confundir el reconocimiento de sus c\u00f3digos con el conocimiento de lo que hay detr\u00e1s de ellos. La popularidad de <em>Kusama<\/em> hizo que millones de personas pudieran identificarla, aunque tambi\u00e9n favoreci\u00f3 que una trayectoria enormemente compleja quedara resumida con frecuencia en lunares, calabazas y habitaciones de espejos. Detr\u00e1s de esas im\u00e1genes hab\u00eda una artista que hab\u00eda trabajado con pintura, escultura, instalaci\u00f3n, performance, literatura y cine, y que llevaba d\u00e9cadas reflexionando sobre el cuerpo, la sexualidad, el miedo, la muerte, la repetici\u00f3n y nuestra relaci\u00f3n con aquello que nos supera.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Las <em>Infinity Mirror Rooms<\/em> constituyen probablemente el ejemplo m\u00e1s evidente de esa distancia entre la complejidad de su trabajo y la enorme popularidad que termin\u00f3 alcanzando. Al entrar en ellas, nuestro cuerpo deja de ocupar un espacio f\u00e1cilmente delimitable y aparece multiplicado entre luces y reflejos hasta convertirse en una presencia m\u00e1s dentro de una imagen aparentemente interminable. La experiencia altera durante unos instantes la relaci\u00f3n habitual entre el individuo y el espacio, porque resulta dif\u00edcil establecer d\u00f3nde termina uno y comienza el otro.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">D\u00e9cadas despu\u00e9s de que <em>Kusama<\/em> comenzara a explorar esas ideas, las mismas habitaciones se convirtieron en algunos de los espacios m\u00e1s fotografiados del arte contempor\u00e1neo. La transformaci\u00f3n resulta fascinante porque una obra vinculada a la disoluci\u00f3n del yo termin\u00f3 funcionando tambi\u00e9n como escenario en el que millones de visitantes quisieron registrar su propia presencia. No hace falta interpretar esa evoluci\u00f3n como una banalizaci\u00f3n de su trabajo para observar la paradoja que contiene: entramos en un espacio concebido para alterar nuestra percepci\u00f3n de la individualidad y una de nuestras primeras reacciones consiste en sacar el tel\u00e9fono y fotografiarnos dentro de \u00e9l.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Esa contradicci\u00f3n resulta especialmente contempor\u00e1nea en una \u00e9poca en la que vivimos rodeados de herramientas destinadas a mostrarnos y diferenciarnos mientras participamos en plataformas en las que millones de personas hacen exactamente lo mismo. La necesidad de afirmar nuestra singularidad convive con la conciencia de formar parte de un flujo pr\u00e1cticamente infinito de im\u00e1genes, opiniones y vidas ajenas, y las habitaciones de <em>Kusama<\/em> parecen representar esa tensi\u00f3n con una precisi\u00f3n que dif\u00edcilmente pod\u00eda haber previsto cuando comenz\u00f3 a desarrollar estas ideas. Dentro de ellas ocupamos el centro de nuestra propia imagen y, al mismo tiempo, apenas somos una figura repetida entre muchas otras.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Mientras su obra adquir\u00eda nuevas interpretaciones y su nombre se convert\u00eda en un fen\u00f3meno cultural, hubo algo que permaneci\u00f3 sorprendentemente constante durante toda su vida: <em>Kusama<\/em> sigui\u00f3 trabajando. El reconocimiento, las retrospectivas, las colaboraciones y la popularidad modificaron radicalmente su posici\u00f3n dentro del mundo del arte, pero no alteraron una rutina construida durante d\u00e9cadas alrededor de la necesidad de crear.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Esa relaci\u00f3n con el trabajo aparece con una claridad especial en el cuestionario <em>Proust<\/em> que respondi\u00f3 para <em>Vanity Fair<\/em>. Cuando le preguntaron cu\u00e1l era su idea de la felicidad perfecta, contest\u00f3 que crear una buena obra de arte; al hablar de aquello que m\u00e1s valoraba volvi\u00f3 a mencionar su arte y, cuando tuvo que elegir qu\u00e9 talento le gustar\u00eda poseer, respondi\u00f3 que deseaba poder pintar para siempre. Le\u00eddas despu\u00e9s de su muerte, aquellas respuestas adquieren otra dimensi\u00f3n, no tanto por su componente emocional como por la coherencia que mantienen con la manera en que vivi\u00f3.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\"><em>Kusama<\/em> pas\u00f3 m\u00e1s de siete d\u00e9cadas regresando a unas pocas obsesiones y encontrando continuamente nuevas formas de desarrollarlas. Mientras nuestra cultura suele asociar la creatividad con la necesidad de producir algo diferente, su trayectoria demuestra que tambi\u00e9n es posible construir una obra inmensa profundizando una y otra vez en las mismas preguntas. Los puntos, las redes, los espejos y las calabazas reaparecieron durante a\u00f1os sin permanecer nunca exactamente iguales, porque el contexto, la escala y la propia artista iban cambiando con ellos.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">He tenido la suerte de encontrarme con la obra de <em>Yayoi Kusama<\/em> en distintos momentos y lugares, desde el <em>Louisiana Museum of Modern Art<\/em>, en Dinamarca, hasta la <em>Tate Modern<\/em> de Londres, el <em>Stedelijk Museum<\/em> de \u00c1msterdam, el <em>Museo Serralves<\/em> en Oporto o el <em>MoMA<\/em> de Nueva York. En todos ellos he comprobado que uno puede haber visto cientos de fotograf\u00edas de sus instalaciones y creer que sabe perfectamente lo que va a encontrar, pero estar dentro de ellas sigue siendo una experiencia dif\u00edcil de anticipar.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Recuerdo especialmente esa alteraci\u00f3n de la escala que provocan sus espacios, la dificultad para saber d\u00f3nde termina realmente una habitaci\u00f3n cuando los espejos contin\u00faan multiplic\u00e1ndola y, sobre todo, la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de formar parte de una obra mientras nuestra propia imagen comienza a perder importancia entre tantas otras. Despu\u00e9s de haber visto su trabajo en ciudades y momentos diferentes, nunca he conseguido asociar a <em>Kusama<\/em> \u00fanicamente con los lunares o con las calabazas que terminaron convirti\u00e9ndose en sus im\u00e1genes m\u00e1s populares. Hay algo mucho m\u00e1s dif\u00edcil de reproducir en una fotograf\u00eda y que tiene que ver con la experiencia f\u00edsica de encontrarse dentro de una idea que parece continuar m\u00e1s all\u00e1 del espacio que realmente ocupa.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">Su reciente muerte, el pasado 14 de agosto a los 97 a\u00f1os, me ha hecho pensar de nuevo en esos encuentros y tambi\u00e9n en la facilidad con la que acabamos dando por sentada la presencia de los artistas que nos han acompa\u00f1ado durante a\u00f1os. <em>Kusama<\/em> llevaba tanto tiempo formando parte del paisaje del arte contempor\u00e1neo que resultaba sencillo imaginar que seguir\u00eda all\u00ed, trabajando en su estudio y a\u00f1adiendo nuevos puntos, redes, calabazas y reflejos a un universo que parec\u00eda no terminar nunca. Cuando el museo que lleva su nombre comunic\u00f3 su fallecimiento, se\u00f1al\u00f3 que hab\u00eda continuado pintando hasta sus \u00faltimos d\u00edas, y resulta inevitable recordar entonces aquella respuesta que dio cuando le preguntaron qu\u00e9 talento desear\u00eda poseer: poder pintar para siempre.<\/p>\n<p class=\"isSelectedEnd\">No pudo hacerlo, naturalmente, aunque pocas trayectorias parecen haberse aproximado tanto a esa voluntad. Durante m\u00e1s de siete d\u00e9cadas regres\u00f3 a unas mismas obsesiones y consigui\u00f3 que fueran creciendo con ella hasta desbordar los lienzos, ocupar habitaciones enteras y terminar formando parte del imaginario de millones de personas. Un punto se uni\u00f3 a otro, despu\u00e9s a miles m\u00e1s, y las redes, los espejos y las repeticiones fueron extendi\u00e9ndose hasta construir un lenguaje que hoy reconocemos incluso antes de leer su nombre.<\/p>\n<p>Tal vez por haber estado dentro de algunas de esas obras, ahora me resulta dif\u00edcil pensar en <em>Kusama<\/em> \u00fanicamente en pasado. Seguir\u00e1n existiendo las habitaciones en las que nuestra imagen se multiplica hasta perderse, las redes cuya repetici\u00f3n parece escapar del lienzo y esas calabazas que ya forman parte de la memoria visual de nuestro tiempo. Seguiremos entrando en ellas, fotografi\u00e1ndolas y descubriendo probablemente cosas diferentes de las que <em>Kusama <\/em>imagin\u00f3 cuando las cre\u00f3. Despu\u00e9s de toda una vida intentando representar el infinito, dej\u00f3 una obra que seguir\u00e1 creciendo sin ella.<\/p>\n<h2>El museo que lleva su nombre comunic\u00f3 su fallecimiento, se\u00f1al\u00f3 que hab\u00eda continuado pintando hasta sus \u00faltimos d\u00edas.<\/h2>\n<p><strong>(*)<\/strong> Foto portada: Vista de la instalaci\u00f3n <em data-start=\"24\" data-end=\"41\">Love is Calling<\/em> (2013), de Yayoi Kusama, expuesta como parte de <em data-start=\"90\" data-end=\"104\">Yayoi Kusama<\/em> en NGV International. Foto: Sean Fennessy. \u00a9YAYOI KUSAMA.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Cecilia Camacho, fundadora de CC\/magazine y consultora estrat\u00e9gica en CC\/studio En 1958, Yayoi Kusama lleg\u00f3 a Nueva York con 29 a\u00f1os y la determinaci\u00f3n de hacerse un lugar en una escena art\u00edstica que estaba a punto de convertirse en el gran centro internacional del arte contempor\u00e1neo. 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