«Tibu, memorias de un mánager», un libro explosivo que levanta ampollas…

Las memorias de Carlos Vázquez Moreno, alias Tibu, el manager más poderoso de la música española (Aute, Marta Sánchez, José Mercé, las KetchupHombres G…), pero que acabó en la cárcel durante cuatro años, después de que El Canto del Loco, grupo al que también representaba, lo denunciase por apropiación indebida, son explosivas y controvertidas. Por un lado, parece que hacen las veces de ajuste de cuentas, y por otro, resultan ser una forma de ponerse en su sitio, mostrando todo lo que supuso su contribución a la música y sus mil y una anécdotas, que representan una panorámica desde bambalinas del negocio de la música… – tocó con Rocío Durcal en una fiesta privada en la finca de Pablo Escobar; acompañó a Jerry Lee Lewis en una de sus giras españolas; se sacó el título de Dirección de Orquesta en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid para complacer a su padre, quien según él era un facha de cuidado -. Además, lo curioso es que desde que se empezó a cocinarse este libro, allá por 2012, ha pasado absolutamente de todo: diferentes negros literarios, una quiebra, una condena, un negocio turbio con los Pujol, entre otras circunstancias…

“Sé que este libro alzará voces y me ganaré un montón de enemigos nuevos, pero, me importa muy poco, y creo que tengo la plena libertad de contar algunas cosas; no todas.”

Para quienes no le conozcáis, tenéis que saber que Tibu, además de manager, ha sido muchísimas cosas: mejor amigo de Antonio Flores; consuegro de José Mercé; bajista y músico en Los Chicles o Los Impala en Venezuela y de la banda de rock duro Banzai; también ha participado como mercenario en otras bandas como Ramoncín, Javier Vargas y Javier Gurruchaga, Miguel Ríos o Scorpions; montó en su día dos academias de música: Rockservatorio y La Factoría; creó Distar, la primera gran empresa dedicada al management de artistas en España; tiene una tienda de instrumentos musicales en Madrid, etc…

«Tibu. Memorias de un mánager» empieza con esta reveladora cita de Michael Corleone, El Padrino. Parte III y que reza: «¿De qué sirve confesarme, si no me arrepiento?» y con un autoprólogo, donde el autor anuncia que ha llegado hasta aquí para decir la verdad y nada más que a verdad aunque, como él mismo asegura: «la verdad no es siempre agradable». Así como para evidenciar que tiene mucho material con el que amenaza a mucha gente del mundillo y de fuera de él.

A lo largo de las 301 páginas se despliega un auténtico vomitorio de historias sobre grandes nombres de la industria musical de nuestro país, donde narra tanto su relación con ellos como sus opiniones sobre el funcionamiento de los contratos discográficos, el marketing musical, la vida de los músicos en la carretera, el funcionamiento de la SGAE, las negociaciones y acuerdos entre discográficas, los cachés de las bandas, el merchandising como panacea y otras batallitas sobre la farándula, que os dejarán con la boca abierta…

“La industria ha merecido la caída. Si existe la ley del karma, la industria musical ha sido pagada justamente. […] ¡Qué pandilla de caraduras!”.

Quizás por eso, y porque no habla de sexo, drogas y rock and roll, el tono del libro es triste y en él se percibe mucho resentimiento. Y aunque él trata de mostrar fortaleza y cierto «estar por encima», también deja patente, probablemente de manera involuntaria, sufrimiento, resignación y culpabilidad, a través de declaraciones como esta:

“Así, en medio de esa locura, mis hijos se iban haciendo mayores y yo no me enteraba. Nunca les podré pedir perdón lo suficiente. […] Nunca me lo podré perdonar, sobre todo por el ingrato pago que me dieron los artistas a cambio de regalarles mi vida y la de mi familia.”

Y como no queremos avanzaros nada más, os recomendamos que os hagáis con él. El libro lo publica la editorial Malpaso (a través de su sello Lince Ediciones).


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