Instrumental: la música clásica como redención

Hace un par de semanas me leí Instrumental de James Rhodes, uno de los más eminentes concertistas de piano de la actualidad y un gran renovador de la música clásica.

Hasta que decidí comprármelo motivada por una afirmación de Rhodes que citó Blackie Books en Twitter, y que a su vez es la primera frase del libro: «La música clásica me la pone dura», no había oído hablar nada sobre él. Así que lo más sorprendente fue que en cuanto empecé a leerlo no pude parar. Literalmente. Instrumental es uno de esos libros que se apoderan de ti, que te secuestran y no puedes dejar de «consumirlos», aún temiendo por contra que se acaben.

Tal y como cita la contraportada de la edición de Blackie Books: A James Rodhes – cuyo nombre coincide con el de un personaje de Iron Man -, le violaron a los seis años, le internaron en un psiquiátrico, fue drogadicto y alcohólico, intentó suicidarse cinco veces, perdió la custodia de su hijo, y a pesar de todos estos terribles acontecimientos… ha logrado convertirse en un pianista consagrado, gracias principalmente al consuelo que encontró en una pieza musical: la Chacona en re menor de Bach.

«La música de Johann Sebastian Bach me ha salvado la vida cuando estaba a punto de tirar la toalla y no es una metáfora: es la pura realidad. Sin esta pieza estaría muerto…»

Como podréis comprobar desde la primera página, el modo en el que Rhodes relata todo lo que ha sufrido y vivido es brutal y de una franqueza que apabulla y conmueve a partes iguales. Es muy jodido hablar sobre cosas tan escabrosas como son los abusos sexuales, su abultado historial psiquiátrico, sus adicciones varias, las decenas de cicatrices que recorren sus brazos (debido a las autolesiones que se causaba con cuchillas de afeitar), el amasijo de tics nerviosos que invaden su rostro o su comportamiento controlador y obsesivo… Sin embargo, él asume la realidad que desgraciadamente le ha tocado vivir, y asegura que de alguna manera ha empleado esta confesión a modo de terapia. Este viaje infernal ha sido para él como una forma de analizar, de tratar de comprender, perdonar y de «limpiar» todos esos episodios escalofriantes que tuvo que soportar. No es nada fácil construir una vida a partir de unos cimientos como esos… Por ello, y aunque afortunadamente no hayáis vivido nada de eso, ya os avanzo que empatizaréis con él y con su dolor desde el primer momento.

«Es como una mancha que siempre está presente… Mil cosas me lo recuerdan cada día. Cada vez que cago. Miro la tele. Veo un niño. Lloro. Hojeo un periódico. Escucho las noticias. Veo una película. Me tocan. Hago el amor. Me masturbo. Tomo algo inesperadamente caliente o bebo un trago demasiado largo. Toso o me atraganto… Por ello, mi libro es un gigantesco jódete a mi violador.»

Asimismo, es un milagro que este libro haya visto la luz, ya que su ex mujer pidió el secuestro del mismo para evitar que su hijo, que sufre Asperger, se enterase del pasado de su progenitor. Sin embargo, lo que pasó fue que el juez impuso unas medidas cautelares que, entre otras cosas, impedían a Rhodes que tuiteara sobre su vida, a pesar de que al final el Tribunal Supremo autorizó la edición del libro en mayo, tras una campaña que estuvo respaldada por su segunda mujer Hattie, por Sir David Tang, por su manager, abogado, amigo fiel y «sustituto de padre» Denis Blais y por amigos como el actor Benedict Cumberbacht Stephen Fry, entre otros.

Para poneros un poco en antecedentes sobre su vida… James nació en una familia judía de clase media-alta, estudió en un colegio privado de Saint Johns Wood, al noroeste de Londres. Sin embargo, a los seis años, se topó con el hombre que le destrozó la vida: Peter Lee, el entrenador de boxeo en su escuela. A partir de ahí… todo es un descenso a los infiernos en toda regla. Y aunque el libro esquiva los detalles más duros de esos abusos, en el mismo sí que ahonda en muchos aspectos terroríficos, pero que de alguna manera son necesarios para comprender el horror y al actual James Rodhes: una estrella de la música clásica de 40 años, que ha tocado en los auditorios más exquisitos del Reino Unido, que ha roto muchos tabúes relacionados con este género musical (desde su look a la hora de tocar: en tejanos, camiseta, zapatillas deportivas y el nombre de Rachmáninov en cirílico tatuado en su antebrazo izquierdo, hasta su actitud en los recitales, ya que habla con el público, etc…), que ha protagonizado numerosas series en la televisión pública británica sobre las propiedades sanadoras de la música (sobre todo en esquizofrénicos), que ha renovado este tipo de música mezclando la cultura pop con los compositores más vetustos, y que además ha sido el primer músico de clásica en firmar un contrato de seis álbumes con la multinacional Warner.

Otra de las curiosidades de este libro, es que cada capítulo está encabezado con el título de una pieza musical e incluye una pequeña biografía de sus autores (asombrosamente todos ellos fueron infelices, dejando patente de nuevo que se cumple la profecia: ser un genio lleva intrínseco tener una mala vida…).

«En realidad, todos los humanos estamos un poco locos, ya seamos pianistas, pintores o fontaneros.»

Actualmente, Rhodes ya no bebe, ni toma drogas, ni sufre pulsiones suicidas, se volvió a casar, ve a su hijo y puede decirse que ha logrado la victoria sobre sus demonios. Sin embargo, él no canta victoria:

«No me engaño: sé que sólo me separan dos semanas de acabar en un psiquiátrico. ¿Por qué? Porque ahora estoy bien, pero si me vienen varios problemas juntos, puedo hundirme… Ya me ocurrió con la censura del libro.»

Como os decía al inicio, este libro es una maravilla. Porque a pesar de la pena, impotencia y angustia que sentiréis a medida que Rhodes os vaya contando todo su calvario… (sí, sí, debido al modo en el que está escrito Instrumental, tendréis la sensación de que os está hablando a vosotros…) también pasaréis por momentos de luz a través de sus reveladoras reflexiones sobre lo verdaderamente importante en la vida y sobre el amor.

Muy recomendable.


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