«Ganarse la vida» por David Trueba

Tenemos que confesar que nos encanta todo lo que escribe David Trueba y seguimos su carrera y sus publicaciones. Por ello, hoy queremos recomendaros «Ganarse la vida», un nuevo y breve libro donde el director narra el origen de su vocación de escritor desde que era un niño, así como su deambular vital hasta lograrlo.

“El rito de paso entre escribir para ti mismo y publicar es parecido a saltar entre dos azoteas de edificios distintos. Suele abrumar la responsabilidad.”

Y es que tal y como cuenta Trueba, fue un niño que aprendió con retraso tanto a leer como a escribir, quizás porque su madre le llevó tarde al colegio. Hecho que provocó que desease fervientemente hacer realmente bien ambas habilidades. La radio también fue algo que le fascinó desde bien pequeño, así como las historias que oía en el mercado… Y curiosamente, sus hermanos mayores fueron sus primero «clientes», ya que le compraron los primeros cuentos que empezó a escribir siendo todavía un crío. Su sentido del humor y su avidez le hicieron destacar y comprobó que esa era una buena manera de ganarse la vida. Después llego su interés por las películas y por hacer cine.

En el libro habla bastante de su familia y del hogar familiar de padres trabajadores y muy católicos en el barrio madrileño de Estrecho, junto a sus siete hermanos, siendo David Trueba el menor. Está lleno de anécdotas y de recuerdos de su infancia, adolescencia y sobre todo de sus relación con su madre, una mujer bondadosa, comprensiva y próxima.

“Durante aquellos años en que no acudí al colegio, pasaba las mañanas con mi madre. Escuchábamos la radio, ya que la tele no empezaba hasta las dos de la tarde. Dibujaba y le ayudaba a elegir lentejas, porque eran compradas a granel y contenían una enorme proporción de piedras. También le echaba una mano con los postres, y así podía rebañar la crema pastelera con los dedos. Doblábamos juntos las sábanas lavadas, tendíamos la ropa en las ventanas traseras y observaba a mi madre dar cera al suelo de terrazo que siempre soñó sin éxito cambiar por uno de madera o parqué”.

Una bellísima crónica de David Trueba a los veinticinco años de su primera novela, «Abierto toda la noche».


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