Éramos unos niños…

Esta semana terminé la lectura del libro ‘Éramos unos niños’ de Patti Smith. Un hermoso relato sobre la bonita relación de amor-amistad entre la cantante-poeta y el gran fotógrafo Robert Mapplethorpe.

Tengo que reconocer que el libro me ha calado pero bien. Y la culpa la tiene la prosa de Patti. Directa, libre de artificios, emotiva, detallista y conmovedora. Deja patente el AMOR que ambos se profesaron hasta el fin de los días del fotógrafo. Una relación inmortal, más allá del sexo y de cualquier prototipo o prejuicio. Porque lo que ellos experimentaron no es nada común y está al alcance de muy pocos.

Ellos, dos seres entusiastas, apasionados y deseosos de ser, se conocieron en 1967 y desde ese momento se volvieron inseparables. Durante todo ese tiempo fueron amigos íntimos, pareja, amantes, socios, musos, impulsores del arte de cada uno, familia, confesores, compañeros de vida, TODO… Y es que aunque Robert salió del armario, entre ellos siempre hubo algo que fue más allá de la carne, aunque entre ellos hubo carne y mucha. Lo suyo era algo difícil de clasificar, pero no por ello menos auténtico. Todo lo contrario.

‘Éramos unos niños’ contiene mil y un aventuras entre estos dos artistas, en las que además aparecen otros grandes como Warhol, Allen Ginsberg, Sam Shephard, Jimi Hendrix, Janis Joplin, etc… Personajes que cohabitaron con ellos en Nueva York, una ciudad donde casi todo era posible, mientras focalizaban sus esfuerzos en trascender en el mundo del arte. Patti queriendo ser poeta, dibujando y luego componiendo y cantando, y Robert haciendo collages, performances y más tarde haciendo fotografías. Juntos vivieron una temporada en el Hotel Chelsea, meca de artistas de diversa índole; se codearon con la gente de la Factory; pasaron hambre y penurias económicas; pasearon por Coney Island mientras compartían un perrito para dos y se hacían fotos en el fotomatón; fueron testigos de la evolución del otro y siempre se tuvieron, tanto en lo bueno como en lo malo, cuando fueron pareja e incluso cuando luego cada uno sentimentalmente estuvo con otras personas; se cuidaron siempre y prometieron amarse toda la vida. Y eso fue exactamente lo que pasó.

Este espléndido libro de memorias, galardonado con el National Book Award de ensayo 2010, te zarandea y te insufla de la energía necesaria para hacer lo que subyace de verdad en nuestro fuero interno, y eso es fantástico. Y es que aunque lo sabemos, es bueno que nos recuerden que la vida es una, que la vida se acaba, y que por ello no debemos escatimar en demostrar el amor que sentimos por quienes queremos, ni tampoco dejar de luchar por lo que ansiamos. R.I.P.

Querido Robert:
Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo? Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de tu juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes.
La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.» Patti justo antes de que Robert falleciese.

(*) Portada Libro de Debolsillo.


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