Entrevista a Alina Macias de Taller Silvestre

Sitio: Taller Silvestre
Contacto: 675 84 63 01
Dirección: Paseo de la Florida, 33, Sótano A (Madrid)

Taller Silvestre es un reducto de paz, equilibro y belleza en este mundo en el que vivimos, y donde la velocidad y el síndrome de productividad lo gobiernan todo. Nada más cruzar su umbral sientes que aquí el tiempo pasa de otra manera, que los valores son otros, que los detalles cuentan y mucho, que la sutileza domina su adn, y que sí que es posible otra manera de hacer las cosas, más sostenible, personal, cuidada y pausada.

Taller Silvestre nace de la pasión por la artesanía y la flora silvestre. Un proyecto rupturista y preciosista, capitaneado por Alina Macías, y en el que la naturaleza, el valor de las pequeñas cosas y la poesía se hermanan con los objetos cotidianos, para crear productos bellos, prácticos y evocadores, y también talleres, en los que evadirnos, aprender y reconectar con la esencia de la vida. ¿Alguien da más?

 

Autodefinición

Buscadora incansable y aprendiz crónica.

¿Qué es Taller Silvestre?

Taller Silvestre surge como  un proyecto de artesanía contemporánea que quiere rendir homenaje al trabajo realizado con las manos. Nos interesa sobre todo ser capaces de transmitir la poesía en el proceso de creación y fabricación. Nos gusta el proceso, el cómo; y nos gusta la belleza de la imperfección, la fragilidad,  lo ingenuo y sutil.

Nuestro trabajo parte del bosque. Nos gusta tener la presencia de la estación dentro de casa, nos hace sentir que estamos vivos, que pertenecemos a la tierra. Y tratamos de llevar esto a cada proyecto. Es como si tuviéramos la necesidad siempre de llevar el bosque a casa. Al final, la flora silvestre constituye un lenguaje para poder crear y trabajar en diferentes ámbitos: composición floral,  tintes botánicos, cerámica, experiencias, talleres…
Recolectamos (con respeto) , prensamos y clasificamos plantas silvestres. Y componemos paisajes, que evocan recuerdos, y momentos para las personas que nos los encargan. También tintamos con los colores de las plantas. Nos gusta muchísimo, porque es una parte un poco invisible de las plantas. El proceso además es largo y lento, respetuoso con la pieza y el medioambiente, casi como un ritual. Los colores que se obtienen son delicados, especiales y están llenos de matices, que permiten apreciar el color de una manera mucho más profunda, resaltando la textura de los tejidos.

Taller Silvestre se está convirtiendo también en un espacio de encuentro, entre personas con inquietudes similares a las nuestras, a través de talleres, experiencias y colaboraciones. Esto nos hace muy felices, le da sentido a todo.

¿Cómo surgió?

Taller Silvestre llega así, como el nombre, silvestre, salvaje e inesperado. Parecía que no estaba, aunque ahora con cierta distancia, me doy cuenta que se había ido instalando discretamente en los últimos años. Creo que es mi afición a buscar la belleza en lo cotidiano lo que ne realidad me trae hasta aquí. Siempre he encontrado belleza en el bosque, en el campo, en el mar. Y siempre he encontrado belleza en los objetos hechos a mano. Taller Silvestre es un poco un encuentro entre ambos.

Tras haberte dedicado al Marketing en una multinacional, ¿cómo te sientes al dedicarte en cuerpo y alma a un proyecto craft, conectado directamente con la naturaleza y tan auténtico?

Todo suena bonito y bello, pero tomar la decisión de saltar tiene una cara B: abandonar la carretera principal para perderse por terreno desconocido da mucho miedo. Tomar la decisión de hacerlo después de tantos años de ir y venir por el mismo camino, es un proceso que, a veces pienso, no es racional. Es como si la idea de emprender, de repente fuera más fuerte que tú.
He tenido que desaprender mucho (sigo haciéndolo) porque quería hacer las cosas como si tuviese una marca consolidada y con los medios de los que disponía antes. Y va a ser que no. Pero desaprender es fantástico, es crecer, y buscar soluciones nuevas.
Y por otro lado, doy muchas vueltas a todo lo que hacemos. No quiero algo vacío, sin alma, no quiero que el discurso sea demasiado correcto y predecible. Son tantos años dedicada a marketing y comunicación que me he vuelto muy crítica con las palabras. Son sospechosas casi siempre. Estamos tan expuestos a tanto contenido, a tantas palabras, a utilizar los conceptos de artesanía, lujo, singular, autentico, etc., con tanta facilidad, que han perdido el sentido verdadero. Por eso cada vez tienen más peso la intuición y las sensaciones. Hay cosas que no sé explicar con palabras, hay cosas que son de ver y sentir, y de aquí viene Taller Silvestre, de lo que no sé poner en palabras.

¿Cómo fueron los inicios? y ¿quién forma parte de tu equipo?

Pues empecé en mi casa, robando una pared al salón para montar mi espacio de trabajo. Y colonizando la cocina con ollas para tintes, el pasillo para las muestras de cerámica, un pequeño despacho en la habitación para conservar y clasificar flores. Una casa-taller en toda regla, Afortunadamente, algo de alineación planetaria nos trajo hasta nuestro estudio actual, tan solo un par de meses después: Sótano A, en Paseo de La Florida (hasta el nombre de la calle era para nosotras).
Los tres primeros meses los dediqué a toda la parte conceptual del proyecto. Planifiqué toda la parte de branding, pero de una forma más artística, no quería trabajar con una agencia de comunicación. Tuve un flechazo en mi época de multinacional con BPaul, el estudio de los artistas Pablo Antón y Bea Aiguabella, y quería que ellos pudieran contar con su lenguaje gráfico, algunos elementos de nuestra identidad, cómo el logo, los patterns. Todos los elementos los dibujaron a mano, y tienen una historia detrás.
La parte de fotografía era fundamental para poner imágenes a aquello que es tan difícil de contar. Y tuve la suerte de conocer a Paco Marín, autor de todas las fotos de Taller Silvestre, que tiene una mirada elegante y sencilla.

Y fueron meses de trabajo intenso para dar estructura y contenido a la web. Lo que no sabía es que Verónica Bellina, a la que encargué el desarrollo de la web, se convertiría meses más tarde, en la otra parte de Taller Silvestre después de una fortuita y afortunada conversación. Nos completamos genial. Pero sobre todo es una persona bellísima, que siempre tiene una mirada limpia sobre todo. Es un lujo poder trabajar con ella.
Y de nuevo, las personas, que se convierten en lo más importante de este taller.

¿Cuáles son tus principales inspiraciones y referentes?

Pues miro con muchísimo respeto hacia el movimiento Arts & Crafts, en todos los sentidos, ética y estética. Escribía William Morris  “No tengas nada en tu casa que no sea útil o consideres bello”; esta es  nuestra aspiración, poder transmitir justo esto. Poco y bello. Y el concepto japonés de la belleza imperfecta , wabi-sabi. Nada dura, nada está terminado, nada es perfecto. 
Fortuny (Mariano Fortuny y Madrazo) me trajo al color a través de su trabajo. Jamás había sentido un impacto tan fuerte por un color, pero cuando vi sus vestidos en el Museo del Traje, y esos colores tan especiales, empece a leer sobre color, y llegué a los tintes botánicos. Me flipa Rothko también, en su manera de expresar con el color. Es sutil y sublime. También me interesa el concepto de la Bauhaus, y de artistas  textiles como Gunta Stolz y Annie Albers.
En flores, Rebeca Louise Law con sus instalaciones de flores secas y Louesa Roebuck, que es una maestra de la flora silvestre (y de la vida). Y que otra alineación planetaria la trajo a nuestro taller en Noviembre  para su primer workshop en Europa. Todavía nos pellizcamos.

¿Cuál es vuestro modus operandi a la hora de recolectar las hojas y las flores? ¿seguís alguna metodología?

Recolectamos con con respeto y conciencia, poco, un ramito muy pequeño rinde un montón en superficie, y llena una prensa muy rápido.  Siempre decimos, que los lugares dónde lo hacemos tienen que quedar como si no hubiéramos estado.Tenemos un  pequeño proyecto que llamamos La Bolsa B, una bolsa que siempre llevamos para ir recogiendo los resto de basura y envases que vamos encontrando, nuestra manera de agradecer.
Nos gusta la sencillez, de lo que hay aquí y ahora, las estaciones que marcan los ritmos. En el camino a casa, una planta que crece entre adoquines, la flor que avanza en el muro el helecho entre las piedras. Es más una cuestión de buscar la belleza en lo cotidiano, lo extraordinario en lo común. Lo singular de cada planta y flor.

¿Qué puedes contarnos del resto de productos que forman parte de vuestro universo creativo?

Los tintes botánicos son una parte que cada vez tiene mayor peso en nuestro estudio. Es un proceso largo, y sacamos muy pocas piezas, proque sobre todo trabajamos a medida. Es una cuestión también de sostenibilidad, no queremos producir para luego poner el foco en la venta a toda costa. Queremos producir para poder satisfacer una necesidad de alguien en concreto, una persona con nombre y que quiere dar un uso a ese tejido. Esto cambiar la manera de trabajar totalmente, porque  pones algo único en el proceso de trabajo , pones a esa persona en el centro de todo. Y no al objeto.
La cerámica llegó también de la mano de las plantas, empezamos a trabajar con una ceramista de nuestra familia,  porque queríamos trasladar las siluetas de las flores silvestres que recogíamos. Y el resultado fue delicadísimo.  Y fue creciendo en formas y especies.
Son piezas sutiles pero muy resistentes, porque están realizadas en gres. El gres es un material muy resistente con una estética impecable. Cada pieza es especial, no hay dos iguales, en las formas, el esmalte, las texturas. Todo el  proceso es manual, desde  el formado, el esmaltado , hasta que llega al horno. Las irregularidades, las imperfecciones, las pequeñas diferencias forman parte de la pieza, son su esencia. Y sobre todo, son piezas para usar todos los días.

Háblame de algunos proyectos que hayáis desarrollado recientemente.

En Cerámica, realizamos una colección de ocho piezas en exclusiva para el Museo Thyssen, que se inspira en La obra de Renoir: “Campo de Trigo”, una obra sencilla que renuncia a toda anécdota. La colección  es un tributo a esa sencillez. Una única espiga de trigo grabada y esmaltada sutilmente en cada pieza. 
Hemos colaborado con ROWSE, el proyecto maravillosamente innovador de cosmetica “cruda” de Nuria Val y Gabriela Salord, que busca cambiar la conversación sobre la belleza buscando algo muy puro, minimalista y  respetuoso para el consumidor y el planeta. Querían volver a la cosmética que usaban las mujeres hace siglos, basada en las propiedades de las plantas. Desarrollamos un set de cerámica en edición limitada, un pequeño cuenco y una cucharita, para poder mezclar los ingredientes de sus formulas, dando importancia al ritual y a la belleza de los objetos con los que nos rodeamos. Con ellas, estamos siempre muy cerca, porque su concepción del proyecto comparte los mismos valores, acogimos su presentación en Madrid, y fue realmente emocionante poder hacerlo.
Y tambien las experiencias que hemos tenido la suerte de albergar en nuestro taller con otros creadores. Vino Louesa Roebuck, la autora de Foraged Flora a compartir su filosofía vital en un taller que nos costará mucho olvidar a todos lo que participamos. Irati Herrero, una artista que trabaja con lo más invisible de las plantas, su aroma. Con ella desarrollamos dos experiencias muy bonitas y ligadas a dos momentos muy especiales en el año: el solsticio de verano, y otro muy reciente, que ha sido un homenaje a la oscuridad del invierno y una reinterpretación de la ceremonia del Kohdo.

En tándem con Marta Huguet, de La Peliculera, desarrollamos un taller de Cianotipia y Flores Prensadas. Un homenaje a Anna Atkins, la botánica inglesa considerada la primera mujer fotógrafa y la primera persona en publicar un libro ilustrado exclusivamente con imágenes fotográficas “British Algae” con esta técnica.
Participamos en Bañarte, un encuentro artístico en Baños Del Río Tobía (La Rioja) que dedicaba esta edición a la sostenibilidad. Montamos “Umbrales” una instalación con tintes botánicos  en una chopera. Y en una expo colectiva “Quand les Fleus nouss sauvent” que organizaron Muriel Fagnoni y Julia Gal en la Galería Purgatoire Studio 54 de Paris.
Y  por último, Hello Creatividad nos invitó a desarrollar para su comunidad de “aprendices” on-line un Curso de Flores Prensadas. Fue un reto bonito, porque poner en palabras todo lo que acontece en los talleres presenciales, no es facil. Afortunadamente contábamos con la fotografía de Paco Marin, que cuenta muchas cosas sin necesitadas de palabras.

¿En qué estáis trabajando en estos momentos?

Nos interesa mucho la necesidad que intuimos en nosotras y las personas que nos rodean, de lo “físico”, de lo “analógico”, y recoger las vivencias. Sentimos que se escapan en una resaca digital que lo borra todo.
Y justo acabamos de lanzar un “Cuaderno de Campo” simbólico, para recoger las vivencias en analógico: flores prensadas, fotografía, acuarela, álbum de fotos, collage. Que cada uno le de el sentido que necesite. Es un proyecto que además incorpora otro concepto que nos obsesiona en el taller, y es no tirar nada de  lo que “sobra”. Poner en valor todo aquello que tiramos. Y estamos reutilizando todos los “sobrantes” de tejido de otros proyectos para la encuadernación. No hay dos cuadernos iguales, de la misma manera que las personas que lo reciben.
Hemos encargado tambien material a los bilbaínos de Comme des Machines en impresión digital. Ellos lo hacen de una manera poética, delicada, artesanal. Estamos con un proyecto que busca la conexión con las flores, la tecnología puede ser poética, sostenible, marvillosa, si la usamos con responsabilidad y ética. Pero también puede ser perversa. Y queremos poner el foco en esto, en nuestra responsabilidad. Es un proyecto más artístico, y que está teniendo que tener algo de paciencia con nuestro día a día. Pero también así, lo vamos madurando despacio, e incorporando matices de todo lo que ocurre en el taller ahora.

Vuestra oficina-taller es una maravilla. ¿Hasta qué punto es importante para vosotros vuestro lugar de trabajo?

Pues lo es todo. Poder trabajar en un lugar así, es un lujo. Nos gusta cuidar el espacio, por nosotros, y por todas la personas que vienen a vernos. Está vivo, va cambiando durante el año, con todos los paisajes, talleres y eventos que van teniendo lugar. Y sobre todo es un lugar de encuentro, que es lo que da sentido a todo lo que hacemos.

¿Con qué otro/s artista/s y/o artesano/s os gustaría colaborar?

Sieteformas trabaja la madera tan bonito, tan limpio, que nos encantaría plantear algo con ellos. Tenemos sus lámparas de alabastro en el taller y tienen algo de objeto mágico. Cecilia Portela, y su Matka, que contiene la esencia de todo lo que nos gusta: buenos materiales, sencillez, ética, poesía. Las prendas que edita cada año son increibles. Y en general, felices de colaborar con quién nos plantee un proyecto sincero, verdadero, y que resuene con lo que nos mueve: naturaleza, delicadeza, imperfección, lo sutil.

¿Qué papel tienen los talleres que impartís en vuestro negocio?

Fueron una sorpresa para nosotras, porque empezamos a hacerlos por propuestas externas. Pensábamos que la recolección era una cosa nuestra, un poco frikada, la verdad. Pero llega mucha gente con esa necesidad, y nos cuentan que recogen palos, piedras, flores cada vez que salen al campo. Llega gente increíble, gente muy joven, y no tanto. Con diferentes intereses, naturaleza, diseño, arquitectura, trabajo con las manos… y buscando trabajar con delicadeza y desconectar de todas las pantallas que nos rodean.
Son un encuentro muy bonito entre todas las personas que vienen, comparten mirada, trabajo, algunas historias. Nosotros ponemos el espacio, las flores, y un poco de teoría sobre recolección respetuosa y prensado, pero el taller lo hacen las personas que vienen. Y nosotras recibimos muchísimo, es un regalo. Tenemos el calendario publicado en la web tallersilvestre.com, y se puede reservar directamente aquí.

¿Qué es para ti la felicidad?

Creo que sobre todo tiene que ver con vivir con coherencia entre lo que piensas, amas y haces. Cuando estas dónde quieres y debes estar, porque tienes la libertad para hacerlo. Mucho más fácil decirlo, que llevarlo a lo cotidiano. Y quizá tengamos que desmitificar un poco el concepto de felicidad, y tratar de vivir más, no sé. Y vivir en paz con nosotros y los demás.

Una meta

Ser capaz de vivir mejor con menos y en paz.

(*) Fotos: Paco Marin.


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